Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

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Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Sáb Jul 16, 2016 11:25 pm


La señora de Árbol de los Cuervos en su asentamiento tenía una cantina dónde ir a beber con sus hombres sin necesidad de tirar de los grandes salones y dar demasiado trabajo a sus pobres criadas. Un lugar dónde echarse unas risas y de paso hacer un poco el bruto sin que nadie la mirase mal. En parte seguía entendiendo que cada cosa tenía su lugar y su castillo no era el sitio dónde comportarse como un soldado barriobajero.

Era por eso que había hecho a uno de sus hombres buscar un sitio en Desembarco dónde poder sentirse así lejos de miradas de ningún noble estirado que presumiese de cuna de oro y mierda de diamantes... Y entonces llega a sus oídos una cantina dónde hacen una extraña bebida, de color blanco, procedente de más allá de las ciudades libres que dicen provoca unos efectos de otro mundo. Tiene que probarla.

La competición de arco había sido ese día, pero por las cervezas que bebió en demasía la noche antes con sus hombres no había acudido al evento, así que de momento solo había presenciado la melé del día anterior. Por ello, levantándose tarde y sabiendo que el día siguiente lo tenía libre y no debería estar presentable para nadie se vistió con unas ropas más propias de hombre -pantalones de montar, camisa de lino, botas de buena piel desgastadas por el frecuente uso. Su cabello rubio fue recogido al milímetro en un intrincado trenzado y se puso una capa por encima, agarrando su espada al cinto que rodeaba sus generosas caderas y con una daba en la caña de una de las botas se sintió lista y preparada para salir.

Más que escoltada, en compañía de sus hombres, abandonó sus alojamientos y fue guiada hacía el peor lugar de aquella maloliente ciudad, el lecho de pulgas. A cada callejón una prostituta de baja categoría, un mendigo, un niño esperando un despistado al que robar y alguna pelea de borrachos dados que ya había anochecido... Y ella en vez de sentirse asustada se sentía en una nube. Extasiada por tantos estímulos. La vida que bullía la capital era eso, vida, dura, maloliente, agria... Así era la vida o así al menos ella la recordaba desde niña. Pero no por ello dejaba de gustarle vivir y exprimir cada vivencia al máximo.

El local estaba atestado y había un humo espeso de olor fuerte en su interior que golpeó el rostro de la noble, aunque esto no pareció importarle. Era un olor dulzón y pesado que no le resultaba familiar y parecía proceder de hombres fumando de pipas. Encontraron una mesa en un rincón y sus cinco hombres y ellas se pidieron una ronda de cervezas mientras bromeaban sobre quién sería capaz de tomarse una copa de esa extraña bebida, que tras un rato terminó cayendo en una ronda dónde los cinco caballeros y ella bebieron. Sin dudas, el mareo fue casi instantáneo como las risas producidas por el mismo. Otra nueva ronda y otra más. Sus hombres se fueron dispersando, algunos con rameras del local y otros para apostar en las otras mesas, esto a ella no le importó, que se quedó hablando con una joven prostituta no muy agraciada aunque bastante divertida. Le dio unas monedas de plata solo porque le daba pena que se quedase sin trabajar por semejante rostro, cosa que la joven agradeció efusivamente... Y entonces un mero gesto cambia todo.

La puerta del local se abrió y se oyó una voz enfurecida de hombre, pero la rubia si quiera entendió lo que decía el hombre, que a cada palabra corrompida por la ira escupía como un perro en celo. Era grande y cuando decimos grande es que era un armario empotrado. Por lo que fue descubriendo por los gritos era el padre de la joven y creía, ojo al dato, que la agraciada y heterosexual lady Blackwood acababa de aprovecharse de su hija por unas monedas como una invertida y una “bruja”.

La que se pudo liar en ese local no fue de esta mundo, pronto una pelea que fue casi una pelea campal, dónde hasta algunos taburetes volaron por los aires. Evanthe por supuesto no dudó en golpear y demostrar que aunque mujer, un gigatón no la asustaba. Claro está, los hombres presentes que la acompañaban, dos en ese momento, acudieron y entraron en la pelea, que solo se detuvo cuando un capa dorada entró en la cantina, luego dos, así hasta seis. Los agarraron a todos.

