Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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[+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

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[+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Erënya Mormont el Vie Jul 15, 2016 10:23 pm

Cómo no, no llevaba ni dos días en Desembarco del Rey y ya estaba hasta la coronilla de mi padre y mi hermano. Que si "vístete con propiedad", que si "tienes que conocer a tu prometido", que si "a una mujer no la dejarán participar en el torneo"... Cuando consideré que ya había escuchado suficiente mierda, me vestí con mis ropas de montar, cota de malla y mis pieles, me ceñí la espada, me eché la lanza al hombro y me largué del pabellón que compartíamos. Estaba anocheciendo, y me encontré con que, en realidad, no conocía ningún sitio a donde ir en Desembarco del Rey. Recordé que, al llegar en barco desde Puerto Blanco, habíamos visto un sinfín de tabernas y lupanares en el puerto de la ciudad. ¿Qué mejor sitio en el que pasar la noche, emborracharse como una salvaje y enfadar a mi familia, todo en uno?

Al cabo de un rato, entré en la más grande, abarrotada y desvencijada taberna que encontré. Marineros, mercenarios, jugadores de ventaja, toda clase de escoria llenaba el local, bebiendo, apostando, amenazando e incluso en ocasiones pegándose. No obstante, en el momento en que entré por la puerta, la mayoría de los gritos y las conversaciones cesaron. Varias docenas de ojos se clavaron en mi figura. Suspiré en mi interior. Siempre lo mismo: estaba segura de que era capaz de matar a cualquiera de aquellos tipos con una mano atada a la espalda y los ojos cerrados, de diecisiete formas diferentes, pero para ellos no era más que una mujer vestida con ropas de hombre. Se oyeron algunas risitas cuando di los primeros pasos dentro de la taberna, hasta que un sayón más grande que un armario empotrado y más feo que el cadáver putrefacto de un mamut me cortó el paso, mostrando una horrible sonrisa teñida de rojo por la hojamarga.

- ¿A dónde vas con esos pinchos, pequeña? ¿Por qué no los dejas a un lado y te sientas a tomar una jarra conmigo y mis amigos?

El aliento le olía a alcohol barato y a las hierbas que mascaba. Tenía los dientes torcidos, algunos rotos, y la piel grasienta. Alcé el rostro para mirarle a los ojos, esbozando una sonrisa inescrutable. De haber estado en casa, Hielo ya le habría arrancado la cara de un zarpazo. En aquella ciudad, mi compañero no me podía ayudar, pero no estaba, ni mucho menos, desvalida.

- Aceptaré que me pagues esa jarra, amigo -dije, sin alzar la voz en absoluto. A continuación, lancé mi pie derecho en una rápida patada a su entrepierna. Cayó al suelo como un fardo, aullando de dolor, y yo bajé la lanza hacia el rostro de uno de sus compañeros. Levanté el tono por un momento, dirigiéndome a toda la taberna-. En cuanto a dónde voy o lo que haga, no es de vuestra puta incumbencia. Y al próximo que se intente hacer el gracioso pensando que soy como las zorras que tenéis en esta mierda de ciudad -advertí, poniendo un pie sobre la cabeza del mastodonte-, no me limitaré a patearle los huevos, sino que le cortaré el pene y se lo daré de comer a los perros. ¿Alguna pregunta?

Sin esperar respuesta, me dirigí a la barra, ante la mirada cautelosa del tabernero. Apoyé la lanza a mi lado, y una de mis manos en el pomo de la espada.

- Ya lo has oído. Una jarra del mejor aguardiente que tengas. Paga el grandullón -pedí, con los labios torcidos en una media sonrisa.


Última edición por Erënya Mormont el Lun Ago 08, 2016 4:32 pm, editado 1 vez
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Eldün Drumm el Sáb Jul 16, 2016 4:59 pm

Ya habían pasado un par de horas desde la medianoche cuando la joven isleña despegó los párpados, volviendo a la realidad de nuevo en aquella habitación que había alquilado en la posada. Escrutó entre la penumbra sin levantarse del lecho, no era nada del otro mundo, de hecho para una noble podía considerarse hasta indigno, pero no se podía quejar. Un catre, una mesa, un espejo, un escritorio y una estantería de libros tan polvorientos por el desuso que podía dibujar en aquella capa de polvo. Por lo menos la cama no tenía chinches y las sábanas no crujían, ya era algo.

