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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

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¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Sáb Jul 23, 2016 3:27 am

Sentado en la cubierta del ilustre barcoluendo 'Caín', se encontraba Wulfang leyendo un ilustrativo y novedoso libro que le habían traído de algún variopinto sitio de Desembarco. Al menos algo había sacado de todo aquello. Desde luego no estaba nada cómoda allí, dejar las islas para visitar un torneo de los tierraverdeños le parecía algo desastroso para las Islas. No entendía que había podido pasar, pero saber que su hermano estaría y que todos irían, le impulsó a ir por si pasaba algo. Desde luego su compromiso estaba para con las Islas, y lo más cerca que estaba de su hermoso hogar, o al menos hermoso para él, era su barco. Su porción legítima, su verdadera casa fuera donde fuera, y por eso no se dignó a bajar durante todo el evento. No le importaba nada más que él, su familia y su Casa y desde luego no movería un dedo por integrarse en aquel baile de máscara que conformaba Poniente. Si acaso bajaría por puro interés, ya sea por conocer a alguien concreto, comprar objetos inaccesibles en las Islas o visitar algún que otro burdel.

Sin embargo, sumergido por completo en su trepidante lectura, unas voces le sacaron de ella. ¿Cómo se atrevían? Ya podía estar pasando algo grave, toda su tripulación sabía que no le gustaba que le molestasen cuando estaba leyendo. -Señor. Hemos encontrado esta fulana en un establo. No nos hemos atrevido a tocarla, desde luego. El Ahogado cuide mi vida si temerario he sido, pero con los ojos blancos yacía en el suelo. Tú, digo Señor, conoces y has leído mucho, la dejamos a tú cargo para que hagas lo más conveniente.- Se expresó uno de sus hombres de confianza. Desde luego parecía un niño chico atemorizado y seguro que se trataba de algún truco barato, aunque una cierta sospecha corría por las venas del Lord. -Si no la has tocado, ¿Cómo ha llegado hasta aquí?- preguntó sarcástico con una sonrisa burlona. Ante las gotas de sudor de su fiel amigo, respondió lo siguiente. -Anda, márchate con los demás y dejad bien alto el nombre de vuestra tierra. Pero antes, llevadla a mi camarote.- indicó el joven Señor. No tenía muy claro que hacer con ella, pero desde luego las cuerdas que ataban sus piernas y manos no eran una buena señal para iniciar una buena relación. Ni que hablar de la que llevaba en la boca, esos rufianes sabían hacer bien su trabajo, siempre y cuando una mente hiciera girar los engranajes. Cuando se la llevaron, Wulfang esperó a terminar un par de páginas, se puso en pie y se marchó directo a su camarote, donde pudo encontrar a la chica tirada en el suelo. Ni en la cama habían caído en ponerla. La miró y sacó su cuchillo, pensando que hacer con ella.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Sáb Jul 23, 2016 4:39 am

Vestimenta:

Haber viajado al hacia al Sur con la compañía y el séquito de Lord Cregan Stark, al principio no le había agradado. Temía alejarse de la comodidad y seguridad que le otorgaba el "Norte" que clamaban los sureños. Temía ser descubierta, temía sentirse peor que en las tierras cuyos guardianes eran los Stark. Tenía claro que pasaría con ella si se descubría quién y que era. No estaba en sus planes perder la cabeza. Pero, por otro lado, tenía frente a ella la oportunidad de huir y sobrevivir como había hecho durante toda su vida. Después de todo, no podía negar que sentía asfixiada y encerrada en aquel lugar. No estaba en su sangre quedarse demasiado en un lugar, y ya habían pasado dos años desde que había cruzado el alto muro que los cuervos tanto alegaban proteger y mantener. Por otro lado, sus sueños con dragones no habían parado desde la visita del Príncipe Aegon, su cuerpo cedía a un fuerte dolor con tan solo pensar que iría a un lugar sitiado e infestado de dragones. Aún no tenía claro que significaba su sueño, al menos no en su totalidad. Pero algo le decía que lo mejor era no ir a meterse en aquellas tierras. Su meta era vivir, no involucrarse en asuntos del Sur.

Desgraciadamente, terminó marchando hacia lo que llamaban Desembarco del Rey, encargada de los caballos, las yeguas y las monturas que aparentemente serían importantes en los eventos que se vivirían en las tierras de la Fortaleza Roja. A medida que avanzaban, a veces a pie, otras sobre una carreta, la rubia se daba cuenta de que había demasiado que no conocía. Desde los altos molinos, como los árboles y plantas que nunca antes había visto. Sus ojos se distraían y deleitaban. Estaba fascinada. Por otro lado, el calor, lentamente apresaba su cuerpo; y estando poco acostumbrada se encontró desprendiéndose de las capas de prendas que traía puestas. Sentir el sol sobre su blanca, pálida y casi transparente piel era una sensación demasiado nueva. La salvaje sentía su cuerpo ser acariciado de forma que las palabras no podrían describir el sentimiento. Luego de un viaje, largo para algunos y agotador para otros, habían llegado a su destino. La mujer, literalmente se mordió la lengua para no delatar su sorpresa, prefirió distraerse con los comentarios de los demás criados y sirvientes.

