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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

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Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Myrielle de Lannisport el Jue Jul 07, 2016 6:23 am

Día nueve del Primer Ciclo, Año 129 desde la Conquista. En algún lugar del Camino del Oro, a pocas horas de Desembarco del Rey.

Crujirían las hojas cuando su espalda hiciera contacto con ella, y se hundieran bajo su peso y del de Daeric sobre ella. Myrielle sonreía y abrazaba a su marido hundiendo sus manos en sus rizos negros, inundando su rostro y labios con docenas de cortos pero sentidos besos. Ojos verdes de la Occidental miraban al hombre que había elegido para ser su esposo, bajo ellos su marido podría ver entre besos una amplia sonrisa, y en su mirar el deseo. Ocurría con regularidad. Casi siempre cuando estaban a solas como ahora aunque a veces no se negaban a comenzar en público cuando larga había sido la espera, muchas veces se daba también al despertar cualquiera de los dos, y siempre, todas y cada una de las noches  antes de dormir juntos entre sus gatos. Ojos verdes que al contrario de otras ocasiones no parecían velar de ellos mismos su anhelo y su capricho. Ojos verdes que decían que estaba feliz con lo que le estaba pasando y que deseaban que aquel hombre le hiciera el amor.

Cálida Myrielle abrazaba a su marido y lo besaba, distante de la fría y calculadora “Lord Myrielle” que se sentaba en el trono correspondiente al señor de la ciudad, y que cuando iba en ella o de viaje como ahora, cabalgaba un caballo llamado nada menos que “Señor”, ahora amarrado a una rama junto a “Tyrek” no muy lejos de ahí. Lánguida separaría la mujer sus piernas bajo las del hombre para darle espacio estando el sobre ella. Suave enroscaría ella sus dedos entre los rizos de Daeric.
Ámame Daeric –. Acabaría por susurrar lo que sus ojos ya dijeran. – quiéreme, dime lindura.
No muy lejos de donde estaban los dos, uno de los caballos relincharía. Todavia entre las sombras de los arboles un dia todavia joven les dejaba verse con claridad. No estaban demasiado alejados del camino del oro, aunque ambos al menos se habían adelantado un buen trecho a la comitiva que desde Lannisport habían llevado con ellos. Treinta guardias de la ciudad, diez de ellos caballeros, y una docena de doncellas con sus caballos, equipaje y carruajes para llevarlos. Con algo de suerte cuando finalizara, podrían alcanzarles con relativa facilidad, y si aun no les habian pasado ya aguardarían por ellos en la primera posada que llegaran a encontrar. Junto a “Tyrek” se encontraba el acero del Señor de Lannisport, aunque al cinto del hombre había en todo caso también una daga.

Docenas de cortos besos en todo el rostro de su Señor Esposo terminarían con un largo beso en los labios, apasionada, compartiendo su boca con la de él, y entregándose al final a aquel varón juntos donde se encontraban, bajo un olmo en medio de una arboleda mucho más espesa mas no demasiado lejos del camino. Femeninas manos buscarían tirar arriba del jubón de su esposo si bien era aquello inútil dada la posición en la que se encontraban y lo ajustado y largo de aquel tipo de trajes, por lo que poco después de ello desistiría, limitándose a acariciar la espalda de su marido por sobre su ropa. Ojos verdes volverían a verle entonces, caprichosos, y bajo ellos después de un largo beso se dibujaría una sonrisa cómplice. No era su lecho de plumas en la habitación del Señor en el palacio de Lannisport, pero que bien se sentía con él.
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Re: Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Daeric de Lannisport el Vie Jul 08, 2016 6:32 am

Veintiún años ella, veinticinco yo, no obstante parecíamos dos jovencitos inocentes que jugueteaban en los prados, en la hierba. La gracia de los Siete, o de los Antiguos, o de algún Dios se había cernido sobre mí al tener una mujer como Myrielle como esposa, bellísima, mas que cualquiera, inteligente, avasalladora ¿Cómo no iba a corretear como un niño con ella por ahí buscando su piel, sus labios, su cuerpo? Era imposible para mí no desear pasar hasta el último de mis momentos apegado a ella. Ciertamente Myrielle Lannister, señora de Lannisport, era mi mayor y única debilidad.