Un leve atisbo de lucidez le dijo a la dama que si quería sacar a sus hombres del lío no podían arrestarla o entonces ella no estaría en situación de proteger a nadie, así que rompió a llorar diciendo que no conocía a ninguno de los hombres y que ella solo fue amable con la dama por hacerle compañía mientras esperaba a su marido. Claro está, los guardias no sabían si creerla o no y preguntaron que dónde y quién era su marido... La de Árbol de los Cuervos pensó rápido y al primero que entró por la puerta, un rubio de cabello más oscuro, barba abundante y piel morena a pesar de tener unos ojos azules, lo señaló, corrió hasta él y ni corta ni perezosa lo agarró por la nuca y lo besó como si llevase toda una vida esperando para meterlo entre sus piernas. Aunque lo cierto era que con lo bien que besaba y el porte que tenía, no le importaría hacerlo.

-¿Se puede saber dónde estabas? Este no es sitio para citar a tu mujer, idiota, ni mucho menos para dejarla esperando- dijo mirándolo como si de verdad estuvieran a las puertas de una pelea de matrimonio, luego miró a los capas doradas.- Ven. Este es mi marido, saluda idiota. Ellos son estos maravillosos guardias de Desembarco, que han parado la horrible pelea... Mira, si hasta me golpearon- le contó al desconocido haciendo un puchero mientras se señalaba la mejilla, que empezaba a colorearse de púrpura, lo decía como si al él le fuera a importar que su precioso rostro hubiera estado en peligro.- Como les dije solo le estaba esperando. Si hasta le traje su espada, que la olvidó en casa...- dijo justificando uno de los puntos de los que los guardias sospechaban, de una mujer armada con una espada.- Si es que no sé dónde tienes la cabeza. ¿También la olvidaste?- preguntó burlona al rubio.


Última edición por Evanthe Blackwood el Sáb Jul 23, 2016 1:10 am, editado 2 veces

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Dom Jul 17, 2016 10:01 am

Las calles de Desembarco eran tan variadas y tan interesantes, en cada esquina tenias algo digno de alabar aunque sea por unos instantes. Edificios históricos, calles famosas, lugares en los que se te brindaba una vista privilegiada, etc. Ciertamente desde mi llegada al reino no había tenido la posibilidad de ponerme a recorrer la ciudad con detenimiento. Era un hombre al que le gustaba caminar, disfrutar del tiempo solo, explorar. Particularmente nunca había estado en aquel sitio, conocía historias, había leído reiteradas veces sobre sus lugares pero esta era la primera vez que podía verlo con mis propios ojos. Aquello llenaba de emociones mi corazón ¿Y de quien no? Cuando se ha pasado tanto tiempo oyendo cuentos de aquellas, era normal que uno quisiera conocerlas.

Aquella mañana me había levantando particularmente temprano, tuve una audiencia con lady Evelynn Tyrell durante el desayuno. Con sinceridad su persona me había sorprendido gratamente, quien hubiese pensado que tan delicada flor pudiera ser tan… intensa. Luego de aquello me despoje de mi vestimenta de zorra elegante y me puse algo mucho mas cómodo y sencillo, simple. No me gustaba en absoluto hacer alarde de lo que tenia, mucho menos de mi posición en el reino de Dorne. Aquellas cosas no eran aptas para mi, me producían rechazo y me sentía mal cuando debía ponerme en aquellos papeles. Me caracterizaba por ser un hombre sencillo, común, un hombre que hacia lo que le apetecía y que no tenía que cargar con el karma con el que cargaba su hermano. Muchos pensaran que me pesaba no ser el primero, no heredar el reino, para mi aquello era una bendición.

Mi forma de ser era algo exótica y desordenada como para andar gobernando, además aquello te ataba y te volvías ajeno a tu vida. Por esa razón decidí aprovechar la oportunidad que el destino me dio y emprendí mi rumbo por las calles.

Mis pasos me guiaron al famoso lecho de pulgas, el lugar con menos clase de la ciudad, donde vivía la gente menos afortunada. Sus calles eran oscuras y estaba lleno de ladrones, prostitutas y mendigos. Aquí era donde al parecer la corona dejaba a todo aquel que no podía incluir en el sistema. Fue entre esas calles que termine dando con una marginada taberna. Al entrar el aroma a humedad y alcohol me golpeo en el rostro, el humo se esparcía como neblina por todo el ambiente junto con los gritos y las risas –Que acogedor –Me dije a mi mismo con media sonrisa, aquello no era un mal sitio, todo lo contrario. Nadie aparentaba nada, todos hacían lo que querían, a sus maneras eran felices.