Una vez llegó al establo, tomó una amplia bocanada de aire y se refrescó; disfrutando la absorbente sensación que le producía el calor.

⚔ ⚔ ⚔ ⚔ ⚔


La verdad es que no había estado contando los días, o las noches. Cuando Sylvi no se encontraba trabajando y cuidando de los caballos en los establos, paseaba por las calles, hasta perderse. Observaba en silencio, y escuchaba las conversaciones ajenas. Cada murmullo, le parecía una fuente de información en aquellas calles, de murallas altas y gente arremolinada. A veces comía, a veces bebía y a veces corría tras un grupo de personas para asistir a los juegos y eventos que se celebraban. Sus ojos agotados, no podían encontrar descanso con tanto que captar a su al rededor. No tenía clara la fecha tampoco. En las noches, mientras conciliaba el sueño cerca de los establos, su lugar. La mujer se mantenía trabajando, tallando madera, o acercándose a un ave que llevaba dos noches observándola; complacida por la compañía de la pequeña y alada bestia, terminó por distraer sus noches jugando con la mente del animal, hasta que pudo no solo jugar, si no también entrar en ella. Volar en el cuerpo de la oscura ave por sobre la ciudad era algo que le quitaba el aliento.

A veces perdía su mente en la del pájaro y regresaba a su cuerpo oculto en los establos, detrás de la paja sobre la que dormitaba a veces. Siempre volvía al notar las primeras luces del alba. Con la fascinación característica de los infantes, su descuido fue demasiado. Y aquella mañana su mente se perdió por demasiado tiempo. No obedeció las enseñanzas de la anciana, ni respetó los tiempos y horarios del amanecer. De no ser porque desde las alturas había decidido regresar, jamás se habría encontrado con aquella situación. Su cuerpo inmóvil e inerte era registrado por unos hombres, que toscamente paseaban sus manos por donde pudiesen abarcar. Sin esperar demasiado, abandonó su lado animal y con un hondo exhalar su pecho se alzo a la par que sus ojos dejaban de estar nublados. Se defendió lo mejor que pudo, sacando un cuchillo del interior de su bota y atravesando una de las manos invasoras. En medio de la conmoción, corrió. Sin pedir ayuda o auxilio. Pocas calles alcanzó a huir para abandonar los establos, pero fue atrapada y superada segundos después. La mujer hizo uso de sus manos, sus pies y los dientes para lograr safarse; sin éxito alguno, eran demasiados y el ave no estaba cerca como para pelear por medio del animal. Finalmente acabo por perder la conciencia.  

⚔ ⚔ ⚔ ⚔ ⚔


Cuando abrió los ojos se encontró desorientada; en un suelo de madera. Miró a su al rededor, buscando con que safarse; pero pronto descubrió que estaba atada de pies, manos en la espalda, y además amordazada. Se incorporo medianamente, paso sus manos por debajo de su cuerpo, alzándolo con dificultad, no acostumbrada a las delgadas ropas que traía encima; que sorprendente mente hicieron el trabajo más sencillo. Alzo ambas piernas y sus manos atadas se deslizaron por debajo de las mismas, finalmente, volviendo a la superficie de las mismas. Sonrío debajo de la mordaza, rozando suavemente sus labios contra la misma en aquel acto. Se dispuso entonces a pelear contra las cuerdas que mordían con rudeza sus tobillos. Fue entonces cuando se abrió la puerta.

Alzó el rostro, desordenando a la vez sus cabellos rubios. Detalló al hombre de pies a cabeza, y por la expresión de su rostro comprendió que estaba aún, sopesando que hacer con ella. Pero aún así no bajó la guardia, pues el hombre, estaba armado. Decidida a no dejarse dominar, buscando provocarle, le observó fijamente mientras sus manos blancas, decoradas por la cuerda proseguían con la tarea de liberar sus pies. Tirando una vez de la cuerda, gracias al trabajo previo, consiguió ser libre. Alzó ambas cejas e irguió su postura, lanzando una nueva ofensa con la mirada, como diciendo: "¿Que esperas?, libera mis manos y seré amable contigo."
 
Off:
La lanzada de dados es para probar que me he metido en el ave y tus hombres me han visto XD Eso es todo.


Última edición por Sylvi el Sáb Jul 23, 2016 4:41 pm, editado 7 veces
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Dragon el Sáb Jul 23, 2016 4:39 am

El miembro 'Sylvi' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Sáb Jul 23, 2016 4:05 pm

Bueno, casi que habría sido mejor guardar el cuchillo y dejar que la mujer que se hallaba en el suelo se terminara de desatar ella sola. Desde luego no era la intención a priori rajarla, aunque no por falta de ganas. Si estaba allí y todavía no había sido violada por una manada de bestias llamados hombres era por que les parecía una bruja, un bicho raro. Wulfang necesitaba saciar su curiosidad y ese era el único motivo por el cual aquella mujer podía sentirse a salvo, aunque eso ella no tenía por que saberlo, claro. No retrocedió ni cedió nada de terreno, aguantó la mirada de la chica de rubios cabellos alborotados con las manos aún atadas y amordazada, estos hombres no sabían ni hacer un buen nudo.

