Ambientación
Staff
Interés
Créditos

Ambientación
Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

Reinos
Próximamente...
administración
dragon
Dragon
MP

Novedades
♦23/06♦ Inauguración del Foro
♦27/06♦ Primera trama global
Normas Gráficas
♦Se deben usar PBs de carne y hueso, nunca dibujos.
♦Avatar de 280x350px.
♦Firma Máxima de 500x250px.

Tramas
1° trama: Torneo en Desembarco

Link:
Lugar: Desembarco del rey
Fecha: 10 del mes I
Se Busca
Créditos
El diseño de los gráficos del foro Hermit the Frog, la edición y creación de codes pertenece a Balerion y en ambos casos este material es único y exclusivo de The Dance Of Dragons. El tablón está elaborado gracias a un foro de recursos y modificado igualmente para este foro.
Últimos temas
» fgffgff
Jue Oct 20, 2016 11:55 pm por probando

» Familia primero || Helaena +18
Sáb Sep 03, 2016 7:00 am por Aegon Targaryen

» Throne´s War - Rol Juego de Tronos - {Af. Élite}
Jue Ago 25, 2016 8:55 pm por Invitado

» Qoren Nymeros Martell se coge vacaciones
Vie Ago 19, 2016 2:23 pm por Aliandre Martell

» Pescando [Linys Daer]
Jue Ago 18, 2016 9:06 am por Torrhen Manderly

» La rockola del bardo.
Miér Ago 17, 2016 5:53 pm por William Stoneheart

» Make It Up As I Go - foro activo de famosos - Más de 3 años - Af. Élite
Miér Ago 17, 2016 3:17 pm por Invitado

» Dios bendiga a Estados Unidos, una nación renacida. —Elite
Miér Ago 17, 2016 5:54 am por Invitado

» Una verde tragedia en un mar de negros [Libre]
Miér Ago 17, 2016 12:30 am por Aegon III Targaryen

Estación



otoño
Primer Mes
Año 129
Habitantes
Más Allá del Muro
0
El Norte
2
Tierra de los Ríos
1
Occidente
5
El Valle
3
Islas del Hierro
3
Tierras de la Corona
14
El Dominio
4
Tierras de la Tormenta
1
Dorne
5
Ciudades Libres
1
Bahía de los Esclavos
1
Essos
0
Af. Élite
13/40

Af. Hermanas
4/8


La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Jue Jun 23, 2016 11:20 pm

Aquella mañana en la capital brillaba el sol y aunque de vez en cuando una brisa lamía la piel descubierta de la princesa haciéndola estremecer, el otoño no parecía haber llegado aún del todo a las orillas del Aguasnegras.

Sus ropas eran ligeras como solía agradecerse en aquel lugar, además de que desde que contrajese matrimonio con Aegon procuraba “sacarse” partido o lo más posible, pues por desgracia no era la más deseada de su familia precisamente. Pero un motivo más la hizo arreglarse esa mañana y hacer a sus criadas trenzar elaboradamente su cabello platino... Pasar un poco de tiempo con Aedan era siempre un motivo de que el sol le pareciera un poco más brillante y cálido ese día.

Sabía que no era apropiado, pues rompía con ello sus votos ante los siete que hizo a Aegon, pero en el fondo sentía que a fin de cuentas él igual se olvidaba de su voto de fidelidad con excesiva frecuencia y ella nunca le reprochaba nada al respecto... Hacían como si él nunca hubiese prometido tal cosa. ¿Por qué no fingir que ella tampoco lo había hecho? En todo lo demás era una buena esposa, una buena compañera, una buena hermana... Dejarse querer y amar a un hombre no le parecía pecado tan atroz, aunque lo sería si alguien sospechaba algún día de aquello.

Aquel día iría a repartir como acostumbraba, con la frecuencia que podía, comida por el lecho de pulgas, una de las zonas más desfavorecidas del reino que se hallaba precisamente en la capital. Rodeadas de tanto lujo, muchas familias pasaban hambre y ella se sentía acongojada de pensarlo... Y ese era el motivo de su encuentro con el consejero de su esposo, pues aunque lo normal era que la acompañase solo miembros de la guardia, ese día Aedan se había ofrecido a ir, pues había habido unos incidentes últimamente en aquellos barrios... Un problema real pero que le permitiría un tiempo con él, aunque fuese breve y a la vista de todos.

Por otro lado era algo bueno para su familia. Ella procuraba repartir los alimentos en su nombre y en el de su esposo, aunque Aegon no fuese excesivamente preocupado con los problemas más básicos del pueblo llano, así que un consejero del príncipe la ayudase en la tarea reforzaría esa idea del príncipe ocupado que manda a sus más allegados a preocuparse por las gentes de la ciudad. Una imagen falsa, pero importante para la monarquía.

Finalmente terminó de arreglarse colocando un broche grande -como la palma de su mano aproximadamente- de brillante oro que mostraba el emblema Targaryen. Que lo usase de oro no era mero alarde, era un guiño al escudo de su esposo, que cambiaba el dragón tradicional de color negro por uno dorado como Sunfire, el dragón de Aegon. Ella siempre trataba de en pequeños gestos no dejar que nadie olvidase de quién era mujer y un poco demostrar su fidelidad a la causa de Aegon, aunque no estuviese de acuerdo con los enfrentamientos familiares.

Cuando estuvo lista, salió de la torre en la fortaleza roja dónde vivían y bajó al patio dónde la esperaba la guardia y el palanquín estaba listo para llevarla, además de un carro dónde llevaba la comida. Y algunas mantas, pues empezaba a refrescar.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jun 24, 2016 12:25 am

El sol despuntaba en el horizonte anunciando el comienzo de un nuevo día cuando Aedan ya estaba, como de costumbre, despierto. Habían pasado cerca de dos horas cuando despertó para sentarse en el balcón y escribir, como solía hacer también, cartas a su madre y sus más allegados en Soto Gris; por último un pequeño manuscrito sobre los días antiguos y la grandeza de los viejos dragones había cerrado el ciclo cuando, al cerrar las tapas de cuero del libro llegó a sus fosas nasales el aroma que provenía de los crepitantes hornos recién encendidos de la Fortaleza Roja mezclados con el suave olor del jazmín que pendía de las celosías de sus ventanas.

Se levantó con cierta pesadez del escritorio y se estiró, haciendo crujir las articulaciones del cuello y de los hombros. Aquel día amanecía con la alegría y el pesar de un encuentro que llevaba esperando a lo largo de toda la noche: su cita con Helaena en el Lecho de Pulgas. Si bien no era el lugar más apropiado para pasar el tiempo, también era cierto que compartía el interés de la Targaryen por los más desfavorecidos, que rodeados de la altanería de la nobleza aristocrática se veían supeditados a los intereses de unos pocos mientras dormían en casas -los que las tenían- pequeñas y frías, rodeados de insalubres condiciones de vida. Gustoso iba al encuentro de la princesa a poder participar de una buena obra por la gente que no podía valerse por sí misma.

Mientras se vestía la armadura -algo que acostumbraba a hacer sólo- meditó con profundidad sobre su relación con Helaena. Se consideraba un hombre leal a su reino, su familia y sus amigos y sin embargo, desde hacía ya dos años, estaba traicionando la confianza y la lealtad de su mejor amigo al mantener una relación con su hermana y esposa que había cruzado la línea de la amistad de forma radical, y a pesar de ello no podía sentir otra cosa sino felicidad. Los Siete sabían que en lo más profundo de su ser había evitado que aquella relación con la Targaryen fuese a mayores de lo requerido, pero todo aquello desembocó en una espiral imparable y, sin haberlo visto venir, había caído presa de un sentimiento que dificilmente se borraba del corazón. Aquello le afligía el alma desde entonces, pero no por ello se volvió capaz de interponerse ante aquel instinto tan primario, como tampoco podía fingir que estar con Helaena hacía que su corazón palpitase en un aluvión de emociones.

Enfundó la hoja de su espada en la vaina y se acordonó la capa. Así, perfectamente pertrechado, salió de sus aposentos con el yelmo bajo el brazo, camino del encuentro de su princesa.

Cuando llegó al patio donde debía reunirse con su séquito pudo vislumbrar su figura descendiendo por las escaleras hacia donde la esperaban seis hombres de su guardia personal, además de los encargados de cargar con el suntuoso medio de transporte. Se acercó a paso firme, adoptando una postura adecuada y peinándose con su mano libre la pequeña melena que desde hacía largo tiempo se había prometido a si mismo cortar. Cuando estuvo a la altura del grupo hizo una suave reverencia al acercarse Helaena.

Princesa ― dijo a modo de saludo, ofreciéndose para ayudarla a subir en aquel infernal trasto.

Cuando emprendieron la marcha, se situó justo al lado del palanquín y se colocó el yelmo, adoptando el ritmo de los demás.

La labor que emprendéis con los habitantes del Lecho es admirable, mi señora ― comentó, más por entablar conversación con ella y poder escuchar su voz que por alagarla por algo que ella sabía perfectamente que el Tollett valoraba profundamente ―. A pesar de que hay alborotadores que ven vuestras visitas al barrio bajo como una provocación, mucha gente aprecia el gesto. Gracias a esto, muchos tendrán algo con lo que llenar su estómago esta noche, y sabed que llegado el momento os lo agradecerán como bien puedan ― añadió.

Mientras descendían por el camino empedrado hacia el Lecho de Pulgas, Aedan fue consciente de cómo los agradables aromas de la Fortaleza se iban recrudeciendo a medida que se acercaban a los lugares donde residía la gente pobre, volviéndose éstos más fuertes y desagradables en determinadas zonas; y es que por debajo del pequeño puente que cruzaban discurría el arroyo de meado y aguas residuales que pasaba por en medio del barrio bajo, cuya entrada 'oficial' se encontraba a unos cincuenta pasos de donde se encontraban.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Vie Jun 24, 2016 5:29 am

Para Helaena el preocuparse por los que no habían tenido tanta suerte como ella no era una obligación, si no un deber. Quizás su personalidad estuviese tan influenciada, consciente e inconscientemente por dos de las más grandes reinas que a su modo de ver había tenido la dinastía Targaryen -su bisabuela, y la segunda esposa de Aegon el conquistador, Rhaenys- que tendía a seguir los pasos de ambas, sobretodo de la primera en este caso, que fue una reina querida y amada porque jamás se olvidó de que un rey no es nada ni nadie sin un reino y sus súbditos.