Se levantó sin hacer ruido y se apartó los cabellos pelirrojos del rostro hacia atras con la mano. De reojo miró su reflejo en el espejo, sin sorprenderse por lo que veía. Ahí estaba ella, como en cada despertar, con el cabello revuelto como un nido de pájaros de color bermejo, vestida únicamente con una camisa que tapaba parte de sus pantorrillas, dejando sus piernas pecosas al descubierto. Iba descalza, se dirigió hacia una jofaina con agua y jabón y se aseó a conciencia, quitándose los restos de cualquier andanza del día anterior y espabilándose.

Tardó un buen rato en quitarse los restos de sangre de debajo de las uñas, consecuencias de liarse a golpes con algún que otro gilipollas los días anteriores. Aquellos piojosos capitalinos que osaban intentar meterse con ella lo pagaban muy caro, y más de una noche había terminado con las manos manchadas de sangre a causa de algún imbécil, aunque nunca era suya. El propio mesonero temía echarla de una vez por todas, a ella y a parte de sus hombres que se alojaban allí, por las consecuencias que pudiera desencadenar el hacerlo. Por eso la joven isleña gozaba de libertad para hacer prácticamente lo que quisiera en aquella posada que también cumplía las funciones de taberna y, de vez en cuando, de lupanar.

Bajó las escaleras que separaban las habitaciones de la taberna, ya limpia y vestida . Como siempre su sombrero tapaba parte de su rostro y camuflaba aquella mirada, entre indiferente y sombría. Según iba bajando y sus desgastadas botas rechinaban en las viejas escaleras de madera, la fauna habitual de la taberna la miraba de reojo, sabedores de que, en cierto modo, la bestia se había despertado. Pero al parecer no era el único fenómeno del momento, pues podía escuchar aullidos de dolor y gritos de una voz femenina, al principio creyó que estarían pasándose con otra puta, pero al encontrarse a uno de aquellos maleantes levantándose del suelo y mirar con odio una figura femenina vestida con ropas de hombre, alzó una ceja con curiosidad, sin embargo ahí se acabó su reacción.

Con su andar característico, desgarbado y casi perezoso en aquel momento, se dirigió hasta la barra.Con un silencioso gesto de la mano, el mesonero acudió a ella como un perrito acojonado. Posó sobre la barra unas monedas, que intercambió por un cuenco de estofado caliente, un trozo de pan y una jarra de hidromiel grande. Mientras comía de cara a la barra, ajena a todo el jolgorio, unos pasos se acercaban a ella, y no necesitó más que aquel olor pestilente para confirmar de que no se trataba de alguien con quién deseara interactuar.

-Parece que te has asentado aquí y estás muy cómoda, verdad?-irónicamente, se trataba de aquel mamón que había pillado levantándose del suelo agarrándose sus partes cuando bajó-Putas como tú tenéis la culpa de que una mujer se atreva a contrariar a un hombre, zorras de mierda, volved al lugar que os corresponde, de rodillas chupándome la...-no terminó su frase cuando fue él quién cayó de rodillas,jadeando y con una mancha roja en su entrepierna que se extendía por la tela de sus ropas.

Eldün limpió aquel cuchillo largo con un trapo de la barra antes de comentar-No creo que ahora estés como para que te la chupe nadie-con aquella voz grave, susurrante y casi rasposa que caracterizaba a la isleña. Dió un buen trago a su jarra y vió por el rabillo del ojo como el asustado mesonero junto con otros dos se llevaban a aquel miserable fuera del local. No tardó en cruzar la mirada con la de aquella otra mujer, pudiendo observarla, pálida de cabello oscuro, semblante adusto, vestida de hombre, podría pasar por isleña pero si lo era Eldün no la conocía. Aún así, de forma excepcional, se permitió el lujo de decirle algo.

-Patea los huevos de un hombre y estará manso un rato, córtaselos y estará manso toda su puta vida-sentencio antes de volver a beber de su jarra.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Erënya Mormont el Dom Jul 17, 2016 11:22 pm

En cuanto el tabernero me puso la jarra delante, oí al imbécil que me había molestado meterse con otra mujer, una pelirroja en la que no me había fijado. Y yo tengo mi temperamento, pero ella... Reí entre dientes cuando aquel pedazo de basura cayó al suelo sobre una mancha de sangre, y apuré la jarra de aguardiente de un solo trago, como si fuese agua, dejándola sobre la barra de un golpe sordo. Era, posiblemente, el brebaje más repulsivo e intragable que hubiese probado, pero para sentir la patada en el estómago provocada por el alcohol y acabar borracha como una cuba, bien me servía. Observé a la pelirroja de reojo, admirando su figura, hasta que nuestras miradas se cruzaron. No estaba nada mal, para ser sincera. Aquellas ropas, a pesar de no ser ceñidas, realzaban sus curvas, y el sombrero ensombrecía sus ojos dándoles un aire feroz. Una divertida media sonrisa se dibujó en mis labios ante sus palabras.

