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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

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Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

Mensaje por William Stoneheart el Miér Jul 20, 2016 6:06 am

Durante la primera parte del torneo.

El cielo se teñía del rojo de un atardecer lento y tranquilo. Las aves volaban a baja altura, anunciando la pronta llegada de la fría noche. La Fortaleza Roja se observaba a lo lejos, tan alta que rasgaba el cielo, tan imponente que dejaba destruida en segundos cualquier intento de rebeldía contra la corona. No me cansaba de mirarla, no me cansaba de sentir la brisa otoñal luego de un día caluroso, no me cansaba de apreciar la inmensidad de Desembarco.

Caminé por un rato, disfrutando del paisaje y la poca cantidad de personas que circulaban en las calles a esa hora del día. El sol se escondía con una despedida en los últimos rayos anaranjados que cruzaban los adoquines, bañaban las paredes de las casas y terminaban en mi rostro, acariciando mis ojos y mis mejillas. Sonreí satisfecho por lo que había robado en los días anteriores, y a pesar de las complicaciones que había tenido durante mi travesía, logré salir sin muchas consecuencias importantes. Me senté en una banca cerca de un gran edificio de madera que parecía deshabitado. Apoyé mis brazos en su respaldo y cerré los ojos, sumergiéndome en mi propio mundo.

El estar en ese lugar me hacía recordar las historias que me contaba un vagabundo de la calle, que, a cambio de mi compañía y mi atenta mirada infantil, él me brindaba grandes narrativas que me alegraban los días y olvidaba por un momento el hambre y el frío que me embargaban.  Se llamaba Skip. Decía que provenía de tierras más allá de Asshai y que conocía muchos tipos de magias. Al principio le temí, pero luego comprendí que quizás sólo eran locuras de un viejo solitario o sólo intentaba impresionarme para llamar mi atención.

Comencé a frecuentarlo diariamente al atardecer, tras una taberna de mala muerte que recibía personas de toda calaña, personas como yo. Cada vez que llegaba, él daba dos golpes en el suelo y gritaba: "Viene el invierno convertido en un niño" y me sonreía con sus labios partidos y sus dientes amarillentos. Sus ojos cansados me analizaban y repasaban simbólicamente los recuerdos que su memoria albergaba. Me contaba historias de todas partes, desde la Conquista de Aegon, hasta los Caminantes Blancos al otro lado del Muro en el Norte. Sin embargo, la que más me quedó grabada a fuego en la memoria, fue la historia de un gran espía y ladrón que había logrado burlar al dragón del mismísimo Aegon El Conquistador, para robar un preciado tesoro que éste albergaba en el interior de su castillo. Por lógica en un inicio no le creí, pero con el tiempo la narración se volvió coherente y demasiado realista para ser inventada, así que como un soldado sin escudo y espada, me rendí ante su credibilidad.

Aquella historia se quedó posada en el muro de mi mente varios días; se la contaba a mis amigos de la calle, pero éstos me ignoraban o sólo me llamaban loco. Un día se lo conté incluso al mercenario que me cuidaba, en sus últimos días, pero no me escuchó y sólo se dedicó a gritarme órdenes. Estaba ansioso, porque sólo faltaba la última parte, el último trozo para saber qué pasaría con el ladrón y su botín. Sin embargo, no todo podía ser tan bueno, como la mayoría de los eventos de mi vida. Cuando fui a ver a Skip, una escena destrozó todas mis ilusiones y expectativas de felicidad; los guardias de la ciudad se llevaban como un trapo viejo, como un pedazo de basura su cuerpo inerte sobre sus espaldas de metal, ignorado por todos los que pasaban a su lado. Yo intenté gritar, pero la voz no afloró y mi garganta se sumió en un nudo que me comprimió por completo; caí de rodillas, sin ninguna expresión en mi rostro. Ese día fue uno de los más tristes de mi vida, y fue la última vez que lloré con tanta fuerza desde hacía mucho tiempo.