Camine hacia la barra a paso decidido, posiblemente algunos se voltearon a verme, no porque me conocieran sino porque era un extraño. Una cerveza fue mi primer pedido, la muchacha fue muy amable conmigo y no demoro mucho en traérmela. Luego otra, y no me pareció mal pedir otra más. No estaba ebrio, claro que no, solo algo… entonado. De repente todo el lugar se alboroto, taburetes comenzaron a volar por los aires, gritos de ira, insultos, hasta algunos guardias invadieron la taberna –Creo que es hora de irme –Le dije a la camarera guiñándole un ojo mientras me paraba y comenzaba a caminar tranquilamente hacia la puerta. Salí por la misma y al hacer unos pasos pensé que seria interesante proponerle a aquella amable señorita pasar la velada en mi compañía, pero al volver a entrar una de las mujeres que estaba en el alboroto se planto frente a mi y me beso. No entendí bien eso, pero no me molestaban los besos sorpresa así que enrede una mano en su pelo y la apegue a mi para invadir su boca con mi lengua y acariciar la suya de forma juguetona. Una de mis manos la abrazo por la cintura y bajo a su trasero para tomarlo de forma inapropiada.

¿Qué yo qué? –Pregunte sin entender a que iba su reproche al separarse de mí, entonces en ese momento observe a quienes le hablaba y me tope con un grupo de hombres armados y enojados. Claro, aquellos eran los que originaron todo aquel desmadro y ella… No sabía quién era ella, pero al parecer estaba intentando escapar de algún tipo de situación. Había bebido, pero no era un imbécil y estaba en condiciones de comprender todo –¡Hola! –Exclame al escuchar la orden de la rubia mientras miraba a todos esos barbaros. Luego volví a la mujer –Disculpadme amada mía, de camino aquí un grupo de malvivientes intento abusad de mi. Por los pelos logre escaparme –Dije con dolor en el alma tomando sus manos con las mías –Y en todo momento solo podía pensar en nuestro amor que es eterno y que romperá la barrera de la muerte –La verdad es que posiblemente la cerveza me pusiera algo poético y me hiciera exagerar un poco todo. Entonces uno de los hombres, el mas enorme y descontrolado le dijo enfadado a las guardias –¡Pero si el estaba aquí hace unos instantes! –Y en ese momento lo mire enojado –¿Tu fuiste la escoria que golpeo a mi mujer? Voy a matarte, dadme mi espada que lo abrire al medio–Bufé enojado intentando acercarme a el sin mucho esfuerzo viendo como unos guardias me detenían –Sacadlo de mi vista, sacadlo porque voy a matarlo –Le grite a los guardias los cuales parecieron comprender como era todo y accedieron a retirarse escoltando a aquel tipo que seguía gritando cosas y pataleando.

Luego de que se fueron deje salir un suspiro relajándome por completo, mire a la mujer fijamente a los ojos y le sonreí –Mínimamente después de eso me debes un trago –Le solté de cerca para llevar una mano a su mentón y levantarlo para así volver a besarla. Mi otra mano volvió a ir a su nuca para apegarla a mi y devorarle los labios con pasión aunque con mas calma. Disfrutando de su tacto, de su aroma, envolví con mi lengua la suya y luego de unos segundos donde me quede sin aliento mordí con suavidad su labio inferior y lo estire clavándole fijamente la mirada –Esto también, amor –Comente con un tono jocoso para alejarme de ella y caminar hacia una mesa abandonada. Luego de todo aquel espectáculo el lugar volvió a la normalidad, como si se estuviera acostumbrado a aquello. Las personas volvieron a sus conversaciones, los tragos se siguieron sirviendo y yo ahora me encontraba sentado esperando a que la rubia me devolviera aquel favor. Aunque ciertamente con aquellos besos ya habia sido mas que suficiente, deliciosa era su boca.

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Dom Jul 17, 2016 4:06 pm

Como si fuera su tabla de salvación, una vez Evanthe vio al hombre entrar fue firma hacía él y se aferró mientras su labios se unían en un intenso y apasionado beso que parecía ser dado como si no tuvieran público a su alrededor, sintiendo incluso como la mano del hombre se aventuró a tomarla del culo de forma posesiva. De normal lo abría abofeteado por intrépido -aunque eso no fuera algo que la molestara especialmente- pero en ese momento no dijo nada. Su preocupación era no terminar detenida. Sus hombres la miraban sin dar muestras de si pensaban que estaba loca o que era un genio.