Estaba bajando las escaleras, recogiéndose el vestido -de estilo más propio de las ciudades de Essos que de poniente, aunque era una declarada amante de esta clase de vestidos ligeros que mostraban más piel de la acostumbrada- cuando vio el brillo de la armadura de su Tollett. Siempre tan impecable, pero con el cabello ahora largo le costaba domarlo y siempre le quedaba algún mechón rebelde, algo que a ella le encantaba. Por suerte, era una mujer alegre y sonriente, eso la permitía no tener que esconder la sonrisa que se amplió al verlo.

-Ser Tollett- dijo en respuesta a su saludo, manteniendo las formas en sus palabras mientras se dejaba ayudar a subir al incómodo palanquín, acariciando sus dedos al momento de soltarlo de forma intencionada. No era aquel el transporte más cómodo, pero el más seguro y práctico en aquellos barrios pobres que tenían callejuelas demasiado estrechas para ir en carroza. Y los caballos en caso de haber cualquier revuelo no eran confiables.- Gracias por sus palabras, Ser Tollett, pero es lo menos que una princesa puede hacer por su pueblo. Alimentarlos y velar porque tengan con qué cubrirse en lo que dure el otoño, más aún cuando llegue el invierno- dijo con convencimiento, aunque en el fondo solo era una conversación vana para mantener las apariencias y poder dedicarse unas palabras, indiferentemente del contenido de estas.- No busco agradecimiento alguno de estas gentes, pues ya lo brindan cada día, pues con su trabajo es con el que el reino se mantiene. Nada sería de nosotros, niños de buena cuna, si no fuera por los labriegos que cosechan lo que comemos, los sastres que cosen nuestras ropas o la servidumbre que cuida de nosotros.

El olor a lo largo del camino fue volviéndose ácido y dulzón, propio del orín y la putrefacción. En los barrios de pescadores abundaba el pescado y con el, las escamas, espinas y tripas del mismo que eran tiradas dónde buenamente se podía. Los mercados eran malolientes, pero los hogares en sí también, pues las canalizaciones de las zonas bajas de la ciudad eran menos elaboradas y estaban peor mantenidas, de forma que los desperdicios de sus habitantes creaban una fragancia difícilmente descriptible y dura de tolerar. Mentiría la princesa si negase que sentía arcadas cada vez que iba al lecho de pulgas, pero pronto su nariz parecía negarse a tolerar un segundo más aquellos efluvios y perdía la capacidad de oler o al menos, de que su cerebro procesase esos olores, algo que le costaba un dolor de cabeza que tardaría unas horas en desaparecer. Un pequeño precio, un mal menor.

El paisaje igual cambiaba, la miseria los recibía con una sonrisa burlona que les recordaba que ellos nunca entenderían aquel lugar, ni aquella necesidad, que les movía la lastima y la caridad. Helaena procuraba siempre bajar con las cortinas abiertas, para ver a quienes la rodeaban y en más de una ocasión había vuelto sin una sola joya por regalarlas, eso y con las manos sucias de tendérselas a aquellos que consideraban que el ser tocado por una princesa era algo así como una bendición. Su madre la regañaba siempre, pues para la reina los pobres eran una forma de propaganda más bien, había que acercarse a ellos, pero lo justo y necesario, pero Helaena no controlaba de esas medidas, amaba a su pueblo y no sabía querer con medias tintas. Sabía que era peligroso, que en las marabunta que se formaban a su alrededor alguien podría intentar dañarla, sabía que tenía tres hijos esperándola. Pero no podía remediarlo, controlarse a sí misma.

-Paremos en esta plazuela- le indicó a Aedan cuando pasaron por un lugar no demasiado amplio, pero si en comparación con las callejuelas como para indicar que era una plaza. O algo así. Quizás era generosa con dicho calificativo. Los criados, que habían tenido que dejar el carro en la última calle amplia, cargaban cestos enormes de comida y los dejaron allí, yendo a por más, necesitarían varios viajes. Helaena bajó de su transporte y puso los pies, en unas elegantes sandalias de piel, en el sucio suelo lleno de charcos de los que mejor no pensar el contenido. Los bajos de su vestido en apenas unos pasos pasaron a un color sucio, olvidando su precioso y suave color verde.- Ayudadme- dijo a sus soldados y con ellos a su amante, cogiendo el pan y la fruta para empezar a darlo a la multitud que se amontonaba ya a esas alturas a su alrededor. Todos sabían ya en el lecho de pulgas que la hija menor del rey estaba allí. No habría suficientes cestas ese día, ni los venideros para saciar tanta hambre.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jun 24, 2016 5:13 pm

Las vistas se volvían desoladoras a medida que la comitiva se internaba en el Lecho de Pulgas e incluso Aedan, consciente de la miseria que allí les esperaba -pues había visitado el lugar en numerosas ocasiones-  se sintió desolado al observar las condiciones en las que vivían los que incluso podían calificarse como los 'pudientes' del barrio bajo. Niños correteaban por las callejuelas y las casas de sus vecinos, tan delgados que incluso daba cierto reparo verlos; hombres, mujeres y ancianos que se encontraban tirados en una esquina, en el suelo, tal vez viendo su vida pasar.

El olor se iba haciendo cada vez más soportable -tal vez debido a que llegaba un punto en el que uno perdía la capacidad olfativa- y lo que al entrar en el Lecho Aedan se veía incapaz de observar, ahora le resultaba tan natural que le resultó indecente la consciencia de que aquello era la cruda realidad en un lugar donde no se sabía si se comería todos los días. Aquello fue lo que seguramente le avivó el impulso de, mientras caminaban, asomarse hacia una madre que se encontraba sentada en el suelo con su hijo y entregarle unas pocas monedas.

Sois, así a todo, de las pocas personas que opinan así. Vos veis a esta gente como un eslabón de la cadena que debe cuidarse y protegerse y, por desgracia, muchos otros opinan que se trata de un lastre en la piramide que es mejor mantener lejos de sus intereses ― respondió finalmente ―. Pensad que incluso muchos de ellos ― decía, refiriéndose a los habitantes del Lecho ― tienen una concepción diferente de su lugar en la sociedad ― añadió con cierta sobriedad, nuevamente a sabiendas de que la princesa conocía mejor que nadie su opinión al respecto.

Cuando escuchó finalmente la orden de su vivaz perdición, hizo una señal de alto al séquito, que se detuvo. Los que cargaban con el palanquín lo hicieron descender con ensayada coordinación. Aedan se hizo a un lado para que la Targaryen bajase y, siguiendo sus indicaciones -aunque no sin alejarse de ella- ayudó al resto de soldados a repartir la comida entre la multitud que se iba amontonando alrededor. Tantas bocas hambrientas y tantos ojos de desesperación le hizo pensar al Tollett en que, una vez terminadas las existencias, era posible que los que no habían logrado hacerse con un pedazo de pan o una pieza de fruta se sentiesen molestos y se alterasen más de lo aconsejable. Allí, en las multitudes -y no sólo en las formadas por gente humilde- un simple grito de increpación o un nimio acto de rebeldía podía desencadenar una reacción en cadena de forma incontrolable, algo que lo preocupaba en cierta medida a pesar de ser consciente de que muchos allí ya se conocían el procedimiento durante aquellas visitas de la princesa al Lecho.

La guardia formó un círculo alrededor del palanquín y continuó, como se les había ordenado, tomando comida de las cestas para ir repartiéndola entre la gente, que cuando cogía lo que le correspondía, en la mayoría de los casos se inclinaban en una torpe reverencia, dando las gracias una y otra vez mientras se alejaban. En alguna de estas ocasiones, Aedan tornaba su mirada con cierto disimulo hacia Helaena y le dedicaba una suave sonrisa bajo el yelmo.

Entre la condensada multitud, se escuchó perdido entre el gentío un
“¡Larga vida a la princesa Targaryen!”. Era evidente que pese a las críticas opiniones de algunos pequeños sectores de la aristocracia más condescendiente, Helaena era una princesa verdaderamente querida por su pueblo. Gran parte de la gente hablaba bien de ella y, casi a modo de excepción, incluso en el Lecho de Pulgas la gente sonreía al escuchar su nombre. En ese momento, pese a los conflictos familiares, algo en el  interior de Aedan le hizo ver la verdad de todo aquello: Helaena sería una gran reina para su gente, y aunque en un barrio de gente humilde nadie pudiese afirmarlo con seguridad, el amor de aquellas personas era un revulsivo recurso para quien lo tuviese.

Me pregunto cómo reaccionarán esta vez los miembros de la corte cuando se enteren ― dijo mientras le entregaba a un niño de no más de diez años una bola de pan y un par de manzanas ―. También sería buena idea que fuésemos racionándolo de forma equitativa para que más gente pueda llevarse algo, aunque sea un poco de pan ― mencionó, consciente de que reducir el número de personas desilusionadas era mejor que tener a una pequeña parte más contenta de lo normal. Por otra parte, tampoco le extrañaba que de quedarse alguien con más comida que el resto, irían a por ella en cuanto los guardias desapareciesen de allí.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Vie Jun 24, 2016 6:56 pm

-Soy consciente de que pocos piensan como yo, pero aquel que opine de semejante manera que se cuide de hacerlo en mi presencia o dónde yo pueda oírlo, pues la benevolencia que muestro con unos puede convertirse en algo muy distinto con otros... por mis venas corre la sangre del Dragón y no toleraré abusos contra mi pueblo de ningún tipo- dijo muy concienciada de cada palabra que decía y la princesa no hablaba por hablar, solía ser medida en sus palabras y más en unas con tanto peso. Pero prefería deshacerse de los nobles que tanto mal hacían a enfadar al pueblo llano... Quizás porque en cierto modo aborrecía a la nobleza por culpa de aquellos que fomentaban las disputas en su familia para quedarse las migajas del pastel.

