Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

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Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Chrysta Stark el Jue Jul 07, 2016 10:53 am

Dos días antes del Torneo - Durante la mañana


Tenía que sacarle algún provecho al viaje, su padre los había arrastrado a toda su familia a Desembarco del Rey para el torneo sin antes mencionarles que no se metieran en problemas, algo que podría ser imposible para Sam y Rosemary. Habían pasado un par de días desde su llegada en donde un recorrido fugaz había realizado, dentro de sus memorias y conocimientos sobre la ciudad no eran ni comparables con la realidad, por mucho que hubiese leído en libros antiguos desde la conquista nada era comparable como recorrer las largas y pequeñas calles que eran descritas por antiguos escritores o que les relataba su anciano maestre.

Aun recordaba vivamente el día de su llegada mientras la comitiva de los Tarly instalaba el campamento, sus hermanas decidieron explorar el lugar, durante todo el viaje en el carromato iban conversando de que como sería Desembarco, entre risitas y casi murmurando planeaban conquistar a los jóvenes desafiantes del torneo. Su padre confiaba en Chrysta más que en sus otras hijas o eso aparentaba y con solo una mirada la joven entendió que debía seguirlas para que se comportaran como las damas que son, pero aun así fue imposible disfrutar aquella visita por los coqueteos contaste de sus hermanas y las malas caras que tenía que ponerles para que se controlaran.

Los días siguientes la joven acompaño a su madrasta en las diferentes actividades a las que eran invitadas, recorrió los campamentos con sus hermanos pequeños mientras jugaban adivinando los distintos escudos que se veían frente a las distintas tiendas. Consideraba que necesitaba un tiempo a solas y añoraba las largas jornadas que pasaba en los jardines de su castillo, donde podía leer un buen libro sin ser molestada o conversar con las cocineras mientras ellas pelaban las frutas que servirían para la cena y Chrysta las ayudaba revolviendo el caldero que contenía la sopa; una noche se durmió pensando en las estrellas que observaba desde su alcoba y del silencio que era su fiel compañero y al cual ya comenzaba a extrañar.

La siguiente mañana se despertó entre el bullicio de sus hermanas, quedaban pocos días para que comenzara el torneo y se encontraban eligiendo los atuendos que usarían en el baile de inauguración, comentaban que para mejorar sus trajes deberían usar joyas que combinaran con sus peinados y se quejaban que las que habían traído no eran especiales para la ocasión. Se dio vuelta mirando hacia la tela que la separaba del mundo exterior con el alboroto de sus hermanas y cerró los ojos para volver a soñar, entre pequeñas ensoñaciones sintió a alguien que le habla en su oído acompañada de pequeñas risitas cómplices - Despierta hermanita - entre abrió sus ojos mirando la sonrisa de Lerissa - Nuestro padre nos ha dado permiso para visitar los puestos de joyas, pero solo podemos ir si nos acompañas - ahora veía dos sonrisas algo sínicas que le asentían - Acaso no puede ir Alan o Sam con ustedes, no estoy de ánimos para compras ni menos para soportar sus comportamientos - miro al techo mientras su hermanas salían de la tienda enojadas con la actitud de Chrysta.

Perezosamente se levantó para comenzar su mañana, tomo un poco de fruta que se encontraba ordenada sobre una bandeja y se dispuso a salir para encontrarse con sus pequeños hermanos, tomo entre sus manos la tela de la tienda para salir al exterior pero para su pesar un rostro severo fue lo que encontró al salir. Su padre la esperaba en el umbral de la tienda, ya presentía que sus hermanas no se conformarían con su respuesta y con solo mirar la expresión del rostro de su padre entendía que ya no era una solicitud sino que era una orden. El camino hacia el mercado fue casi como una fiesta sus hermanas estaban entusiasmadas mientras ella solo observaba que nadie desconocido de les acercara, su padre les había mencionado que su madrastra visitaría a algunas damas y que deberían encontrarse con ella antes del mediodía, al llegar a las calles donde se encontraba el mercado sus hermanas fueron directo a los puestos de joyas.