- Tendré en cuenta el consejo, pero dudo que ese imbécil valga el acero que has empleado en él -reí, mientras hacía un gesto a la esposa del tabernero para que me sirviese otra jarra de aguardiente-. ¿No eres de por aquí, verdad? No había visto hasta hoy a ninguna mujer con los cojones de plantar cara a estos idiotas -me encogí de hombros y alcé la jarra hacia ella a modo de saludo-. Me llamo Erënya. Salud -concluí, mientras le guiñaba un ojo y me acababa la jarra de otro trago.

Eché un vistazo a mi alrededor, por si a algún otro mentecato se le ocurría molestarnos de nuevo. Por suerte, el mensaje de la pelirroja había sido bastante elocuente, así como mi mano izquierda apoyada en el pomo de mi espada. Volví a clavar mis ojos en los suyos, con cierta curiosidad. No todos los días conocía a mujeres que no fuesen las típicas señoritas refinadas de la corte, y de esas llevaba años harta.

- Y... ¿cómo debo llamarte a ti, pelirroja? -pregunté, con cierta picardía inconsciente, al tiempo que pedía con un gesto la tercera jarra de aguardiente. Empezaba a notar el calor del alcohol en el pecho, así que me quité las pieles de los hombros, apoyándolas en la barra. A la luz de las lámparas de aceite y el hogar se podían apreciar perfectamente las marcas azules sobre mis brazos y hombros, marcas rituales del Pueblo Libre que llevaba encima desde mi estancia entre los Pies de Cuerno. El brillo mortecino de las llamas de la chimenea hacía resaltar la palidez de mi piel, en comparación con la piel morena de la mayor parte de personas de la taberna-. ¿Sueles venir por este antro?
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Eldün Drumm el Mar Jul 19, 2016 1:03 am

Se encogió de hombros ante la opinión de la otra mujer sobre si merecía la pena o no desenvainar por tipos como aquello. Naturalmente no se había molestado en sacar a Lluvia Roja, el ser mutilado por su acero valyrio era caai un privlegio que solo podía darse en una batalla de verdad. Para aquella vez, como en todas las reyertas en aquella taberna se había bastado únicamente de su par de dagas. Por lo que tampoco se había molestado especialmente-Es más molesto escucharles-dijo antes de dar un hondo trago a su copa.

Volvió a encogerse de hombros ante aquel halago-Supongo que estoy ágil, con eso de que no me he abierto de piernas para parir todos los años como una coneja-a lo que destinaban al noventa por ciento de las mujeres, nobles o plebeyas, solo cambiaba lala calidad de vida en cuanto a riqueza y títulos. En lo esencial era así, y Eldün había desdeñado aquel rol desde niña, en un sitio duro para sobrevivir y hacerse respetar como eran las Islas. Sin embargo, aquella mujer parecía haber hecho lo mismo, o algo muy similar. La observó de reojo mientras se presentaba, aún así fijándose, con todo era bastante guapa , sonreía con un ligero deje canalla, sonrisa de loba, pensó. Era más curvilinea que la esbelta Eldün, por mucho que sus ropas lo tapasen. Cuando se quitó las pieles vio unos brazos trabajados de sostener sus armas. Y lo que parecían tatuajes que nunca había visto. Despertaba curiosidad cuanto menos, eso era innegable.

