Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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En Materia de Dragones [Consejo Privado]

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En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Rhaenyra Targaryen el Jue Jul 07, 2016 12:10 am

Nota a tener en cuenta:
PARTICIPANTES Y CONSIDERACIONES
Miembros del Consejo Privado: Rhaenyra Targaryen y Tyland Lannister (El resto están presentes como PNJ).
Invitados: Rhaenys, Daemon (PNJ), Aegon, Helaena y Aemond Targaryen.
No hay orden de posteo pero, al ser tantos, intentad que vuestra intervención sea lo más definitiva posible para evitar que el tema se haga interminable. No obstante, si es necesario volver a postear, se puede hacer sin problemas.



Noche del día 11, Mes I, Año 129 AC


El incidente de aquel niño muerto a fauces de Caníbal había teñido de negro el baile de inauguración, elevando la amenaza de los dragones salvajes a un primer plano que no podían postergar más, aunque estuviesen de festividad. Para ello, el Consejo Privado del Rey se había visto obligado a convocar un pleno extraordinario con el fin de arrojar una solución, si no inmediata, sí definitiva. Debido a lo delicado de asunto —y a la poca o ninguna experiencia que podían tener los miembros del consejo en materia de dragones, salvo el Rey y Rhaenyra— habían optado por contar con el punto de vista de los jinetes de dragón con más experiencia.

Los invitados aquella noche no eran otros que: La Señora de Marcaderiva, Rhaenys Targaryen, jinete de Meleys. El príncipe Daemon Targaryen, esposo de Rhaenyra y hermano del Rey, jinete de Caraxes. El príncipe Aegon Targaryen, jinete de Sunfire. La princesa Helaena Targaryen, jinete de Dreamfyre. Y el príncipe Aemond Targaryen, jinete de la mítica Vhagar. El resto de jinetes de dragón eran prácticamente niños y, aunque no se ponía en duda su habilidad o vínculo para con su dragón, carecían del peso que sólo la experiencia podía otorgar a sus juicios.

El Consejo Privado estaba formado por todos sus integrantes, a excepción del Lord Comandante de la Guardia Real y del Rey, cuya salud le había obligado a dejar el asunto en manos de Rhaenyra. El Gran Maestre Orwyle fue el último en llegar, confirmando el hecho de que el Rey no asistiría al pleno. Con todos los asientos ocupados, la reunión daría comienzo.

Bien— Comenzó Rhaenyra —El pleno de carácter extraordinario del Consejo Privado en materia de dragones da comienzo— Recitó casi de modo mecánico, como era costumbre en aquél tipo de reuniones, para luego extender su mano hacia los jinetes de dragón que les acompañaban —Sed bienvenidos los integrantes que con carácter eventual hoy formáis parte de este Consejo, desde ya os agradecemos vuestra presencia y predisposición.

En la mesa había una copa por persona y dos jarras de vino a disposición de la apetencia de cada cual. Rhaenyra asió su copa cargada únicamente con agua, y bebió un trago. Tosió para aclarar la garganta y prosiguió.

Todos fuimos testigos del trágico incidente del niño la pasada noche— Si bien catalogar lo sucedido de «incidente» podía resultar insuficiente, no era intención de Rhaenyra suavizar la gravedad de los hechos —Al parecer, un dragón salvaje que cumple con la entera descripción de Caníbal, ha protagonizado un ataque contra población civil. La ferocidad de este ejemplar en concreto a ninguno nos pilla por sorpresa y, aunque he de decir que un ataque así no es algo común, la corona no puede permitirse el lujo de que se vuelva a repetir.

¿Y no sería mejor ejecutar a la bestia?— Propuso Lord Jasper Wylde, actual Consejero de Edictos.

¡No!— Sentenció Rhaenyra de forma tajante —No estamos aquí para matar dragones. Si quisiera la opinión de un verdugo no habría convocado al Consejo. De haber querido la muerte de la criatura, así lo hubiese manifestado mi padre durante el baile, pero no lo hizo— A pesar de cierto clamor popular entre algunos de los presentes que sí pedían sangre —La Casa Targaryen y los dragones están vinculados desde antes de los tiempos de la conquista. Los dragones son criaturas sagradas a ojos de los hombres y los dioses, y no deben dejar de serlo— Determinó la princesa apoyando su dedo perpendicular a la mesa —Si permitimos una sola muerte de dragón, romperemos ese aura de inmunidad que nos rodea. Sería una muestra de debilidad que no estoy dispuesta a permitir— Razonó con semblante serio —¿Qué será lo siguiente? ¿Enjuiciar a un dragón?— Preguntó, muy consciente de que eso sería equivalente a enjuiciar a la casa real —O lo que es peor, comenzarán a brotar «Matadragones»— Rhaenyra pronunció aquella palabra con cierto resquemor, como si su sola mención supusiese una amenaza para su dinastía —No, no estamos aquí para contemplar la muerte de ningún dragón— Zanjó, recuperando el tono calmo y distendido con el que había comenzado.

Agarró la copa con agua y la terminó.

La solución que veo más adecuada a este problema no es otra que la doma de todos y cada uno de los dragones que habitan los Siete Reinos— Propuso la mujer —Un dragón domado no da problemas, y según nuestros registros no hay un número demasiado elevado de ejemplares como para que suponga un disparate— Rhaenyra hizo una pausa para rellenar su copa —Para ello, propongo lanzar una campaña de doma de dragones gestionada y administrada, obviamente, por la Corona. Irá dirigida a todo aquel suficientemente valiente, noble o plebeyo, sean o no caballeros, no importa. No será un reto sencillo y entrañará riesgo. Muchos morirán, pero los que lo consigan serán nombrados Jinetes de Dragón, y pasarán a estar al servicio del Rey. A sus familias no les faltará de nada, pero deberán jurar lealtad a la corona. No podemos arriesgarnos a que cualquiera tenga acceso a un dragón— Argumentó sin dejar de mirar a los invitados —Los dragones son armas y bien sabemos de lo que son capaces. Imaginad de qué sería capaz un Tarly de Colina Cuervo o un Bolton de Fuerte Terror con un dragón en sus manos. Mejor ni pensarlo.

A continuación, Rhaenyra cedió la palabra al resto de miembros del Consejo, así como a los jinetes de dragón invitados. La idea general estaba expuesta y cada uno de los presentes tendría una concepción de lo dicho más o menos conforme. La opinión de los presentes era importante, así como las nuevas sugerencias o alternativas que pudieran surgir. Una vez todos hubiesen tenido su turno de palabra, el Consejo Privado reflexionaría sobre lo allí acontecido y decidiría la solución definitiva al problema de los dragones. El objetivo, además, era crear una normativa general que ayudase a gestionar cualquier incidente relacionado; Desde la doma de un dragón sin consentimiento de la corona, hasta la pena impuesta por arrebatar la vida a uno de ellos.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Helaena Targaryen el Jue Jul 07, 2016 2:46 am

Había sido un día agotador y a pesar de hacer intento por lograr unas horas de sueño, Helaena se veía con el rostro afectado por el cansancio. Aún así su mente estaba preparada para la reunión convocada por su hermana a la que acudía en esos momentos de la mano de su esposo. No era muy asidua a esas reuniones, no la solían invitar y ella tampoco demostraba interés en ir. No es que no le interesara el bienestar de su reino, si no que simplemente comprendía que aquel no era su lugar, ni su función, pero aquello era un caso extraordinario. A pesar de ello conocía lo bastante a su hermana para saber que rumbo trataría de darle a la conversación y si no, ya se ocuparían ellos.

No podían permitir que nadie dañase a los dragones, porque eso demostraría una vez más que los dragones no eran invencibles, no eran seres indestructibles... Y la última vez que alguien demostró eso, en Dorne, creó un estigma que aún los Targaryen no podían derrotar y era su derrota antes el reino del sur. Y si, Dorne luchaba por su independencia y eso los volvía rivales de los Targaryen, pero en Poniente más de uno no dudaría en alzarse contra la familia real por sus propio motivos. La ambición era así, tocaba a muchos hombres y mujeres y solo hacía falta una chispa para provocar la llama que les hiciera olvidar el miedo. Y el miedo era a fin de cuentas lo que hizo que su antepasado Aegon el Conquistador lograse ese sobrenombre ¿No? Un campo de fuego bastó de ejemplo.

Avanzó por los pasillos en silencio. Ella no había vivido el momento del niño, por suerte, su hermano Aemond se lo había evitado pues en la fiesta un solo trago de la bebida dorada había hecho estragos en su persona. Pero eso no significa que no supiera ya lo que había ocurrido y que su mente no pudiera llegar a ser tan o más cruenta que la realidad. Pensaba en sus hijos, como toda madre. Ellos domarían dragones, serían jinetes poderosos como todos en su línea de sangre, pero aún así eso no quitaba que un día jugando no apareciera la sombra gigantesca y oscura de Caníbal sobre ellos para hacerlos su caza del día.