Con un gesto de indiferencia ante la falta de profesionalidad de sus hombres, se acercó a la bruja, curioso, examinando su nuevo juguete. Desde luego no sabía que hacer, pero dejarse intimidar por una mirada inquisitorial no sería una de ellas. Se acercó con el cuchillo en la mano, jugando con el, pinchando una de sus palmas con delicadeza, lo que le llevó a recordar que ella misma había atravesado la mano a uno de sus hombres. ¿Podría fiarse? Desde luego Wulfang era desconfiado, y no iba a soltarla así como así. O sí.

Se acercó finalmente hasta estar a una distancia muy corta y tomó sus manos por abajo, notando el tacto de su suave pero curtida piel y la áspera cuerda, haciendo el gran contraste de aquella habitación y mientras con una mano sujetaba las suyas, con la que tenía el cuchillo la llevó hasta allí. ¿Era el momento de cortar la cuerda? Desde luego que no. o era la primera vez que hería a alguien, y si había herido a un hombre, podría hacerlo con otro, tenía que estar seguro, seguro de lo que era antes de soltarla. Así que aprovechando la atadura de sus manos, tiró de ambas a la vez, mientras con su pie rebañaba los suyos del suelo, con la clara intención de tirarla. Tras eso, cuchillo en mano, se sentó encima suya, a la altura de su pecho, y encima de sus brazos maniatados para que no pudiera hacer movimientos extraños. Con parsimonia desató la mordaza de su boca, le parecía un trato justo, al menos le había quitado una de las cuerdas. Ahora que si voz se hallaba libre podría responder las cuestiones del Isleño.

-¿Es verdad que atravesaste la palma de uno de mis hombres? Tranquila, no pretendo que me contestes, sé que si. No creo que sean tan estúpidos para inventarse una excusa tan ridícula.- comenzó, mirando sus negros ojos desde su posición. -Soy Wulfang Saltcliffe, aunque creo que eso te da igual. Lo que si interesa es quien eres tú. ¿Qué han visto mis hombres en ti para no matarte o dejarte por ahí tirada?- preguntó sin tapujos. -Podemos hacer esto fácil y rápido o puede que te lo tenga que sacar yo. Sinceramente he desayunado hace poco y preferiría la primera.- comentó, quitándole hierro a la situación y esperando que colaborara. Si de verdad era cierta la información que le habían contado sus hombres podría tratarse de una chica muy especial.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Dom Jul 24, 2016 8:53 pm



El lugar no le parecía familiar, y por lo visto solo había una puerta de salida y entrada. Aún así, por orgullo la rubia cometió el error de no seguir observando su alrededor, y en lugar de eso se dedico a sostenerle la mirada al hombre que tenía en frente. Lo describió con curiosidad; claramente era más alto que ella y por sus ropas no podía adivinar si se trataba de un lord o un simple problemático con gente que lo apoyase. Después de todo, un grupo de hombres la había dejado a la merced de él; ambas opciones podían pertenecer a la situación en la que estaba atrapada. Como a veces hacen los animales, la salvaje ladeo el rostro levemente, curiosa, atenta, expectante. De vez en cuando, miraba la hojilla en las manos ajenas, luego observaba sus pies y los movimientos que estos pudiesen hacer. Estaba en desventaja, pero al menos sus pies eran libres de realizar todo movimiento. Por un momento se preguntó que querría hacer con ella, y cuales eran las oportunidades que le serían concedidas para defenderse. Estaba asustada, y en el fondo se dijo que ello era buena; eso significaba que estaba alerta. Sus manos atadas se movieron hacia su cuerpo, preparándose para atacar o correr. Aún no se decidía que hacer, y al parecer el tampoco.  

Agazapándose como un animal preparándose para saltar hacia el cuello de su victima, intento incorporarse sobre sus pies para permanecer en cuclillas, pero el hombre fue más rápido y jalo sus manos por la pulsera áspera de cuerda, jalando e hiriendo la piel de sus muñecas. Emitió un insulto camuflado por la mordaza, poco antes de golpear con fuerza su cabeza contra el suelo, Sylvi calló de espaldas como si fuera un pesado saco de arena. Sus ojos penetrantes se vieron ocultos por sus párpados cerrados en reacción al golpe. Cuando estos se volvieron a abrir, deseó que las miradas pudiesen matar. Se movió debajo de la prisión que suponía el cuerpo ajeno, forcejeando con el suyo propio. Incluso negó con fuerza mientras su captor le quitaba la mordaza, no quería que la tocara. No quería nada, pero el tacto áspero de la mano ajena le recordó que ella no estaba en ventaja o en posición de defenderse. El pecho de la salvaje subía y bajaba, agitado, al igual que su respiración.