Se preguntarán por qué les cuento esto, pues no tiene ningún fin, sólo quería compartirles una de mis experiencias, algo de mi vida. El punto es que cuando estaba esperando en la banca, unos pasos me despertaron y me pusieron a la defensiva, saltando por instinto hacia las sombras. Pensé que sería un guardia o sólo un niño curioso que quería mendigar; pero no fue así. Una bella dama de la nobleza se acercaba con delicadeza y la elegancia propia de su rango social. Me quedé oculto por precaución, expectante. Sentí una extraña humedad en mi mejilla y me di cuenta que estaba llorando. Recordé a Skip una vez más y odié a los reyes y sus costumbres. Odié una vez más a mi padre. Odié a todo el mundo en mi contra. Apreté los dientes y seguí esperando.


Última edición por Wyl Stone el Sáb Jul 23, 2016 4:36 am, editado 2 veces

William Stoneheart
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Re: Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

Mensaje por Evelynn Tyrell el Sáb Jul 23, 2016 3:52 am


Cissy


La vida en Desembarco es y siempre ha sido muy movida. Ser una prostituta nunca le ha parecido una deshonra a la joven Cissy, que camina por las calles muy ufana, luciendo un vestido de telas lujosas que le regaló una muchacha extraña hace unas pocas horas. En el prostíbulo de Madame Minerva fue recibida ella y su compañera con miradas curiosas, inquisidoras, que con tan sólo observar hacían mil preguntas. Cissy se deslumbró observando a la forajida, era una mujer alta y de largo cabello oscuro, punzantes ojos verdes, que pidió la habitación más grande y la discreción de Madame Minerva para pedirle algo aparte. Cissy se mantuvo expectante, cuchicheando con las otras chicas sobre ese hecho de lo más llamativo, casi nunca acudía gente tan elegante a un lugar de esa calaña y mucho menos mujeres. Se relamió pensando lo que podía hacer con la mujer de cabello oscuro si la pedía expresamente a ella, y agradeció a los Siete cuando fue llamada por su jefa.

Pero se decepcionó. Fue recibida de buen grado por la extraña y su compañera, menuda y muy atenta, sólo porque era pelirroja y quería un servicio un tanto raro. A Cissy se le fue toda duda cuando le enseñaron una bolsita repleta de monedas, una paga que igualaría a la de todo un mes, por sólo hacerse pasar una noble y mantener la boca cerrada sobre las instrucciones que recibiría. Todo un regalo, y lo mejor de todo era que no incluía abrirse de piernas a nadie.

Así pues, una hora después caminaba escoltaba por dos hombretones armados. Tenía un vestidito de lo más mono y se sentía hermosa, como si de verdad fuese de la nobleza. Sonreía a los hombres que le dedicaban guiños, muy osada, pero dejó de hacerlo al ser regañada por unos de los guardias. “Así no se comporta una lady”, le gruñó uno, cogiéndola del codo con severidad. Cissy dejó de hacerlo. Fue entonces, ceñuda y dolida, que encontró al chico que le mandaron a buscar. Esbozó su sonrisa más inocente, plantándose ante él. Los guardias se habían perdido en la multitud, pero sabía que no estaba sola del todo.

Al fin puedo encontraros, mi señor. —Ronroneó la menuda pelirroja, tomando de las manos al chico. Se le acercó bastante insinuante, musitándole al oído—: Venid conmigo, por favor. Hay alguien que quiere veros en el… cálido lugar de Madame Minerva. —Terminó la frase, enarcándole las cejas a su interlocutor significativamente.



Evelynn



No era una maestra del disfraz pero sabía que se manejaba bastante bien. Cuando salió de la Fortaleza Roja en compañía de su delicada Rosa nadie se fijó en ella, que iba vestida con un vestido descolorido y sencillo. Su cabello, usualmente pelirrojo, fue teñido de un tono más oscuro, con un tinte traído de Essos que se caería en la primera lavada. Incluso había cambiado en su manera de caminar, adoptando un halo más vulgar, inapropiado para una dama de noble cuna.

Inmiscuirse en la plebe fue fácil, pero entrar a ese prostíbulo, sede de la lujuria y lo mediocre, fue lo que le desconcertó. En primera estancia Evelynn no se esperaba un sitio tan bien arreglado y lujoso, en segunda, las mujeres la observaron como si pudiesen oler el dinero, infinitamente extrañadas pues seguramente féminas como Evelynn no pasaban por allí a menudo.