Entraron a la sala y tomaron asiento en silencio. Pronto, todos estuvieron a la mesa y la reunión dio comienzo. No le agradó ver a su hermana dándose la atribución de exponer e iniciar la reunión, pues a falta de su padre, era la mano del rey, su propio abuelo, el que debía ocupar su lugar. Por muy heredera que fuera, eso no lo hacía estar por encima de ese tipo de detalles, pues Viserys seguía vivo y esperaba Helaena, por más tiempo del que muchos le daban. Aún así no dijo nada y se limitó a mirar un punto inexacto al frente, aunque sin perder por ello la atención a lo que oía. Matar dragones. Pensó si su padre a veces no se rodeaba de idiotas.

-Matar los dragones no es una opción si quiera negociable- apuntó tras la intervención de su hermana, dándole la razón.- La última vez que alguien mató un dragón, los Targaryen perdimos una guerra. Como es evidente, no todos en el reino están de acuerdo con la conquista que nuestro antepasado logró, no debemos darles pie a creer que hegemonía de nuestra familia es algo negociable- si, la dulce Helaena opinaba que nadie podía perderles el miedo. Que ella no quisiera ser temida a nivel personal no la hacía olvidar de qué forma se mantienen a los enemigos alejados.- Pero creo que no podemos precipitarnos respecto a la doma de los dragones. Para empezar, porque si para domar un dragón mueren ocho posibles jinetes esto no va a mejorar la opinión de la gente sobre el peligro que suponen y coincidiremos espero en que es necesario que la gente piense que son peligrosos para nuestros enemigos, no para cualquiera que esté cerca- el punto era a su modo de verlo equilibrar el temor de la gente con la seguridad de que mientras ellos estuviesen allí, los dragones solo serían un peligro para los enemigos del reino.- Añadamos dos cuestiones más a esto y es que un dragón implica un cuidado y unas condiciones que no todos pueden proporcionar, a fin de cuentas, nosotros tenemos pozo dragón y Rocadragón, dónde los dragones domados tienen unos cuidados y sobretodo un control que en otros lugares el jinete no podría dar- que un dragón domado no daba problemas era algo relativo. Soltar un dragón, por domado que estuviese en cualquier lugar, no era una buena idea, más con un jinete inexperto.- Por último, cualquiera puede plantarse ante nosotros a jurar lealtad pero ¿Creéis que no habrá juramentos falsos? Un dragón vale mentir a la corona, a fin de cuentas, cuando lo logren ¿Qué más habrá dado? Hay que poner unas condiciones mayores a los jinetes, tomarlo con calma y elegir a los candidatos a consciencia, para reducir riesgos para el jinete, el dragón, los habitantes del reino y el poder de la corona- dijo con seguridad. Serían estúpidos de no saber que muchos nobles los querían lejos del reino, más aún de no darse cuentas que muchos nobles usaban las disputas absurdas de la familia para buscar su propio beneficio.- Además, que un dragón es una cosa, pero recordemos que son necesarios sus huevos para poder mantener una continuidad, eso es un extra de responsabilidad para los posibles jinetes... No todos los huevos eclosionan con éxito y además, aunque longevos, los dragones no viven eternamente. Debemos velar no solo por el futuro de los dragones y su unión a los Targaryen y Velaryon a corto y medio plazo, hay que hacerlo con vistas a un largo y próspero futuro.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Aemond Targaryen el Jue Jul 07, 2016 4:43 am

Las responsabilidades no eran algo que cuajase en el temperamento del Tuerto. Prefería pasar el día volando con Vhagar, o entrenando hasta la extenuación en el patio de armas, a recibir a nobles o encargarse de los asuntos de la Fortaleza. Así que, cuando su "querida" media hermana le comunicó aquella reunión del Consejo, Aemond consideró seriamente no ir. El desplante del jinete de dragón de Vhagar haría rabiar a Rhaenyra hasta que le espumeasen los labios, y rió entre dientes al imaginárselo.

Sin embargo, sus hermanos pensaban ir, y el joven príncipe no estaba dispuesto a dejar a Aegon y Helaena enfrentarse al Consejo Privado solos. Los tres se cubrían las espaldas entre ellos, complementando sus personalidades. Además, el asunto de Caníbal... lo sacaba de sus casillas. Probablemente no había Targaryen que amase más a los dragones que él. Incluso Sunfire y Dreamfire toleraban su presencia, aunque no le permitiesen montarlos. A veces pensaba que en realidad Vhagar y él no eran dos entidades separadas, sino una alma repartida en dos cuerpos distintos. La idea de matar a un dragón le repugnaba, pero el propio Caníbal devoraba a los de su raza, salvaje e incontrolable como una tormenta de furia y colmillos. ¿Qué podía hacer ante un dragón para el cual absolutamente todo era una presa?

El Tuerto entró en la sala poco después que sus hermanos, con el zafiro que sustituía a su ojo derecho brillando fríamente a la luz que entraba por las ventanas. Prácticamente no había mantenido una conversación con Rhaenyra desde antes del incidente con los bastardos Strong, y no le hizo ninguna gracia ver a su media hermana comportándose como si fuese ella quien dirigía el Consejo. Se sentó al lado de sus hermanos, guiñándole un ojo a Helaena, con la intención de escuchar los argumentos de todos para luego dar los suyos. Un buen plan, para cualquier otra persona con un temperamento más frío. En su caso... bueno, no tenía tanta paciencia.

- Para los que llevamos la sangre del Feudo Franco de Valyria, matar a un dragón sería una herejía casi peor que escupirle al Septón Supremo en la cara -espetó Aemond, brusco-. Pero hay algo en esto que me gustaría saber, antes de que propongamos nada. ¿Has estado muy ocupada en los últimos años, mi buena Rhaenyra? -preguntó, sarcástico, fulminándola con la mirada de su único ojo-. Que yo recuerde, la última vez que visité Rocadragón, Caníbal ya tenía fama de salvaje e incontrolable. ¿Y me estás diciendo que han pasado ocho años, OCHO AÑOS, y no has intentado o no has sido capaz de hacer absolutamente nada? ¿Ha tenido que explotar esta situación en medio de un maldito banquete para que te decidas a proponer algo? ¡Eres la Princesa de Rocadragón, maldita sea! -gruñó, golpeando la mesa con la palma de la mano-. Si no eres capaz de controlar a un solo dragón que habita en esa árida roca en medio del mar, ¿serás capaz de controlar a todos los dragones de los Siete Reinos cuando te sientes en el Trono de Hierro?

Aquel era el mayor problema de Aemond. Su temperamento irascible y apasionado se encendía rápidamente, y nunca daba rodeos para decir lo que quería decir. No tenía, ni por asomo, la sutileza de su hermana o su madre. La rabia y la frustración vibraban en su voz. Jamás deberían haber llegado a esa situación, y si para ello era necesario que alguno de los jinetes veteranos, como Aegon, Daemon o él mismo diesen caza a aquella bestia, deberían haberlo hecho. Pero no, la enfermedad de su padre y el dominio e inacción de Rhaenyra en Rocadragón los habían mostrado débiles ante el resto de Poniente, incapaces de controlar la mismísima base de su poder, los dragones.

- Aunque no suelo estar de acuerdo con Rhaenyra, me parece una buena idea intentar que haya más jinetes. Pero deberíamos tener en cuenta las consideraciones de Helaena -volvió a mirar a la heredera a los ojos, desafiante-. Tú misma has dicho que un dragón en manos de gente como los Bolton o los Tarly sería un desastre. Pero no es necesario irse a las Casas de los diferentes reinos para encontrar bastardos capaces de faltar a sus juramentos a la mínima. Con tu oferta, querida hermana, no estarías atrayendo jinetes de dragón leales a la Corona, sino mercenarios leales a su propio interés -el Tuerto respiró hondo, tratando de calmar un poco su temperamento-. Deberíamos tratar de conseguir más jinetes leales al Trono de Hierro, y para eso tenemos que empezar a buscar en nuestra propia casa. Las casas que tengan más relación con la Corona y la familia real son las que tenemos que intentar seducir primero: los propios Velaryon aquí presentes, aquellos de sangre Valyria, como los Celtigar, casas cercanas como los Hayford, y las casas con lazos directos con la familia real, como los Hightower o los Arryn. Y además -concluyó-, deberíamos dejar claro que ser jinete de dragón no es ningún juego. Que debe conllevar responsabilidades y juramentos tan fuertes como los de la mismísima Guardia Real. Y que nosotros no pagamos traidores.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Tyland Lannister el Jue Jul 07, 2016 6:54 am

La preocupación de Tyland Lannister era evidente

Tyland Lannister estaba prestando atención a que más que venir a hablar sobre el dragón y de las posibles medidas a tomar, cada uno de ellos vino a hacer notorias sus diferencias para con los otros y cae en la cuenta que era verdad lo que el Rey Viserys dijo al respecto de Verdes y Negros. Ese pensamiento le trajo mucha tristeza y preocupación.

El León sentía mucho respeto por cada uno de los integrantes del consejo. Escucha a todos por igual y como ha estado gran parte de su vida en el mar, casi no tuvo tiempo de conocer a quienes hoy se sientan a su lado por lo que se mantiene neutral en cuando a formas de pensar sobre cada uno.
Pero siendo un conservador, le gustaba más la idea de que las cosas sigan su camino actual en vez de los cambios drásticos y poco ortodoxos como los que prometen el conflicto de Negros y Verdes.