No soportaba que la gente jugase con su familia como con fichas del ajedrez, pero a eso se había reducido el poder de los Targaryen, a que las familias de todo Poniente opinasen y metiesen sus narizotas... Esos que solo miraban por sí mismos. Se alegraba de saber que nunca sería reina, pues de haberlo sido, poco tiempo les hubiese quedado en tan ventajosas circunstancias a más de un noble... Ellos igual deberían dar gracias a los siete porque ella no fuese a decidir sus destinos, pues no hubiese tenido clemencia con más uno.

Por suerte la alegría, la necesidad y la angustia de su pueblo a medida que les daban de comer la hizo centrarse en el momento y el lugar. Era triste saber que los gritos de alegría por esa comida se volvían angustia en a lo sumo uno o dos días, cuando ya no les quedase nada.

-Poco me importa- dijo sincera pero cuidando que solo él la oyese.- Mi padre me permite hacer actos de caridad para cuidar de nuestro pueblo y la palabra del rey es ley- dijo con total convicción.- ¡Estos alimentos son en nombre del Rey Viserys y el Príncipe Aegon!- dijo lo bastante alto para que la multitud la oyese, pero por cada “salve el rey” o “salve el príncipe” había muchas más exclamaciones espontáneas de amor hacía ella. Aquello enternecía su corazón y la hacía sentir que estaba en el camino correcto, fuese el que fuese.- Es difícil, no podemos controlar quién viene dos veces a por comida o quién se lleva de más...- sabía incluso que algunas personas luego revendían lo que ella regalaba. Era difícil controlar aquello, ella no era capaz de hacer mucho más. Pronto la comida se acabó y el bullicio se fue apagando, aunque muchos se quedaron para agradecerle su gesto y ella en vez de subirse al palanquín, empezó a descender por una callejuela.- Vamos, quiero ir al orfanato- dijo amable, pero nadie en su séquito hubiese dudado que era una orden.

Por suerte, para ese lugar había hecho guardar más comida, así que unos minutos después de que la princesa empezase a bajar la calle empedrada, sus criados ya cargaban más cestas con comida, mantas y algunas medicinas, cerrando la comitiva junto a algunos guardias que procuraban evitar cualquier robo de aquella comida que ya tenía destinatarios claros.


Última edición por Helaena Targaryen el Sáb Jun 25, 2016 12:49 am, editado 1 vez
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jun 24, 2016 8:00 pm

Las palabras de Helaena no hicieron más que exacerbar la opinión que Aedan tenía sobre ella con respecto a la ostentación del trono. Conocía a quien debía ocupar el trono tras la muerte de Viserys; no tan bien como quisiese pero lo suficiente como para haberse hecho a la idea de que Helaena merecía más el trono. El pueblo la quería, su familia la respetaba -en mayor o en menor medida- y la nobleza sabía callar cuando debía en su presencia. Aquellas eran pruebas que para Aedan se convertían en premonitorias, porque también era consciente de la tensión que separaba las distintas opiniones entre los Targaryen.

“Por mis venas corre la sangre del Dragón”. Aquella frase había calado tan profundamente en el lord que pudo sentir cómo se le erizaba el vello. La creciente fascinación de Aedan por tales criaturas y su ancestral relación con los Targaryen habían hecho que aquellas palabras en boca de Healena encendiesen su ánimo y veneración por la princesa. Siempre había entendido aquello como un significado metafórico, pero tras tantos años bien podría jurar que, sin duda, la sangre que corría por las venas de aquella familia -y en especial por las de algunos de sus miembros- tenía un componente especial que los convertía en quienes eran. Sonrió ampliamente y, una vez dispersada la multitud, el Tollett se retiró el yelmo, dejándolo apoyado en el palanquín. Sabía que lo tendrían a buen recaudo, y necesitaba que el aire, por infecto que fuese, le despejase el rostro.

Puede que vuestro padre no valore de la misma manera que vos esta clase de actos... pero, indirectamente, el apoyo de estas personas tiene mucho más valor del que buena parte de la nobleza parece vislumbrar. Lo que haceis aquí es, por ende, lo mejor en cualquiera de los sentidos. Para ellos y para la corona ― dijo mientras descendía por el callejón junto a la Targaryen, camino del orfanato.

Las 'calles' eran allí algo distintas a las de los barrios más pudientes. Allí el empedrado era algo molesto de practicar si uno estaba demasiado acostumbrado al suelo llano. Las piedras eran más dispares de lo normal y sus tamaños muy diferentes, ocasionando baches considerables y agujeros donde un pie mal apoyado podía terminar en una desafortunada lesión. Las paredes se estrechaban y no seguían patrones en los pasillos más estrechos, y el olor en aquellos más recónditos se acidificaba. Por suerte, el camino hacia el orfanato era bastante fácil de transitar para lo que podría haber sido, teniendo en cuenta todas las variables.

La comitiva alcanzó su destino en escasos minutos. La fachada no estaba tan mal cuidada como otros edificios circundantes. La entrada, compuesta de varios arcos y columnas daba paso a un pasillo de no más de cuatro pasos de largo, que llevaba a un patio rodeado de cuidados arcos, curvados y finalizados en punta. La piedra estaba desconchada en buena parte de las columnas y paredes, pero el sol que iluminaba el interior del lugar les daba un tono rojizo que daba cierta calidez al lugar. El suelo, cubierto de cojines maltrechos y algunas telas deshilachadas servía de habitáculo para unos niños verdaderamente asombrados por ver allí a Healena y a la guardia. Las dos jóvenes cuidadoras se levantaron y realizaron una suave reverencia, agradeciendo la visita repetidas veces en cuanto vieron pasar a los criados con las cestas de comida.

Aedan permaneció junto a Healena y dejó que ella hablase e hiciese a su parecer mientras observaba con detenimiento los rostros pasmados de los niños. Se fijó especialmente en una pequeña que no debía tener más de cuatro años, de pelo azabache y ojos grandes y saltones, de un castaño oscuro profundo. El lord se agachó frente a ella y se quitó el guante, ofreciéndole su mano a la niña, que lo observaba temerosa, y al mismo tiempo llena de curiosidad. Aedan alzó la mirada y observó al resto, alegre y al mismo tiempo desolado ante la perspectiva de tantos niños y niñas creciendo su unos padres y casi sin recursos. Cuando la niña le cogió la mano con sus dos pequeñas extremidades, acercó la otra para acariciarle suavemente la cabeza.

Estoy seguro de que ellos agradecerán más que nadie toda la comida, las mantas y las medicinas ― dijo, dedicándole una sonrisa a la huérfana.


avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Sáb Jun 25, 2016 2:23 am

-Mi padre cuida mucho de su pueblo, de otras formas ciertamente, pero el lugar de un rey no son los suburbios... Yo no seré reina, no me importa ensuciarme los pies o las manos- dijo simplemente justificando a su padre, pues para ella Viserys no solo era el cabeza de familia, su padre o el rey. Era un ente que poseía la verdad absoluta y la experiencia de toda una vida, por eso ella jamás lo cuestionaba en nada y no llevaba nada bien que alguien lo hiciera. Aunque Aedan ya sabía eso, pues más de una vez la había visto enfadada por culpa de alguno de los miembros de “los dos bandos” que deberían ser la familia Targaryen y punto.- Vivo por y para servir al reino, a la corona y a mi familia... Ya lo sabéis- lo miro por un momento de reojo con cierta culpa. En dos años ya habían tenido alguna charla sobre el sentimiento de deber que sentía Helaena hacía su esposo, no porque lo amase, si no porque era su hermano y porque era su deber con la familia.

Al bajar por la calle pronto llegaron al orfanato, era uno de los pocos lugares más o menos cuidados del la zona y es que Helaena y su madre llevaban años interesándose por la causa, aunque posiblemente el interés de la princesa era sincero y el de su madre, ni de lejos. Aún así el lugar estaba muy alejado de lo que ella querría si esos niños sucios fuesen sus hijos y a ella algo le ocurriese. Le apenaba saber que había tanto niños y niñas cuyos padres habían muerto o los habían, aún peor, abandonado.

La comida les iluminó el rostro y de una de las cestas de frutas cogió manzanas que fue repartiendo entre los niños, que clavaban sus dientes con ansias en la fruta. Sonreía, intentando hacerles sentir dulzura, quería que se sintieran valorados y útiles... Quizás era el hecho de que mientras sus hijos crecían, más le importaba protegerlos de aquel mundo cruel y en cierto modo, quería proteger a esos huérfanos también.

-Anda, esperadme un momento- dijo antes de hacer un gesto a una de las cuidadoras, indicándole que quería hablar con ella, acompañándola a una habitación adyacente. Quería hacer algo más por los niños y tras una larga conversación sintió que si bien no era suficiente, lo que podía hacer por ellos era ya una gran mejora que les facilitaría la vida y además la volvería más sencilla.

Volvió a la sala principal y preguntó que hacían a aquellas horas con los niños, las cuidadoras explicaron que les leían cuentos y les intentaban enseñar a leer, así que animadamente Helaena se ofreció a leer ese día para los niños. No le importaba. Normalmente le gustaba leerles a sus hijos y aquello no era diferente. Sin importarle la hora, se sentó cómodamente y siguiendo la rutina que le explicaban las cuidadoras, fue leyendo y explicando algunas palabras más complejas.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Sáb Jun 25, 2016 6:15 pm

Cuando los ojos de Aedan se separaron de los de la huérfana para mirar hacia Helaena, ésta se levanto para hablar por separado con una de las cuidadoras. En el tiempo en el que la Targaryen estuvo conversando con la encargada de los niños, Aedan cogió una manzana de la cesta y se la entregó a la niña en lo que se sentaba junto a ella. Le preguntó por su nombre y ésta le respondió: se llamaba Aerlina, y durante la pequeña conversación que el lord mantuvo con ella pudo averiguar que sus padres habían muerto hacía poco por enfermedad, y que los vecinos la habían llevado al orfanato para que cuidasen de ella. Aquella historia conmovió de cierta manera al Tollett, que pudo ver en los ojos de Aerlina un miedo que le recordó al momento en el que murió su padre y se vio obligado a tomar decisiones que no esperaba tener que tomar hasta pasados muchos años. No era un sentimiento ni medio comparable, pero sí que sintió cierta empatía.

