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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

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A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Aedan Tollett el Mar Jul 19, 2016 12:36 am

14 del primer mes del otoño, año 129 DC.

Cuando Helaena le había dado la noticia, un aluvión de emociones se apoderó del Tollet. Se sentía inmerso en una profunda cólera y en la más honda incredulidad, ¿por qué habían decidido tomar aquella decisión sin consultárselo? ¿Acaso no importaban sus sentimientos? Helaena mejor que nadie los conocía y el soberano de Soto Gris estaba seguro de que tenía motivos más sombríos que los públicos para haber concertado aquello. ¿Por qué debía siquiera plantearse un enlace con una mujer a la que apenas conocía? Admiraba a aquella mujer y su lealtad hacia ella estaba por encima de muchas cosas, ¿pero la amaba? Era imposible, nunca había hablado con ella en privado a excepción de su corta conversación en el baile inaugurador del torneo y sus palabras no habían sido especialmente amables, ¿cómo podía consagrar su vida a una mujer a la que no iba a poder ofrecer un amor sincero? Se veía obligado a fingir para no herir los sentimientos de nadie, y se veía obligado a, por otra parte, tener un encuentro en privado con una mujer a la que debía vasallaje. Aquello no podía resultar más incómodo.

El inicio del torneo ya había resultado sacrificado para el Tollett, que bajo sus ropas iba envuelto en vendas en varias partes de su cuerpo, dolorido tras los combates. Tenía un corte en el costado que le dificultaba los movimientos de cintura para arriba y otro más en el brazo, cerca del hombro que lo hacía sentirse débil. A parte de otros traumas de menor importancia como moratones y golpes de diferente índole que lo llevaban a aquella cena en difíciles condiciones. Iba vestido con sus mejores galas -que casi nunca vestía-, hechas de seda y cuero con bordados. No eran ostentosas, más bien sencillas, pero en su aparente sencillez se dejaba entrever el lujo de las mismas.

Como era natural el encuentro iba a tener lugar en los aposentos de lady Arryn, y a medida que Aedan se acercaba a su inexorable destino, el corazón le latía con mayor fuerza y rapidez, acelerando su respiración y provocándole unos nervios que lo hacían sentir cuanto menos incómodo. ¿Qué diría? ¿Se arrodillaría ante ella como en cualquier asamblea, le mostraría sus respetos postrándose y esperando a que ella le diese permiso para ponerse en pie, o simplemente debía aparecer con una grácil reverencia y un beso en la mano? O quizá debía esperar a ver su reacción y hacer lo más adecuado en función de sus peticiones. Aquello era mucho peor que estar en la liza recibiendo golpes por doquier mientras tragas el polvo que flota en el aire.

Finalmente, y tras mucho divagar -mental y físicamente, pues había dado un par de vueltas alrededor de los aposentos a propósito- Aedan se decidió a encararse a su objetivo. Subió las cortas escaleras y se dirigió a la entrada. Con su puño alzado golpeó la superficie de la puerta con suavidad tres veces y esperó a recibir su respuesta.

Mi señora ― dijo a modo de presentación. Se llevó la mano al cuello para aflojarlo y poder respirar con mayor holgura.
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Jeyne Arryn el Jue Jul 21, 2016 5:58 pm


Jeyne contemplaba el anochecer sobre Desembarco del Rey desde sus aposentos en la Bóveda de las Doncellas. Todavía había vida en las calles y el ruido, aunque lejano, llegaba hasta allí como un murmullo, pero no tardaría en acallarse a medida que los habitantes de la capital fueran retirándose a sus respectivas casas. Había citado a Aedan aquella noche para tratar con él la proposición que le había hecho Aegon días atrás. No era un tema que tratar a la ligera, y se había tomado un tiempo para preparar el como abordar la conversación. Unos golpes sonaron en el exterior.