No obstante siempre es un placer ver a Rhaenyra Targaryen, pues alguna vez se ha visto en un desafío con su gemelo Jason Lannister, por su mano. Y si bien no fue un episodio feliz, mucho de su infancia compartida con él fueron peleas, distanciamientos y enemistades por lo que una pelea más, sólo es anecdótica.
Tyland, aún guarda un poco de esa ilusión por ella, pero comprende que ya esta casada, con hijos y debe reservarse para otra.

Lo más importante a destacar era que estaba claro que nadie quería matar al dragón y básicamente todos lo decían por la misma razón. En cuanto a él, antes era más sanguinario, pero desde su viejo episodio con el Kraken ha comprendido que matar animales sin verdadera razón, es estúpido e inhumano.
Pero aún había algo que le hacía ruido y dio cuenta que era su turno tras Aemond Targaryen para calmar los ánimos.

-Honorable Consejo, por favor, les pido que alejemos las tensiones entre nosotros por la salud del Reino en general.
Entiendo que muchos de ustedes no quieren estar aquí por distintas cuestiones que lamento decirlo, pero el estar tanto tiempo en el mar, aunque ame eso, me impide estar consciente de lo que se habla detrás de las paredes y de las distintas cuestiones que mis asesores no informan-.

Entonces, Tyland mira fijo a Aemond Targaryen, pero continúa hablando para todos: -Entiendo que hay posturas más criticables que otras, pero nadie puede andar por ahí matando dragones libres aún si es por una presa humana, sin arriesgarse a que otro Targaryen le mire mal.

Entonces, vuelve la mirada a los presentes en general y dice: -Yo, desde mi Casa Lannister que lamento por cuestiones históricas no sea tan allegada a la Casa Targaryen como lo es mi corazón al Reino y a mis deberes como Consejero de Naves, debo preguntar si es posible que un dragón de tan avanzada edad pueda ser domado exitosamente.

Inmediatamente, un rubor cubre su rostro porque sabe que ha dicho que quiere matarlo, aunque no sea así. -¡No dije matarlo! No tengo alma de cazador. Pero me preguntaba sobre las posibilidades de que en realidad sea indomable y sobre eso me preguntaba, si vale la pena arriesgar Targaryens... Hightowers... o cualquier persona de gran importancia para el Reino como lo son también los Stark, mi familia Lannister o los Arryn y otros, claro-.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Aegon Targaryen el Jue Jul 07, 2016 8:52 am

Luego de aquel pequeño acto trágico que nos había brindado aquel hombre con su niño en brazos, todo el mundo estaba revolucionado. Los nobles, el pueblo, la misma corona, a tal punto que el consejo se había visto obligado a llamar a una reunión extraordinaria. Al recibir la invitación con sinceridad lo primero que pensé fue en no ir. No me interesaba hablar con mucha de la gente que iba a estar allí presente, la mayoría me parecían lame culos y lustra botas de cuna de oro. Rhaenyra y sus Velaryon, tan sumisos y devotos, todavía me costaba entender como estos seguían a su lado teniendo en cuenta que le había faltado el respeto a Laenor apareándose con un Strong. Había traído al mundo hijos bastardos, le iba a dar sucios herederos al trono de hierro y sin embargo a nadie parecía importarle esto. ¿Qué tenía Rhaenyra que nadie la hacia pasar por cuchillo? Posiblemente lo mismo que tiene Helaena, Aemond, Daeron o yo… Todos éramos hijos del rey.

Pero los dragones eran lo que me incumbía, eran el legado de mi familia y de Aegon, no podía dejarlos decidir libremente sobre ellos. Mi media hermana se tomaba muchas atribuciones que no le correspondían, al parecer se creía ya la reina y ni siquiera tenia consideración de esperar a que nuestro viejo padre diera su último aliento. Hasta últimamente la idea de que ella fuera la que ocupara su lugar como monarca me parecía algo infantil y caprichosa por parte de Viserys. No dudaba que ella pudiera ocupar bien aquel cargo ¿Pero lo merecía? ¿Merecía todos esos privilegios? Sus accionares eran nefastos y lamentables, patéticos e impuros. Se cegaba de poder poco a poco, día a día, invadiendo nuestro hogar, invadiendo el consejo, tocaba y destruía.

¿Saben cual es la diferencia mas grande que existía entre ella y yo? Era que yo no soy un carroñero, ni tampoco era ambicioso como últimamente lo demostraba ella. Muchos dirán que miento, otros que estoy loco, pero aquel asiento metálico no era un deseo. Claro que deseaba hacer cosas grandes, pero ser rey no era uno de mis sueños.

Helaena y yo entramos tomados de la mano al lugar donde se daría la reunión, todas las caras alli dentro eran conocidas. Algunas me desagradaban, otras simplemente no me importaban, pero si valoraba a la de algunos pocos contadas con los dedos. Tome asiento junto a mi esposa y Aemond para luego escuchar como Rhaenyra compensaba a hablar. Se había dado el lujo de dar el pie de inicio ella ¿Alguna otra prueba de que el poder se le subía a la cabeza? Contuve el aliento por unos segundos y mantuve mi mirada fija en sus ojos mientras hablaba. Todos comenzaron a dar sus opiniones, todos eran expertos en dragones. Extrañamente en mi decidí guardar silencio, los deje hablar a mis hermanos aprobando sus palabras con una sutil mirada. Aemond fue el más duro y contundente, el que le dijo lo que yo le quería decir, mi vocero de alguna forma. Pero yo no podía ponerme en su misma postura, yo tenía que posicionarme desde otro lugar y dejar a mis hermanos que golpearan.

Me limite a servirme un poco de vino y beber escuchando lo que tenían para decir, uno a uno, hasta que en un momento todo fue silencio –Me pregunto… -Hable con la mirada perdida –Cuando El Conquistador recibió la noticia de la caída de su hermana, ¿Por qué creen que sufrió mas?¿Por haber perdido a su mujer, el amor de su vida, o porque había muerto Meraxes con ella? –Pregunte sin saberlo aun, aquello para mi era un enigma ya que los dragones para Aegon habían significado demasiado en su vida –Comparto absolutamente cada palabra de mis hermanos –Aclare respaldándolos en todo, dando a entender que también lo hacia con el ataque que realizo Aemond a la figura de mi media hermana –Principalmente me gustaría hablar de lo inmediato, y eso claro está que es Caníbal –Suspire bebiendo mas vino para pararme y comenzar a caminar lentamente alrededor de la mesa –Voy a pasar por alto la negligencia a la hora de accionar para prevenir este tipo de cosas –Volví a aclarar dándole a entender a Rhaenyra que no hablaría de ella, ni de su falta de capacidad para estar encargada de Rocadragon –Corríjanme si me equivoco pero Caníbal a diferencia de Fantasma Gris y Robaovejas vive en Rocadragon desde antes de la llegada de Aegon. Todo el mundo sabe que es un dragón que nos trajo muchas pérdidas, por su peculiar afición de comerse los huevos de los demás dragones, hasta comerse a los recién nacidos –Seguí caminando tranquilo –Conocido por su tamaño y ferocidad, ¿Alguien se pregunta porque nunca nadie intento domarlo? Tal vez simplemente porque es indomable –No estábamos acostumbrados a escuchar aquellas palabras, algo que se escapaba de nuestras manos.

Pero ahora, luego de lo sucedido, esto nos golpea en la cara y nos vemos obligados a actuar de forma desesperada ya que cuando se tuvo que hacer nunca se hizo –Termine mi copa parándome a un lado de Rhaenyra sin siquiera mirarla –Propongo que dejemos que intenten domarlo, después de todo es el pedido de mi padre, el rey –No quería oponerme a su palabra –Pero si los posibles jinetes mueren nos veremos obligados a actuar, y aunque a muchos les pese estaremos en la obligación de sacrificarlo… -Hice un pequeño silencio luego de aquello –Yo más que nadie odio lo que sale de mi boca, todos saben de mi amor a los dragones, de mi amor a mi familia. Los Targaryen y los Velaryon no podemos mostrar que estamos perdiendo el control sobre nuestras bestias… Es un signo de debilidad –Trague saliva volviendo a mi asiento –Así tampoco nos podemos permitir seguir perdiendo posibles buenos dragones por culpa de el… -Mire a Helaena por un segundo y luego volví la mirada al resto de las personas –Y no se equivoquen, que un dragón mate a otro dragón no una muestra de vulnerabilidad… Vulnerable nos veríamos  si lo mata otra cosa que no fuera uno de sus hermanos.