Cuando la princesa volvió y se sentó en el centro con uno de los libros que las cuidadoras acostumbraban a leer a los niños, Aedan la observó de nuevo con la admiración que alguien profesaría por un acto inesperado y de gran bondad que él, sin embargo, ya estaba más que acostumbrado a ver en Helaena. Se irguió unos centímetros y se sentó en uno de los escalones del patio, con la mirada fija en la Targaryen.

Mientras la princesa relataba ante la mirada atónita y curiosa de todos y cada uno de los huérfanos, Aedan se limitó a escuchar con atención la historia, reflexionando. La dulce voz de Helaena le llegaba a lo más profundo de su alma, haciéndole rememorar las noches en las que su madre, cuando él aún era un niño bastardo y de futuro indeciso, se sentaba al borde de su cama y le contaba las historias de cómo los antiguos Valyrios volaban sobre aquellos majestuosos dragones que jamás habría esperado tener la oportunidad de ver con sus propios ojos. En ese preciso instante una luz iluminó los ojos del lord, que atónito observaba a una mujer con la que, de no ser por la situación en la que se encontraban, hubiese deseado desposarse ante la mirada de los Siete; una mujer a la que presentar a su madre y con quien pasar las tardes en solitario. Había escogido el destino, sin embargo, una trayectoria mucho más ardua para él, que si bien tal vez no terminase destruyéndole, sí estaba claro que lo hundiría en la más profunda miseria. Sin embargo, para Aedan merecía la pena todo aquello.

Miró de soslayo a Aerlina, nostálgico de una época futura que probablemente nunca podría vivir y después desenvainó un pequeño puñal con el que se dedicó, arropado con las historias de la Targaryen, a tallar un pequeño fragmento de madera en lo que se alargaba la espera, no por falta de interés -pues era todo lo contrario-, sino porque sintió la imperiosa e irracional necesidad de que aquella niña, cuando fuese mayor -si él todavía seguía con vida- le recordase y supiese que había un lugar en Soto Gris para ella, si por entonces no había encontrado una salida para su vida. Talló, así, una pequeña ave que entregó a Aerlina cuando Helaena terminó con el cuento.

Finalizada la historia, Aedan aplaudió, junto con los niños, a la inesperada locutora. Después se puso en pie y se apoyó en una de las columnas aguardando a que Helaena terminase con aquello que desease hacer en aquel lugar.

Cuando ella pasó por su lado, la miró con fingida sorpresa ―. Desconocía vuestras dotes para la lectura, princesa ― dijo, de forma suficientemente discreta como para que tan sólo ella le escuchase pero escogiendo con cuidado sus palabras ―. Sólo miradles. Habéis hecho muy felices a estos niños ― añadió con una sonrisa mientras observaba a los niños, que hablaban entre sí, discutiendo sus propias y elucubradas ideas acerca del cuento que les acababan de contar.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Sáb Jun 25, 2016 7:35 pm

Comenzó a leer aquellos relatos, que contaban precisamente el comienzo de su dinastía, el inicio de esa historia dónde ella solo era una pieza más. La conquista de Aegon el Conquistador y sus dos hermanas-esposa, Visenys y Rhaenys. Ella siempre se había parecido más a la segunda, sin dudas, aunque no consideraba que llegase a ser ni una décima parte de lo que ella fue... Rhaenys y su bisabuela eran dos grandes ejemplos a seguir para ella, la prueba de que las mujeres Targaryen podían ser más que jinetes de dragón con ansias de lucha y sangre, de que podía existir un equilibrio entre la lucha y la paz dentro de una misma persona y ojalá ella lograse encontrar dicho equilibrio.

Al terminar aquella breve historia de las muchas que dejó la vida del gran Aegon, apodado el Dragón -de ahí venía la frase “tener la sangre del dragón”, aunque muchos la atribuyesen a que directamente había un vínculo sanguíneo entre bestias y jinetes, lo cual nunca negaban, dejando así envuelto de misterio algo más sobre su mítica historia como familia-, pensó que era indudable que su hermano se parecía a este en algo más que en el nombre y en poseer la misma espada, pero esperaba que su esposo jamás tuviese que librar cruentas batallas a lomos de Sunfire. Rezaba a los Siete y también, para sí misma, a los antiguos dioses de Valyria.

Sonrió algo cohibida y sonrojada por los aplausos entusiasmados de los niños a los que se unió Aedan, haciendo que hasta la guardia terminase aplaudiendo para no ser menos. No le gustaba ser el centro de atención y desde luego no buscaba serlo con aquellos actos. Quizás era una mujer con un corazón tan grande que solo buscaba amar y ser amada allí dónde pisaba.

Decidió hablar entonces un poco con los niños, hasta que se dio cuenta de que posiblemente era hora de dejarlos de nuevo con su rutina, aunque no sin antes recordarles algo:

-No olvidéis que el Rey cuida de todos nosotros y nunca dejará desamparado a su pueblo. Y aprended de estos relatos el valor del coraje y la determinación, pues juntos son la llave de cualquier puerta- los animó, dejándolos irse esa noche con sueños de grande hazañas en sus vidas. Los niños tenían derecho a soñar con algo mejor, al menos así lo veía ella. Luego se puso en pie y tras las reverencias que le dedicaron cuidadoras e infantes, se dispuso a volver a palacio, saliendo a la maloliente calle nuevamente. Reprimió una risa por las palabras de Aedan.- Quizás es que haya muchas cosas que desconocéis de mi, Lord Tollett... Y solo espero que los recuerdos de breves instantes de felicidad marquen la diferencia en sus vidas en los momentos oscuros. Vivir aquí debe ser duro, algo de dulzura espero no les deje olvidar que el mundo es más que este lugar- murmuró llegando al palanquín.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Sáb Jun 25, 2016 8:09 pm

Los niños del orfanato pasarían aquella tarde soñando con las heroicas hazañas de los héroes del pasado y Aedan, por su parte, haría lo mismo. En ese sentido, el soberano de Soto Gris no había dejado de ser un niño: siempre soñando con la grandeza y con que, algún día, el destino le depararía grandes cosas. Estaba seguro de que tarde o temprano su esfuerzo debía dar sus frutos y escribir su nombre en los anales de la historia, donde sería recordado mucho tiempo después de su marcha.

Sonrió divertido ante el comentario de la princesa que, en cierto modo, le hizo recordar las primeras tardes que había pasado junto a ella a su llegada a Desembarco del Rey. Recordaba cómo, de forma inesperada, en largas conversaciones había aprendido más que en años leyendo manuscritos y sumergiéndose en las profundidades de las artes arcanas. Por alguna razón, antes de conocerla la había imaginado como otra soberana más, insoportable y en cierto modo una carga. Rezó mucho a los Siete agradeciendo la bendición que ella supuso para él, al final, y agradeciendo también haberse equivocado de una forma tan rotunda.

Ciertamente debe serlo. Es muy posible que esas historias de tiempos pasados sean lo único que ahora hace volar su imaginación y les hace ser... en fin, niños ― admitió mientras acompañaba a Helaena hacia el palanquín, callejones arriba hacia la pequeña plaza donde habían repartido los alimentos, y donde había quedado custodiado el transporte. Antes de abandonar el orfanato, Aedan dedicó una suave sonrisa y un gesto de despedida a Aerlina, que agitó la mano con vitalidad.

Soto Gris es un lugar pequeño, allí la separación entre clases no se vislumbra con tanta radicalidad. Recuerdo jugar cuando era un niño con los hijos de granjeros y panaderos. Es curioso que, a menudo, la falta de grandeza económica les hace grandes en muchos otros sentidos. La humildad, la fraternidad y el compañerismo son algunos valores que por desgracia se diluyen en las altas cunas, donde son más útiles otras... aptitudes ― comentó, hablando de aptitudes cuando ciertamente deseó hablar de mezquindad.

Cuando llegaron al palanquín, Aedan observó su yelmo, que permanecía en el mismo lugar en el que él lo había dejado. Cuando llegaron se volvió a ofrecer, servicial, a ayudar a Helaena a subir en el transporte, antes de volver a colocarse el yelmo con un suspiro. Cuando ya estuvo todo dispuesto, los criados volvieron a alzar a la princesa y emprendieron el camino hacia el Castillo Rojo.

Mi maestre, Álberic, me contaba a menudo el mismo cuento que vos le habéis leído a esos niños. Cualquiera miraría en vuestro esposo el vivo reflejo de Aegon el Conquistador ― mencionó con cierto recelo, no por lo que acababa de decir en sí sino porque, hablando con Helaena, prefería no hablar mucho de Aegon.

» ¿Qué pensáis del torneo, por cierto? Imagino que participará buena parte de vuestros familiares.

El ascenso se hacía tortuoso en un principio debido al mal olor, pero a medida que la comitiva abandonaba el Lecho y que se iban acercando a lugares más habitables, la cosa se dulcificaba considerablemente.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Sáb Jun 25, 2016 8:44 pm

-Ningún niño debería ser privado de su infancia... Aunque supongo que aquellos que crecen en los extremos tienen más complicado esto. Estos niños deben trabajar y sólo lo dioses saben qué más para lograr llevarse algo a la boca. Las enfermedades y la delincuencia son su día a día- admitió, demostrando una vez más que no vivía ajena a los problemas de los habitantes de las zonas marginales.- Sin embargo niños como lo fuimos mis hermanos y yo un día tampoco gozamos de la infancia, siendo moldeados para ser aquello que se necesita de nosotros, igual que un herrero calienta y golpea el metal para darle forma- suspiró.- Lord Tollett al igual que muchos de familias de un estrato alto, pero no de superlativa importancia, ha tenido la oportunidad de disfrutar más la niñez. Aunque cada uno tiene sus circunstancias ¿verdad?- dijo en referencia a la orfandad que sabía bien Aedan había tenido que sobrellevar, mientras ella gozaba aún de sus dos progenitores.