Los guardias abrieron la puerta y el invitado entró en la estancia, decorada de manera similar a las del resto de la Fortaleza Roja, aunque con algo más de lujo que lo normal ya que estaban pensadas para huéspedes de mayor categoría como lo era ella. Había dispuesto una mesa y un par de sillas en mitad de la habiación donde tendría lugar la conversación - Lord Tollet - saludó con una inclinación de cabeza - Antes que nada me gustaría felicitaros por vuestra actuación durante la prueba de la melé. Por favor, tomad asiento y cualquier cosa que queráis tomar, solo tenéis que pedirlo - Jeyne se alejó de la ventana y se sentó en la silla, recostandose y poniendose cómoda, cerró los ojos un segundo, y cuando los abrió, su rostro se había vuelto tan frio como la cima de la Lanza de Gigante - Supongo que deduciréis el motivo por el que os he hecho llamar - si bien no estaba enfadada, su tono de voz era severo. Durante el encuentro con el príncipe puede que se hubiera mostrado sorprendida y hubiera actuado restándole importancia al asunto, pero la verdad era que la forma en que le habían presentado la situación no era para nada de su agrado. No sabía si la noticia se la había dado Aegon porque después de todo Aedan no se atrevía o porque alguno de los dos había pensado que si la proposición la hacía el príncipe Jeyne se vería más inclinada a escuchar simplemente por venir de alguien con mayor estatus. Ninguna de las respuestas era buena, y la señora del Valle estaba dispuesta a averiguar la verdad de una vez.

>> Fue un movimiento atrevido, tengo que reconoceroslo. Pero oírlo de boca del príncipe en vez de la vuestra no fue algo que me tomara a bien. No os imaginaba del tipo tímido, Aedan - al señor del Valle se lo notaba nervioso. ¿Lo intimidaba su presencia? Quizás si que era verdad que en aquel aspecto era de los retraídos.
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jul 22, 2016 10:56 pm

Cuando se abrió la puerta de entrada, Aedan entró tratando de disimular lo mejor posible la cojera que le había dejado su último contrincante ―. Lady Arryn ― dijo, y realizó una suave inclinación a modo de saludo ―. Gracias, aunque vuestra presencia en la grada es honor más que suficiente. Lamento no haber dado, quizá, la imagen que se esperaba del Valle ―. Sus disculpas, aunque sinceras, iban adornadas con la retaíla literaria que como vasallo de aquella mujer debía mostrar. Para él, su actuación en el combate había sido honorable y no se lamentaba de que el Hightower, pese a no haber plantado cara como otros, hubiese vencido finalmente. Estaba seguro de que Helaena estaría contenta por ello.

El asiento será más que suficiente por el momento, mi señora. Lamento no poder dar una imagen menos lamentable ― admitió, mientras se acercaba a una de las sillas y se sentaba con cierto cuidado de no lastimarse más la pierna. Lo cierto es que si bien el resto de golpes eran superficiales, el corte que había sufrido en la pierna bien pudo haber acabado en un desagradable resultado de no haber llevado la cota de malla. Finalmente, una vez sentado y colocado adecuadamente, miró a Jeyne y asintió ante sus palabras. Claro que sabía por qué estaba allí, y el mero hecho de tener que hablarlo -y con compañía, parecía ser- iba a resultar la más difícil de las pruebas para el Tollett. ¿Qué debía decirle?

Os aseguro, mi señora, que recibí la noticia después que vos ― aseguró ―. Temo que mi íntima relación con la familia real les haya llevado a concertar este encuentro sin antes habérmelo consultado, así que debo pedirle disculpas, porque yo sabía tan poco como vos del tema. Lo cierto es que los Targaryen se han portado conmigo mejor de lo que creo que merezco, y me han llegado a otorgar algún honor que ni con cien años de servidumbre podría agradecer― dijo, recalcando su absoluta inocencia en aquel asunto. Seguía sin creerse que estuviesen pensando en casarlo con aquella mujer, a la que debía total obediencia.