Aquello me molestaba en verdad, tener que hablar de matar a un dragón, cosa que nunca había imaginado en mi vida. Sin embargo no podíamos darnos el lujo de continuar con aquello –Con respecto al tema de los aspirantes a jinete, es algo mucho más complejo y a mi entender todos deberíamos tomarnos un tiempo para pensarlo –La prioridad en aquel momento era Caníbal, lo demás podía esperar –Las palabras de mi esposa son más que acertadas, la lealtad no significa nada para muchos. Si nos confiáramos de la palabra no haríamos mas que vernos como tontos. Hay hombres que entregarían sus hijos y mujeres por la promesa de un dragón. Nosotros más que nadie sabemos la clase de poder que estamos controlando. Cualquier aspirante a domar un dragón deberá ser más que de confianza para la corona, es mas, propongo que a cada nuevo jinete que aparezca se le imponga un tutor y ese tutor, que claro esta será uno de nosotros, se haga responsable del accionar del jinete. Ya sea velando por la salud del dragon como por el buen accionar de su amo, y si este muestra no estar capacitado para la responsabilidad se lo deberá ejecutar sin pensarlo.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Rhaenys Targaryen el Jue Jul 07, 2016 10:59 am

Invitada a una reunión del Consejo Privado ¿quién lo habría pensado? La última vez que la habían citado a un Consejo, había sido para negarle lo que por derecho propio le correspondía; nunca pensó que volvería a sentarse en esas cómodas y viejas sillas de roble. Aún así, ahí estaba. Puntual como siempre, Rhaenys había sido una de las primeras invitadas en llegar a la sala de reuniones, aunque en su rostro se reflejaba el cansancio que sentía luego de una jornada extenuante que, como siempre pasaba en las festividades, había tenido de todo: desde un altercado de ebrios típico, hasta una exhibición de un niño calcinado por algún salvaje dragón. Pero como todo en Desembarco, faltaba el broche de oro para cerrar el día, y aquel sería dado por el pleno extraordinario y sus singulares invitados.

La copa frente a ella estaba llena hasta la mitad con agua; había rechazado el vino pues aquel licor le provocaría más sueño del que ya tenía, y en aquella ocasión debía mantenerse despierta. Había cruzado unas cuantas palabras con su nuera y con los otros miembros del Consejo, cuando los hijos menores de su primo Viserys hicieron acto de presencia; uno a uno, se fueron sentando junto al otro para formar un corro de niños vociferantes y petulantes. La Reina que Nunca Fue les dirigió una mirada de cortesía gélida y luego se concentró en las palabras de la Princesa de Rocadragón que daban inicio a la reunión.

Lo que se planteaba no era una cuestión simple: la amenaza latente de los dragones salvajes se había tornado ahora más real que nunca, por lo que se precisaba comenzar un control de emergencia para regular aquello; si bien no era como si todos las bestias salvajes se hubieran escapado de sus guaridas para salir a infundir terror por los terrenos aledaños, el dramático incidente con el niño de aquel hombre había dejado muy en claro que no se podía permitir ni una muerte más o aquello terminaría por poner en contra del rey y de la familia real al pueblo. Ella misma había sentido un ligero aguijón de preocupación por Meleys, puede que los dragones fueran poderosos, pero no eran invencibles; se necesitarían cientos de miles para acabar con sus vidas, pero a veces el pueblo era capaz de hacerse del valor necesario para perder sus vidas si con ello se cargaban a su opresor.

La Ama de Marcaderiva, sin embargo, guardó silencio ante las palabras tanto de su nuera, como de los medio hermanos de ésta, escuchando cada una de las posturas que pudieran tener para luego decidirse a dar su opinión.- Todos tenéis razón en una cosa: los dragones no pueden ser sacrificados azí como así -sentenció meditabunda, observando cada uno de los rostros de los allí presentes.- Eran los compañeros de vida de nuestros antepasados, son el emblema de nuestra casa, y son parte de cada uno de nosotros como Jinetes de Dragones que somos -su voz era seria, no tenía duda de sus palabras pues sabía por experiencia propia que los lazos forjados con los dragones eran tan poderosos como los de la familia.- Personalmente, Meleys ha sido mi compañera por casi 45 años, y el simple hecho de pensar en perderla me parece terrible, tanto como me pareció perder a mis hijos en algún momento. Sin embargo, el tema aquí yace en el ya conocido Caníbal. Desde que tengo memoria, aquel dragón ha sido incontenible, indomable e insuperable; a él parece importarle muy poco si su presa es un humano, una cabra o uno de su misma especie, por lo que cualquiera que se acercase a él corría el riesgo de terminar como su excremento. -Clavó sus orbes violáceo-rojizos en el único ojo de Aemond y luego en los de Aegon, sonriendo con diversión ante sus reclamos.- No hace falta que culpéis a una sola persona por la braveza y libertad de Caníbal, queridos niños. Ni siquiera vuestro padre, ni el padre de vuestro padre, pudieron controlarlo, y dudo mucho que alguien pueda hacerlo a estas alturas, en las que el dragón ya es una bestia madura. No necesitáis usar esta instancia como excusa para exponer vuestras disputas infantiles ante el Consejo, eso dejadlo para algún desayuno con vuestros amados padres. -Zanjó restándole importancia a la mitad de las palabras tanto de Aemond como de Aegon.

Se llevó la copa a los labios y bebió y corto sorbo de agua para aclararse la garganta antes de proseguir.- De todas formas, lo que habéis dicho sobre los dragones tiene mucho de cierto: Esta situación no se puede volver a repetir y por ello, debemos tomar especiales medidas para evitar que esto vuelva a suceder, la doma es la más elocuente de ellas, pero como bien habéis mencionado, no se le puede permitir a cualquiera el domar un dragón; son armas demasiado poderosas como para cederselas a cualquiera que desee hincar la rodilla y jurarle lealtad al Rey. Es por ello que creo que nuestros principales candidatos deben ser familiares de la casa, personas con ascendencia valyria, o señores que han demostrado su lealtad a la Corona a través de los años. -Entrelazó sus manos sobre la mesa y recorrió con la mirada los rostros de todos los presentes.- Sin embargo, y como bien ha dicho Aegon, Caníbal no es un dragón que se haya dejado domar jamás, por nadie, y hay muy pocas probabilidades, por no decir nulas, de que alguien vaya a conseguir montar su lomo sin riesgo a caer de éste para luego ser devorado. Pero de todas formas, hay que darle al animal una oportunidad antes de decidir acabar o no con su vida. Propongo que se permita a unos cuantos valientes e incrédulos hombres por igual intentar domar a la bestia, y si ninguno lo logra, hay que sacrificarlo. -Aquellas palabras le dolían en el fondo, pero no podía callarselas, pues era una verdad que, quisieran o no, debían enfrentar. El sólo hecho de ponerse en el lugar de que estuvieran decidiendo sobre la vida de su dragona, logró erizarle la piel y provocarle un escalofrío que le recorrió hasta la médula. Tomó nuevamente otro sorbo de agua antes de dar por terminado, al menos en ese momento, su discurso. Había que agilizar el tema si quería llegar a acostarse pronto con su marido.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Helaena Targaryen el Jue Jul 07, 2016 4:30 pm

Helaena había sido clara con sus ideas, pero eso no significaba que no hubiese verdad en las palabras de otros, simplemente ella consideraba que el problema general en su familia es que pensaban demasiado en ellos mismos y poco en el pueblo. Y no, no se refería solo en temas como la justicia o el hambre que pasaban las clases más bajas, se refería también a que les faltaba la empatía suficiente para saber qué era para ellos una nimiedad casi y para el pueblo algo imperdonable. Y un pueblo descontento puede ser más letal que cualquier enemigo.

Su hermano Aegon se mostró como siempre algo repelente y excesivamente seguro, era parte de su personalidad, aunque se mantuvo correcto y bastante acertado, sin embargo, Aemond... No pudo evitar darle una pequeña patada por debajo de la mesa. Empezar con los reproches no iba a solucionar nada de todo lo ocurrido, ni de lo que podría ocurrir. ¿Que ella no estaba del todo conforme con el cómo se estaban haciendo las cosas? Posiblemente. Pero a fin de cuentas, lo importante ante semejante urgencia era actuar. Las formas para temas palaciegos, no para bestias salvajes que asesinan niños.

-Sin dudas creo que todos estamos de acuerdo entonces- miró al rubio, el Lannister.- Un dragón, en teoría, puede ser domado en cualquier momento, a cualquier edad. Solo debe llegar el jinete indicado... Los factores que pueden influir más es que a cierta edad, si no ha tenido ningún jinete, puede ser muy difícil no de montar, pero si de enseñar. Además, la ferocidad de Caníbal es aún mayor... Todos sabéis que Aemond a los diez años, en un gesto de valentía que rallaba la irresponsabilidad y estupidez- dijo mirando significativamente a su hermano menor, sabiendo que él entendería que se refería a lo que todos pensaron, no a lo que ella sentía.- Decidió domar un dragón mayor y poderoso. Vhagar. Ni por un momento trató de domar a Caníbal ¿Por qué? Simple, es un suicidio. Somos muy conscientes de ello todos los presentes y si bien, tía- solía llamar a Rhaenys tía, aunque siendo exactos era su prima segunda, además de la ex-suegra de su hermana-, habláis con la voz de la experiencia que solo todos esos años a vuestras espaldas- más bien a sus hombros, que la volvían una vieja tanto como a ellos unos niños- vos misma lo habéis dicho. Compañeros de vida de nuestros antepasados. Caníbal jamás ha estado vinculado a la familia Targaryen más de lo que lo está un gatosombra que vive en nuestro reino.

Dejó una breve pausa tanto para que el Lannister meditase la respuesta que ella había dado como para que todos fueran analizando lo muchísimo que se estaba diciendo, pero esta no se alargó demasiado. No estaba conforme con lo que iba a decir, pero sabía que aunque ellos vieran las cosas de una forma, sus súbditos no lo harían.