Asintió oyendo esos pequeños fragmentos de su vida, sobre su infancia, aunque muchos ya los conocía no le importaba en absoluto volver a oírlo. Aedan era muy diferente a Aegon, posiblemente por eso ambos eran tan buenos amigos, pues sus diferencias los hacían más fuertes, sumaban en vez de restarse. Y eso le dolía, pues ella sabía que un mal paso y sería la culpable y causante de una fractura de difícil solución o arreglo.

-A veces pienso que casi pareciera que vivimos en mundos distintos y en cada mundo la supervivencia se consigue con una serie de cualidades que a los demás nos podrían parecer espantosas. Ya sabe que mucha gente teme a los dragones porque estos devoran animales casi de un bocado e igual, pueden devorar personas...- comenzó el pequeño 'relato'.- Sin embargo los grandes señores no se horrorizan cuando un lobo ataca, simplemente le ponen remedio. Un campesino se horroriza de un lobo o un gatosombra, pero no de su perro que mata y devora a una rata... Cada uno encuentra su forma de sobrevivir y nadie es quién para juzgarla, pues cada situación y cada persona es distinta y cada una requiere de un nivel de escrúpulos y moral diferente.

No es que justificase a la gente cruel o manipuladora, ni mucho menos, en su naturaleza humana igual entraba el odiar a la gente que intentase dañar a su familia o a sí misma, pero cuando lo pensaba con frialdad solo era la clásica noción de que el pez grande se come al pequeño. Ya en el palanquín, atravesando la ciudad, se sintió nerviosa al oír la mención sobre Aegon. Terreno pantanoso.

-Sin dudas mi hermano tiene muchas de las virtudes de nuestro antepasado y de dejársele, estoy seguro demostraría muchas más. Es inteligente, valiente y tiene coraje y sin dudas, eso es todo lo que necesita un hombre para arriesgarse a hacer grandes cosas- sonrió sutilmente.- Pero no es su destino hacerlas, eso corresponde a mi hermana...- como siempre procuraba no perder los pies en la tierra y saber dónde debían estar cada uno, además, no sabía si su antepasado habría aborrecido el trono en algún momento, pero sabía que reinar no era lo que le daría felicidad a su esposo.- Como siempre, otro momento para que los hombres alimenten su ego mientras nosotras los admiramos y aplaudimos- bromeo. Bueno, a medias.- Pero bueno, a padre le encantan, igual a mis hermanos y mis hijos, así que si ellos son felices por mi podemos hacer un torneo cada día.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Dom Jun 26, 2016 12:54 pm

Pese a la razón en las palabras de la princesa, Aedan no pudo evitar esbozar una torva sonrisa con respecto a las supuestas 'dificultades' de nacer en la más alta cuna. Era complicado, era cierto: desde pequeño estabas condenado a que moldeasen tu mentalidad y usasen tu tiempo para instruirte de forma obsesiva en lo que, en un futuro, necesitarías para gobernar; para liderar. Por otra parte, ese moldeaje era una mera mancha en una vida, según él, llena de facilidades. Pese a la presión social que ejercía la propia familia y unas pocas horas siendo manipulado, ¿acaso no gozaban de suntuosas cenas, de poder económico, de libertad absoluta? Incluso siendo el hijo de una Casa menor era consciente de la terrible realidad y de lo mucho que escondían en verdad las palabras de Helaena. Así a todo, lamentaba -especialmente en el caso de Helaena- lo que a veces esa posición conllevaba para uno. Ciertamente deseaba que ninguno de los dos tuviese en realidad esa posición social y que no fuesen más que los hijos de un herrero y un panadero, pero claro... ¿quién era él para desear algo así? Casi le quitaba importancia a las penurias de los menos pudientes. Era absurdo.

Permaneció en silencio durante buena parte del camino, escuchando con atención la reflexión de la Targaryen y, una vez en camino, internados en la ciudad, observó con fingido interés a las personas que se paseaban y realizaban reverencias al pasar el palanquín, como si tuviesen el filo de un cuchillo amenazando con abrir una herida mortal en su cuello. Suspiró lenta y apaciblemente y llevó de forma instintiva la mano izquierda a la empuñadura de la espada envainada mientras caminaban, adoptando quizá una postura más rígida y propia de un miembro de la Guardia Real.

Es que son mundos distintos ― dijo Aedan con sorprendente convicción ―. Cada estrato en la sociedad vive de forma diferente, con unas costumbres, una rutina y unas preocupaciones muy distintas. Los pocos puentes que unen a la nobleza con la sociedad media, y ésta a su vez con la clase más popular siempre son motivos de conflicto, y es en verdad algo lógico, porque ocurre lo mismo que cuando intentas mezclar agua con aceite, o tratas de meter tierra en el agua esperando que desaparezca del mismo modo que lo hace la sal: cada uno es diferente y debe aprender a vivir en el contexto que, por fortuna o desgracia, le ha tocado ― reflexionó ―. La eterna lucha entre las clases sociales no es más que el fruto del contraste de diferencias que existen entre ambos. En el fondo, un rey sangra del mismo modo que lo haría un campesino, pero es su trasfondo y su contexto el que los define y los diferencia. En realidad, la sociedad no podría funcionar de otra manera, pese a la injusticia que deriva de ello en muchos casos.

Hay grandes expectativas alrededor del evento, incluso entre aquellos que participaremos ― admitió. Ciertamente, pese a sus riesgos, el torneo significaba una oportunidad para el medre social, y es que tristemente derribar a un contrincante en las justas o en la palestra le permitía a uno ascender en la pirámide social como si de un trampolín se tratase, y pese a lo absurdo que pudiese ser, Aedan, al igual que muchos otros, veían en aquello una oportunidad. También era el lugar perfecto para probarse a sí mismo y eso le daba cierta emoción al asunto.

No dejan de ser un entretenimiento ― comentó ante las últimas palabras de Helaena ―. La mayoría de las veces no tienen mayor trascendencia, y otras son fruto de la más notable audiencia. Asuntos de honor y herencia se han resuelto en los torneos en numerosas ocasiones.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Dom Jun 26, 2016 5:03 pm

-No pongas esa cara- lo riñó con esa voz maternal que tendía a usar cuando reprochaba algo, de modo que hasta el peor regaño sonaba dulce. Y es que con la sonrisa que le puso, sabía que Aedan le quitaba importancia a los deberes que la gente de más alta cuna tiene... Quizás porque la mayoría de los que entran en dicho papel hasta los han olvidado.

Ella tuvo no solo una educación exigente y estricta. Nunca tuvo libertad para hacer cosas como viajar o acostarse a la hora que quería o de beber las copas que quisiera. Claro, podría hacerlo, pero exponiéndose a una regañina de su madre y a ensuciar su reputación. Ella no podía salir a dónde quería, cuando quería. Claro, podría hacerlo, pero sin escoltar, arriesgándose a que algo le ocurriese y a lo que eso significaría, además de la molestia cuando salía con escolta para todos, pues debía organizarse el trabajo de toda la guardia para que hubiese suficiente gente con ella pero el castillo no quedase menos protegido. Ella no podía viajar, porque aunque no estaba en línea directa de la sucesión, tenía unos deberes que la ataban a Desembarco, además, ahora con sus hijos -los cuales había tenido porque era su obligación con su familia dar herederos- mucho menos podía lanzarse a viajar por el mundo.

Ella no pudo elegir a su marido, se tuvo que casar con quién su padre eligió, pues aunque nadie la llevó al altar a rastras, sabía que negarse causaría más problemas que un simple enfado paternal. Ella debía no sólo cuidar de su marido, sus hijos y el resto de su familia, debía cuidar del pueblo y su labor de evitar peleas entre sus hermanos no era solamente fraternal, era de estado, pues una pelea entre ellos podía causar un gran desastre.

En su caso, en el de cualquier noble que entienda que ser noble tiene obligaciones, ella vivía por y para los deseos ajenos y cada acción suya sabía era estudiada por quienes le rodeaban. Una sola palabra mal dicha y a destiempo de un rey podía causar la peor de las guerras, mientras que un pescadero podía maldecir a toda la ciudad a voces que como mucho solo se ganaría unos golpes.

-Mientras haya quién tenga el poder, nunca se alcanzará una igualdad, pero a su vez, con un vacío de poder es imposible mantener la paz. Así es nuestro mundo, no existe sistema perfecto y parece que encontramos una oscura satisfacción en explotar esos defectos, igual que cuando nos tocamos una herida que supura... - suspiró al oír que Aedan igual participaría. Una preocupación más. Aunque en teoría los torneos eran algo deportivo y no debían suponer un riesgo, no eran raros los accidentes que terminaban en el mejor de los casos con unos huesos fracturados y que en el peor implicaban amputaciones y la muerte. ¿A qué mujer le agrada que sus hermanos, su esposo, sus sobrinos y, para colmo de males, su amado se la jueguen de semejante manera? Hombres, ellos y su orgullo, eran algo incomprensible para la princesa.- Seguro que el torneo cumple las expectativas de todo, la reina ha puesto gran empeño para complacer al rey y yo he ayudado en ello, puedo garantizaros que todo saldrá perfecto- dijo con convencimiento, pues su madre era una perfeccionista que no dejaría nada al azar con tal de que todos los nobles se fueran hablando maravillas de lo que ella había organizado.- No me meto con los tradicionales torneos ni su utilidad social, si son tan aplaudidos es evidentemente porque cumplen su función. Pero me considero una persona de gustos más centrados en las letras y el arte que en la guerra, por mucho que en mi instrucción el arte de la guerra también estuviese presente.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Dom Jun 26, 2016 7:44 pm

El séquito continuaba avanzando por las calles sin mayores distracciones mientras Aedan y la princesa conversaban. Para el lord -y seguramente para Healena también, según él lo miraba- aquella charla era una práctica reiteración de todas y cada una de las conversaciones que, en el pasado, habían mantenido en sus encuentros pasados; era como un resumen del que si bien conocían el final, no dejaba de ser trascendental e interesante. De esta manera, Aedan no pudo evitar sonreír cuando la Targaryen le replicó su gesto anterior, y de la misma forma asintió con covicción ante su posterior reflexión. Aedan estaba seguro de que si algún día el mundo conocía la igualdad entre las diferentes clases sociales, sería en un día muy lejano cuyos ojos no podrían contemplar, ya cuando sus huesos no fuesen más que polvo en el viento y sus nombres un mero recuerdo de lo que antaño tuvo lugar, y en una visión más pesimista, entendía que la propia igualdad entre clases sería el propio fin del sistema que regía la sociedad, y que ello derivaría en la falta de gobierno y de control de unos sobre otros. Aquel escenario, para el Tollett, no podía acabar bien de ninguna de las posibles maneras. Creía estrictamente necesario el dominio de unos pocos sobre otros muchos para el mantenimiento del endeble orden en el que vivían.