Su gusto por las chicas no era ningún secreto, al menos para sí misma y la Rosa que la acompañaba, pero no estaba ahí para gozar de los excesos sino por temas más acuciantes. Fue directa al grano, pensando que era muy simple lograr cambiar la expresión de los rostros de las mujerzuelas sólo haciendo timbrar las monedas.

Había pasado muchas lunas buscando a un diamante en bruto. Mucho oyó del hombre que vendía información por dinero, que vivía en el escalafón más bajo de la sociedad Ponienti, bajo el apellido que se les daba a los bastardos en el Valle. Una víctima perfecta, en pocas palabras. Había ido dejando migas a lo largo de su camino, y ahora que podía atraparlo lo haría de la forma más común y vulgar para hacer caer un hombre: con unas curvas bien dotadas y una sonrisa bonita.

Por eso Evelynn asintió gustosa cuando la dueña del prostíbulo le presentó a esa pequeña pelirroja que la miró con fogosidad. Su plan yacía en dejarla hacerse pasar por una noble, guiar al bastardo, y abandonarlo a su suerte en el lugar donde estaba Evelynn en ese instante. La Tyrell se sentó en un mullido sofá, despachando a la jefa y a la empleada con un gesto, a espera del Piedra. Agasajada con vino de calidad, dejó que su Rosa se sentara en su regazo, robándole besos delicados para matar el tiempo.


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Re: Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

Mensaje por William Stoneheart el Mar Jul 26, 2016 5:26 am

El tiempo se detuvo por unos instantes. La luna dejó de iluminar la banca y los adoquines de la calle. La pequeña cantidad de personas que caminaban distraídas se difuminaron con la oscuridad. Sólo era yo y la extraña chica frente a mí. La escruté lentamente, como si se tratara de una joya dejada a propósito frente a mí, olía el engaño. Su voz era dulce y cautivadora, con una clara noción de cómo embobar a un hombre. Lo sentí, lo percibí, lo recibí. Si yo hubiese sido un vagabundo más de la calle habría caído en sus redes, habría caído rendido a sus pies. Resistí y luché contra su belleza, pero mi experiencia pudo más.

Para hacer frente a mi excesiva confianza con las mujeres tuve que enfrentarme a diversas situaciones donde comprendí sus técnicas de estafa, seducción y enganche emocional. Al principio yo les creí todo, pero ahora no, no lo iba a hacer.

Sentí el aroma de su perfume cerca de mi boca, su piel tersa brillaba a la luz de la luna frente a mis ojos azules, su mirada seductora me envolvía como una amante invitándome a su lecho. Sus armas estaban expuestas y yo estaba indefenso.

Comprendí su mensaje. Era una forma tradicional de comunicación y contacto con servicios de espionaje y comercio de información. Eso me relajó y me sentí más aliviado. Le sonreí con confianza, me levanté y le ofrecí mi brazo para disimular y camuflar nuestro tipo de relación. Cualquier transeúnte curioso creería que éramos una pareja de enamorados que se juntaba a escondidas a altas horas de la noche para que sus padres, de estratos socioeconómicos distintos, no se enteraran; un chisme simple e inocente.

La joven me llevó por un camino conocido, cerca del barrio donde los prostíbulos eran más numerosos. Se veían hombres ebrios saliendo de las tabernas, voces roncas intentando cortejar con aliento de vino a chicas de la calle o prostitutas que les ofrecían sus servicios. Cuando se detuvo en la puerta del prostíbulo, lo comprendí.

Me llevó por la lujosa sala central. Me sorprendió el nivel de aquel lugar, yo estaba acostumbrado a los lugares de mala muerte, donde las prostitutas no tiene elegancia y la mayoría apenas se lava. Aquel prostíbulo distaba mucho de esos lugares, se notaba que era concurrido por los nobles y sus secretos bajo el brazo. Las mujeres, algunas vestidas de seda me miraron curiosas, otras con una mirada fulminante, sensuales, saboreando el dinero, despreciándome por la pobreza, de todo. No les negaré que me tenté al ver aquellos cuerpos desnudos tan bien formados y esculpidos, diferente a todo lo que estaba acostumbrado, pero necesitaba dinero y eso era más importante que el sexo en ese momento.