No tardaría ni un segundo en caer sobre mi amada, para deleitarme con su belleza, hundiendo mi nariz entre sus dorados bucles, absorbiendo el aroma de su cabello, y luego de su piel. Pero todo esto sería hasta que ella me derrotase a punto de besos, a los que no me negaría, sino que recibiría gustoso, mientras que acariciaba su cabello, su rostro, y cuando sus besos me daban una tregua, era yo quien me apoderaba de sus labios para besarle de manera más apasionada. Mis ojos miraban los suyos, comprendiendo aquel mirar, aquel que había visto más de una vez, pero del que nunca me cansaría, el deseo era mutuo, la pasión que nos envolvía a ambos en aquel momento nos desbordaba, me llamaba a hacerla mía, a ser suyo, sin limitaciones, sin que me importase que no estuviésemos en nuestro lecho. Estando Myrielle junto a mí, cualquier sitio era propicio para amarle.

Daeric Farman había sido no solo un gran caballero, sino que un mujeriego aparentemente incurable, capaz de llevarse a la cama hasta a la mujer más improbable si aquello le traía beneficios, o si simplemente así lo deseaba, pero ese ya no era yo, desde la primera vez que vi aquella sonrisa altiva en Lannisport me vi prendado de ella, desde la primera vez que besé aquellos tentadores labios supe quien no quería besar otros, tal como era en aquel camino, donde solo deseaba hacerle el amor a mi amada.
No tardé en acomodarme entre sus piernas, no sin antes acariciar una de ellas, subiendo levemente su falda, la calidez de su sedosa piel me invitaba a seguir más arriba, pero mis manos de momento se darían a otra grata labor, la de tomar su rostro buscando que centrase sus verdes ojos en los míos.
–Lindura…- Dicho esto con una picara sonrisa en los labios, besaría su frente, luego una vez más buscaría su mirada. –Lindura…- Diría una vez más, con la devoción que conllevaba un rezo, y depositaría otro beso, está vez en su barbilla. –Lindura…- una vez más, solo que está vez el beso sería en aquellos labios carmesí.  Algunos “lindura” mas y mis besos ya se habían extendido al cuello de ella, a su pecho, a su generoso escote.

El apasionado beso en el que nos entregábamos, encendía aun más mi deseo, el que en ocasiones parecía no tener límite alguno. Al ver que mi amada no lograba ganarle a mi jubón, me erguí por un momento para deshacerme yo mismo de el quedando solo con una ligera camiseta, bastante más fácil de sacar al estar abotonada por el frente, presta para ser retirada, cuando ella quisiese hacerlo. Miradas cómplices entre ambos, y besos que amenazaban con volverse más atrevidos, cuando comencé a besar los hombros de mi bella amada, deslizando con delicadeza sus ropas, a pesar de que estás continuaban atadas. Una de mis manos volvería a una de sus piernas, acariciándola a lo largo de su muslo, en aquel momento su vestido era mi mayor obstáculo, mi mayor enemigo, ya que me separaba de su piel. Besos deseosos de amarle, se adueñaban de sus labios, de la parte expuesta de sus pechos, y manos daban tributo a su belleza acariciando con deleite su piel, su rostro.
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Re: Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Myrielle de Lannisport el Vie Jul 08, 2016 11:50 pm