-De dónde yo vengo si una mujer no lucha, nunca aspirará a que la respeten-o al menos ella lo veía así, que se meaba en el papel de mera comparsa de las señoras tanto como de plebeyas y siervas-Eldün-respondió llanamente a aquella mujer quizá igual de indómita que ella, con ropas de hombre, mirada pícara y sonrisa de lobaMe alojo aquí, no puedo decir lo mismp de ti, me hubiera fijado-a lo tonto estaba siendo parlanchina ese día, aunque la compañía contribuía, eso era innegable.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Erënya Mormont el Miér Jul 20, 2016 3:06 am

Una ligera risa escapó de entre mis labios al escucharla hablar. Me agradaba, mentiría si dijese que no. Mis ojos, grises como el acero, se clavaron en los suyos mientras sonreía ampliamente y alzaba mi jarra hacia ella, antes de vaciarla por tercera vez. Dejé caer la jarra sobre la mesa con un golpe sordo, un poco aturdida por la ingente cantidad de alcohol que había trasegado en cuestión de minutos. Cualquier otra persona ya habría caído inconsciente ante semejante cantidad de aguardiente, pero para mí, acostumbrada a la fuerte bebida que se destilaba en la Isla del Oso, era un poco más fuerte que beber cerveza, nada más.

- Eso de tener críos no suele hacer bien a la capacidad de cortarle los huevos a imbéciles, no -bromeé, hipando ligeramente. El ardor en mi pecho se trasladaba a mi vientre, mientras el aguardiente iba recorriendo poco a poco mi cuerpo. "Si llego a saber que me lo iba a pasar así, me habría alojado aquí en lugar de con el cretino de mi padre", pensé, al escucharla hablar sobre la taberna. Le guiñé un ojo de forma traviesa cuando dijo que se habría fijado en mí-. Para mi desgracia, tengo que alojarme con el "bueno" de mi padre y el "inteligente" de mi hermano mayor comenté, con la voz cargada de ironía-. Aunque reconozco que este sitio es bastante divertido, puede que me mude durante los días que me quedan aquí -reí entre dientes.

No se me pasó por alto la mirada que dirigió a mis tatuajes, ni tampoco cómo recorrió mi cuerpo con sus ojos de arriba abajo. No sabía bien qué pensar, la verdad, porque la mayor parte de la gente me miraba con extrañeza, tanto por las marcas que cubrían mi pálida piel como por las ropas que enmascaraban en parte mis formas. Eldün me miraba con... curiosidad, esa era la palabra. Y, sinceramente, de la misma forma la estaba mirando yo a ella. Sus ropas, su forma de gesticular y moverse... no en vano me había criado en una isla, podía decir sin lugar a equivocarme que todo en Eldün clamaba a mar. Decidí lanzarme a las olas, con un atrevimiento producto tal vez del alcohol, tal vez de mi propio carácter directo y descarado.

- ¿Sueles navegar, verdad? -pregunté, sonriendo, mientras la esposa del tabernero ponía ante mí la cuarta jarra de aguardiente. Aquella noche iba a acabar bien, por los Antiguos-. Déjame adivinar -susurré, juguetona-. Eres muy pálida para ser de Marcaderiva o de cualquier isla de la Bahía del Aguasnegras. Además, las mujeres de aquí son por lo general unas cobardes. Lo mismo se puede decir de los Peldaños de Piedra o la costa de Dorne. Demasiado directa para ser del Dominio. ¿Me estoy acercando? -reí, mirándola en todo momento a los ojos-. Creo que nos conoceríamos si fueses del Norte. ¿Isleña, tal vez? ¿De las Islas del Hierro?

Había conocido a varios hijos del Hierro a lo largo de mi vida, y alguno incluso había conseguido abrirse camino entre mis sábanas. Al contrario que mis compatriotas norteños, no tenía ninguna idea preconcebida acerca de ellos, porque había conocido tanto a guerreros y marinos honorables que habían resultado un auténtico encanto como a capullos a los que sólo les interesaba su siguiente cerveza y meter el pene en alguna parte. No había juicio en mis ojos al mirar a la pelirroja, sino sincero interés y pura curiosidad.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Eldün Drumm el Jue Jul 28, 2016 2:39 am

No pudo evitar reprimir una risita despectiva ante el comentario de la morena, dándose cuenta de que parecían tener mucho más en común que lo que había pensado en primera instancia. Sobretodo en la parte en la que había criticado a su padre y a su hermano mayor, pues no pudo evitar evocar el recuerdo de su difunto padre y su propio hermano, Erik-Mi padre también era gilipollas-comentó con la mirada fija en el color dorado pardo del aguardiente, aunque una de las cosas que más le hacían pensar era en aquella noche en la que él cambió su vida para siempre, para bien o para mal, junto con aquella puñalada en la tripa, su padre le había dado una oportunidad. Y así, entre aquellas sensaciones contradictorias y el recuerdo de su hermano recientemente fallecido se le creaba aquella sensación agridulce que solo se le ocurrió matar apurando su jarra de hidromiel de un hondo trago-Otra-dijo nada más posar el recipiente de metal en la barra, el cual no tardó demasiado en estar lleno de nuevo-Bueno, si quieres alojarte te saldrá barato, aquí se mueve el cobre más que la plata, y el oro ya brilla por su ausencia-comentó con sus ojos azules fijos en los tatuajes de la otra mujer.