-¿Ven por qué digo que es idiota?- dijo mirando a los guardias para justificar el desconcierto del hombre, que para su suerte le siguió el juego un instante después. Suspiró sutilmente, aliviada, había tenido suerte o al menos la estaba teniendo de momento. Oyó su excusa y tuvo que contener la risa, poniéndose los brazos en jarra y mirándolo a los ojos.- ¿Pero qué milonga de tres al cuarto es esa? ¡Mira que como estuvieras otra vez con la hija del carnicero mañana ese hombre te vende hecho salchichas!- se inventó en un momento de inspiración.- Nuestro amor lo va a romper la torta que te voy a dar. Que ya vas mamado- lo acusó de estar borracho por sus palabras excesivamente rebuscadas, desde luego no parecía un vulgar plebeyo con esos hablares, pero Lady Blackwood no lo reconocía ni mucho menos le sonaba. Tenía acento extranjero.

Pero lo importante seguían siendo los guardias y como el tío grandullón dijo que el tío este ya había estado en el bar. Ella no lo había visto, podía ser un problema si alguien lo corroboraba, pero por suerte antes de que nadie se metiese, el desconocido actuó moviendo el foco de atención a otra cosa. Se soltó la espada del cinto y se la tendió al desconocido con todo el dolor de su corazón, pues esa espada tenía mucho valor para ella, pero debía continuar la historia inventada. Aunque antes de que la tomase los guardias ya sacaban al grandullón y a sus hombres de la taberna. Les hizo un gesto para que no se preocupasen, por la mañana ella se ocuparía de que los dejasen libres.

Fue entonces que ambos rubios respiraron aliviados, fue cuando la tensión se alivió que la noble empezó a sentir el dolor en la cara y en otras partes de su cuerpo golpeadas, aunque la sensación le era tan familiar que apenas lo demostró. Miró al hombre cuando este volvió a hablarle. Iba a responderle algo cuando esta vez fue él el que unió sus labios y nuevamente fue un beso intenso dónde se dejó ir aunque esta vez sin que nadie les prestara mucha atención. Rodeó con sus brazos el cuerpo del desconocido y llevó las manos a su cuelo, clavándole las uñas de forma juguetona lo miró a los ojos antes de dejarlo apartarse.

-Creo que ya te has cobrado todo lo que te debía, así que la ronda te la pagas tú- anunció haciéndole un gesto a una camarera para que les sirviera y sentándose junto al hombre. La chica llegó rápido con las bebidas y dedicó una mirada envenenada a Evanthe, que rió por lo bajo cuando esta se fue mirando al hombre.- ¿Es tu novia, tu amante...? Digo, para saber si he de arriesgarme a beber de la copa o evitar el morir envenenada, porque con menuda cara me ha mirado... Como si le hubiese quitado algo suyo- dijo burlona, metiendo un pie entre las piernas del extranjero, empezó a acariciar una de sus pantorrillas.- Por cierto, encantada, ojos bonitos. Me llamo Evan- casi parecía un tío piropeando a una chica que lo que realmente era, pero es que la noble pasaba demasiado tiempo entre hombres y tenía fama de tener siempre la cama con alguien esperando y de que no le gustaba repetir. Así que bueno, realmente no era tan distinta a un hombre.

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Lun Jul 18, 2016 8:01 am

Aquella situación era confusa pero risueña al mismo tiempo, no sabía que podía haber desatado todo aquel desmadre pero ya no tenía demasiada importancia. Las peleas de las tabernas era cosa recurrente, toda que no tuviera de forma regular aquellas cosas no era digna de llamarse taberna. El alcohol lograba transformar al más respetable caballero en la más despreciable bestia, esto sucedía solo en aquellos que no se podían controlar, claro está. Las frases de la mujer eran por demás de graciosas. No sabía en verdad si era su léxico o simplemente lo utilizaba para escapar de aquel poco oportuno momento. Por mi parte tampoco era el rey del lenguaje pero por tantos años de ser formado como príncipe desde muy pequeño se me había pegado de forma inevitable. Puede que en esos tiempos renegara de mi figura dentro Lanza del Sol, sin embargo en el pasado no tenia más opciones que aceptar lo que me transmitían los maestres y mi familia.