Por encima de ella era como si Daeric le rodeara del todo sobre aquellas hojas otoñales, sus brazos se encontraban alrededor suyo y sobre su cuerpo, su rostro estaba junto con el de ella, lo mismo el resto de su cuerpo. Podría ver la verdad aquellos ojos verdes, aquel hombre la deseaba, tanto como ella le deseaba a él en esos momentos, probablemente todavía más ya que lo hacía desde mucho antes de que lo hiciera ella. La amaba a ella desde hacía muchos antes de que ella le amara a él. Todavía así le había dicho finalmente que sí, y se había casado con él un día antes de cumplir los cinco años que su fallecido padre le hubiera impuesto como plazo para hacerlo. ¿Cómo no aceptar a Daeric en todo caso? De todos quienes decían amarla, era el quien más le veía de esa forma, y de todos aquellos que la pretendían, era el único que le había sonado sincero cuando aceptara sus términos y condiciones. Tenía el un prestigio algo siniestro, pero “Lord Myrielle” también lo tenía, y no podía sentir rechazo hacia ello, toda chica gusta de los hombres peligrosos. Era un gran guerrero además, y un líder de hombres con visión y buen instinto, tal vez de haber Myrielle nacido hombre, hubiera deseado aprender lo que su esposo sabia, y en consecuencia le admiraba por ello.

La primera noche que estuvieran juntos una vez los encamaran, aun con los sugerentes gritos de Ser Lyman y otros nobles occidentales al otro lado de la puerta, ella había sido tímida, inexperta y temerosa como era, doncella aun a sus veintiuno, pero él le ganaría siendo un amante gentil y atento. Todavía ahora dos meses después él era del mismo modo, más una vez que estuviera dentro suyo y su doncellez fuera arrancada aquella noche, poco a poco dejaría la timidez, poco a poco volviéndose ella más apasionada. Se arrimaría de los cabellos de Daeric con sus dedos, con un poco más de fuerza cuando los besos del Señor así como sus manos llegaran a los senos de la mujer. Arrastraría la planta de su pie acercándola hacia ella, levantando su rodilla a un lado suyo, cuando su pierna fuera buscara por el tanto dentro como fuera de su falda. Sus dientes morderían con poca fuerza uno de sus dedos cuando estos quedaran al alcance de sus labios, succionándolo luego dentro suyo como haría un recién nacido, humedeciéndolo con su lengua y el calor de su boca.

Tomaría la parte delantera de la camiseta de Daeric, atrayéndolo hacia ella cuando él se diera el trabajo de quitarse a sí mismo su jubón, sintiendo Myrielle entonces la tibieza y quizás la humedad de la prenda de vestir. Buscando los labios del hombre para que fueran suyos como los que incontables veces habían sido desde su matrimonio y solo tres antes de aquel. Embriagándose Myrielle de amor bajo la boca de Daeric.
Déjame incorporarme –. Susurraría luego de aquel beso.
Claro está no llegaría a molestarse si aquel hombre prefería seguir como se encontraba en ese momento, sobre ella, asediándola y venciéndole con besos y cariños. En tal caso seguiría dejándose hacer, ya que era lo que anhelaba, más en caso contrario podría sentarse de espaldas al hombre aunque muy cerca de él, develar que para desatar su vestido había que comenzar desde la parte superior de su espalda. Las manos de Myrielle sostendrían entonces el dorado de su cabello, mientras Daeric desataba lazos de plata.
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Re: Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Daeric de Lannisport el Dom Jul 10, 2016 2:55 am

Aquellas hojas de otoño serían las únicas testigos de lo que pasaba entre nosotros, testigos de semejante pasión que se desbordaba sin problemas al aire libre ¿Nos servía de algo contener aquel amor por miedo a ser descubiertos entre los arboles? No lo sabía, tampoco me importaba, puesto que si mi mujer deseaba ser amada en aquel lugar, en una vieja habitación, en la cocina de nuestro hogar, o en el mismo Septo de Baelor estando en Desembarco, así lo haría, era imposible que alguien no reconociese el patente amor que tenía hacía ella o que mi amada esposa desconociese el ardiente deseo que sentía por ella ¿Cómo no complacerle si su deseo era el mío?