-Los Dioses saben que jamás he llevado la contraria a mi padre, en ningún caso, porque siempre he pensado que habla con la sabiduría de los años y la voz de la razón. Pero me temo que el rey lleva muchos años dónde su salud no le permite ser quién era- suspiró.- Muchos opinan que ahora es un rey débil y que estamos más preocupados por el color de nuestros vestidos, negros o verdes, que por el reino. Que somos débiles- y realmente, peleados constantemente, lo eran.- Si decidimos que se dome a Caníbal no habrá vuelta atrás, si lo decidimos y al no lograrse decidimos sacrificarlo estaremos perdiendo autoridad y ante todo, credibilidad. Somos jinetes de dragón y ¿No podemos lograr controlar a uno a tal modo que luego del fracaso solo nos queda la rendición? Tenemos que ser consecuentes. Se decida lo que se decida, hay que llevarlo hasta el final, sin cambios de rumbo. Y todos sabemos que la posibilidad de domar a Caníbal es prácticamente nula, además, es cierto que es un peligro para sus congéneres y su especie y como ya dije, la continuidad de los dragones depende única y exclusivamente de nosotros- miró a su hermana a los ojos.- Con otro dragón, posiblemente, sea sencillo que el jinete en unos meses, logre control suficiente para que demos ese dragón por controlado, pero aunque alguien lograse un vínculo con Caníbal, la doma no implica el entrenamiento, ni el control. Es un dragón que no va a mostrarse receptivo a aprender como un joven o uno más manso... Si no estamos seguros de que la doma vaya a ser si quiera posible y aún así, que suponga un control del animal, es preferible acallar a los señores y el pueblo dándoles aquello que creen querer, haciéndoles creer que lo hacemos por ellos, no por nosotros. Sacrificar a Caníbal como justicia para el pueblo es una mejor excusa, que nos hará más queridos, a no poder hacernos cargo de él y sacrificarlo cuando demostremos que se nos ha escapado de las manos desde que salió del huevo- miró entonces a Rhaenys y luego, a su abuelo, la mano del rey.- El Rey sabe que a veces es mejor mostrar un poco de debilidad a cambio de amor y lealtad del pueblo a en un intento vano de mantener el control y el miedo, solo demostrar incompetencia. Él a gobernado con templanza y ha llevado el reino a la prosperidad por ese mismo motivo. Pero todos debemos tener en cuenta una cosa: la decisión que tomemos condicionará la forma en que pueblo no solo recuerde al rey, si no en la que nos vea a todos nosotros. No podemos permitir que se cree duda alguna sobre la fuerza y capacidad de la heredera y su familia. Porque el destino de la dinastía nos une a todos.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Rhaenyra Targaryen el Lun Jul 11, 2016 7:36 pm


Los invitados al Consejo Privado fueron hablando, con mayor o menor acierto, sobre los asuntos que allí se planteaban. Rhaenyra aguantó en silencio mientras es resto daban su opinión. Mientras escuchaba, llegó a la conclusión de que la mayoría de los invitados nunca había estado antes en una reunión como aquella, pues el tono y el contenido de sus palabras distaba bastante de ser el apropiado. El Consejo había sido convocado por la Mano, por orden del Rey. Sin embargo, había sido ella la que había sugerido invitar a algunos no-miembros en pos de un mejor desarrollo de la reunión, algo de lo que se había arrepentido en cuanto alguno de ellos abrió la boca. Cuando todos hubieron acabado, Rhaenyra recuperó el turno para hablar.

Antes de nada, quisiera pedir disculpas ante el Consejo por la actitud de algunos de los invitados a esta reunión— Dijo con voz calma hacia el resto de consejeros reales —Si hubiese sido consciente del nivel de madurez de alguno de los presentes me hubiese ahorrado invitarlos a esta reunión— Admitió, mirando descaradamente a Aemond y a Aegon por igual —Pensé que ya no erais críos, pero me habéis demostrado lo contrario.

Incapaces de dejar sus emociones al margen, habían dado un pequeño espectáculo ante los allí presentes. Rhaenyra había considerado que invitar a sus medio-hermanos a aquel tipo de evento sería tomado como un gesto de buena voluntad, un gesto de acercamiento entre las dos ramas de la familia, en la que todos podrían participar como adultos, con el respeto y las formas que el pleno real merecía. Pero se había equivocado. De Aemond se lo esperaba, siempre había sido como un perro rabioso que primero mordía y después olfateaba, pero con Aegon se había llevado una pequeña decepción. El primogénito de la reina Alicent había resultado ser incapaz de discernir entre la cámara del consejo y un vulgar campo de entrenamiento. Quizá su lugar estaba entre los brutos y bárbaros guerreros, debiendo dejar los asuntos más diplomáticos o intelectuales a su mujer, que sí había sabido guardar la compostura. En definitiva, decepcionante. Al menos lo ocurrido había servido para algo; Había servido para saber de qué pie cojeaba cada uno y, de cara al futuro, saber con quién podría contar para asuntos de estado y a quién debería dejar en el jardín de infancia.

Aemond— Se dirigió a él —¿Acaso piensas que los dragones son gallinas que se pueden tener controladas en un corral? No sé, a lo mejor no estás medio ciego y estás ciego entero, pero desde tiempos de Aegon el Conquistador Caníbal ha estado en Rocadragón— Expuso ante él sin comedir tacto alguno, pues la impertinencia con la que había hablado no merecía mejor trato —Y como bien han dicho, ni padre, ni el padre de nuestro padre, ni el mismísimo Aegon han domado a la bestia. Quizá no lo hayas pensado, pero culpando mi inactividad al respecto también estás culpando a todos tus ancestros. Sólo un necio suelta juicios arbitrarios sin medirlos previamente, por lo que la próxima vez que abras la boca, piensa antes de hablar, o deberemos enseñarte cual es el proceder de la gente civilizada— Rhaenyra recordó las palabras de Helaena acerca de la doma de Vhagar, y sonrió levemente —Si tan valiente eres, quizá debieras demostrarlo en la doma de Caníbal. Ya que ni yo, ni padre, ni Aegon el Conquistador tuvimos éxito en tal tarea, quizá seas tú, que tan a la ligera hablas, el que puedas hacerlo— Una cosa era domar a Vhagar, que había sido entrando por Visenya, y otra domar a un dragón salvaje. Visenya había sido una guerrera exigente y disciplinada, y por muy grande que Vhagar fuera, conservaba la huella de la mano de Visenya, por lo que a ojos de Rhaenyra, el tamaño de la dragona no era necesariamente un motivo por el que alabar a su domador —O quizá no tengamos esa suerte y no nos deleites con tu maestría a la hora de domar dragones, quizá prefieras ser más humilde la próxima vez y morderte la lengua antes de hacer el ridículo en una reunión del Consejo.

Rhaenyra resopló, recuperando la compostura. Reprender a su medio-hermano menor no era su tarea, pero había tenido que hacerlo en vistas que sus hermanos directos no lo hacían, y que su madre tampoco lo había hecho durante toda su vida. El respeto y la educación eran esenciales a la hora de asistir a aquellas reuniones, y si aquél pequeño requisito no se mantenía, quizá aquél no fuera su lugar.

A pesar de ciertas desavenencias que poco o nada tenían cabida aquí, la mayoría estamos de acuerdo en los puntos más importantes— Continuó, retomando cada uno de los puntos para hacer un repaso, a grandes rasgos, de lo que cada uno había aportado —La muerte de los dragones no es una opción. Aquí coincidimos todos. En cuanto a la doma de Caníbal; Es una decisión de padre, por lo que poco tenemos que opinar aquí. La oferta se lanzó públicamente durante el baile y ya hay interesados, según parece— Rhaenyra miró de soslayo al Consejero de Rumores, que asintió —Además, esta mañana ha venido un amigo de la familia a hablar conmigo— Les confirió —Maegor Velaryon— Rhaenyra resopló, siendo consciente del reto al que se enfrentaba, tanto él como el resto de aspirantes que sin duda surgirían —No sé si está loco, pero está convencido de querer domar a la bestia y, si él acepta el riesgo, no seré yo la que le impida hacerlo. Una vez se decida el cuándo y el cómo, será cuestión de tiempo que la bestia sea domada.

Rhaenyra estaba convencida de que Caníbal podía ser domado. No había dragón indomable.