Trataba de pasar desapercibida esa era siempre su consigna, siempre observando desde algún rincón o paseando entre la gente escuchando alguna conversación que pareciera ser interesante, asintiendo a las risitas de sus hermanas que se juntaban a admirar los productos que vendían los comerciantes. Mientras caminaba pudo observar en la cima más alta la fortaleza Roja, para alguien que casi no viajaba nunca observarla aunque fuese desde lejos era impresionante algo que a lo mejor nunca podría volver a repetir, no se dio cuenta que al estar pendiente de la majestuosidad del castillo se había separado de sus hermanas. Chrysta no conocía muy bien las avenidas pero a lo mejor preguntando llegaba hacia su destino donde se reunirían con Ilirea, observo hacia todos los puntos por si las encontraba pero al no verlas emprendió su camino por entre el mar de personas que paseaban por las avenidas.


Última edición por Chrysta Tarly el Sáb Jul 23, 2016 6:12 am, editado 3 veces

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Linys Daer el Dom Jul 17, 2016 4:16 am

Linys había llegado a Desembarco hacía unos días: la compañía de teatro finalmente había sido un éxito y, con ella, habían finalmente llegado a la Capital. La ciudad estaba repleta de gente, más que de costumbre debido a los torneos, bailes y demás que se realizarían en los próximos días, eventos -vale decir- a los que Nadie pensaba asistir, bajo otro rostro claro está.

Esa tarde sería su última función, luego se despediría del grupo de actores para seguir su camino por su cuenta. En cierta forma, a Niña le daba pena porque se había encariñado con el resto y a Ramera porque podía entretenerse con algunos de los hombres, pero Nadie se sentía aliviada: siempre había trabajado mejor sola. Rapaz miró a Nadie y le preguntó: '¿Sola?'. La muchacha sin rostro sabía que nunca estaba sola, pero una cosa era tener una multitud en su cuerpo y otra muy distinta tener que andar con tantas personas alrededor. '¿Cuántas veces tendré que repetirles que Uds son yo y yo soy Uds?, así que sí, sola'. 'No todas somos vos y vos no sos todas' -le retrucó Linys que hasta ese momento se había quedado callada.

'A mi me gustan los vestidos y las frases que tenemos que decir' -comentó Niña soñadora, en un intento por calmar las aguas mientras recordaba la última función en la que habían tenido que hacer una serie de unipersonales e intervenciones con uno o dos actores más donde iban a apareciendo cada vez con un aspecto totalmente diferente. El resto de la compañía desconocía cuál era la magia que usaba, pero a la gente le gustaba los diálogos y al dueño la plata que obtenían.

Nadie miró con desgano a Niña y le dijo: 'Por suerte ya se acaba, así que ahora vamos a poder volver a centrarnos en nuestro trabajo', pero Rapaz acotó: 'Vamos, Nadie, que no lo asumes pero te encanta, y además nunca dejamos de lado la misión, sólo era la manera más fácil para cruzar el mar.'

Obviamente Nadie no iba a asumir eso, pero una sonrisa divertida se asomó a su rostro cuando pensó en la cara de aquellos niños cuando salió al final de la función siendo nombrada como tantas actrices y tan sólo era ella representando más de la mitad de los papeles.

Todavía faltaba bastante para la tarde, así que Linys decidió salir a caminar de mientras por la ciudad a buscar algunas cosas que necesitaba. Rapaz, en cambio, estaba empecinada en 'adquirir' algunas pertenencias (ajenas) y Desembarco era un mar de gente ideal para que las cosas 'cayeran' en sus manos por accidente no accidentado. Nadie sopesó la posibilidad de 'atar de manos' a Rapaz, pero no existía mucho riesgo de que alguien la atrapara y, además, menuda como era podía escabullirse perfectamente en las calles atiborradas de la Capital.

Linys se puso el traje verde más ponienti que encontró entre sus ropas a fin de no llamar tanto la atención como había ocurrido el primer día cuando bajó con su vestido essosi conseguido en Lys y salió a recorrer las calles de la ciudad, ya la suerte diría qué depararía el resto del día.


Última edición por Linys Daer el Lun Jul 25, 2016 2:57 am, editado 1 vez

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por William Stoneheart el Lun Jul 18, 2016 3:05 am

El cielo estaba muy despejado. El sol brillaba orgulloso en lo más alto, reclamando su poderío en el firmamento. Sus rayos me acariciaban con suavidad, como una mujer antes del engaño o una fogata antes del incendio. La luz no era opción, claro que no. Las sombras se escondían como animales asustados de su depredador, y los pocos lugares donde ocultarse estaban llenos de personas, apestadas de festividad.  La Fortaleza Roja se levantaba como una de las construcciones humanas más maravillosa que jamás hubiese visto, imponente, vigilante, protectora, como un gigante dormido, pero siempre alerta de su alrededor. Habían vendedores de frutas y brebajes por todas partes donde mirara, como si el mero hecho de pensar en consumir algo, hiciera surgir uno de esos puestos mágicamente, para ofrecerte una lechuga barata o un rico licor de Essos.