De todas formas, mi señora, si me lo permitís, no quisiera haceros un mal gesto rechazando esta citación. Lo cierto es que no os conozco más allá de los encuentros que hemos mantenido en asambleas públicas, pues mi apellido no goza de la reputación y la gracia de otros ― explicó ―. Así que, si no os resulta inapropiado, sería todo un honor acompañaros esta noche ― concluyó finalmente.

Durante toda su vida había dedicado su sangre y su sudor a honrar al Valle y a los Arryn y su lealtad no había menguado durante los años, ni mucho menos. La postura del soberano de Soto Gris en aquella velada era complicada de analizar, pues se sentía incómodo tanto con la propuesta por la que se encontraba en aquel lugar como intimidado por la presencia de Jeyne, a quien a fin de cuentas debía su vida.

Sin embargo, lo que más preocupaba al Tollett de aquel asunto era, sin duda, lo que debía hacer. ¿Cómo debía tratar a Jeyne? Quizá si durante una velada presuntamente íntima no dejaba de tratarla como a su señora la incomodaba, y tampoco era buena idea el arriesgarse a rebajar su posición con un trato menos formal... ¿y qué diría? ¿de qué hablarían? ¿Del Valle, del Torneo? De los Tollett no creía que quisiese hablar, pues poco había que decir de una de las casas menores de un reino tan extenso como el suyo. ¿Debía quizá hablar de Vermithor, la Furia de Bronce? Aegon había hablado con él de lo curiosamente efectivo que era en una velada con una mujer el mencionar que se había domado a una de aquellas criaturas... ¿debía cometer la soberbia de mencionarlo? El Tollett suspiró lenta y apaciblemente, dirigiendo su mirada a Jeyne, aguardando el inicio de una conversación que, con suerte, se le haría eterna.
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Jeyne Arryn el Miér Jul 27, 2016 6:35 pm

- No os lamenteis, Lord Tollet. Vuestra actuación fue formidable, ambos sabemos que vos deberiais haber ganado en la competición - que el Hightower se hubiera proclamado vencedor aprovechandose del agotamiento de los otros contendientes era algo que le seguía haciendo rechinar los dientes. Probablemente el asunto no le habría importado tanto si uno de los finalistas no hubiera sido del Valle, pero que a un representante de su tierra, famosa por sus caballeros y por su alto sentido del honor, se lo descalificara de aquella manera después de haber vencido a guerreros verdaderamente formidables, era algo que la molestaba como cuando se te quedaba algo entre los dientes. Era una minuncia, pero seguía siendo molesto.

Se fijó en la cojera que exhibía y que intentaba disimular Lord Tollet. ¿Los golpes sufridos serían mas graves lo que Jeyne había podido ver? No entendía demasiado de armas, pero desde la grada no había visto al del Valle salir tan malparado - En absoluto, lucís tan bien plantado como siempre - las pocas ocasiones en que se habían visto, al menos - Espero que vuestra recuperación sea rápida y que demostreis la misma habilidad en las justas que están por venir.

Las palabras de Aedan la sorprendieron, aunque a decir verdad era algo que se esperaba. Si decía la verdad, todo aquél asunto había sido idea de Aegon, como premio a los servicios prestados por su consejero o a saber porqué razón. Tuviera el motivo que tuviera, la situación la había llevado de una manera del todo cuestionable. No era solo la osadía de querer arreglar su matrimonio con uno de sus afines según sus conveniencias, encima uno entre dos casas con tanta diferencia de poder entre ellas, sino que ni siquiera intentaban ocultarlo. ¿Hasta aquél punto llegaba la sobrebia de los dragones? Conocía a su prima y sabía que los Targaryen no eran precisamente amigos de la sutileza, pero aquello se pasaba de descarado.