Han pasado muchos, muchos años y han sucedido una enorme cantidad de cosas hasta que la humanidad ha llegado al punto en el que nos encontramos actualmente. Pese al conflicto, e independientemente de los intereses de las grandes Casas, las sociedades han ido evolucionando hacia un mayor orden desde los Primeros Hombres. Si estamos ahora así, es porque probablemente no haya mejor manera de mantener un orden social a día de hoy. Es lamentable, así a todo, que se den determinados abusos y que haya gente, y en especial niños viviendo como se vive en el Lecho de Pulgas. La vida no suele ser justa, y menos con las personas que menos poder tienen.

Aedan suspiró lenta y apaciblemente cuando llegaron a una plaza, donde se erigía una gran fuente con agua. Allí el aire era menos cargado y había menos gente, por lo que la sensación de agobio resultaba menor para un grupo tan numeroso, y con el palanquín a cuestas.

En Soto Gris había leído mucho junto al maestre Álberic acerca de la historia de los Primeros Hombres y de cómo la sociedad y la forma de pensar había ido cambiando en las personas en función del contexto en el que vivían. Muy pocos eran los que por entonces se dedicaban a pensar en aquel tipo de cosas, pero para Aedan aquella información era verdaderamente valiosa para entender mejor cosas como, sin ir más lejos, la política y las leyes imperantes. Su padres siempre le había dicho que aquellas cosas eran una estupidez y que debía centrarse en el presente... y en parte tenía razón según Aedan, pero a él sencillamente le gustaba conocer cuanto más mejor. Aquello era lo que le había hecho crecer

Miró entonces a Helaena ante sus últimas palabras ―. Bueno, son sin duda las palabras las que tienen una fuerza capaz de hacer caer ejércitos y reinos sin derramar una sola gota de sangre ― explicó. Helaena sabía mejor que del amor que sentía Aedan por el arte y la literatura. De las pocas, a decir verdad, que a ojos de Aedan valoraban de verdad aquellas cosas ―. Pero al final es la fuerza de las armas la que ejerce su dominio. Nuestra historia nos ha configurado así, para nuestra suerte o nuestra desgracia, y si bien con palabras se puede llegar increíblemente lejos... ningún rey puede reinar sin un ejército tras de sí. No si pretende defender a su pueblo, al menos ― añadió.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Dom Jun 26, 2016 8:41 pm

-La vida no es justa y nadie debería engañarnos diciendo que lo puede ser. La vida es como es, te pone pruebas y de uno depende soportarlas manteniendo su consciencia limpia. Cada camino ofrece sus dificultades y sus obstáculos y por desgracia, nadie puede sortearlos por otro. Pero poco a poco intentaremos suavizar la situación de los más desamparados, mi padre ha hecho mucho por la prosperidad del reino y estoy segura de que mi hermana mantendrá su legado y si me lo permite, yo me ocuparé de la tarea.

Aunque también podía resultar que su hermana se dejase llevar por otros intereses más que el de su pueblo, a fin de cuentas Rhaenyra no era Viserys y por otro lado, mantener su poder dado que medio reino no la consideraba heredera legítima y mucho menos a sus hijos, la llevaría a tener que hacer concesiones a los nobles y muchas veces, la felicidad de los nobles era inversamente proporcional a la del pueblo llano. Y también era posible que Rhaenyra pensase igual que su padre respecto a que ambas ramas de la familia no podían coa-habitar y los desterrase amablemente a Rocadragón, como la heredera y sus hijos habían sido enviados por el rey. No quería comentar eso último, menos con Aedan, pues implicaría muy posiblemente que se viesen menos.

Al llegar a aquella plaza y oír el ruido del agua, viendo que ya había hecho la mitad del camino, hizo un gesto con la mano, sacándola del palanquín para que se detuviese la marcha. Bajó con cuidado y miró a los pobres hombres que tenía la tarea de llevarla.

-Queda poco, pero aprovechen para beber un poco de agua- les dijo de forma tan amable que cualquier se negaba. Ella también aprovechó para acercarse a la fuente y mojarse las manos, que se quedaron limpias de nuevo, mostrando su piel lechosa. Luego, se humedeció el cuello y la nuca, pues el sol del mediodía empezaba recalentar la ciudad.- Bueno, sé de guerra, aunque esta no me agrade... Por suerte de mi nunca va a depender ningún ejército, eso me permite alejarme de aquellas tareas que no me agraden. Pero de tener que defender a mi pueblo o a mi familia, muy capaz sería. Tengo a Dreamfire además. Un dragón puede resultar una gran diferencia en cualquier guerra a librar, simplemente por el poder que hace sentir a los de su bando y el miedo que causa en el enemigo su sola presencia. Criaturas maravillosas... Tan hermosas y fascinantes como destructivas y aterradoras.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Dom Jun 26, 2016 9:05 pm

En cuanto los que cargaban con el palanquín lo hicieron descender para Helaena y se dirigieron hasta la fuente para refrescarse, Aedan hizo lo propio, acercándose al borde de la blanca ornamentada de la fuente. Tenía gravados, y en el centro la roca tomaba la forma de una mujer sosteniendo una ánfora que apoyaba tumbada sobre su hombro izquierdo, de la que salía el agua y caía en delicada cascada renovando el contenido de la fuente. Una obra hecha con cuidada profesionalidad.

Aedan se quitó los guantes y el yelmo, el cual dejó al borde de la fuente mientras se refrescaba las manos en el agua y se la echaba por la cara, lanzando un bufido ― Nunca me acostumbraré del todo al clima de esta zona, ya ni hablemos de Dorne o el lejano Essos. Prefiero el frío, qué duda cabe ― comentó ―. Si hace frío, uno puede regular su propia temperatura ya sea con fuego o ropa. ¿Qué me depara, sin embargo, el sol abrasador? Cualquier día, princesa, me veréis arrojándome en paños menores al Aguasnegras en un vano intento por no perder el juicio ― añadió en un tono claramente bromista. Aunque parte de verdad había en la broma, al fin y al cabo muchas veces se le pasó por la mente lanzarse al mar y refrescarse... en sus tiempos libres, claro está.

Suspiró lenta y apaciblemente mientras se volvía a poner los guantes, una vez sus manos estuvieron secas. Miró de soslayo a Helaena y sonrío, haciéndose una imagen de la Targaryen sobrevolando el ancho cielo a lomos de un majestuoso dragón. Miró entonces al horizonte, recordando cuántas veces había pasado de joven noches en vela leyendo sobre los dragones, sus jinetes y su historia; sobre cómo los domaban y cómo establecían aquel vínculo irrompible. Era algo que, sin duda, le parecía increíble y maravilloso.

Dragones ― repitió, sonriente ―. Magníficas criaturas, tenéis toda la razón ― añadió. Esta vez no contó ninguna anécdota porque Helaena sabía perfectamente de su interés por semejantes criaturas y, llegados a aquel punto, creía innecesario fingir nada, porque tampoco había razón alguna por la que un hombre debiese hablar a una princesa de sus pasiones y anhelos sin que le preguntasen de forma explícita. Aedan, sin embargo, permaneció en silencio durante algún tiempo, con la mirada perdida en cielo azul y en las pocas nubes que flotaban con parsimonia sobre sus cabezas. Pensó en lo increíble que debía ser atravesar aquellas formaciones de gas a lomos de aquellas apasionantes bestias.

Cuando el soberano Tollett volvió al mundo real, agitó suavemente la cabeza y suspiró con cierta nostalgia mientras tomaba el yelmo y lo dejaba bajo su brazo mientras observaba a las personas que pasaban por allí, cada una con su rutina y sus propias tareas. ¿Qué opinarían aquellas personas sobre los dragones? Como a la mayoría, el lord de Soto Gris pensó que les daría un miedo aterrador, pero también estaba seguro de que alguna mente imaginativa soñaba, como él, en ellos. Miró entonces a la princesa ―. Decidme, mi señora, ¿qué se siente? ― preguntó ― ¿qué se siente cuando estáis en los lomos de un dragón? ― aclaró ―. He tenido el placer de verlo, pero nunca he comprendido qué se debe de sentir ―. Muchas veces había Helaena hablado con Aedan de aquello, pero él nunca se cansaba de escucharlo.  Era para él una de esas historias que nunca pierde un ápice de belleza o de misterio; una de esas historias de las que te enganchas y que no importa cuántas veces te la cuenten.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Dom Jun 26, 2016 9:44 pm

Sonrió y se sentó un momento en el borde de la fuente, así la princesa dejaba que sus pobres criados descansasen un poco. No querría que su hombro fuese el que cargase con alguien... Por eso intentaba no abusar de aquel maldito trasto para moverse por la ciudad. Cogió el yelmo de Aedan con gesto distraído, viendo las gotas de sudor en este y notando el calor por el sol y la temperatura del propio Lord.

-Yo sólo he estado aquí, así que no puedo opinar de otros climas, pero supongo que soy una criatura que prefiere el calor, como todos los Targaryen. Como nuestros dragones- había leyendas muy, muy antiguas, que se contaban aún pero de las que nadie recordaba el origen, que decía que los primeros valyrios, los que domaron a los dragones, eran hijos de un demonio y que por sus venas corría el fuego de este.