Su piel blanca, pálida estaba sucia en enrojecida al rededor de sus muñecas; y sus mejillas no lucían muy diferentes. Escuchó su demanda, y su nombre. Su voz le pareció profunda, pero no amenazadora. Sin embargo, sabía que el hombre se estaba imponiendo sobre ella, y aquello solo consiguió molestarla. Dejó salir una pequeña risa, una burla al recordar que había herido a uno de esos mal nacidos. Bien. Eso la ponía de humor. Volvío a removerse debajo del hombre, Wulfgang y al hacerlo notó el aroma extraño que el tenía. Era humedad, tierra y algo más que no lograba identificar. Río con suavidad, y clavó sus ojos inundados por la adrenalina del momento. Era cierto que la habían atrapado mientras ella no estaba en su cuerpo. Ella vio todo, pero nunca pensó en detenerse a ver las intenciones del grupo de hombres... No era como si estuviese dispuesta a arriesgarse tampoco a que se aprovechasen de ella. Despegó la cabeza y el cuello del suelo, alzándose, escupió en dirección al rostro ajeno
-Tus hombres vieron un bello rostro durmiendo, y decidieron aprovecharse.- alzó ambas cejas, mientras su voz áspera rompía el pequeño silencio, volviendo a forcejear, mirando el cuchillo ajeno -¿Podrías decirle al desgraciado que me regrese mi cuchillo, Wulfgang?- volvió a desafiar, intentando liberar sus brazos -Creo que estoy en necesidad de él.- sentenció, sonriendo mientras lentamente su cuello y luego su cabeza volvían a apoyarse con suavidad y tranquilidad en el suelo de madera, repartiendo sus rubios cabellos por todas partes, si siquiera mostrar temor o miedo ante los ojos ajenos, que la escudriñaban con una delicadeza similar a la del cuchillo que tenía el hombre en sus manos.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Dom Jul 24, 2016 11:45 pm

Aquella mujer parecía no entender nada de lo que estaba ocurriendo. Impactado por el movimiento de la chica, Wulfang retrocedió su rostro un poco, aunque fue inevitable que algo se mojara de lo que parecía ser un escupitajo de la rubia. Con la manga contraria a la mano que tenía el cuchillo limpió su cara, con algo de desprecio y rabia contenida, pero en el fondo pena. Sabía que tenía la vida de aquella chica en sus manos, y que podía esperar, él haría algo parecido si no peor. Tras aquello, volvió a mirarla a los ojos, unos ojos acorralados en un lugar extraño. Es desolador como para lo que unos es su hogar, para otros es una verdadera cárcel.

Bufó cuando volvió a reposar su cabeza contra la madera. Suponía que ya había acabado el numerito, así que se dispuso a escuchar lo que tenía que decir, a ver si conseguía ayudarle a resolver sus dudas, aunque para su desgracia no fue así. -Si tu historia fuera verdad no estarías aquí. Si mis hombres ven un bonito rostro durmiendo, se habrían aprovechado de verdad. Probablemente estarías muerta en alguna callejuela de la ciudad después de haber sido violada por ellos, aunque como ves, no es el caso.- tomó aire. -Te han traído por un motivo, y quiero que me lo expliques tú, ¿qué ha pasado realmente? Yo quiero respuestas y tú tu cuchillo, vamos, hagamos un trato.- terminó, dejando entender que si respondía a la preguntas no pasaría nada y se le devolvería el cuchillo que tanta anhelaba. Wulfang seguía moviendo el cuchillo, aunque sin mucha intención de usarlo por el momento. Alerta sí, pero no quería provocar y caldear mas los humos de lo que ya estaban.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Lun Jul 25, 2016 5:06 am

Sonrío desde el suelo, delineando delicadamente sus labios rosados y pálidos. Wulfgang no la había atacado, al ver que ella había bajado su guardia; lo cuál a los ojos de la salvaje solo lo hacía más divertido. Otro "hombre" bonito con un arma en las manos, un juguete, el cuál no sabía utilizar apropiadamente. Todos los denominados guerreros, soldados, hombres de armas a la rubia le parecían un juego, pura boca. No se guiaban por instinto, y ciertamente no se facilitaban las cosas. De haber estado ella en su lugar, no habría concedido la clemencia de darle tanto espacio y oportunidad; no con el cuchillo en la mano, no con el antecedente de que había herido a uno de sus hombres, y no ciertamente después de haberle ofendido de aquella manera. -Acabo de ofenderte - respondió ignorando el hilo de conversación que buscaba aquel hombre. -y lo único que te interesa es saber que vieron en mí...- respondió algo, decepcionada. No es como si se fuese a descubrir así como así. La joven se maldijo por no quedarse en Invernalia, en el "norte" de los sureños.

-¿Donde estoy, Wulf-gang?- cuestión jugando con el nombre ajeno, después de todo era primera vez que oía un nombre así, que jugase con el sonido de la voz al pronunciarlo. Todo le parecía nuevo, los nombres, las palabras, los aromas. Las altas construcciones y comidas, las creencias, las ropas. El clima. Ella disfrutaba ver, oler, probar, escuchar y tocar. Todo era como si fuese la primera vez, un niño asomándose al sol. Alabando su diminuto calor más allá del muro, maldiciendo la abrazadora sensación en el Sur. Miró al hombre que tenía en frente, y con un fuerte movimiento, sin dejar de observarlo, con una suavidad violenta libero sus brazos del agarre opresor del cuerpo ajeno sobre su vientre y torso -Mírame... no voy a hacer nada.- le dijo con voz tosca, mientras alzaba las manos maniatadas y adoloridas hacia el y su cuchillo, pegando la cuerda a la hoja afilada.