La sensualidad de Myrielle era algo que me apasionaba de sobremanera, actos como adueñarse de mi dedo con su boca, provocaba que el deseo en mi aumentase, pero más que nada que quisiese pasar hasta la última de mis noches, de mis días en general junto a ella. Eventualmente llegaría el día en que los años comenzarían a pasarnos las cuentas, en que ninguno de los dos podría estar en condiciones para llevar una vida tan apasionada como la actual, pero mientras mis manos mi cuerpo pudiese amar al de Myrielle, mientras pudiese plasmar en acto el amor que sentía por ella, así lo haría, una y otra vez, en cada ocasión que me fuese permitido, mucho tiempo había pasado en brazos de otras, mas hoy y hasta mi último día deseaba pasarlo entre los brazos de la astuta, de la respetada Myrielle de Lannisport, tal como ahora cuando disfrutaba del calor de su cuerpo, y de sus acciones, adueñándome de ella con mis besos que recorrían su rostro, su cuello, su pecho, y con manos que ya deseaban deshacerse de aquel vestido y explorar la piel desnuda de mi mujer.

Efectivamente sentiría mi esposa mi camiseta húmeda debido al lo acalorado de la situación, y no solo mi camiseta mostraría signos de ello, sino que seguramente mi propio rostro ya lucia acalorado y con una que otra gota de sudor corriendo por mi frente. Pero no estaba ni cerca de estar exhausto, o de querer detenerme, y afortunadamente para mi, mi esposa  parecía querer seguir, me atrapaba con un apasionado beso, que yo respondía aun perdido en su piel, y hasta que finalmente se separó de mis labios para hablar.
–Está bien, pero no creas que te dejaré huir.- Agregué a sus palabras, sin saber bien que haría a continuación, pero sin quitar mis ojos de ella, mientras le dejaba libre para que se incorporase. Y no tardé en descubrir las intenciones de mi mujer, por eso me puse de rodillas a sus espaldas, para comenzar a desatar hábilmente su vestido, regalándole ocasionalmente besos o suaves mordidas en su espalda a medida de que está iba quedando al descubierto. Estando ya el vestido completamente desatado me hice a mi mismo el encargado de liberar el cuerpo de mi mujer, al menos la parte superior de este y una vez cuando mis intenciones fueron logradas, la abracé desde la espalda, besando sus hombros, dando sugerentes mordidas en ellos, mientras mis manos recorrían distintos caminos, una estimulando uno de sus pechos, jugando con el centro más sensible de este, y la otra mano descendía por su abdomen, colándose por las ropas que aun cubrían la parte inferior de su cuerpo, buscando su humedad a punta de caricias, aquel deseo que aun permanecía oculto por las telas. –Nunca me cansaré de amarte…- Susurré lo suficientemente cerca de su oído, para luego volver a besar, y a morder su cuello junto con sus hombros.
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Re: Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Myrielle de Lannisport el Miér Jul 13, 2016 1:12 am

Él no la dejaría huir. Myrielle dibujaría un poco más extensa su ya amplia sonrisa cuando Daeric dijera aquellas palabras. Ella no escaparía. Manos habilidosas pasarían a desatar los nudos de su vestido y de su corpiño, manos que lo habían hecho anteriormente con ella del mismo modo e igual con otras mujeres antes que ella. No condenaría de uno u otro modo a su pasado, sabia Myrielle que los hombres eran de aquel modo, y que la doncellez y la inocencia únicamente es un valor en las mujeres. No se lo diría, pero de hecho lo prefería así. Poco a poco la piel de la Señora del Puerto llegaría a ser develada, blanca como las mujeres de noble cuna que prefieren las sombrillas y las sombras al flagelo de la luz del sol. Poco a poco iría reaccionando a las caricias, los besos y toques de su marido, sintiendo cosquillas, escalofríos, y actuando en consecuencia moviendo su cuerpo hacia un lado u otro, como fingiendo alejarse de él sin realmente hacerlo. Todavía dentro de sus mangas ya los sabría ella de aquel modo, la piel de sus brazos se erizaba.