-Esas marcas...no son de este lado-no tuvo que decir más para que ambas se entendieran, le había costado ubicarlas pero finalmente sus recuerdos habían reflotado, recordando a una de las esposas de sal de su hermano, traída desde el Norte en una incursión en tierras cercanas al Muro.

Sonrió de lado ante aquella sarta de suposiciones veladas, con el único objetivo de intentar trazar un sendero de hipótesis que guiasen a la morena a la procedencia de la isleña. Rió de forma despectiva al escuchar la palabra dominense. Se topó con los ojos oscuros de la morena que la miraban inquisidores, sobretodo cuando llegó al final de su conclusión, finalmente acertada.

-Soy de Viejo Wyk, para qué negarlo-confesó, ahora mirándola de forma inquisidora ella, tendría algo en contra? Lo había estado pasando bien hasta aquel momento, pero por sus palabras aquella mujer era una norteña, y el Norte había sido uno de los principales blancos víctimas de la sed de saqueo de los Hijos del Ahogado-Pero tranquila norteña-se permitió el lujo de rozar con la yema del pulgar el recorrido de uno de los tatuajes azules de la otra mujer-Sin duda me acordaría de ti si te hubiera asaltado alguna vez-sentenció con su característica voz ronca, con su mirada azul viajando de los labios de la norteña a sus ojos oscuros, notando cierta tensión entre ellas, de qué tipo estaba aún por determinar.

-Así que del Norte-comentó antes de volver a terminar su jarra de un trago, no tardó en hacer otra seña para que volvieran a llenársela-El Norte es muy amplio, y la mayoría de su terreno es inexplorable para nosotros, y, por eso mismo, los norteños del interior apenas conocen detalles sobre nosotros-no era ningún secreto aquello, bien se sabía que los isleños evitaban las zonas de interior-Pero las zonas costeras y las islas son otra cosa, eres una mujer guerrera, sólo conozco un sitio en el Norte donde eso sea una tradición-asoladas por los salvajes por un lado, y por los Hijos del Hierro por otro, por ese motivo las mujeres de la Isla del Oso tuvieron que aprender a luchar para hacer frente a ambas amenazas.

Volvió a mirar a la norteña y esta vez dirigió su mano hacia la suya, abriéndole la palma y escrutando con las yemas de sus dedos su relieve-Por mucho que intentes hablar peor que cualquiera de mis hombres lo haces con propiedad, y estos callos son de empuñar un arma, pero no de labrar la tierra, no eres una granjera ni una campesina común-arqueó una ceja y sonrió de medio lado-O mejor dicho, no lo sois, no es cierto?-apartó un mechón de cabello oscuro del rostro de la norteña-Hace mucho calor aquí para que una osa se sienta a gusto, verdad lady Mormont?-le susurró al oído aquella última frase, tocando en el más ligero de los roces la oreja de la osa con los labios, en un gesto aparentemente fortuito,con el brillo de la satisfacción en sus ojos azules y un calor en sus mejillas pecosas....eso también se lo podía atribuir al alcohol.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Erënya Mormont el Lun Ago 01, 2016 12:57 am

Alojarme en aquella taberna empezaba a parecerme buena idea. Era una buena forma de poner cierto terreno entre mi familia y yo, y tras los incidentes con el sayón castrado, el ambiente había vuelto a ser festivo y alegre. El alcohol corría como el agua de los ríos helados en verano, los gritos y las risas creaban una algarabía caótica que, de algún modo, tal vez por efecto del alcohol me hacía sonreír. Era mucho más cómodo para mí estar en aquella taberna, rodeada de maleantes, plebeyos y pescadores, que en cualquiera de las estiradas reuniones a las que mi padre gustaba de acudir. Al menos no me sentía fuera de lugar.