La joven me dirigió hacia una habitación que estaba cruzada por cortinas de seda y un aroma a incienso lynense se metía en mi nariz. Su silueta desapareció apenas me soltó y quedé frente a la real cliente de mis servicios. O eso era lo que suponía en ese momento. Ella tenía el cabello negro, con un vestido peculiar, que no rayaba en lo noble, pero que demostraba cierto estatus, a pesar de todo. Sus ojos verdes se clavaron en mí y yo le sonreí, como lo hacía siempre a mis clientes.

Milady, estoy a su disposición—hice una reverencia casi formal, bien hecha. Sentía la sangre azul corriendo por sus venas, lo notaba en su semblante y la experiencia me daba la razón—¿En qué la puedo ayudar?


Última edición por Wyl Stone el Dom Ago 14, 2016 5:26 am, editado 1 vez

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Re: Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

Mensaje por Evelynn Tyrell el Dom Ago 14, 2016 5:04 am

Qué suave era su piel y qué dulces sus labios. Las risitas que soltaba cuando las manos de Evelynn la recorrían sin ningún decoro resultaban música para sus oídos, sonriendo también entre beso y beso. Una muchacha juguetona y llena de vida era la que se sentaba sobre su regazo y se dedicaba a mimarla, a la espera de su próximo invitado. Eve quería romper las costuras del vestido que cargaba y tirarla sobre la cama cubierta de seda que tenía a sólo medio metro, pero se contuvo por el bien de guardar las apariencias. Tuvo que cogerla de la cintura con manos firmes y separarla, pues había jurado escuchar a alguien tocar la puerta.

Su Rosa tomó distancia prudente, acercándose más a las sombras para pasar desapercibida. Evelynn permaneció sentada, con los dedos entrelazados sobre su regazo, en una posición serena, como si nunca hubiese pasado por una escena que la sociedad ponienti consideraba indecente.

El hombre que fue precedido por la joven prostituta se veía más simplón de cerca. Le habían dicho que no vivía en las mejores condiciones, y se le notaba a leguas. Pero ella no estaba estudiando su estatus económico, sino el talento que tanto había escuchado hablar de sus ruiseñores. Evelynn se puso de pie con una brillante sonrisa y fue directamente a una mesilla donde pusieron una gran variedad de licores sólo para ella y su compañía.

Saludos, mi señor. Es un placer por fin encontraros. He tardado varias lunas en dar por fin con vos, sois muy escurridizo. —Le guiñó un ojo, cogiendo una botella del Rejo que avistó tan pronto se acercó—¿Quiere mi lord algo de beber? Seguro tendréis la garganta seca después de tanto recorrer las calles de desembarco. —Añadió, pasando de largo, convenientemente, la pregunta que le hizo.

Finalmente Eve se llenó una copa, y también otra, que acercó al sujeto. Insistió, porque no le gustaba beber sola, tampoco que le dijesen que no tan temprano.

Tengo entendido que sois el hijo de un noble, pero no tenéis el apellido de uno. Tampoco vivís como uno. Se dice que la naturaleza de un bastardo es engañosa, y que por lo general, son pocos los que deciden ser honestos. Sé que vos, si tenéis tanto talento, no sois asomo ni por honesto. Así que dejemos las cosas claras, mi señor: si no tratáis de engañarme, entonces yo no intentaré asesinaros, o algo peor. —La manera con la que esbozó quiso ser dulce, pero tenía un transfondo tan siniestro que el gesto tierno moría en el instante. Evelynn dio un largo sorbo a su copa, caminando con despreocupación por la habitación.

Quiero a alguien como vos en mis filas. Me seréis muy útil, sin dudas. Premiaré vuestra lealtad con lo que queráis, oro, mujeres, un buen techo con el que jamás tendréis que volver a las sucias calle de esta pobre ciudad. —La fina y delicada nariz se le arrugó al recordar la mugre del lecho de pulgas—Tengo mucho para dar, si tan sólo prometéis el mismo trato. Ante mis ojos yo no veo a un hombre sumido en penas y desdichas, sino a una persona con muchas oportunidades. Oportunidades que vais a poder explotar si decidís darme la mano, para trabajar como un equipo.

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Re: Espías y sombras [Evelynn Tyrell]

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