Perdida en sus pensamientos, lo que casi se perdió fueron las palabras de su acompañante. En efecto, la Casa Tollet no era de las más prestigiosas del Valle, hasta eso tenían en contra a la hora de buscar la unión. Si es que la buscaba, claro. Hasta el momento, Aedan no le había dado ningún motivo para pensar que lo que había organizado el príncipe era también de su interés. ¿Lo aceptaba sin más, lo rechazaba o le parecía una idea atractiva? Bueno, ¿A quién no se lo parecería? La dote de la novia era uno de los títulos y señoríos más grandes de Poniente, además de la propia Jeyne, que a pesar de haber superado la treintena seguía manteniendo unas formas envidiables - Si me resultara inapropiado no os habria citado esta noche, la cual teneis entera para conocerme, de modo que en absoluto, Aedan. ¿Os importa que os llame Aedan? Decidme pues, ¿Que pensasteis en cuanto el príncipe os propuso su idea?
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jul 29, 2016 10:11 am

En realidad sí debía lamentarse. Pese a que no dudaba de la destreza del Hightower, estaba en cierto modo seguro de que de haber entablado con él antes de haber estado cansado y herido hubiese podido derrotarlo sin demasiadas dificultades, por lo que el hecho de que su estado de agotamiento y sus anteriores golpes le hubiesen facilitado la tarea de encontrar un camino para herirlo lo llegaba incluso a molestar... pero tampoco podía culparlo por utilizar una técnica que cualquier otro hubiese empleado en una batalla de verdad, pues lo principal era vivir y no permitir que tus enemigos lo hiciesen; el modo de hacerlo era bastante relativo.

Alzó entonces la mirada ante el comentario de lady Arryn, inclinando la cabeza con una sonrisa a modo de agradecimiento. En verdad su único problema era la herida del Hightower, pues si bien las otras dos eran superficiales y en lugares poco molestos, el corte en el muslo había estado cerca de calificarse como grave y estaba en una zona de difícil curación y que dificultaba los movimientos. Por suerte las justas eran montado y aquello no le resultaría un problema demasiado acuciante ― Estaré en forma para tratar de honrar al Valle, podéis darlo por hecho ― aseguró.

Su respuesta había resultado, también -y por otra parte- inesperada y al mismo tiempo agradable. Lo primero que había preocupado al Tollett en el momento en el que Helaena le había informado de su propuesta de compromiso con lady Arryn había sido que la dama se lo tomase de la forma que no era y, en cualquiera de los casos, se sintiese ofendida y hundiese su reputación para con ella y provocase algún tipo de situación desagradable en la velada. Por suerte no hubo que recurrir a aquello y Aedan agradeció de veras contar con la oportunidad de conocer a aquella mujer con mejor detalle, por lo que decidió acomodarse en la silla alargando ligeramente la pierna herida y juntando sus manos sobre la mesa, entrelazando los dedos y fijando su mirada en la de la Arryn.

Decir qué pensé primero resulta complicado ― admitió ―. Que te digan que le han propuesto a la Señora del Nido de Águilas un enlace matrimonial contigo es... ―hizo una pequeña pausa para encontrar la palabra ― intimidante ―. ¿Intimidante? Era lo que más se le acercaba ―. Así que supongo que en realidad cuando me lo comunicaron fue más bien un aluvión de ideas lo que inundó mi cabeza que una idea fija. Es decir... ¿qué hacer cuando te dicen algo así? Temía que os tomaseis una proposición así mal o que lo vieseis insultante -pues al fin y al cabo no soy un miembro de alta alcurnia- y que os hicieseis una idea equivocada de mí. Diría que esa fue mi principal preocupación ― expliqué ― y podéis llamarme como más os plazca, mi señora. Aedan es de mi agrado ― añadí, respondiendo a su primera pregunta.