- No, no lo son -respondí, en referencia a los tatuajes que destacaban sobre mi pálida piel. La luz de las lámparas y del fuego del hogar les daban un aspecto casi fantasmal, como si oscilaran con vida propia sobre la carne. Le sonreí, traviesa, cuando admitió ser de Viejo Wyk. Nunca había conocido a ningún isleño de esa isla concreta. Me había encontrado con capitanes de Harlaw, de Pyke e incluso de Luz Solitaria, pero a nadie de la isla que gobernaban los Drumm-. He viajado por todos lados, pero nunca he estado en las Islas del Hierro. ¿Cómo son? -pregunté, con sincera curiosidad. Mis años de viajes habían sido los mejores que había vivido jamás. Pocas norteñas podían jactarse de conocer nuestra tierra tanto como yo-. Por supuesto que te acordarías de mí, pelirroja. No soy fácil de olvidar -bromeé, guiñándole un ojo con picardía.

Me hizo gracia que imitase mi sarta de suposiciones, intentando adivinar de donde era, aunque las suyas eran mucho más concretas y directas que las mías. Tampoco es que yo intentase ocultar mis orígenes o mi identidad, era una Mormont de los pies a la cabeza y estaba orgullosa de las tradiciones y el legado de mi Casa. El contacto de sus dedos hacía que se me erizase la piel. Una pizca de orgullo tiñó mi sonrisa cuando me abrió la mano y deslizó sus yemas sobre los callos de la palma, endurecida por tantos años de portar y usar mi lanza. Me mordí el labio inferior, sintiendo la sangre bullirme en las venas, cuando me apartó un mechón del rostro y me susurró al oído. Yo misma deslicé perezosamente las yemas de mis dedos por su cintura y su costado, como jugando.

- No te haces a la idea -respondí, clavando mis ojos en los suyos, mientras sonreía-. Aunque, siendo sincera, es tan raro ver a una Mormont aquí como... -susurré, acercando ligeramente mi cuerpo al suyo, de forma sugerente, y acariciando con la yema de los dedos el pomo de su espada. Las Mormont conocíamos bien aquella hoja, no en vano habíamos luchado contra los hombres del hierro durante siglos, defendiendo nuestro hogar junto a nuestros hombres- como ver a la portadora de Lluvia Roja en una taberna del puerto de Desembarco del Rey. Toda una coincidencia, ¿verdad, Lady Drumm? -esbocé una sonrisa, al tiempo que recorría con un ligero roce la curva de su cuello, con la punta de los dedos-. ¿O debería llamaros capitana Drumm? No conozco el protocolo de los hijos del Hierro -bromeé, mirándola a los ojos, mientras me mordía de nuevo el labio inferior-. O tal vez podríamos dejarnos de protocolos absurdos y disfrutar de la noche, Eldün -reí, entrechocando mi jarra con la suya y dando otro largo trago.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Eldün Drumm el Vie Ago 05, 2016 9:08 pm

Sonrió de forma torcida aunque breve, como acostumbraba al saberse satisfecha de haber descubierto con pocas deducciones la identidad de su interlocutora, satisfecha por eso y al mismo tiempo ligeramente turbada al notar el roce de los dedos de la norteña a través de su ropa, pero aún así furtivos por su cintura, tenían suerte de estar en el lado más apartado de la barra, donde el juego de sombras las dejaba en penumbra, y que tras el numerito de ambas con los borrachos casi se hubiera vaciado el local. Aún así no tardó en bajar su mirada, atenta a las atenciones que también recibió su espada de acero valyrio por parte de la otra mujer-En el Norte deberíais recordarla, creo que os ha causado más de un dolor de cabeza-mucho más que eso, aunque se permitiera el lujo de bromear con aquello, no era ninguna broma el constante acoso de los Hijos del Hierro a las tierras costeras norteña y, por lo tanto, también a su isla. Erënya no parecía tener un pelo de tonta y no había tardado en terminar calando a la isleña como anteriormente había hecho la otra-Llámame como quieras, serviría de algo imponerte un tratamiento?-ella no iba a molestarse en tratarla de vos cuando sabía que no lo acataría, además, le importaba acaso? Ambas eran nobles de alta cuna, cada cual en su reino, que ninguno era en el que se encontraban, ambas eran extrañas allí.