Levantaría los brazos la doncella cuando Daeric le quitara la el corpiño y la parte superior de aquel vestido que en total hacia tres piezas, más cuando se hallara Myrielle así misma desnuda de la cintura para arriba cubriría con suavidad sus propios senos, cruzando sus manos sobre ellos. Poco duraría. Daeric seria codicioso y buscaría su seno con una de sus manos, y Myrielle lo permitiría, cerrando sus ojos y posando ambas de sus manos sobre aquella que ahora se deslizaba por su piel, presionándola con suavidad, tomándola a ella como suyo. Como en otras oportunidades la otra mano de su señor iría también hacia donde se encontraban sus faldas, arremangándolas con la ayuda de sus dedos y luego deslizando estos en búsqueda de su intimidad.

Daeric estaba en lo correcto como lo había sido también en otras ocasiones. Bajo rubios y pequeños rizos él podría descubrirle como creía que estaba. Ella como respuesta solo diría su nombre.
Daeric~~
La voz que saldría de sus labios seria casi como un suspiro, y el vaho que saliera junto con aquella única palabra seria tibio y húmedo. Su mano izquierda saldría de entre la suya y la de él, elevándose luego del lado izquierdo de su cabeza, buscando el largo cabello de su esposo, enredándose en él y tirándolo con suavidad.
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Re: Crujen las Hojas bajo los Dos. (Daeric, Myrielle)

Mensaje por Daeric de Lannisport el Jue Jul 14, 2016 2:30 am

¿Cómo podría cansarme si ella era más de lo que merecía? Todo mi cuerpo le deseaba y reaccionaba a cada vez que mis manos la acariciaban y mis besos recorrían su piel. Su sonrisa solo me instaba a seguir amándole, aquella sonrisa que tendría marcada en mi mente cuando me tocase combatir, haría hasta lo imposible por coronarle como la Reina del Amor y la Belleza, ella debía ser la soberana, ninguna otra tenía los atributos necesarios para serlo, y aunque tuviese que entregar hasta mi último aliento en la arena, la coronaría, además quien sabía, quizás después a solas podría tener una muy buena celebración juntos.

La piel blanquecina de Myrielle parecía ser iluminada por los pocos rayos de luz que se filtraban entre los árboles, haciéndola más hermosa aun, el toque de su mano entre mis cabellos me hacía sentirle aun más cerca, y mi nombre susurrado por sus labios solo aumentaba la pasión en mí. Mis dedos se adentraban en su intimidad, mucho más abajo de sus delicados y pequeños risos, mucho más allá de aquel punto, sin descuidarlo por completo, pero haciendo que finalmente mis dedos se adueñasen y se perdiesen en aquel lugar prohibido para otros hombres pero que durante aquel momento y desde que nos casamos era mío, en su intimidad, la que ahora mi diestra tomaba con ansias, con el afán de que el placer se intensificase en mi amada mujer. Deseaba que ella reaccionase, que el deseo se apoderara de ella como lo hacía conmigo, mi mano izquierda prácticamente la sostenía desde su pecho en un abrazo que provocaba que ella se inclinase poco hacia adelante mientras la diestra seguía buscándole. Mis labios no daban tregua a su cuello y hombros.

Y si bien, me gustaba besar su espalda, sus hombros, deseaba verle de frente, ver su rostro, su pecho y más abajo. Así que me puse a su lado, acomodando mi jubón en el suelo, tras ella para luego hacer que Myrielle se recostase con cuidado sobre esté, no quería que su delicada piel tocase el agreste suelo.
–Quiero ver su rostro mientras la amo.- Mi mano subió por su pierna, acariciándole, mientras seguía a su lado, no obstante no tardé en acomodarme entre sus piernas, quitando por completo el vestido y sus complementos, y estando de rodillas frente a ella, sin llegar a recostarme sobre Myrielle. Desde ahí admiré por completo su belleza. –Myrielle…- Llegaría a decir antes de que ahora mi mano izquierda la buscase como lo había hecho la diestra. A pesar de que podría llegar a saber cuándo estuviese preparada para ser mía, quería que ella me lo dijese, quería que susurrase mi nombre, me incliné hacía ella para besarle, tratando de que el peso de mi cuerpo no cayese bruscamente sobre ella, y la besé, con toda la pasión que ella me provocaba, deseaba ver y oír cuando saliese de sus labios la palabra que indicase que me deseaba por completo.
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