Sí, Tyland— Respondió al Consejero de Naves —Es posible domar a un dragón por anciano que sea. No olvidemos que los dragones son criaturas inteligentes. Un dragón sabe, un dragón entiende y un dragón decide. No son como el resto de bestias. El dragón acepta al jinete, del mismo modo que el jinete somete al dragón. Si nadie lo ha domado es porque no ha surgido nadie lo suficientemente bueno para ello— Rhaenyra adoptó un tono más evidente y confidencial —Debemos ser conscientes de que si Caníbal mata, es porque quiere. Si asesina a otros dragones, o masacra el ganado, es porque quiere. Si mató a ese niño, es porque así lo quiso. No cometamos el error de pensar que es una bestia incontrolada. No. Un dragón tiene consciencia, y si hace lo que hace es porque puede. No dejará que nadie que no sea digno de él consiga domarlo, pero ello no significa que sea indómito. Ningún dragón lo es. Esta situación es una batalla mediática entre él y nosotros— Les explicó Rhaenyra, dando un puñetazo en la mesa —El pueblo observa. El pueblo juzga. Lleváis razón cuando decís que fracasar frente a la doma del dragón debilitará nuestra imagen ante el pueblo, pero si optamos por matarlo, demostraremos que tampoco hemos podido controlarlo, y también habremos fracasado a ojos del pueblo. Matarlo es la opción cobarde, es la opción que el pueblo quiere, porque son cobardes, y no es la opción que debemos darles. Al matarlo les daríamos la seguridad que necesitan, pero perderíamos la credibilidad que tienen puesta en nosotros. La única opción que hay a mi juicio es domar a la bestia y demostrar a los dioses y a los hombres que nadie, ni hombre, ni dragón, que pueda alzarse contra la Corona.

Para la Princesa de Rocadragón no había otra salida. Si empezaban a conceder los deseos del pueblo en materia de dragones, ¿Qué sería lo siguiente?¿Cerrar Pozo Dragón por entrañar riesgo? No. El pueblo era pueblo, y los reyes, reyes.

En cuanto a los requisitos que habría que tener para con los posibles jinetes, la mayoría os mostráis de acuerdo en que deben endurecerse, siendo meticulosos, sobretodo, en su procedencia, linaje y confianza— Resumió ella —Y lleváis razón. Os preocupa la integridad de los nuevos jinetes, así como su lealtad hacia la Corona, y lo veo razonable. Pero habéis pasado por alto un pequeño matiz— Dijo alzando un dedo —Lo que se va a domar no son caballos salvajes, son dragones. Nuestra familia tiene el control sobre la mayoría de los dragones gracias a que muchos de ellos han sido criados desde que eran huevos, creando así un vínculo entre jinete y dragón. Pero nosotros no vamos a entregar huevos a nadie, lo que proponemos es domar a los ejemplares adultos, y éstos no aceptarán a cualquier jinete. La probabilidad de que el dragón acepte al jinete que nosotros le sugiramos es ínfima. Además, teniendo en cuenta la probabilidad de éxito en la doma de estas criaturas, es más probable que extingamos a los Celtigar, a los Hightower o a los Arryn antes de conseguir domarlos a todos. Un dragón adulto elige a su jinete, y la criatura no tendrá en cuenta si ese jinete se apellida Arryn o es Billy el hijo del Herrero. Sinceramente, creo que es más sencillo adoctrinar al jinete que el dragón elija y hacerlo fiel a nosotros, que intentar que nuestro jinete sea aceptado por el dragón— Rhaenyra abrió la palma de su mano para calmar a los presentes —No estoy proponiendo abrir la veda a la doma de dragones de forma indiscriminada. Eso jamás. Sólo sugiero que los candidatos tengan un origen heterogéneo, pues no olvidéis que la última palabra será del dragón. Eso no quita que los candidatos sean entrevistados y juzgados antes de permitírseles la doma. Si, por la razón que sea, el candidato no es de fiar, se le prohibirá la doma. Seguirá siendo nuestro el control, pero evitaremos crear una casta selectiva en la que habrá más muertes que éxitos. La idea de los tutores también es buena, y ellos mismos podrán encargarse de su supervisión y corroboración de tal lealtad, pero no nos obcequemos en estrecharnos demasiado en un círculo de confianza. No olvidemos que la traición puede venir hasta de los más allegados…

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Viserys Targaryen el Mar Jul 12, 2016 9:08 pm

Las puertas se abrieron de golpe y allí, medio encorbado sobre un bastón, estaba el rey de Poniente. Tenía un aspecto lamentable pues su salud habia empeorado, pero en cuanto se enteró de en que consistía la reunión no pudo evitar levantarse contra los consejos de todo el mundo y acudir, era un asunto demasiado importante como para que se mantuviera al margen.

- Lamento haber tardado. - fue lo único que dijo antes de avanzar hacia la mesa y desplomarse en su asiento, a la cabecera de la misma. El hombre tenía el rostro enrojecido por el esfuerzo y hasta estaba sudando, se le notaba que cada paso que daba era una agonía para él. Pese a todo allí estaba, esforzándose por cumplir con su deber hasta el final. - Quiero un resumen. - y el consejo privado le dió un resumen de lo que se estuvo diciendo hasta ahora. El rey se mantuvo mudo todo el rato, dejándoles hablar y, cuando estos terminaron, permaneció en silencio durante varios minutos.

- Antes de nada, quisiera haceros una pregunta. Si el hombre que vino al baile con su pobre hijo calcinado hubiera traido tambien la cabeza de caníbal porque (de algun modo) logró matarlo, ¿lo habríais condenado por ello? - paseó la mirada entre los presentes al decir esto. - No voy a permitir que se cacen dragones, pero no podemos esperar que el pueblo no intente defenderse de sus ataques. Y si los condenáramos por ello, ¿que clase de imagen estaríamos dando? Habeis hablado de la imagen que daría matar o no ser capaz de domar al dragón, pero poco se ha dicho sobre la imagen que daríamos si parecemos preocuparnos más por los dragones que por la gente a la que gobernamos. - miró con cierta reprobación a todos los presentes.

- En cuanto a la lealtad de los nuevos jinetes. Decidme, ¿alguien sabe decirme que es la lealtad exactamente? ¿Y como puede medirse? Cualquiera puede cometer actos leales, incluso los traidores... especialmente los mayores traidores. - al decir eso un nuevo silencio incómodo se hizo en la sala, los miembros del consejo se miraban entre si, como preguntándose si estaba hablando de alguno de ellos en concreto. - Especialmente si buscamos candidatos entre gente con poder, pues el poder lleva a la ambición y esta, a la traición. - aseguró el rey. - Debemos asegurarnos de que los candidatos sean gente que tenga algo que agradecernos, hacer que parezca que les estamos haciendo nosotros un favor a ellos en lugar de ellos un favor a nosotros. No busqueis entre señores y herederos, buscad segundos o terceros hijos, buscad hijas y prometedles que no tendrán que casarse a la fuerza, buscad gente del pueblo llano que tenga dificultades para sobrevivir. - el rey había hablado por demasiado rato, por lo que paró, tomando varias bocanadas de aire para recuperarse.  

- Pero, si estais totalmente seguros de la lealtad de alguien adelante... si es que no os importa que corra el riesgo. - dijo, pero aun no había terminado de hablar. - En tres meses todos los dragones deben estar domados. Todo dragón que no haya sido domado el último día del mes III... deberá ser ejecutado. - un gemido ahogado salió de la garganta de los miembros del consejo, algunos hasta intentaron protestar. - ¡No! Sé que la decisión es dura, pero debe hacerse. Los dragones nos han dado el poder, pero es el pueblo el que nos mantiene en él, el que trabaja para nosotros, ara los campos, cria los animales que comemos y mina las piedras preciosas que llevamos puestas.

- Todo nuevo jinete de dragón se convertirá automáticamente en pupilo de otro jinete más veterano. Y quiero que selecciones vosotros a los tutores. Aegon y Rhaenyra decidirán, Aegon decidirá quien instruirá al primero que dome a un dragón, Rhaenyra al segundo y entonces el proceso se repite hasta que todos los nuevos jinetes tengan mentor. - declaró el rey.

Off: El orden de los jinetes será el orden en el que se realicen las domas, siendo, por ejemplo, Aedan el primero y por tanto responsabilidad de Aegon, Aelyx el segundo y por tanto responsabilidad de Rhaenyra, etc...

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Rhaenys Targaryen el Jue Jul 14, 2016 5:46 am

La vieja princesa bebió de su copa con agua una vez que terminó de hablar, respetando el turno de Helaena, la que más que prima en segundo grado, era como su sobrina. Aquella chiquilla siempre le había parecido muy diferente a sus dos hermanos; incluso en ese momento, Helaena se mantenía educada y respetuosa ante el consejo, hablando de la forma más neutral que su madurez emocional le permitía, aunque aquello no significaba que sus palabras fueran totalmente acertadas. Rhaenys se incorporó en el asiento, pegando su espalda al respaldo de la silla, y clavó su mirada en el rostro juvenil e inocente de la segunda hija de su primo. Una mueca de desaprobación apareció pronto en el rostro de la Señora de las Mareas; no consideraba que Aemond hubiera incurrido en una gran hazaña al montar a Vhagar. Había que otorgarle el mérito de atreverse a montar a un gran dragón, pero no se podía comparar a un dragón con otro y eso lo dejó muy claro Rhaenyra más adelante, cuando le tocó su turno de hablar: no era lo mismo montar a un dragón que ya había sido domado dos veces anteriormente, que había sido entrenado rigurosamente por el látigo tanto de Visenya como de su difunta hija, Laena, que domar a un dragón que jamás había tenido sobre su lomo por más de cinco segundos a un jinete. Y si aquello le había parecido una mención por no decir absurda, lo de la pertenencia de Caníbal le provocó un profundo desacuerdo.- No podéis comparar a un gatosombra con un dragón -soltó de pronto, sin poder contener sus dichos.- Caníbal sí es parte de nuestra familia; ha vivido por años en las cuevas de Rocadragón, ha surcado por años los cielos sobre la antigua isla, miles de personas han admirado su majestuosa presencia y han temido a su libertad. El hecho de que no haya escogido a algún jinete aún, no significa que debamos simplemente desechar su existencia tratándolo como un forajido. El es parte de nuestra identidad tanto como lo han sido Vhagar, Balerion o Meraxes, y si está aquí es porque nuestros antepasados trajeron a los dragones, y él nació de uno de los tantos huevos que alguna de nuestras dragonas puso en su momento. -Intentaba hacerle entender tanto a la joven princesa como al resto de presentes que Caníbal era parte de ellos, tanto como lo era el Trono de Hierro.