Pero si tu eres única en mi vida corazón mío –Dije al escuchar aquello de aquel carnicero ¿Cómo se le habría ocurrido semejante tontería? Reí por dentro y continúe aquella actuación hasta que por fin nos quedamos solos. Volví a besar a la mujer, en aquella ocasión de forma mas calmada pero sin perder la pasión que me despertaba su figura. Era una dama exótica, no entraba en la categoría de prostituta ni de noble, se veía aguerrida, dura. Sentí como sus uñas se clavaron en mi cuello sutilmente, cosa que me encanto, y luego suspire sonriéndole –Que poco considera es mi lady –Acote a su comentario de la ronda, en realidad poco me importaba tener que pagarla sin embargo ella seguía estando en deuda conmigo. Unos besos no iban a saldar nada, no, yo deseaba mas.

Cuando ambos quedamos en la mesa la camarera de antes vino a nosotros con dos jarras de cerveza. Esta no miro con cara de muy buenos amigos y no pude evitar suspirar, las mujeres eran de temer cuando se ponían de esa forma –Si fuera alguna de esas dos me hubiese visto en la obligación de rechazad sus besos –Comente como si aquello fuera obvio, no me gustaba jugar con los sentimientos de las mujeres. De la única forma que me gustaba jugar con una dama era en la cama –Pero por lo visto vos no le agradáis mucho –Le medio sonreí y entonces sentí su pie entre mis piernas, sus caricias me tomaron de nuevo por sorpresa. La mujer era muy lanzada, tanto que me sorprendía, no estaba demasiado acostumbrado a eso. Pero era gratificante, divertido y excitante al mismo tiempo – Encantado Evan, yo soy Morgan –Me presente con ella omitiendo apellido –Y os doy las gracias por vuestro  cumplido –Agregue levantando mi jarra en forma de brindis en honor a ella.

Bebí un poco de aquella espesa cerveza, no era de las mejores que había probado aunque tampoco sabía tan mal. Cumplía con el deber de emborrachar y aquello era más que suficiente. Decidí acortar distancias con la mujer y me acomode bien a su lado apegando nuestros cuerpos, pase una mano por detrás de ella y la abrace por la cintura con total confianza y tranquilidad.  Después de todo la mujer parecía no tener problemas con el contacto físico y era bastante directa en muchos aspectos –Decidme Evan ¿tiene sentido alguno que os pregunte sobre lo recién acontecido? O seria caer en un montón de detalles aburridos –Pregunte interesado bebiendo un poco mas de mi cerveza observándola –De cualquier manera me gustaría decid que tiene una boca privilegiada para besad –Elogie con picardía. Deje mi jarra sobre la mesa y lleve mi mano a uno de sus muslos para juguetear de forma distraída con mis dedos sobre el -¿Vive en Desembarco? –Agregue ya que mi acento como el suyo era muy distintos a los del resto de la ciudad.

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Lun Jul 18, 2016 9:26 pm

La situación que había provocado que sus caminos se cruzasen fue totalmente absurda y desquiciante, a juego con la conversación de matrimonio falso que se marcaron. El motivo del hablar descuidado de la noble era que en semejante lugar no esperaba que entrase nadie muy letrado por la puerta, sin embargo le había tocado el refinado de la noche. Así es el azar, regalando anécdotas que podría haber contado a sus nietos si fuese capaz de tenerlos, cosa que daba hace mucho por perdida. No anhelaba ser madre de nuevo, si creía que su cuerpo fuera capaz de traer al mundo otro hijo sano.

-¿Poco considerada? Muchos hombres habrían dejado que ese gordo los apalizara con tal de uno solo de mis besos- le dijo hablando de forma un poco más cuidada.- ¿Tanta pinta tengo de Lady que ni aquí me libro de ello?- preguntó entonces, dejando su espada sobre la mesa. Su vaina estaba enjoyada sutilmente, igual que la empuñadura y se notaba un buen maestro armero tras ella, algo que solo un noble de linaje podría permitirse posiblemente. ¿De qué servía fingir que no era lo que era? Tampoco era como que se avergonzase.- Ahora el poco considerado sois vos, estáis diciendo que yo no valgo el pecar un poco. Que ofensivo- se ofendió obviamente de broma antes de beber de la jarra de cerveza. Al día siguiente la resaca la mataría, pero por el momento estaba bien.- Opino que su disgusto por mi es inversamente proporcional al que siente por vos.