Quizás eso no estuviese tan alejado de la verdad, cualquiera que conociera el carácter Targaryen en su máximo auge, o más aún, si alguien fuera capaz de saber las atrocidades que todos ellos llegaban a pensar cuando su sangre les hervía por la furia, no dudaría de la veracidad de una ascendencia maligna y demoníaca. Rió por la broma de su amante de forma risueña, desde luego a ella no le molestaría la vista.

-Lo cierto es que a veces viene bien un baño, a veces mi hermano y yo volamos con los dragones a alguna zona de costa deshabitada, así los dragones estiran las alas y se divierten mientras nosotros descansamos un poco de la ciudad- evitó usar el término “esposo”, aunque era evidente que dichas excursiones eran con Aegon. Las hacían desde que se prometieron y era una de esas cosas que procuraban mantener para ellos, aprovechando las noches mientras los niños dormían, aunque evidentemente, la frecuencia de esos largos paseos no era toda al que querría.- A veces es bueno alejarse de todo y simplemente dejarse llevar por el viento- murmuró, pues lo místico de aquellos paseos era el hacerlos a lomos de sus dragones.

Cogió el yelmo y lo sumergió el agua para que el metal se enfriase y eso aliviase el calor o al menos, la sensación térmica del pobre caballero. De tener que llevar ella tanto metal encima, también se sentiría agobiada... Aunque bueno, las mujeres de Poniente solían usar mucha más tela de la que ella usaba.

-Sin dudas... No sé qué sería del mundo sin dragones en sus cielos. Y muchos menos de mi vida sin Dreamfire- entonces de nuevo la pregunta que tantas veces le había hecho y con la misma dulzura y paciencia, igual que con un niño que quiere oír siempre la misma historia, se dispuso a responder, no sin antes sacar el yelmo al fin del agua, mucho más frío de la temperatura ambiente.- Es algo místico, mágico... Sientes que flotas, la más absoluta libertad, como si nada te atase a tu cuerpo. Pero al mismo tiempo es algo corporal: el viento en la cara, paladear el aire puro, el calor del dragón bajo tu cuerpo, la dureza de sus escamas al contacto con las manos... Es el poder. Como si nada en el mundo pudiera alcanzarte o tocarte, estas por encima de todo. Es embriagador como el mejor vino y adictivo como el mejor amante que puedas tener... He ahí el peligro- se puso en pie, dándole el yelmo.- Hay personas que realmente se creen que lo que sienten al montar su dragón es real y eso les da un derecho divino sobre el bien o el mal.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Dom Jun 26, 2016 10:58 pm

Escuchó con absoluta atención la espiritual descripción de Helaena, como siempre sin perder un ápice de interés en lo que la Targaryen le relataba. Era fascinante cómo las palabras de la princesa sumergían a Aedan en un pequeño mundo de contemplación ante la maravilla que para él significaban aquellas palabras. «Libertad». Aquella palabra resumía a la perfección lo que el Tollett imaginaba que debía ser surcar los cielos.

Allá en mi tierra, las colinas son altas y la vegetación no es tan abundante como aquí. Las montañas son austeras y la roca desnuda les da cierta apariencia peligrosa, pero si sabes por dónde andar, es magnífico. No hace tanto frío como en el Norte, nadie lo aseguraría. De niño estuve cerca de Invernalia y aquello es frío de verdad, aunque sigo prefiriéndolo al calor, sin duda ― explicó ―. Por las mañanas la niebla apenas te deja ver por dónde caminas, especialmente si ha llovido durante la noche. Es un paisaje desnudo, pero muy hermoso para quien sepa apreciarlo ― dijo finalmente, recordando el comentario de la Targaryen sobre el tema.

Observó, en silencio, cómo la princesa tomaba su yelmo y lo sumergía en las frescas aguas de la fuente con una sonrisa en el rostro, preguntándose qué imágenes debían danzar por la mente de Healena en el momento en que sus blancas manos tocan la superficie del metal. Escuchó así en silencio, ensimismado el relato de las pequeñas aventuras de Healena con Aegon. Un suave escalofrío recorría la espalda del lord cuando su amante mencionaba a Aegon o, por el contrario, cuando su amigo hablaba de su esposa. Sin embargo, aquel escalofrío se transformó en una sensación de cierta admiración cuando se hizo en su mente la imagen de los dragones de dos amantes volando sobre la superficie del mar. Por alguna extraña razón, aquello se le antojó como una imagen casi onírica y llena de un profundo sentimiento: si ya de por sí el vínculo que unía a un dragón con su jinete debía ser eterno, que dos personas que en teoría se amaban sobrevolasen en pareja aquellas costas a la luz de las estrellas simbolizaba uno de los anhelos más profundos e íntimos de Aedan. Se imaginaba a sí mismo volando sobre un majestuoso dragón, junto a Helaena y el vello se le erizaba.

Dejarse llevar, ¿hm? ― murmuró, más para sí mismo que para que lo oyesen ― Debe ser mágico, desde luego ― añadió. Aquello le hizo pensar en lo que realmente su vida le deparaba con respecto a la Targaryen. La amaba pero era imposible -e impensable- que ellos dos tuviesen algún día la oportunidad de mostrar su amor al mundo, de poder disfrutar de una vida en pareja fuera del más oscuro secreto, de la más pérfida traición. ¿Y qué sería de su legado, entonces? No quería desposar a ninguna mujer porque quería a Helaena y no sentía el deseo de unirse en matrimonio a otra y, sin embargo, sabía que algún día, ya fuese por la presión social o porque el cerco de su mentira se estrechase, tendría que tomar una esposa y tener a los hijos que continuasen con la memoria de su familia. Aquello, sin duda, era una de las cosas que más rompían al soberano de Soto Gris. En el fondo, sentía que su felicidad en sí dependía del sostenimiento de una farsa.

Suspiró con tranquilidad y tomó el yelmo con las manos cuando Helaena se lo tendió, casi tentado de rozar sus dedos con los de la princesa; un impulso que prefirió -correctamente- ahogar antes de producirse. Acarició la superficie empapada del ahora frío metal y se lo colocó, sintiendo el agua que empapaba la parte interior del casco mojar su pelo y su rostro, dándole un momentáneo momento de alivio frente al sofocante calor. Estiró los hombros y, recomponiéndose, volvió a su puesto junto al palanquín, pendiente de ayudar a Helaena a subir al aparatoso artilugio.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Lun Jun 27, 2016 9:45 pm

Helaena oyó como tantas otras veces a su amante hablar del lugar dónde había nacido. Una de las cosas que más la entristecían de su vida por haber nacido hija de quién lo era, era el no poder viajar. Aegon lo sabía, ambos habían fantaseado desde que sus vidas se unieron en recorrer Poniente, en visitar Essos, igual que otros familiares lo habían hecho. La idea era aprovechar luego de su enlace, pero unas cosas y otras nunca les permitieron abandonar la ciudad más de una noche y pronto llegaron los gemelos a su vida, más tarde Maelon. Ella seguía soñando que algún día podría conocer su reino, cuando su hermana fuese reina y fuesen sus hijos quienes la ayudasen, igual que ella y su hermano ayudaban a su padre.

-Algún día visitaré el valle y sobrevolaré sus montañas sobre Dreamfire... Algún día todo Poniente sabrá lo que es la sombra de mi dragón sobre ellos- dijo sonriendo dulcemente, como una niña que imagina su vida de adulta, porque en el fondo ella seguía teniendo el corazón inocente de una.

A medida que comentaba sobre sus salidas con Aegon o sobre volar fue recordando pequeños momentos. Siete años de matrimonio daban para muchos, muchos felices hasta sentir que el corazón le iba a explotar. Ella le daba mucho valor a las pequeñas cosas, a las costumbres, a sentirse en casa... en familia. De haber podido montar en dragón junto con otro hombre de otra forma jamás lo habría hecho, igual que sabía que Aegon jamás haría eso con otra. Era algo de ellos, suyo, desde la primera noche habían creado un hábito privado de los muchos que nacen en una pareja, de esos que nunca pueden igualarse o imitarse con otra persona. Podía ser triste, pero a pesar de que estaba enamorada de Aedan y que Aegon era ante todo su hermano, ella siempre elegiría al segundo hasta con los ojos cerrados, a pesar de su comportamiento y sus traiciones, el amor que le unía a él como su hermana era tan puro que se lo perdonaría todo. Jamás podría dejarlo solo, ni aunque Aegon la dejase marchar con otro.

-Lo es- dijo simplemente perdida en una nebulosa de pensamientos que iban desde los más felices y cálidos a los más oscuros, que helaban su corazón. Era muy difícil elegir muchas veces entre el amor por dos personas, era muy difícil perdonar ciertas cosas y también era difícil vivir algo hermoso con alguien a escondidas. Eso la llevaba a muchos dilemas, que quizás no necesitasen pronta resolución, pero que en algún momento supondrían un alto en su camino para que eligiese un camino u otro. Sabía cual tomaría, pero no quería hacerlo aún, sintiéndose egoísta por ello.

Ya en pie fue al palanquín y se dejó ayudar para subir. Quedó en silencio con la mirada perdida en lo que restó del trayecto a la fortaleza roja, sonriendo cuando algún habitante de la urbe se dirigía a ella, aunque cualquiera que la conociera sabría que su cabeza estaba muy, muy lejos del suelo sobre el que estaba.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Lun Jun 27, 2016 11:18 pm

Aedan conocía a Helaena muy bien; no por tener su dicha, sino por el simple hecho de que tantas y tan largas conversaciones con la princesa le habían ayudado a comprender, en parte, cómo se sentía -o eso era lo que él creía, al menos-. Creía que si bien sabía que nunca llegaría a conocerla del todo dada la situación de su relación, sí creía tener el derecho de afirmar, aunque fuese para si mismo, que sabía cuándo se perdía en sus pensamientos e incluso hacerse una ligera idea de qué era lo que se le pasaba por la mente a la Targaryen, y en el momento en el que Helaena estuvo en el palanquín, su conversación se detuvo y el silencio se hizo en la comitiva. De vez en cuando, Aedan miraba de soslayo hacia el rostro perdido de la princesa, escudriñando con disimulo bajo el yelmo los gestos que se le dibujaban en la cara. Aquello, que a ojos de cualquier podría parecer tan absurdo y falto de interés, para él significaba mucho.