Una vez que estuvo segura, sin dejar de mirar sus ojos, que le parecieron penetrantes, movió las manos juntas arriba y luego hacia abajo, frotando la hojilla contra la áspera cuerda, lentamente y con una paciencia extraña en ella. Intentando liberarse.
-Lo que vieron tus hombres es lo mismo que yo vi.- continuó hablando, mientras seguía moviendo sus manos, por algún motivo había decidido decirle parte de la verdad, sin decirle aún quién era ella. -Estaba yo, con los ojos nublados. Estaba allí y no estaba a la vez.- continuó y repentinamente se detuvo, dejando la soga y el cuchillo enredados a medio cortar. -Los vi desde una ventana, como tocaban mi cuerpo... y por eso, le enterré mi cuchillo a uno de ellos al volver a él.- susurró, alzándose levemente, hasta estar lo más cerca que la posición le permitía, mientras hablada de ella y su forma física como si fueran cosas diferentes, apartadas. -Tu hombre se lo buscó.- finalizó, alzando ambas cejas y ejerciendo fuerza sobre el cuchillo en un segundo determinante, cortando por fin sus amarres. Lo hizo con rapidez, inclinando su cuerpo, llegando a rozar la nariz y labios ajenos con los suyos.

En poco tiempo estuvo nuevamente cayendo hacia el suelo, mientras alzaba ambas manos y lentamente recostaba ambas palmas en el suelo. Cada una a su lado, y al lado de las piernas que la tenían prisionera. Desvío los ojos de su captor, agotada.
-Sí me vas a matar, Wulf-gang, hazlo rápido, espero que esa daga que tan fuerte sujetas sea algo que sepas utilizar. Prefiero las muertes limpias.- comprendía que probablemente el grupo de bestias que la trajo ante aquel hombre estaba afuera, y que si lograba escapar no conseguiría safarse de ellos. Así que opto por la salida rápida y veloz.

Una muerte limpia.



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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Mar Jul 26, 2016 1:47 am

Si bien era cierto que acababa de ofenderle, aquella chica parecía no caer en la cuenta de que el primero que la había ofendido a ella había sido Wulfang. Él había permitido que sus hombres la capturaban y dejaran atada en su camarote, y encima se permitía la licencia de jugar con su vida y su pasado. Desde luego la ofensa era mutua y el isleño no se iba a dejar enojar por un simple ajuste de cuentas, cuando la superioridad moral era evidente. Claro que solo solo le interesaba saber que vieron en ella, por que podía estar perdiendo el tiempo, y de ser así, aquello acabaría rápido con su garganta cortada, pero parecía querer jugar y no entender. No hay mayor ciego que el que no quiere ver, y aquella mujer de rubios cabellos parecía no querer ver la situación. Estaba dispuesto a contestar cuando otra pregunta de la chica distrajo su espontánea respuesta. Bueno, podría intuir que se trataba de un barco, desde luego, los ojos no los llevaba tapados, lo que si estaba claro es que parecía querer equipararse con el isleño, el cual con un simple gesto podría acabar con su vida o llamar a un grupo de isleños para que se divirtieran. Sin embargo, mientras todo esto pasaba por su cabeza y en un fortuito despiste, la rubia consiguió zafarse del aprisionamiento que el Lord ejercía sobre sus brazos, para acto seguido, ponerse frente a él.

Algo inesperado, tal vez, pero más lo fueron sus palabras. Obvio la estaba mirando, quería gritarle, pero se limitó a controlar su respiración, apretar la mandíbula y observarla sin quitar ojo de encima. Se acercó a la hoja y comenzó a frotar la cuerda para cortarla, mientras Wulfang, quedaba anulado escuchando la historia que sus labios pronunciaban, embelesando al isleño. Era algo así como un acertijo, algo que entusiasmó al Lord, algo que además, gustaba de resolver y en seguida empezó a hacer sus cábalas. "¿Se trataría de una bruja?- pensó el isleño fugazmente, pues su compañera no le dio tregua alguna cuando en gesto algo brusco, terminó de cortar la cuerda que la ataba.

Sin esperárselo, pero algo normal, fruto del daño de las ataduras, la mujer se desvaneció casi delante suya, tras haber rozado su nariz y labios. No esperaba que finalmente todo acabara así, no esperaba que se desplomara, de hecho estaba preparado para usar su puñal si era necesario, pero no fue así. Entregó su vida en una bandeja, esperando una respuesta por parte del Lord. ¿Clemencia?¿Orgullo y venganza? Todo aquello se quedaba demasiado corto para Wulfang, él estaba por encima de todo eso, y solo él podía resolver aquella de la forma que quisiese, visto lo visto.