Fue entonces cuando al fin se pusieron nombre y fue entonces cuando lo miró al fin con verdadero interés, reparando en cada rasgo. El hombre le resultaba familiar o más que familiar, le sonaba simple y llanamente. Lo malo en su caso de tener buena memoria para las caras pero no para otras cosas era que sabía lo habia visto antes pero no sabía dónde.

-Bueno Morgan, pues encantada, esposo idiota- dijo antes de romper en carcajadas alegres y despreocupadas mientras brindaba con él y bebía. Acto después se puso en pie y lo tomó de una mano para obligarlo a levantarse.- Me resultáis sumamente familiar. Dad una vuelta, a ver si recuerdo...- pero finalmente dio la vuelta ella a su alrededor como una fiera alrededor de su presa, antes de volver a sentarse. Seguía sin recordarlo.- Un montón de detalles aburridos que se resumen en que ese hombre quería guerra y eso le di- dijo quitándole importancia a lo ocurrido, antes de sonreír burlona.- Le aseguro que más privilegiada es para otras tareas... Y no, soy de bastante más al Norte. Vos tampoco sois de aquí... Decidme pues ¿De dónde venís, ojos bonitos?

El desconocido ya no tan desconocido se pegó a ella y ella toleró su cercanía pasando una de sus piernas sobre las de él. Era la comodidad de los pantalones y de que bueno, la mesa los cubría. Además ¿Quién se iba asustar en un sitio semejante por un hombre y una mujer poco recatados? Si en el otro extremo del bar había una puta con un borracho a los que poco les faltaba para estar como perros en celo sobre la mesa. La picardía de él quedaba en nada contra lo directo y simple del atractivo de Evan. Si eres un hombre que se asuste fácil, no es una mujer para ti. Pero si no, seguramente pocas encontrarás que jueguen de una forma tan clara y sin rodeos.

-¡¡Oh!! ¡Ya sé quién sois!- exclamó luego de otro trago mirándolo fijamente antes de reír.- Sois el culito prieto de la Melé... el de la hábil lanza. Una lástima que os eliminase el norteño cuando vos teníais la ventaja de que vuestra arma era más larga- no mentía, pero la forma de decirlo iba con todo el doble sentido, le guiñó un ojo de forma juguetona.- Intuyo entonces que tendréis un apellido rimbombante posiblemente ¿No? Pero tranquilo- dijo antes de que él pudiera decir nada.- No me interesa saberlo, igual no os diré el mío. Así no sabremos quién está por encima del otro y no tendremos que pensar si el otro quiere dar el braguetazo con nosotros.

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Mar Jul 19, 2016 7:50 am

Al despertarme aquella mañana nunca se me hubiese ocurrido que terminaría en una situación tan particular, era una sorpresa grata a decir verdad, me hubiese aburrido de otra forma. Las palabras de la mujer me hicieron soltar una carcajada sin quitarle los ojos de encima –Os puedo decir lo mismo mujer ¿ O acaso intenta de hacerme creer que soy el único que disfruto de aquello? –Pregunte con un tono bromista, después de todo muchas mujeres deseaban degustar los labios de un príncipe Martell. Tampoco negaba su afirmación, con seguridad muchos hombres envidiarían mi lugar en aquel momento. Pese a su rustica vestimenta y su carácter abrumador, la mujeres era hermosa por donde se la mirase. Posiblemente de las mas lindas que había visto en mi viaje a aquella ciudad. Y esto era decir mucho, con motivos del evento muchas damas de cuna noble se congregan y peleaban. Si, leyeron bien, peleaban por ver cual era mas bella, cual atraía mas hombres, no necesitaban espadas y armaduras para hacerlo. La fortaleza roja de por si estaba bañada en ego, los Targaryen conocían aquello perfectamente bien. Pero los invitados que alojaban en aquella ocasión posiblemente fuesen tan egocéntricos como ellos, o mas.

Observe la espada sobre la mesa y le quite importancia, era bonita, tal vez demasiado para mi gusto. No entendía a esos que poseían espadas llenas de metales y joyas caras, un arma era para matar, no para ser admirada –Disculpadme, soy un hombre bastante correcto como para andad haciendo sufrir a las mujeres. Si tuviera que elegir entre mi código de vida y usted, lamento decirle que perdería… -Acote con media sonrisa –Sin embargo no es el caso, para suerte de ambos –Me gustaba recordarle que ella se beneficiaba tanto como yo de aquello. A otros hombres podía hacerle creer que era privilegiados, que eran menos, pero yo la veía como una igual en aquello. Justamente por eso me manejaba con completa tranquilidad.