Volvió a beber un sorbo de agua mientras observaba a su nuera recuperar la palabra, no hacía falta conocerla durante años para saber que estaba profundamente molesta y decepcionada, y no demoró en hacerlo notar. Las miradas oscilaban entre los rostros de Rhaenyra, Aemond y Aegon, y todos allí decidieron que era mejor guardar silencio ante la reprimenda, pues no era prudente entrometerse. Poco a poco el tono de voz de la heredera al trono fue distendiéndose, volviendo a la neutra compostura que la caracterizaba, sin embargo, allí no terminó todo, no para Rhaenys. La mención de su cuñado la dejó completamente atónita. Maegor había acudido a la señora de Rocadragón para pedir su autorización en la doma de Caníbal, y no se lo había comentado ni a su hermano ni a ella. Agradeció que el trago de agua ya lo había bebido, porque de lo contrario se habría atragantado. Sus ojos se abrieron como platos y clavó sus orbes llenos de sorpresa en el rostro de su nuera, como deseando que ella confirmara sus dudas. Era una completa locura, hasta Rhaenyra lo admitía, y el susurro que recorrió la estancia generando un eco en las silentes paredes. Rhaenys no dijo palabra alguna, pues creyó que era innecesario hablar en ese momento, pero en su mente cavilaba las una y mil formas de enfrentar a Maegor e intentar detenerlo, si es que eso era posible.

El resto de las palabras de su nuera pasaron desapercibidas para la Reina Que Nunca Fue; se hallaba absorta en sus pensamientos, se preguntaba cuáles podrían ser las razones que su cuñado pudiera tener para decidirse a realizar tamaña locura, e intentaba atar cabos, recordando la forma en que el Velaryon se había retirado del Gran Salón horas atrás, después de las palabras del rey sobre la recompensa que daría a quien se atreviera a domar a tal fiera. Su concentración era tal, que la aparición de su primo Viserys la tomó por sorpresa provocándole un ligero sobresalto. Los presentes, incluida ella, se pusieron de pie con rapidez e inclinaron con elegancia las cabezas para saludar a Su Alteza, tomando asiento después de él. Los consejeros obedecieron a la petición del rey y lo pusieron al día con todo lo que se había hablado en aquella reunión, generando pronto una opinión muy clara en el pensar del monarca, quien comenzó a hablar para explicar su punto de vista. Rhaenys encontraba bastante razón en sus palabras, aunque ella sí habría castigado a cualquiera que osara matar a uno de los dragones que se hallaban repartidos por el continente. Pero en lo que respectaba a la lealtad, Viserys tenía mucha razón: la lealtad era algo realmente voluble, que podía cambiar de dirección con cualquier empujoncito que le dieran, y tal como lo había dicho Rhaenyra, hasta el más leal podía ser un traicionero. El decreto que siguió no terminó de convencer; el plazo que Su Alteza daba le parecía demasiado corto: habían varios dragones sueltos por Poniente, y tres meses -e incluso menos- eran muy poco tiempo para conseguir candidatos suficientes para las posibles domas. Pero él era el rey y por ende se suponía que sabía lo que hacía, por lo que no se molestó en protestar, conocía lo suficiente a su primo como para saber que muy pocas veces daba marcha atrás. Al menos otorgaría tutores para los nuevos jinetes e intentaría mantener vigilados tanto a los dragones como a quienes los montarían. Miró a todos los presentes como preguntando si aquello había dado por finalizada la reunión; le urgía ir a los aposentos que le habían designado para contarle a Corlys de lo que se había enterado, necesitaba que él le ayudara a convencer a su cuñado de que lo que pensaba hacer era una peligrosa locura.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Helaena Targaryen el Jue Jul 14, 2016 5:09 pm

Si Helaena no estuvo de acuerdo con las formas de Aemond, nada tuvo que ver con la punzada que sintió en el pecho y el sabor agrio en los labios al oír a su hermana burlarse así de la condición de su hermano menor, condición que su hijo armado y sin supervisión a los cinco años había provocado. Ella nunca culpó a ambos niños, Helaena culpaba a los respectivos padres de los vástagos que se había peleado, así que no solo era algo que era culpa de Rhaenyra, si no que encima mostrase semejante falta de control o madurez -más teniendo en cuenta que era mucho mayor que Aegon y Aemond, que podían pecar de infantiles muchas veces- le pareció uno de los problemas que su padre no afrontaba y por eso las cosas estaban como estaban.

Estuvo a punto de decirle a que su hermana, muy finamente, que cerrase la boca si es que quería ser ejemplo de algo en su vida, más aún al oírla menospreciar al pueblo al que al fin y al cabo gobernaría -a no ser que pensase ser reina de las piedras y los dragones simplemente-, pues no solo era una forma absurda de alargar aquello y crear enfrentamientos innecesarios, si no además de demostrar una falta de sentido común alarmante en la futura reina. Bastantes dudaban que una mujer fuera capaz de reinar, no necesitaban que Rhaenyra les diese motivos para ello y muchos veían al rey un hombre débil, no necesitaban motivos para encima opinar que ni si quiera era capaz de elegir y educar a una heredera a la altura. Pero todo eso quedó relegado cuando el rey entró en la sala, se levantó e inclinó como cualquiera, pero acto seguido apartó la silla y se acercó a él para ayudarlo a sentarse.

De haber estado en otro lugar o evento, no habría corrido a ayudar a su padre como a un inválido, pues no quería dejarlo por alguien débil, pero en el consejo todos eran conscientes de la realidad y negarla dejando que su padre se forzase más era una pérdida de tiempo. Luego de comprobar que estuviera acomodado en su asiento, le llenó una copa de agua y se la dejó a mano, volviendo a su asiento en silencio. La menor de sus hijas se sentía muy unida al rey y siempre procuraba ayudarlo, tanto como acompañarlo y complacerlo, así que no era de extrañar su comportamiento para nadie que la conociera.

Tampoco extrañaría a nadie que mucho de lo que Helaena había dicho, fuera lo que salió de los labios de Viserys. Padre e hija eran muy similares en carácter y humor y también en la forma de ver las cosas y aunque no estuvieran completamente de acuerdo en todo -¿Quién puede estar siempre de acuerdo en todo en este mundo?- no diferían nunca demasiado en sus ideas y sus actos. Era evidente que Helaena se sentía orgullosa, no porque sintiera que su padre le había dado la razón por encima del resto, si no porque ella consideraba que su padre era dueño de verdades absolutas y no tendía a equivocarse -un reinado de paz y abundancia lo abalaba- por lo que significaba que haber pensado tan parecido a él era que ella estaba aprendiendo con cada año y cada tarea que el rey le mandaba a hacer las cosas bien. Para alguien que intenta complacer a todos, aquello era algo importante.

Y dicho todo aquello ¿Quién osaría llevar la contraria al rey? Miró a Aemond entonces con una advertencia clara de no provocar una pelea innecesaria con su padre solo porque disfrutase llevando la contraria al rey, con el que no guardaba buena relación desde que perdió su ojo.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Aemond Targaryen el Sáb Jul 16, 2016 8:28 pm

Una irreverente media sonrisa se dibujó en los labios de Aemond ante la respuesta de Rhaenyra. No esperaba que ella aceptase las críticas, pero tampoco que fuese tan estúpida como para insultarlo delante del Consejo Privado. El único ojo del príncipe se clavó en los de ella, como si fuesen dos lobos a punto de lanzarse contra la garganta del otro. Sorprendentemente, no reaccionó como el resto de los miembros del consejo esperaba, a juzgar por el rostro de Otto Hightower, Mano del Rey, que parecía estar esperando a que su nieto tuviese uno de sus característicos ataques de ira. El gesto de Helaena, aquella patada por debajo de la mesa, había contenido el carácter de su hermano, que se limitó a hablar en voz suave e indiferente.

- Tienes razón, hermana. Te presento mis disculpas -dijo el joven, para sorpresa de todos los presentes-. Al fin y al cabo, la culpa ha sido mía por ser tan estúpido como para pensar que podrías controlar dragones si hace ocho años no fuiste capaz de controlar a tus propios hijos.