Creo que a lo largo de estos años en Desembarco del Rey he recibido más elogios políticos e importancia para con la familia real de lo que realmente merezco y en cierto modo añoro el Valle. Sus colinas desnudas y sus ásperas rocas. El frío matinal arreciando entre las gargantas y la hierba verde de los valles... ―. ¿Cómo no iba a echar de menos un lugar así? Había crecido allí y todavía recordaba los días en que corría por aquellas colinas. Ni el exotismo ni los jazmines de Desembarco del Rey podían competir con el amor por la tierra propia ―. Cada vez que tengo la oportunidad de viajar de nuevo a Soto Gris es una grandísima alegría, podéis creerme ― afirmé, con una sonrisa en el rostro ―. Y estoy deseando poder volver, pues hay muchas cosas que requieren de mi atención ― añadió. Aquello le hizo pensar al soberano de Soto gris en la pobreza de su dote en una futura boda en comparación con lo que podía ofrecer Jeyne, por lo que poco tenía que hacer en ese sentido... y aquello lo avergonzaba ―. Creo que la idea de intentar comparar cualquiera de mis dotes para un hipotético enlace con la vuestra es casi tarea imposible ― sonrió algo avergonzado, bajando ligeramente la cabeza ―. De todo lo que en mi mano está para ofrecerle a alguien de vuestra altura y vuestra valía sólo se me ocurre una cosa.
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Jeyne Arryn el Dom Jul 31, 2016 7:22 pm

Jeyne consideró lógica la primera reacción de Aedan al recibir la noticia, el carácter de la Señora del Valle era tan conocido en Poniente como voluble. Pero a Jeyne lo que le interesaba oír era lo que había pensado Aedan del movimiento que había llevado a cabo su supuesto amigo a sus espaldas. No obstante, no mencionó nada de aquello. Probablemente hubiera saltado de alegría, como habría hecho cualquiera que no tuviera el título de príncipe antes del nombre. No, más bien Aedan habría agachado la cabeza en señal de agradecimiento respetuoso y habría. Jeyne seguía sin saber que pensar del hombre que tenía delante, lo cierto era que ella tampoco sabía demasiado de él - La verdad es que tampoco os conozco todo lo que me gustaría, Aedan, no sé qué idea preconcebida podría haberme hecho de vos. Ya he visto que sois un buen amigo, un fiel consejero y un hábil guerrero. Ahora quiero saber más sobre el hombre en sí.

La descripción que hizo Aedan de las tierras del Valle también consiguió hacer evocar la belleza de su Reino en Jeyne, añorándola al momento, y eso que solo llevaba unas cuantas semanas fuera - Os entiendo perfectamente, Aedan. Y seguro que vuestra familia también esta desenado que volváis a pasar más tiempo con ellos - las siguientes palabras de su acompañante tampoco despertaron ninguna sensación nueva en Jeyne, solo estaban remarcando lo obvio. Pocas casas tenían la suficiente influencia, poder o ancestría como para atreverse a buscar un enlace con los halcones. De ahí que la sorprendiera aún más el movimiento que había llevado a cabo Aegon de buscarle a su amigo una unión casi totalmente fuera de su alcance por sus propios medios. El último comentario la intrigó. ¿Que podía poseer el Tollet que considerara digno de ella? Solo podía pensar en que debía de ahber recibido mas ayuda del príncipe que la sola propuesta, y tratandose de un Targaryen, Aedan podía estar en posesión de cualquier cosa que se le hubiera antojado a Aegaon concederle, ¿Y que estaba fuera del alcance de un príncipe Targaryen? Jeyne se inclinó hacia adelante, atenta - Antes contabais con mi curiosidad, Aedan. Ahora contáis con mi atención. ¿Qué está en vuestra mano que consideréis a mi altura?
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Aedan Tollett el Lun Ago 01, 2016 12:12 am

La familia. Sí, Aedan añoraba a su madre, y añoraba también a sus dos primas, que todavía seguían en Soto Gris. Añoraba jugar con ellas por las mañanas, enseñarlas a montar a caballo. Claro que deseaba volver a su tierra y poder descansar plácidamente, llevar una vida calmada lejos del bullicio de la capital... pero seguía teniendo un deber allí, y algunas cosas que lo ataban con dureza a aquel destino en Desembarco del Rey. Miró detenidamente a Jeyne mientras se preguntaba qué era lo que podía interesarle a una mujer como ella un hombre como él, de tan baja cuna. ¿Acaso simplemente se divertía a su costa? Los nobles de la más alta alcurnia solían hacerlo cuando hablaban con el Tollett, incluso cuando él había logrado más cosas por su reino que todo ellos juntos.