Su actitud me causaba gracia, la forma en que rompió a reírse por llamarme idiota, la hacia ver hasta inocente ante mis ojos. Eso me gustaba, se veía relajaba y no le importaba nada todo lo que sucedía. Lisa y llanamente se cagaba en todo y eso la hacia parecerse demasiado a mi. Me deje llevar por su pedido y me levante girando lentamente sintiéndome devorado por sus ojos –Dudo que pudiera olvidarse de un hombre tan bien favorecido –Dije con una sonrisa -Yo tampoco me podría olvidad de usted –Comente en pleno giro para luego volver a sentarme a su lado. Su comentario sobre la boca me hizo llenar mi cabeza de ideas obscenas sin embargo intente suprimirlas –Pues soy de bastante más al sur –Respondí de la misma forma que ella lo había hecho, sin andarse con muchos detalles.

Una de sus piernas cruzo las mías y sonreí tomándola con una mano para acariciarle el muslo con suavidad, casi dejando que mis dedos juguetearan de forma impredecible por ella. Al enterarme de que habia recordado verme en la justa no pude hacer mas que dejar salir un suspiro, pero luego al continuar hablando confirmo que aun asi no sabia mi apellido y aquello era un alivio. No le veía nada de malo al hecho de que lo supiera, tarde o temprano terminaría sabiéndolo, sin embargo prefería evitarlo por el momento. Los apellidos no hacían mas que complicar las cosas, cambiar la forma en que la gente te miraba. Si al pasar por la puerta todos hubiesen sabido que era un príncipe Martell seguramente el atercado se hubiese desactivado en segundos. Posiblemente la mujer me mirara con otros ojos y inevitablemente las cosas cambiarian de rumbo -¿Culito prieto? –Pregunte levantando una ceja sin dejar de sonreírle –Posiblemente tendría que haber tomado menos la noche anterior al combate, el pelear con resaca no es bueno –Aconseje tomando la jarra para beber un poco y luego dejarla en donde estaba –En cuanto a mi concierne, usted podría ser una de los siete y poco me importaría –Admiti para darle tranquilidad de que no tenia interés en apellidos ni en nada que de alguna forma se pusiera entre nosotros.

Sentado en aquella mesa estaba seguro de desear a esa mujer de una sola forma, puramente sexual. Quería pasar tiempo con ella, conocerlo, divertirme a su lado y tal vez luego despedirnos para quedarnos con esa imagen efímera pero placentera de ambos juntos –Sin embargo, si omitimos hablar de quienes somos y que hacemos aquí dudo que podamos encontrar muchos temas de que hablar –La mire con picardía y acerque mi rostro al suyo –Aunque el hablar no es algo que precisamente me interese demasiado –Susurre en su boca para luego besarla con una sonrisa. Besos, cerveza, una charla distendida, no estaba nada mal aquello –Juguemos a algo, uno pregunta y el otro responde con la absoluta verdad. La única regla es no preguntar algo que deje nuestra procedencia en evidencia –Aclare bebiendo mas cerveza para luego hacer un panorama con mis ojos del entorno. Nadie nos prestaba mínima atención, aquello era genial –Empiezo yo, ¿Qué es lo que mas desea hacer en este momento? –Pregunte con interés en saber que planes tenia la mujer, podría sorprenderme, o tal vez no. Lo único que pedia era no aburrirme, odiaba aburrirme.

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Mar Jul 19, 2016 11:22 pm

-Las de mi sexo tiendan a sufrir por nimiedades, creo que le será difícil encontrar una que no sufra por algo- dijo entonces con sorna. Le parecían todas unas niñatas absurdas que lloriqueaban por tal y cual caballero, porque su marido no fuese lo bastante caballeresco o porque su amiga de la infancia hubiese conseguido un matrimonio más ventajoso que ellas.- Si supieran lo que es un verdadero motivo para sufrir se cortarían las venas con uno de esos bonitos adornos para el cabello- su sonrisa mostraba que le encantaría ver semejante escena.- Así que no lamentéis nada, si fuese ese el caso encontraría a uno que me entretuviese esta noche rápido. Igual que a vos no os costaría. Pero lamento deciros que soy de olvidar rápido a las caras bonitas...- rió cuando él dijo que no la olvidaría.- Que galante sonáis. Pero dudo que la memoria os de para tanto.