No me sentía cómodo, no me sentía ágil, no me sentía entrenado. La gente me ponía nervioso, algo en ellos me inquietaba, algo en su mirada me ponía los pelos de punta. Y para asustar a un mercenario como yo se requiere habilidad, y qué más habilidad que la que se encuentra en la capital de los Siete Reinos, con un torneo, para cerrar con broche de oro. Habían muchos depredadores por todos lados. Sus ojos bañaban mi espalda y mordían mi cuello, esperando el momento oportuno para atacar, aunque para mi alivio, yo no era la única presa potencial. Habían miles.

Apresuré el paso entre la multitud, deslizándome como una pluma entre los brazos, manos, miradas y cuerpos sospechosos que me rozaban. Además aproveché a robar algunas monedas y joyas pequeñas mientras avanzaba, pues la oportunidad nunca se debía dejar pasar. Mi desconfianza era mi mejor defensa, y la confianza de los demás mi mejor arma. Sabía que el oro estaba en Desembarco del Rey y mi destino me había llevado a ese lugar tan inadecuado para la gente de mi calaña. En realidad fue un negocio, pero dejémoslo en que fue el destino.

Las calles estaban abarrotadas. Habían rostros de todas los colores, que podían formar toda la paleta de un pintor y las tonalidades de una princesa en una fiesta; creaban el paisaje perfecto para que alguien que no conociera la raza humana pudiera hacerse una idea de la diversidad que existía. Todas las culturas, personalidades, estilos de vida y aspectos, reunidos en un solo lugar, por un solo motivo: Un torneo. Imagínense eso, es una locura.

Cuando llegué por fin a un callejón, pude notar con alivio que la oscuridad se había refugiado ahí y me esperaba, seductora. Sonreí con relajo y me apoyé en la fría pared, mirando absorto una caja de frutas que estaba sospechosamente colocada la pared. Escruté desconfiado de un lugar a otro; las esquinas, las canaletas mugrosas, las paredes mohosas, cada ladrillo, cada rincón, hasta mis propios pies. No vi nada extraño. Tomé la caja con una mano y la observé con precavida repulsión, pero no había nada extraño en ella, así que me senté, distraído. Observé paciente a las personas que pasaban y esperé a que se dibujara la silueta que estaba buscando.

Se estarán preguntando cómo comenzó todo y qué estaba buscando, así que les contaré rápido. Fue hace algunos días. Un cazador de tesoros me contrató mientras hacia mis necesidades en la orilla de un río. Sí, suena incómodo, pero no fue así. Quería que le llevara una joya muy preciada y que sólo se encontraba en las familias más nobles de Poniente. Y pues, la lógica me llevó a Desembarco. Cuando llegué me di cuenta que no sería tan fácil acceder a las casas de la gente adinerada, pues no había previsto tanta gente en un simple torneo. Así que me dediqué a esperar algunos días, para que la gente se comenzará a dispersar, pero nunca pasó.

Mientras esperaba sentado en mi banquito improvisado, un grupo de niñas con ropa de altacuna pasó jugueteando entre la multitud, y tras ellas, como un trago de agua en el calor del desierto, vi lo que estaba buscando. Era una bella joven noble, con el cabello medianamente largo y la piel tersa como la seda. Noté su posición social por la ropa elegante y su mirada altanera, como si buscara incesantemente algo por encima del hombro de la gente, pero no lo encontrara nunca.

Me escabullí por las sombras de la pared que me protegían de la luz. Me deslicé por la multitud, lento, suave, sigiloso, distraído. Paso tras paso, silencio tras silencio. Siempre fuera de su campo de visión, siempre fuera de cualquier mirada prevenida. Me metía en callejones de cuando en cuando, entrando por un lado y saliendo por otro. Hasta que quedé cerca de ella.

Les explicaré mi plan. Quería seguirla, usar mis mejores dotes para pasar inadvertido entre los guardias o guardaespaldas que tuviese y robar lo que pudiese. Quizás con algo de suerte encontraría aquella joya, podría estar entre sus manos o en su cuello, o simplemente en su propiedad.