Aedan sabía cuál era el futuro de su relación con aquella mujer; ¿quién podría dudar de ello, al fin y al cabo? Ella tenía un deber para con su esposo y su familia y sabía que nunca renunciaría a esas cosas por él, se diesen las circunstancias que se diesen. Su papel en la vida de Healena, pese a ser de importancia, era subalterno; estaba supeditado al destino imperturbable y al conocimiento de que llegaría en un día en que la felicidad que le proporcionaba la Targaryen se terminaría. ¿Por qué continuar entonces? El soberano de Soto Gris estaba seguro de que aquella historia sólo tenía un final posible y era consciente de que cuanto más se alargase el idilio, más penurias se acumularían en la bomba de aquel círculo amoroso que, sin duda, estallaría tarde o temprano. ¿Por qué no hacer un esfuerzo entonces y hacer lo mejor para ambos? Lo cierto es que era incapaz de renunciar a ella por mucho que le pesase su propio sino, y si bien era consciente de los riesgos, también lo era de que nunca abandonaría a aquella mujer mientras ella no se lo pidiese. Eran felices juntos, al menos de momento, y no estaba dispuesto a sacrificar aquello.

Mientras por su mente danzaba el aluvión de egoístas ideas se percató de que en aquel perpetuo silencio y en aquella contemplación interior habían alcanzado las puertas de la Fortaleza Roja sin tan siquiera haberse dado cuenta, como si hubiese seguido al grupo de forma automática. Miró de nuevo a la princesa y volvió la vista al frente mientras cruzaban los muros que daban al patio principal. Una vez dentro se retiró el yelmo y se lo colocó bajo el brazo en lo que se iban acercando al punto en el que, se suponía, los sirvientes debían parar el palanquín.

El tiempo no espera ― comentó, un poco para sí mismo ―. Estoy seguro de que algún día, mi señora, la sombra de vuestro dragón sobrevolará Valle, y más sitios también. Desaré estar allí para verlo desde el suelo, siempre y cuando la criatura no esté hambrienta ― comentó finalmente, recordando lo que había dicho la Targaryen.

Cuando se detuvieron y los criados hicieron descender el armatoste, Aedan lanzó una mirada al cielo en un intento de estimar la hora. No debían faltar más de dos horas hasta la comida. Miró entonces hacia las torres inferiores del Castillo y observó que todavía no salía humo de las chimeneas de piedra roja. Volvió en sí y se plantó en donde estaba, esperando alguna orden o alguna indicación.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Helaena Targaryen el Mar Jun 28, 2016 4:18 pm

Muchas veces Helaena pensaba en su antepasada Saera. Sus bisabuelos, los abuelos de su padre, enviaron a su hija Saera a servir a la fe, pues era una de las más pequeñas de sus trece hijos. Era el destino decidido, el oportuno, el mejor para ella según sus padres y según el lugar en el mundo en el que había nacido... Pero Saera jamás abrazó la fe y se fugó a Essos, a llevar la vida que ella deseaba.

Quién sabe las aventuras que su familiar vivió, a quienes amó y quienes la amaron. Sus miserias, sus alegrías, debieron ser muy distintas a las que su destino prefijado le hubiese dado. Y eso la llevaba a pensar en una de las hermanas de Saera, Gael. La hija del Invierno. Ella igual decidió dejarse llevar por su corazón, por sus anhelos más profundos y encontró el final antes de tiempo, de su propia mano, ahogándose en el Aguasnegras embarazada de un hombre que la abandonó. Dos mujeres, hermanas, que había decidido vivir su vida a pesar de que lo que ellas deseaban no era lo que se esperaba, dos destinos muy diferentes.

Le hubiese gustado decir que ella se sentía como Saera o como su hermana Gael, decidida a amar a Aedan y quizás huir con él. Sabía que ambos dejarían muchas cosas atrás, pero que posiblemente, él aceptaría. Pero ella... ¿Cómo marchar sin sus hijos? ¿A su padre? ¿Cómo dejar a Aemond? Y peor aún, dejar a Aegon. La sola idea de marchar sabiendo que no lo volvería a ver la desgarraba por dentro. No sentía temor de qué le depararía la vida, no era valentía lo que le faltaba para tomar esa decisión, pues para ella marcharse con su amante a vivir ese idilio sería una huida.

Finalmente llegaron y descendió de su incómodo medio de transporte para poner los pies en el suelo, en todos los sentidos, saliendo de esos recuerdos de aquellas mujeres que la precedieron y que nunca conoció más allá de relatos y libros. Ella no quería ser Saera, ni Gael, tampoco la poderosa Visenya. Ella quería ser la amada y valiente Rhaenys, la dulce y amada Alyssanne y estar como ellas hasta el fin de sus días junto a su esposo y hermano, junto a su reino y sus hijos.

-Sin dudas no lo hace...- admitió.- Apenas un suspiro y era una niña y ahora, veo a mis hijos crecer cada día- aunque muchas mujeres sintieran pesar en ello, para ella ver a sus hijos crecer fuertes, sanos e inteligentes era un premio diario. Un incentivo.- Pero si, un día no muy lejanos Sunfire y Dreamfire sobrevolarán el reino y podremos conocer cada rincón del mismo, a nuestros súbditos y así comprender mejor sus necesidades. Quién sabe, quizás para entonces mis hijos también nos puedan acompañar sobre sus dragones... Y tranquilo, Dreamfire sabes está bien enseñada. De Sun no prometo nada... Aunque un humano de vez en cuando no les cae mal, soy partidaria de una dieta variada- dijo divertida. Aunque no era mentira, Helaena sólo usaba a criminales que igualmente iban a ser ejecutados a muerte, a fin de cuentas, iban a morir igual y los dragones eran no sólo poder para los Targaryen, sino una defensa para sus súbditos contra cualquier enemigo del reino.- Debo pediros ahora consejo sobre unos trámites portuarios que mi madre me ha encargado para poder recibir a los visitantes del torneo. Me vendría bien otra opinión. ¿Tenéis un momento ahora?- preguntó. Nadie a su alrededor vio nada raro en que le ofreciese ir a solas un rato a resolver una cuestión de la ciudad... ¿Cómo iba ella, la dulce y gentil Helaena a traicionar a su esposo con el mejor amigo de este? A veces, las cosas no son tan obvias como parecen.
avatar
Helaena Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 197
Fecha de inscripción : 23/06/2016
Localización : Desembarco del Rey

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Aedan Tollett el Mar Jun 28, 2016 4:48 pm

Observó con una sonrisa en el rostro a Helaena ―. Me fío del adiestramiento de vuestros dragones, princesa, no se preocupe. Así a todo tomaré, si llega el día, la precaución de una distancia prudencial para evitar cualquier imprevisto ― ríó entre dientes. No dudaba de ninguna de las maneras de aquellas criaturas, en realidad. Había tenido la suerte de poder ver a Dreamfire en alguna ocasión y a una distancia segura, pero cualquier que tuviese ojos, pensaba Aedan, veía sin dificultades que el respeto mutuo que se tenían dragón y jinete en el caso de la princesa que la idea de que aquella hermosa criatura se rebelase a los deseos de su compañera era fácil de cuestionar.

Miró entonces a Healena durante algunos segundos cuando ésta le pidió su consejo acerca de aquellos asuntos tan profundamente superfluos y mundanos. Obviamente Aedan asintió con un suave gesto e hizo un ademán para que la Targaryen emprendiese primero el camino ―. Por supuesto, mi señora ― alcanzó a decir. No tenía ganas de que una frase o una palabra de más pudiese ser malinterpretada pese al hecho de que ninguno de los presentes pareció siquiera mirar con curiosidad a la princesa cuando hizo la pregunta. El Tollett se giró e hizo un saludo meramente protocolario a los guardias y se alejó junto a Helaena, unos pasos por detrás.

Cruzaron uno de los pasillos que comunicaban los diferentes patios del nivel interior de la Fortaleza y se internaron en la estructura por una de sus entradas principales. Los guardias se cuadraron de forma coordinada al paso de la princesa y Aedan, que se mantenía dos o tres pasos por detrás de la Targaryen, a su derecha, se limitaba a observar en silencio y a mostrar un porte lo más adecuado posible. No eran más que guardias, pero incluso sin tener en cuenta la situación, siempre le habían dado cierto reparo. Se sentía más observado de lo que le gustaría.

Ascendieron por unas escaleras en espiral hacia el piso superior, más amplio y cruzaron pasillos y antesalas en silencio a excepción de algún comentario sobre el amueblado que, francamente, al Tollett le seguía impresionando. Finalmente ascendieron una vez más por unas escaleras rectas y entraron por unos portones anchos a una de las torres laterales de la fortaleza. Ascendieron nuevamente hasta la residencia de la princesa y una vez allí, ya lejos de miradas y oídos, Aedan se colocó a la altura de la Targaryen. En cierto modo, el Tollett veía con cierta sorna la enorme variedad de situaciones a las que en ocasiones se veían obligados a enfrentarse para tener una excusa que justificase que marchasen juntos a algún lugar.

Casi por propia precaución Aedan permaneció en silencio unos segundos por si algún sonido le alertase de que había alguien en la habitación, ya fuese el propio Aegon o un criado que entraba a limpiar vete tú a saber qué. Finalmente, decidió abrir la boca:

Trámites portuarios, ¿eh? ― dijo, riendo en baja voz. Incluso de tratarse realmente de eso, la posibilidad de estar a solas con Helaena hacía que se le acelerase el corazón. Suspiró lenta y apaciblemente.
avatar
Aedan Tollett
Lord

Lord

Mensajes : 88
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La gente cree en aquello que quiere creer || Aedan Tollett

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.