La miró hacia abajo y comenzó a hablar, -Es evidente que no tienes fuerza para seguir, es evidente que... tú vida ahora está en mis manos.- hablaba el isleño, examinando la situación en voz alta. -Estamos en mi barco, 'Caín', y este es mi camarote. Aún no sé ni tu nombre ni tú procedencia, pero sé que ahora tu vida me pertenece. No me considero quién para decidir sobre la vida de una persona sin tener un motivo aparente, y es evidente que no lo tengo. - Parecía estar solo en aquella estancia, mientras la chica debería pensar de todo en aquel momento, y nada bueno. -Así que por ese motivo, te ofrezco mantener tu vida, mantenerte a salvo y alimentada, cómoda si me apuras, si tu consagras tú vida a la mía.- Era una oferta única. Desde luego Wulfang no dejaría pasar lo que parecía ser una bruja o algo similar, quería averiguar todo lo posible y no dejaría que se le escapase de entre los dedos. La oferta era buena, tan solo le pedía obediencia, pero una obediencia entre mujer libre y Señor, y no una esclava o una esposa de sal. En unos segundos conoceríamos si ganaría la vida o la muerte.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Mar Jul 26, 2016 4:15 am

¿Un barco? ¿Camarote? ¿Qué? Ahora le parecía estúpida su fascinación respecto a los barcos y el océano cuando apenas había llegado a Desembarco, el como había comparado los enormes navíos con las penosas barcazas del pequeño sitio pesquero que tenía el pueblo libre. Ese mar congelado y esas truchas pequeñas y poco útiles para llenar un estómago. Si las palabras ajenas eran verdaderas, entonces aún existía una probabilidad de continuar en las tierras de la corana; de lo contrarío, le aterraba pensar que estaba en medio del mar, sola y en desventaja. -¿Mi vida en tus manos, sureño?- espetó desde el suelo, incrédula ante el discurso ajeno. Las palabras abandonaron sus labios con cierto orgullo y desdén. ¿Que se creía aquel hombre? -La hoja en tus manos se ve más tentadora que tus palabras...- elogió, decidida a no dejarse someter por alguien que hasta ahora era solo acusaciones verbales. Su discurso casi le parecía vacío.

Alzó la diestra y tomo la mano ajena, la que empuñaba el cuchillo.
-Dime, Wulfgang, ¿que significaría para mí entregarte mi vida?- cuestionó, expresando todo en el movimiento de su rostro. Expresando la curiosidad en sus labios y en en el movimiento de sus cejas. Su voz temblaba en un volumen que se mezclaba entre la orgullo y confianza de sus palabras, y la inseguridad del momento. Desvió la mano armada de su camino, eliminándola de su campo visual, blanqueando sus nudillos por la fuerza aplicada. -Por que si lo que dices no me gusta, te sacaré un ojo antes de que tus hombres lleguen.- le confesó mientras pensaba en si debía darle su nombre. Decirle que servía a la casa Stark. Por otro lado, no conocía el apellido que el hombre le había dado. No sabía nada fuera de los muros de Invernalia.

Era una ignorante.

Por otro lado, el hombre que se veía joven a sus ojos, parecía interesado en su relato relacionado al cambio de pieles; pero aún así parecía no saber a que se refería. Lo que temía era que el hombre fuera más peligroso de lo que mostraba. ¿Que debía hacer? Relacionarse con los Stark e involucrarlos en todo aquello, o simplemente hablar de su verdadero origen. Tenía entendido que podía perder la cabeza por proclamarse del Pueblo Libre, una salvaje.
-Háblame, Wulf-gang Satlcliffe.- apremió al hombre, mientras alzaba su mano libre para ayudar a la otra, en la tarea de detener la mano armada.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Mar Jul 26, 2016 4:37 am

Sin embargo y tras todos los esfuerzos por mantenerla con vida y conocer más acerca de ella, su pasado y su origen, su verdadera naturaleza y su ser, la chica se negaba a permitirle a Wulfang conocer esa información. ¿De verdad era tan importante como para perder la vida? Las palabras de la chica dejaron algo frío al isleño, que lejos de esperarse esa respuesta, pensaba que aceptaría sin pensárselo dos veces. Así que quería que hablase, que le explicara en qué consistiría aquello, o eso suponía el lord. No tenía nada pensado, todo había sido tan improvisado que desde luego le había pillado por sorpresa, y más aún cuando alzó sus manos para agarrar su brazo que sostenía el puñal. Cargar con el peso muerto del cuerpo no era algo fácil, aunque tampoco pesaba demasiado como para no poder soportarlo. Todo se hacía más ligero cuando la adrenalina recorre tus venas, y tu mente no te deja salir del presente nublado que se presenta ante tus inertes ojos.

Y a pesar de todo, sacaba fuerzas para escupir una amenaza. Wulfang sabía que aquella era un desvarío fruto de la extrema situación, pero podía no serlo. Desde luego no se la iba a jugar, aunque sabía que tenía la sartén por el mango, o este caso, el cuchillo. -Significaría conservarla.- respondió, haciendo fuerza con su brazo para sostenerla. -Y no solo eso, si no mejorarla. Se acabó eso de dormir y despertarse en un establo, se acabó ser una presa para mis hombres, se acabó. A la vista de mis hombres te tomaré como esposa de sal, pero no te haré nada. No quiero nada más de ti que no sea información y obediencia.- terminó. Era lo que se pedía en toda sociedad. Del Norte al Sur, y Wulfang sabía la importancia de su posición. Él era el Lord y gozar de todo aquellos que le estaba ofreciendo realmente era un privilegio del que no todos podían presumir. ¿Tendría que hablar? Sí. ¿Tendría que obedecer? Sí, cuando hubiera gente delante. A cambio de no solo salir con vida, sino esperar una buena habitación al llegar a las Islas, acompañado de comodidades y lujos, en su justa medida.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Mar Jul 26, 2016 5:31 am

Las palabras del Saltcliffe le entregaron información, útil. Al mencionar que la haría su esposa de sal, fuera lo que eso significase arrojó luz a su estatus. Era un Señor, quizás incluso como Lord Cregan; aquel pensamiento referente al Lord de Invernalia le provoco un dolor que no pensó sentir en muchas lunas. Hasta ahora su añoranza por el Pueblo Libre había sido mínima. Solo pensar en la muerte de su hijo Dormund, le provocaba lágrimas. Pero la sola imagen de alejarse del Invernalia, y por ende del largo muro era algo que le angustiaba. Respiró con fuerza, llenando sus pulmones con necesidad, gracias a la presión del cuerpo ajeno. Le miró, intentando que su añoranza no se reflejara en su mirada.