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Thyia Stark el Lun Jul 18, 2016 4:31 am

Para cuando los primeros rayos de sol iluminaron Desembarco, Thyia ya estaba despierta acatando las órdenes de su amo para salir en busca de un lugar para él, lugar que se negaba a darle indicaciones de cómo encontrarlo o especificaciones a cumplir, pero ante su mirada severa solo afirmó y salió del puerto hacia la ciudad con un objetivo claro, debía encontrar buenas opciones de lugar para su amo, no fuera a ser que cumpliera la amenaza de lanzarla al mar por el que habían llegado. Serpenteando entre los mercaderes, pescadores y compradores se mezcló entre el pueblo absteniéndose a detallar o dejarse maravillar por la desconocida ciudad que le sonaba de un recuerdo tan lejano como si de un sueño se tratase, no estaba ahí por añoranzas y la misión que tenía no era fácil de cumplir como para considerar aquel recorrido, un paseo explorador. Su mirada vivaz analizaba a cada persona que tuviera al alcance desde antes de pasarles por el lado y después de dejarles atrás no fuera a ser que alguien descubriera que era una esclava, con cuidado y atención observó a las mujeres que paseaban a esas horas entre cuchicheos absurdos y pestañeos coquetos que dedicaban a los hombres que se encontraran, tras vez aproximadamente una docena de ellas, les imitó en caminado y porte sin dejar de avanzar y sospechar de cada persona que tuviera en la mira
 
Se detuvo frente al castillo que fue lo primero que conoció el día anterior que empezó su búsqueda sin éxito alguno, exhaló casi asqueada de la cantidad innecesaria de personas que lo rodeaban desde tan temprano y rápidamente omitió esas zona como posible lugar, pero su recorrido hasta el castillo no fue en vano, a sus oídos llegó la risa tintineante de varias damas de cuna noble que hablaban de compras, dándole por primera vez una idea del lugar que podría requerir su amo, “un mercado… eso debe ser, el amo trae demasiada mercancía como para pretender no venderla” dedujo y las siguió llevándose la sorpresa de su vida al notar que las damas iban tan ocupadas en sus juegos y chismes que en ningún momento captaron su presencia, jamás había visto mujeres como ellas, ni sus trajes de telas pesadas, ni inocencia ante las calles, incluso las esposas de los amos eran mujeres astutas y de mirada vivaz a las que era mejor no enfurecer, pero estas, eran como pichones que vuelan por primera vez y solo pueden pensar en lo hermoso que es el amanecer, pero tras seguirlas un par de metros captó porque eran tan confiadas, tenían escoltas, escoltas que contrario a ellas comenzaban a determinarla, maldijo para sus adentros y entró en la primera cantina que vio esperando que siguieran su camino y antes que cualquiera de los presentes se le acercaran salió de nuevo como si se hubiese equivocado de lugar, las había perdido, por suerte o desdicha, ahora volvía a estar por su cuenta en la solitaria calle en que tuvo que dejarlas ir
 
Cerró los ojos apoyando la espalda en la pared y fue precisamente por olvidarse de lo que sus ojos notaran, que sus oídos se agudizaron permitiéndole oír un murmullo no muy lejano, el mercado estaba cerca, sonrió ampliamente y retomó camino tanteando caminos hasta llegar a la concurrida y sonora calle por las que se paseó detallando las cosas que ofrecían los demás, ninguno vendía telas, por lo que ese podía ser el lugar, ahora solo debía llevarle datos exactos, aquello tomaría tiempo, pero peor sería llegar sin nada, juntó las manos tras su espalda y recorrió cada tienda levantada con verdadero interés, logrando que los vendedores le ofrecieran algunos productos creyendo que tenía dinero para comprar por la cadena de oro que le había dado el amo, sonrió a cada uno de los mercaderes preguntando precios y entre la conversación indagó lo que se necesitaba para tener un puesto en esa calle, pero aquellos testimonios le hicieron dudar de haber dado con el lugar, eran demasiados requisitos incluso pedían papeleo, exhalo y retomó su recorrido por el mercado mientras se planteaba el no volver con el amo, ante tal cantidad de personas jamás la encontraría, pero si lo hacía, sería peor, así que descartó la idea y se centró en pedir indicaciones o extraer información, tal vez en otra parte de la ciudad habrían mercados secundarios más idóneos

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Sylvi el Sáb Jul 23, 2016 6:07 am

Aquella mañana pocas ordenes había recibido. Cepilló a los caballos, asicaló a las yeguas. Les dió de comer y de beber. De vez en cuando, la salvaje se quejaba del calor, de la alta temperatura. A veces, apartaba el  cabello de su cuello y lo posaba sobre su hombro derecho. Otras veces (las más repetidas), salía a buscar agua y se refrescaba. En más de una ocasión se sintió mareada y afectada;  añorando las gélidas tierras de Invernalia, las ventiscas que siempre se encontraban más allá del muro. Vistiendo ligero, se despidió de los mansos animales del establo y anunció que lo más sabio sería no esperarla durante el resto del día. Inquieta, permitió que sus pies avanzaran solos, sin tener idea de hacia donde ir o que dirección tomar. En un silencio que solo ella trataba de mantener, la mujer se vio embotada por los olores, los sonidos y el tacto.