Sin embargo parecía que ahora mismo los pensamientos de ambas estaban muy alejados de la política y de lo dispares que eran ambos mundos. Porque allí estaban ambas, mujeres, pero guerreras, no solo por saber empuñar un arma, sino por haberse negado a hincar la rodilla ante los patrones y normas de su sexo, porque habían rechazado su impuesto sino y le habían dado la vuelta, porque habían demostrado que no necesitaban un apéndice entre las piernas para poder escribir por si mismas su destino. De las Islas o del Norte, aquello daba igual, eran supervivientes, y más aquello que el evidente atractivo de aquella norteña de ojos oscuros y piel nívea era lo que atraía a la pelirroja como un imán en aquel momento. Junto al roce de sus caricias veladas y el alcohol haciendo bullir sus sentidos, notaba como cierto calor se apoderaba de ella, poco a poco. Sus palabras tenían ese tinte sugerente que hacía brotar de su mente la indecencia con la naturalidad con la que rebanaba una garganta.

-El disfrute de ambas parece evidente-señaló las jarras de hidromiel vacías que se apilaban en la descuidada barra, despues al charco de sangre que había quedado despues de la breve reyerta de la pelirroja con aquel borracho-Qué más necesitas o anhelas?-a diferencia de la norteña con su sonrisa de loba, sugerente, Eldün no sonreía, pero sí clavaba su mirada azul en la de ella con la intensidad y la ferocidad del depredador-Qué crees que anhelo yo ahora mismo, Erënya?-delineó con ela yema de su pulgar el labio, recorriéndola, anhelando en aquella tensión creciente que fuera su lengua quién sustituyese a su pulgar, no sabía si disfrutaba más con aquella incertidumbre o con lo que esperaba que llegase, pero no sería solo ella quién tomase la iniciativa, quería que la norteña sintiera la misma presión bajo su vientre que ella, el mismo palpitar anhelante en su interior que a lo que le incitaba era a subirla a su habitación y a hacerle cosas que no fuera a olvidar en mucho tiempo, en aquello pensaba cuando su boca hambrienta estaba a pocos centímetros de la suya-Mi habitación está tras esa escalera, la última del pasillo-musitó con la voz ronca, creyó que no necesitaría más indirectas.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

Mensaje por Erënya Mormont el Lun Ago 08, 2016 4:32 pm

A pesar de que yo jamás había visto la espada en persona hasta aquel momento, cualquier Mormont podría identificarla al primer golpe de vista. Mi maestro de armas y mi ama de cría me habían contado mil historias sobre ella, sobre cómo mis antepasados habían luchado contra los isleños, y cómo al frente de aquellas incursiones se veía ondear el blasón de la mano de hueso junto al kraken dorado de los Greyjoy, sobre cómo los señores de la Casa Drumm cargaban al frente de la batalla con aquella hoja brillando sedienta de sangre. Y no dudaba que, si yo hubiese llevado encima a Garra, que por desgracia era propiedad del inútil de mi hermano, Eldün la habría reconocido con tanta rapidez como yo a Lluvia Roja. Reí entre dientes cuando habló de lo absurdo que sería imponernos un trato protocolario: ambas éramos guerreras, y ambas estábamos lo suficientemente curtidas como para dejarnos de tonterías más propias de dominenses u occidentales.

Me mordí el labio inferior cuando se acercó a mí, sintiendo un ardor dentro de mí que poco tenía que ver con el alcohol. Mis ojos, grises como el acero, no se apartaban en ningún momento de aquellas pupilas azules, y un ligero suspiro brotó de mis labios al sentir su pulgar deslizándose por ellos. Sus palabras me hicieron relamerme, como un lobo ante una presa, mientras mis dedos seguían bailando juguetones en su cintura. No necesité mucho más que aquel ofrecimiento. Tomé mi lanza y las pieles que antes cubrían mis hombros con una mano, y a Eldün de la cintura con la otra, y prácticamente la arrastré hacia el cuarto con una urgencia casi desmedida. Una vez dentro, arrojé mis cosas a un lado, cerré la puerta a mis espaldas y la besé, sujetando su rostro con las manos y apretando mi cuerpo contra el suyo.

- Creo que con esto he respondido a tu pregunta, ¿no crees, Eldün? -susurré, jadeando ligeramente cuando nuestros labios se separaron. Le quité el sombrero, acariciando aquellos cabellos de fuego, y mordí de forma juguetona su labio inferior-. Aunque no te he dado tiempo a decirme qué es lo que anhelas -reí entre dientes, mientras deslizaba mis labios por su cuello y lo mordisqueaba suavemente.
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Re: [+18] Hijas de las islas || Eldün Drumm

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