Decirle que sí a aquel hombre era pactar algo que le deparaba un mañana incierto, ¿que hacer? Le miró, con cierto interés y por primera vez en esos minutos de tensión dejo salir una risa sincera. Corta, melódica, encantadora. Y es que Sylvi era una mujer encantadora. Un minuto podía hacerse de desear, y al siguiente podía torturar o quitarle la vida a un hombre de formas creativas.  
-No te mentiré, sureño. No importan las comodidades, ni los lujos. No soy doncella.- soltó, penetrando la mirada ajena con la propia, aún aguantando la mano ajena con las propias, la hoja colgando peligrosamente entre ambos. -Yo no me arrodillo ante nadie, no soy propiedad de nadie. No me importa si caliento tu cama o no. No me importan tus hombres, porque ellos corren peligro si se me acercan.- le dedicó una sonrisa -No soy de obedecer peticiones estúpidas.- dictó por última aclaración sintiendo que sus brazos comenzaban a cansarse levemente, podía sentir un dolor muscular bastante familiar.

-Pero no negaré que me ofreces algo que podría servirme.- le concedió, finalmente, soltando un suspiro impaciente. -Concédeme tres peticiones cuando las necesite, y dejare de ser una molestia, por ahora.- sus brazos cedieron un par de centímetros, y la mano ajena, más grande y fuerte que las de ella, descendieron juntas con la daga en cuestión. -No prometo ser dócil o fácil, pero voy a intentar hacer lo que pidas.- aclaró, orgullosa como cualquier mujer libre, aceptando el trato. No tenía otra opción, no con su vida en juego en aquel momento. Pero encontraría una forma de mantener contacto con el Norte, con aquello que estaba cercano al muro, el frío y su gente al otro lado. Lo único que comprendía es que algo en todo eso le había devuelto una chispa que no sentía desde que había cruzado al sur del muro negro y congelado. -Y no estaba durmiendo. Lo que ellos vieron fue un cambio de pieles, entre un hombre y un animal.- concedió finalmente como gesto de buena fe, no era información relativamente nueva, pero ahora le había dado a su captor un contexto.

Sintiéndose agotada, acelerando la respiración y haciendo fuerza para que el filo del cuchillo no la tocase, le miró comprendiendo que si el hombre cedía, el no era el único que tendría preguntas para formular.

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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Wulfang Saltcliffe el Mar Jul 26, 2016 12:02 pm

Y a pesar de todo aquello, la chica acompañaba algunas de sus palabras con una sonrisa detrás. Aún le quedaban fuerzas para aquello, era algo encomiable, algo que no dejaría pasar Wulfang, quien atento, escuchó lo que tenía que matizar aquella chica. Por fin todo se encauzó en una dirección, después de un rato de tensión acumulada y negociación improvisada, un atisbo de luz se asomaba curioso y decisivo. Wulfang debía pagar ahora el precio de su curiosidad, de su insaciable insistencia, y dar su brazo a torcer ahora que había conseguido llevarlo a un terreno favorable, o al menos un terreno mucho más abierto. Era el momento de hacer concesiones, tal y como las había hecho ella. No sabía hasta que punto estaría dispuesto, lo que si sabía es que no le mentiría, y esperaba lo mismo de ella. Por un momento le pareció excesiva la petición, pero la última frase que pronunciaron sus labios avivó la llama de la credulidad, y cegó por completo los planes y análisis del isleño. Hablaba un Wulfang casi nervioso, impetuoso, fuera de sus márgenes establecidos, una sensación extraña para él, pero es que había conseguido ponerle rostro a todas sus dudas. Se trata de una cambiapieles, una bruja o maga, una chica que por la forma de hablar y comportarse no venía de una familia de alta cuna, y que probablemente, incluso por como iba vestida, y como hablaba, podría ser del Norte. Dejando atrás las conjeturas y esperando que todo quedara resuelto por ella misma llegado el momento, el Lord quiso cerrar el acuerdo de una vez por todas.