Las altas paredes de color desvaído por el sol eran ásperas, picaban contra la palma de su mano cada vez que las rozaba o se presionaba en contra de ellas. Se sentían diferentes de la roca suave y lisa de las murallas y paredes de la ciudadela y castillo de Invernalia. Además, a pesar de estar protegidas por la sombra, las paredes de Desembarco transmitían calor en cualquier momento. Sylvi, llegaba a sentir picazón en la palma de sus manos luego de estar demasiado tiempo en contacto con ellas. Por otro lado el aire estaba sumamente cargado y nocivo. En el viajaban un sin fin de aromas y sonidos; de toda índole y clase; a veces se aturdía con tanto movimiento a su, usualmente, calmado rededor. Su pecho se inflaba con un ritmo armonioso y apacible cada vez que respiraba: inhalando y exhalando. Podía distinguir entre el dulce aroma de las comidas de la calle y la mierda sobre la cuál se erguía la orgullosa ciudad.  Desembarco del Rey y la famosa Fortaleza Roja se erguían sobre pestilencia, y la carne cocinada de sus muertos y pobres. Por algún motivo que consiguió desilusionarla, Sylvi no se halló sorprendida en lo más mínimo por aquello. ¿A que clase de tierra y reglas había llegado a meterse cuando cruzó el muró dos años atrás? Alzó la vista, pasando junto a mendigos, hasta que sus ojos captaron un destello rojizo. Unas manos pequeñas e infantiles se ceñían con egoísmo a una figura tallada con exquisitez. La salvaje al notar que se trataba de un dragón, rojo e imponente; contuvo el aliento, desviando la mirada hacia la Fortaleza Roja. Algo en ella, prontamente se aceleraba de manera intranquila y amenazadora.     

Su corazón estaba desbocado, con la sola idea en mente de que algo estaba a punto de salir mal en aquel sitio. Rodó los ojos, y atraída por la figura no se había dado cuenta de que había comenzado a perseguir al pequeño, hasta que se vio perdida en un mar de gente que caminaba en todas direcciones entre puestos de tela, fruta y otros objetos que le parecieron demasiado dañinos ante el sol y sus ojos. Los murmullos habían aumentado, e intentando no parecer descolocada se mezcló prontamente con la gente. Sus oídos captaban toda clase de propuestas legales e indecentes, mientras sus ojos miraban la mercadería que se ofrecía de manera descarada. Su expresión seria y poco amigable, intentaba advertir a los curiosos de que la ignorasen en ese mar de rostro; mientras se escondía apoyando su peso en una pared perpendicular a la calle del mercado. Relajó el cuerpo, mientras cerraba los ojos y re acomodaba su cabello para dejar de sentir su calurosa presencia; su mente se despejó a la par que sus ojos, viajaban por toda clase de contaminación visual que su curiosa e ignorante mente pudiese captar en ese trozo de vida que calificaba al Poniente, como un complejo innecesario.

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Chrysta Stark el Mar Ago 02, 2016 6:10 am

Con las festividades del torneo las calles de desembarco se encontraban completamente abarrotadas de gente, la ciudadela no está preparada para recibir tantos invitados y en ciertos lugares era imposible pasar. Mientras caminaba observándolo todo para no perderse, Chrysta comenzó a notar la diversidad de personas que habitaban el lugar, a los nobles eran fácilmente identificables porque iban siempre acompañados de escoltas. Algunas damas provenientes de tierras lejanas llamaban la atención por sus vestimentas, ni comparadas con las que utilizaban las damas de los siete reinos, sus vestidos eran de colores vibrantes y mostraban demasiada piel para el gusto de la joven. Pero en ese momento entre el mar de gente que se agolpaba para mirar los productos que ofrecían los mercaderes y el calor del día, le hubiese gustado estar vistiendo algo más ligero. En los cruces era donde se agolpaban demasiadas personas, para poderlas esquivarlas y no terminar en de bruces en el suelo la joven tuvo que caminar de lado apretando contra su cuerpo el pequeño bolso que llevaba, en él tenía todo lo que sus hermanas habían comprado junto a las monedas que le sobraban.