La miró tras sus últimas palabras y no pude esbozar una suave sonrisa, pues recordaba todavía cada instante del día en que su sueño se hizo realidad ―. ¿Os suena el nombre de Vermithor, mi señora? ― preguntó finalmente. La conversación lo llevó inevitablemente a aquello ―. Se le conoce más bien como Furia de Bronce. Mi madre me leía de pequeño historias sobre su grandeza. Sobre su cólera ― relató ―. Fue dragón del anterior rey, Jaehaerys I Targaryen ― aquel dato le parecía de suma importancia ―. Aegon me lo propuso hace algunos días y no supe muy bien como tomármelo, es decir... ¿yo? Realmente no me lo creí. Había sido mi sueño de toda una infancia y ahora es tangible como el tacto de esta mesa ― Recordaba con absoluta claridad los enormes ojos de la bestia observándolo fijamente tras acabar con las liebres que le había ofrecido como regalo. Recordaba sus fosas nasales ensanchándose, respirando con profundidad y cómo el corazón le palpitaba a un ritmo desorbitado mientras su mano se deslizaba por las duras y afiladas escamas ― De todas mis posesiones, la única dote que considero digna de vuestra altura es mi actual condición como jinete de Furia de Bronce ― dijo, tratando de ser lo más claro posible. Resultaba difícil admitir algo así incluso días después de haber podido montar sobre su lomo ―. ¿Qué más, mi amada señora, podría ofreceros alguien como yo?

Allí, a la luz de aquellas velas podía observar la mirada de Jeyne, aquellos grandes y profundos ojos que coronaban su rostro. Aedan se preguntaba qué habría tras ellos, qué vivencias y qué recuerdos pero, sobre todo, se preguntaba qué rondaba la mente de su señora ahora que conocía algo que nadie más a parte de los implicados llegaba si queira a imaginar. Paseó la mirada por su rostro blanco, por su piel visiblemente suave y tersa; por los altos pómulos y los labios. Era una mujer hermosa, pero aquello no le bastaba al Tollett que, sin embargo, se hallaba confuso como no lo había estado antes. ¿Y si, simplemente, era aquel su destino? ¿Y si los Dioses habían tejido en las hebras de su futuro la presencia de aquella mujer que tenía frente a él? No pudo evitar apartar la mirada sintiéndose avergonzado y carraspeó ligeramente, buscando con la mirada una copa de vino que calentase su garganta y le hiciese recuperar la tranquilidad.

Volvió a mirar a Jeyne y lanzó un suspiro ―. ¿Qué puede interesaros de mí, mi señora? ― alcanzó a preguntar ―. Mi vida no está llena de grandes galardones, ni soy el hijo de un rey o de un gran señor. ¿Qué hay que pueda despertar esa curiosidad?

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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Jeyne Arryn el Mar Ago 09, 2016 1:56 am

Perdón por el retraso, he estado unos días pocha ):

Jeyne había estado preparada para cualquier cosa que Aedan pudiera decirle u ofrecerle. Sabía que gozaba del favor del príncipe Aegon, y para él no había nada imposible. O casi nada, pensó con cierta malicia al recordar su último encuentro. Con aún más malicia se preguntó si el príncipe se atrevería a tener de nuevo una cita con ella como le había sugerido al despedirse de sus aposentos. Pero en cuanto Aedan pronunció aquel nombre… Vermithor... por supuesto que conocía el nombre. Era uno de los dragones más antiguos y de mayor tamaño que existían hoy en día, pero había permanecido sin jinete desde la muerte del anterior rey, el mismo que Aedan acababa de mencionar. A Jeyne se le abrieron los ojos como platos al oír las palabras de Aedan. ¿Él... jinete de dragón? Parpadeó varias veces mientras intentaba encontrar algo apropiado que decir ante aquella del todo inesperada revelación. Ni en sus más imaginativas fantasías se le habría pasado por la cabeza algo por el estilo, la amistad entre el príncipe Targaryen y el señor del Valle era mucho más profunda y sincera de lo que había pensado en un primer momento.