-Ni yo de dar órdenes estúpidas.- recalcó casi con una sonrisa, algo más relajado. -Desde luego que no, a mis ojos y los tuyos, seguirás siendo una mujer libre, y solo rendirás cuentas ante mí. Nadie más.- comentó, dejando claro que no debía preocuparse por sus hombres, por que aunque ella pudiera contra uno, si se resistía la haría más deseable para muchos, y era algo que no consentiría. -De acuerdo. Tuyas son las tres peticiones, pero recuerda pedir algo que yo pueda dar o conseguir, no me gustaría pelear por conseguir imposibles. Y recuerda, si incumples tú parte y desobedeces, perderás una petición.- concretó, pues él sabía y confiaba en su palabra, pero debía asegurarse de que las intenciones de la chica eran sinceras. No quiso hacer especial hincapié en la información aportada por la rubia, pero la satisfacción inundaba su ser, tenía lo que se temía, y no podía estar más contento. Es por ello, y a modo de agradecerle aquello que ordenó lo siguiente, alzando la voz. -¡Traedme su cuchillo¡- y tras volver la vista hacia ella, esperó que lo trajeran, y si tenía ella algo más que añadir.

Para su sorpresa un hombre abrió la puerta, uno de los suyos. Alto, de gran envergadura y con unos largos cabellos, el cual, con una voz ronca afirmó. -Lo han perdido, Capitán.- y tras ello, aguardó la reacción de su Señor, la cual no se hizo esperar. Tomó aire profundamente, y sin llegar a perder los papales delante de su nueva invitada, pues aquello se habría convertido en una aglomeración de gritos y maldiciones, le dijo: -Haz que venga alguien dispuesto a recuperarlo. Que no se de nuestros de hombres, no quiero que vean a hijos del hierro hurgando por toda la ciudad. Y por supuesto, que no se caro. - terminó, solemne y seguro, a sabiendo de que aquel al que se lo había dicho, no fallaría, por mucho que cargara con los fallos de otros, Dust nunca le había fallado.

Wyl Stone:
Ha llegado la hora, querido Wyl. Tras Sylvi, si lo ves oportuno, es tú turno.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

Mensaje por Sylvi el Miér Ago 03, 2016 4:39 am

 

Por un tiempo que le pareció eterno, la situación luego de sus últimas palabras se había reducido a una guerra de miradas, y Sylvi desde hace un buen rato había dejado de intentar asesinar con los ojos; atacar con la mirada era algo que desde el primer intento no habría de funcionar con el hombre que la apresaba en cuerpo. Por otro lado, su mente se encontraba en un profundo debate entre mantener la vista y el interés en el hombre o si lo mejor era mantener el interés y la vista en el arma que estaba entre ambos, apuntándola a ella. Si se distraía un instante, podría acabar muerta.

Él empujando la daga desde el puñal, y ella sujetando sus manos intentando frenar la fuerza ajena, lo peor era lo evidente: estaba cansándose de mantener los brazos y la espalda tensas intentando defenderse.

Por suerte, el cambio de palabras estaba resultando beneficioso para ambos y las palabras que profirieron los labios ajenos no hicieron más que tranquilizarla, aunque solo un poco. Sin embargo, algo no le gustaba en lo más mínimo, la forma en la que las palabras habían cruzado sus labios. "... Seguirás siendo una mujer libre, y solo rendirás cuentas ante mí." "... si incumples tú parte y desobedeces..." Si bien, clamaba que podría mantener su individualidad, parte de esa libertar, por más mínima que fuera se la estaba adjudicando. Sus palabras dejaban claro que estaba dejando algún tipo de marca en ella, tal como hacían con los animales y las bestias. No estaría totalmente libre. Su rostro se endureció al caer en esos pensamientos y esas conjeturas; no aguantaría demasiado si la encerraban en una jaula de piedra y hierro. Enloquecería antes, ¿pero, que más podría hacer? Por lo visto, ambos habían hecho sus demandas y ninguno parecía querer dar su brazo a torcer.
-Bien, intentaré comportarme.- respondió poco antes de que Wulfgang enviara a buscar su cuchillo. -Pero no es como si pudiera hacer mucho ahora.- dijo duramente, arqueando una de sus cejas, un tanto sugerente al mover su cuerpo apresado.

Cuando la puerta se abrió sin delicadeza alguna. La mujer, con una sonrisa burlesca, miró en aquella dirección, rodando los ojos al oír lo que había ocurrido con su arma.
-No culpo al hombre que se deshizo de él, de haberlo dejado más tiempo probablemente ahora el costaría mover algunos dedos de su mano.- comentó como si no estuviera en desventaja, notando que la tensión en la mano armada había disminuido, por lo que soltó el brazo ajeno y posiciono las manos propias, una en cada pierna ajena, y cuando el hombre se hubo retirado a cumplir las ordenes para recuperar su daga, Sylvi parpadeo, volviendo a observar a Wulfgang-¿Quieres algo? Un beso, una caricia, ¿algún juego?...- cuestionó, deslizando las palmas de sus manos hacia arriba y hacia abajo, acariciando, sugiriendo otras ideas hasta que repentinamente retiró con brusquedad sus manos y se apoyó en sus codos para alzar parte de su rostro y torso, acercándose a el-¿O, aún no confías en mí como para regresarme la total libertad y movilidad de mi cuerpo? - cuestionó, casi exigiendo en un tono de voz bajo y moderado, pero mordaz.

Estar restringida ya le estaba impacientando, y aquello no podía presagiar nada bueno, en especial, cuando cualquier movimiento temperamental podría costarle la vida frente a un número de hombres que fácilmente podría derribarla.
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Re: ¿Sacrificar una oveja? - Sylvi

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