El calor ya era insoportable y la temperatura se incrementaba con la cantidad de personas que transitaban por el lugar y los olores de los animales y algunos alimentos no ayudaban a mejorar el ambiente. Ya estaba a punto de rendirse y pedir ayuda para encontrar el lugar donde debía reunirse con su madrastra, hasta que vio un pequeño puesto cubierto por la sombra de una de las edificaciones que se encontraban el lugar. Un oasis multicolor en el medio del camino, la persona que estaba encargada del puesto tenía un acento que ella no distinguía, quizás era de las ciudades libres pero que al escucharlo cuando gritaba ofreciendo sus productos daba risa. Si la hubiese acompañado Raúl su joven amigo ambos estarían muertos de la risa intentando que el comerciante no se ofendiera, pero a sus hermanas no les agradaba el joven y solo fueron con un escolta que por lo visto termino siguiéndolas dejando a Chrysta sola por la ciudad.

La joven se acercó al comerciante de voz chistosa – Quiero dos manzanas y algunas ciruelas – el hombre se las paso muy amablemente mencionando el precio de las frutas, Chrysta pensó que el vendedor está pronunciando mal el valor – Me puede repetir el precio de las frutas – sus oídos no estaban confusos ni había escuchado mal por el griterío de las personas que recorrían la calle – Son 16 centavos Mi Lady - la joven comenzó a buscar dentro de su pequeño bolso las monedas para pagarle al comerciante, guardando las frutas en el interior junto las pertenencias de sus hermanas. Tomo una de las manzanas con sus manos observando las pequeñas partículas de polvo que la rodeaban, como cuando era una niña la limpio con la manga de su vestido y le dio un mordisco, la fruta estaba firme y jugosa aliviando su garganta que ya se encontraba sedienta de tanto caminar. Siguió su recorrido mientras disfrutaba del sabor de la fruta, pero ya se estaba cansando de recorrer las calles aglomeradas de gente y vio a su izquierda un pasaje poco concurrido que decidió tomar para llegar a su destino.

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

Mensaje por Linys Daer el Miér Ago 10, 2016 12:15 pm

Había logrado hacerme con unas cuantas cosas en el camino, pero igual me decidí a ir al mercado: Linys aún necesitaba algunas telas para completar los vestidos de los próximos días y yo estaba segura de que ese lugar podría ser la fuente de grandes beneficios para mi.

Las calles estaban repletas de nobles, visitantes, lugareños, niños y niñas, mendigos, rateros, vendedores y extranjeros. Todos en una gran mezcla, como si se hubiesen volcado en un mismo cuenco los ingredientes de distintos postres.

Si bien era una extrajera en Desembarco, algo hacía que terminara sintiéndome como si hubiese pasado allí toda la vida, tal vez fuera la vieja historia con el Pirata, tal vez que -después de todo y aunque lo nieguen- las grandes ciudades en algún punto se parecían.

Miré a la gente a ver quién podría ser una buena víctima o cuál podría convertirse en el puesto adecuado para comprar lo que Linys me exigía, así que empecé a interactuar con los distintos puesteros hasta que -de repente- de encontré con una joven que me resultó familiar. '¿Será ella?' -me preguntó Ramera. A lo que le respondí: 'Hace años que no la ves, no lo creo posible'. Sin embargo, todo daba a entender que la niña a la que una vez ayudó Remiendos se había convertido en toda una mujer y milagrosamente estaba allí, en el mercado de la Capital. La escuchamos hablar con los comerciantes demostrando una habilidad especial para sonar como si realmente fuese a comprar algo aunque todo parecía denotar que era sólo una artimaña.

La vi frenar luego, como desanimada, y arremeter nuevamente a realizar preguntas y consultar si conocían alguna otra sección de mercado, así que me decidí a acercarme, después de todo: ¿qué podía perder?.

'Disculpe, Señorita' -le dijo Linys a través de mis labios- '¿sería tan amable de ayudarme? He visto que es Ud muy buena negociando... ¿sabe quién tiene telas a buen precio?

Existía la misma posibilidad de que reconociera nuestra voz como de que no lo hiciera. Demasiados años habían pasado. Demasiadas cosas. Demasiados rostros.

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Re: Jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino {El Clan de los Perturbados}

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