Se levantó de la silla, incapaz de pensar claramente, y dio unas vueltas apresuradas por la sala. Saber que la mirada de Aedan estaba clavada en ella solo la ponía aún más nerviosa al no saber cómo retomar el control de la situación. Pero es que… ¡Un dragón! Vale que en los últimos años pareciera que los había por doquier, pero… ¡Un dragón! No terminaba de creérselo. Al oír la pregunta de Aedan se lanzó sobre la mesa, apoyando las manos en ella e inclinándose hacia adelante, sin pensar siquiera en lo que mostraba al ponerse en aquella postura - ¿Qué que hay que pueda despertar mi curiosidad? ¿Os parece poco la hazaña de domar a un dragón? ¿Cómo os atrevisteis a tal cosa? Os hago muy valiente o muy estúpido, Aedan… Aunque habiendo visto lo que he visto de vos, me decantaría sin dudarlo por la primera.
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Re: A la luz de unas velas. [Jeyne Arryn]

Mensaje por Aedan Tollett el Mar Ago 09, 2016 5:10 pm

No se preocupe usted, mujer. Espero que te encuentres mejor Very Happy

Aedan se esperaba una reacción exaltada, al fin y al cabo... ¿quién no lo haría? Es decir, se trataba de un dragón, y no de uno cualquiera, sino del segundo más grande y anciano de los que quedaban vivos... ¡y había sido del anterior rey! No eran cualidades a tomar a broma. Lo que sí no se esperaba el Tollett era que la reacción de lady Arryn resultase tan exacerbada, algo que lo pilló completamente por sorpresa. Alzó las cejas y con sorpresa y abrió los ojos cuando la vio lenvantarse y comenzar a dar vueltas por la habitación. El soberano de Soto Gris no sabía muy bien qué decir.

Lady Arryn era una mujer temperamental y su presencia imponía al Tollett, que al verla abalanzarse sobre la mesa con aquela vivacidad no pudo evitar abrir un poco más los ojos en señal de sorpresa. ¿Qué decirle? ¿Que sí, que había mostrado una gran valentía, o confesar que no había pasado más miedo en toda mi vida? Verla tan fijamente y con los ojos clavados en él le causó cierta impresión y no pudo apartar la mirada, topándose de pronto con el escote de la Arryn, del que apartó nuevamente la mirada, avergonzado.

El mismo valor necesito para poder miraros a los ojos sin sentirme perdido ― alcanzó a decir finalmente. Aquello era probablemente lo más absurdo que había dicho aquella noche. Suspiró ―. No podéis imaginar la impresión que sentí cuando Fauce de Bronce dilató sus pupilas frente a mí y acercó inmensa cabeza para que pudiese tocarlo ― relató ―. Pero sentir cómo los músculos de su espalda se contraían bajo mi cuerpo para alzar el vuelo ha sido la sensación más excitante que he sentido en mucho tiempo ― confesó, volviendo la mirada hacia los ojos de Jeyne, clavando su mirada en la de lady Arryn ―. Me gustaría mostrároslo en persona algún día, mi señora ― añadió ―. Porque temo que es lo único de mi posesión que esté al alcance de vuestra grandeza.

¿Qué más podía decir el Tollett? Su nerviosismo en aquellos momentos alcanzaba cotas dificilmente sostenibles y no sabía muy bien qué era lo que debía salir de sus labios.
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