La Mano lo fulminó con la mirada, pero al cabo de unos segundos entró el Rey, posiblemente en el momento más adecuado para evitar un verdadero ascenso de las hostilidades entre sus hijos. Aemond sintió una extraña opresión en el pecho al ver a su padre tan débil, y estuvo a punto de ir a ayudarlo, pero la propia Helaena se le adelantó. La relación del Targaryen con su padre se había vuelto fría y distante con los años. El joven lo quería, al fin y al cabo era su padre, pero sus decisiones con respecto al matrimonio de Aegon y Helaena y su inacción y tolerancia en el incidente con los bastardos Strong eran cosas que no se sentía capaz de perdonar. Y aquello se alzaba entre los dos como un muro infranqueable. Escuchó las palabras de su padre en silencio, y sonrió para sus adentros. Cómo no, a pesar de su edad y enfermedad, Viserys se había caracterizado siempre por ser un rey sabio y un eficiente administrador, preocupado por el bienestar de nobles y plebeyos por igual. La idea de sacrificar a todos los dragones no domados en tres meses le pareció demasiado extrema, era demasiado poco tiempo.

- No pretendo llevaros la contraria, Padre -comenzó el Tuerto, obligándose a mirarlo a los ojos-. Tenéis más experiencia que cualquiera de los presentes en esta sala gobernando. No obstante, ¿tres meses? Vos mismo me decíais, cuando era un crío, que las cosas deben hacerse con paciencia, que las prisas son aliadas del fracaso. Entiendo que la situación es peliaguda, si no fuese el caso ni nos plantearíamos matar a ningún dragón, y estoy más que dispuesto a, llegado el momento, volar con Vhagar para darle un final rápido a los que aún no hayan sido domados -Aemond estaba haciendo ímprobos esfuerzos para mantener su temperamento a raya y hablar como se esperaba de un príncipe Targaryen, para no decepcionar ni a su madre ni a sus hermanos... y sobre todo, para que su padre, por una vez, lo entendiese-. Tres meses es poco tiempo para encontrar candidatos para la doma, al menos un número suficiente. Acabaremos matando a la mitad de los dragones salvajes que hay, Padre. ¿No podríais alargar el plazo del decreto? Medio año. En medio año tendríamos el tiempo suficiente para planificar y ejecutar vuestras órdenes con un mínimo perjuicio tanto para hombres como para dragones.

Respecto a la orden de que cada jinete veterano se encargase de uno de los jinetes novatos que fuesen apareciendo, Aemond no dijo nada. No le gustaba la idea de hacerse cargo de nadie, pero entendió que era la mejor forma de asegurarse de la competencia y la lealtad de los nuevos jinetes. Así que se mantuvo en silencio, esperando la opinión de los demás y la respuesta de su progenitor.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

Mensaje por Aegon Targaryen el Dom Jul 17, 2016 2:22 am

Aquella reunión término siendo más interesantes de lo que podría haber imagino durante la invitación. Los dragones parecían ser algo secundario y todo giraba en torno a disputas nuestras, casi como si buscáramos cualquier escusa para agredirnos. En parte me parecía demasiado productivo, servía para recordarnos a cada uno de que lado estábamos y como pensábamos. Pero no se equivoquen, verdes y negros no era una pelea de bandos, no era una pelea por problemas familiares. Era una pelea ideológica, una pelea política, y estaba mas que demostrado en aquella mesa. Teníamos ideas diferentes en cuanto como se debía accionar respecto al tema que nos convocaba. ¿Sacrificar a Canibal o no?¿Dejar que cualquiera montara dragones o no? Muchas eran nuestras diferencias, simplemente esperaba que todo pudiera seguir desarrollándose con normalidad y no tuviéramos que caer en palabras para aguijonearnos los unos a los otros.

Cuando Rhaenys comenzó hablar no pude evitar pensar que de su boca saldrían tonterías producto de su relación nefasta e interesada con Rhaenyra. Y me equivoque, lo acepto,  compartía cada palabra de las que había dicho. Exceptuando aquellas en las que nos acuso de buscar excusas infantiles para confrontar a nuestra media hermana, estaba lejos de serlo. Aun me costaba entender como los Velaryon seguían estando al lado de Rhaenyra, ella había traicionado a Leanor acostándose con Harwin Strong, ella los había deshonrado. Había traído al mundo hijos bastardos, le ofrecía al trono sangre sucia, pero ellos seguían a su lado. Posiblemente eran tan codiciosos y trepadores como Rhaenyra, seguramente eso era lo que los mantenía unidos. Después de todo, de esta forma, su nieto seria rey en algún momento de su vida.

Entonces cuando abrió la boca mi hermana me quede atónito, realmente me había sorprendido. Nunca escuche tantas palabras carentes de conocimiento, nunca vi a alguien humillarse tanto delante de tantas personas. Yo sinceramente la creía mas inteligente, mas astuta, pero la heredera al trono de hierro no parecía más que una fulana cualquiera que había leído algún que otro libro de dragones. Y no solo eso, se había tomado la atribución de atacar a Aemond con respecto a su ojo. Deje que el le respondiera y luego cuando estaba por emitir palabra mi padre irrumpió en la reunión. Me contuve, lo mire fijamente caminar a paso lento hasta su silla y cuando se sento deje salir un pequeño suspiro. Cada vez le quedaba menos tiempo, se veía desde lejos ya que tenia los días contados. Eso me apenaba profundamente, si bien mi padre y yo nunca habíamos tenia una relación típica no dejaba de ser mi progenitor.

Camine con mi copa tranquilo hasta volver a mi lugar junto a Hela, las palabras de Viserys me hicieron sonreír de forma amplia mientras clavaba mis ojos en Rhaenyra con soberbia. Después de todo el rey no había hecho más que darme la razón ¿Cómo lo tomaría mi orgullosa media hermana?  Una vez termino de hablar comencé yo –Antes que nada, quisiera pedir disculpas ante el consejo por la actitud de algunos miembros del mismo –Repetí exactamente las palabras de ella solo que esta vez me refería a su persona –Es fácil hablar de madurez cuando no se responde con esta, en verdad me apena demasiado que acontecimientos tan desafortunados para nuestra familia se traigan a esta mesa –Aquello lo decía en referencia a la pérdida del ojo de mi hermano. Posiblemente fue lo más descarado por parte de la regente de Rocadragon –Y si, esto que acaba de suceder es posiblemente culpa tuya y de nuestros antepasados Rhaenyra ¿Tenemos que idolatrar sus figuras acaso? –Pregunte levantando una ceja para luego beber algo de vino –Nadie les quita meritos, todos reconocemos sus logros a lo largo de la historia. Sin embargo eran personas como nosotros, seres que se equivocan – “Como nuestro padre al heredarte el trono” pensé por un momento sin perder mi sonrisa confiada.

Me sorprende escuchar de tu boca palabras necias con el simple fin de atacar a alguien que lleva tu sangre. Necias porque creo que todos los presentes sabemos que un jinete solo puede tener un dragón, no existiría forma que Aemond pueda montar a Caníbal. Sin dudas estoy convencido de que ser asi lo lograría –Dije mirando por un momento a mi hermano con orgullo para luego volver – Por otro lado, creo que te confundes al hablar de la conciencia de los dragones como si pensaran como nosotros. Ellos tienen sus personalidades bien marcadas, si, pero estoy lejos de creer que Caníbal mato al niño porque le desagrado su cara o porque le gusta matar pequeños. Lo hizo porque está en su instinto el salvajismo y la violencia, es su forma de ser. Los dragones son seres majestuosos, únicos, pero no dejan de ser bestias… De otra forma, si pensaran como humanos estaríamos todos muertos. Después de todo todos sabemos de lo que somos capaces…

Luego de eso mantuve mi mirada fija en ella –Tampoco me parece apropiado que la futura heredera al trono se refiera al pueblo como “cobardes” –Eso si que me había molestado, no podía tolerar esas cosas –Me gustaría que alguna vez te pongas un poco en su lugar y te sientas como se sienten ellos. Y no me avergüenzo al decir que yo si fuera ellos también tendría miedo, no por mi, si no por mi familia… -Trague saliva –Después de todo estamos aquí por un niño muerto, un hijo, un hermano, podríamos ser nosotros o alguien con nuestra misma sangre. No Rhaenyra, cobarde no es la palabra correcta para referirte a la gente que gobernaras –Le di una pequeña lección para que no volviera a cometer esos errores frente a otras personas, no quería que quedara mal parada. Al fin y al cabo si ella quedaba mal nuestra familia lo hacía también. Mire al rey y mi mirada cambio por completo, era mas tranquila –Mi padre tiene razón, no podemos valorar mas a los dragones que a nuestro pueblo. Nada justifica que alguien muera por culpa de nuestras bestias. Por eso el mismo pueblo será el que tenga el permiso de domarlas, siempre y cuando juren lealtad al trono de hierro –Bebí toda mi copa y la deje en la mesa para tomar la mano de mi amada esposa – Por otro lado comparto la inquietud de Aemond, tres meses puede resultar escaso tiempo para conseguir que todos los dragones tengan un jinete. Me gustaría pedir una extensión de este plazo si no os molesta padre.  De cualquier forma estoy de acuerdo y honrado con su decisión en cuanto a mi concierne para seleccionar los futuros tutores. Prometo hacer lo mejor posible –Hice una pequeña pausa, la verdad ya no había mucho mas que decir –El rey ya ha hablado ¿alguien tiene algo mas que decir? –Pregunte mirando a todos aunque luego culmine en Rhaenyra esperando que soltara alguna de sus típicas cosas.

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Re: En Materia de Dragones [Consejo Privado]

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