Ella no era especialmente egocéntrica, sabía lo que valía, pero sabía que con el valor que ella daba a los demás no podía esperar que los demás la valorasen mucho más. Tampoco lo buscaba. Cuando se acostaba con un hombre no buscaba un romance, mucho menos un matrimonio, como les pasaba a casi todas las mujeres, ella buscaba una forma de llenar el vacío que sentía en su vida. Había tenido ya a un cerdo por marido, no necesitaba más.

Notó de inmediato una cierta incomodidad en el hombre y aunque realmente no mentía diciendo que no conocía su apellido y que por motivos propios y reales no se había presentado aún con su propio apellido, decidió que desde luego no lo haría. No era como que la molestase. Seguramente uno de los dos estaría por encima del otro y eso generaría cierta sensación posiblemente de que uno podía estar utilizando al otro. No por paranoia. Normalmente entre los nobles así era todo... Rara vez dos nobles se trataban sin una segunda intención.

-Oh si, tenéis un culo digno de admiración... No podéis pedir que me siente en una grada a mirar tonterías y que no se me vaya la vista a cosas más interesantes...- bromeó.- Normalmente me gusta observar cosas hermosas que me dan que pensar, ojos bonitos y tu culo es una de ellas- le susurró al oído.- Bueno, tampoco vi muchas actuaciones brillantes esa mañana, solo fui para ver cómo apaleaban a un noble al que colgaría de los testículos con ayuda de afilados ganchos de carnicero del árbol de Dioses de mis asentamiento- dijo sin perder la sonrisa, como si comentase algo amable y no una atrocidad. Aunque el Bracken lo merecía.- Bueno, no sé si ofenderme sobre eso de los siete- dijo jugando.- Si me estáis comparando con la Doncella, me estáis llamando tonta. Si es con la madre, es que estáis muy perdido. Con la vieja... Ahorremos comentarios. El herrero, el guerrero y el padre creo que me falta algo entre las piernas para ello y bueno, si me estáis comparando con el desconocido... Seguís vivo, no vale.

Sostuvo su mirada al oírlo decir que no quería hablar. Era directo y eso le gustaba, como era evidente, pues ella no había mostrado otra cosa que no fuese un carácter directo, burlón y ante todo, cristalino. Al menos en aquel aspecto de su vida. Corresponde su beso y la Blackwood agarra con la mano en un puño su camisa tirando de él hacía ella, mordiendo sus labios de forma lenta.

-Que bien, pues se me acaban las ocurrencias absurdas...- admitió rozando su nariz con la de él.- Pero vale, os acepto el juego, aunque no sé si realmente querréis alargarlo mucho- a medida que fue susurrando eso fue a su oído para lamerlo y morderlo, oyendo entonces su pregunta rió de forma traviesa.- Lo que deseo es ver si estás lo bastante bien dotado como para que te pida ser mi juguete los días que quedan de torneo- dijo sin cortarse un pelo, aunque sin sonar repelente, pues implícito en semejante trato sería ser el juguete de él. Ninguno perdería.- Cosa que espero, porque aunque tener uno distinto por día no está mal, también es algo aburrido. Ahora me toca- fue bajando con su boca por el cuello del hombre, lamiendo y succionando su piel a la vez que sentía su olor varonil e intenso, que la hacía desearlo un poco más.- ¿Tenéis intención de veniros conmigo y arrancarme esta molesta ropa o solo estáis echando el rato?

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Miér Jul 20, 2016 3:52 am



Última edición por Morgan N. Martell el Miér Jul 20, 2016 7:55 pm, editado 1 vez

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Miér Jul 20, 2016 4:21 pm


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Miér Jul 20, 2016 7:54 pm


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Jue Jul 21, 2016 2:34 pm


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Mar Jul 26, 2016 3:39 am


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Jue Jul 28, 2016 12:27 am


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Dragon el Jue Jul 28, 2016 12:27 am

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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Morgan N. Martell el Miér Ago 03, 2016 2:33 am


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

Mensaje por Evanthe Blackwood el Jue Ago 04, 2016 1:46 am


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Re: Encantada de conocerte, esposo idiota || Morgan Martell +18

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