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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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La ciudad de los Dragones [Helaena Targaryen y Najma Qorgyle] Libre

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La ciudad de los Dragones [Helaena Targaryen y Najma Qorgyle] Libre

Mensaje por Edrick Yronwood el Mar Jul 05, 2016 5:01 pm

Spoiler:
Bahía del Aguasnegras, Muelles de la Fortaleza Roja. El Post es libre todo aquel que crea conveniente postear e intervenir que lo haga respetando la coherencia del mismo y el orden. Smile

Los tres días de navegación habían sido, para Edrick, largos, tediosos y frustrantes. La resaca de su embarque a la luz de la luna en Lanza del Sol había sido de las grandes. Las ojeras que revelaba su rostro en el reflejo del agua de la bacinilla daban fe de ello. El camarote donde se vestía ahora era considerablemente más pequeño que aquel donde había dormido la primera noche. El mismo había solicitado y pagado por este otro, pues la relación entre Najma y él era... complicada. El Yronwood no estaba seguro de todo lo que había pasado aquella noche. Tenía grandes lagunas en la mayoría de momentos clave. Además, no podía confirmar si se había acostado con ella. Y Lady Qorgyle había marcado las distancias durante el trayecto tajantemente. Ambos se trataban con una exquisita cortesía, muy alejada de la ebria confianza que habían mantenido unas decenas de horas antes. Edrick se había sentido como un imbécil hablando del tiempo y de banalidades con la mujer con la que hacía poco había compartido el lecho. No logró en las tímidas y cortas conversaciones que habían mantenido descubrir cuales eran los verdaderos sentimientos de la dorniense. No llegaba a comprender de que se componía esa barrera que ahora los separaba. ¿Vergüenza, arrepentimiento, culpa...?

El Yronwood había pasado la mayor parte del tiempo con los tripulantes de la nave. Se había ganado con facilidad a los marineros entre historietas y chismorreos. Estos le habían puesto al día sobre casi todo y casi nada en general. Aunque uno le había advertido sobre Lady Qorgyle diciéndole que "pasaban cosas raras en Asperón". No le había dado la menor importancia. La bahía del Aguasnegras se dibujaba ante ellos en la lejanía y Edrick se levantó rápidamente y se dirigió al camarote de Lady Qorgyle. Ya tenía una escusa para hablar con ella. Además un marinero le había dicho que aún faltaban unas cinco horas para entrar a puerto. Lo mejor sería distraerse. No había bajado ni la mitad de los escalones cuando apareció Najma al final de las mismas. Edrick se hizo a un lado para dejarle paso. - Estamos llegando a Desembarco mi señora. Venía a buscarla, deben ser unas vistas magníficas para el final de un viaje magnífico. - sonó forzado el cumplido, pero después de tres días en alta mar metido en una caja de madera gigante, el dorniense no daba para más.

El marinero acertaba para desesperación de Edrick. Sin embargo poco a poco el desasosiego dio paso a la admiración. Desembarco del Rey aparecía imponente ante ellos. La mítica Fortaleza Roja parecía pulida y respondía orgullosa con el brillo de sus ladrillos hacia el sol. Conforme se iban acercando centenares de estandartes se adivinaban colgados a lo largo de la muralla de la ciudad. Incluso creyó reconocer el blasón de los Martell. Los preparativos para un torneo de ese calibre no dejaban indiferente a nadie. Tardaron una hora más de lo previsto pues, tras conocer a quien llevaban a bordo les remolcaron hacia los muelles privados de la Fortaleza Roja. Un detalle que mantenía alejados a los dornienses del bullicio y la inmundicia de la capital. Se tuvieron que ayudar de una pesada pasarela para trasladarse a un pequeño bote, pues el navío en el que habían llegado tenía demasiado calado para entrar muelle privado de los Targaryen. Un ensordecedor rugido y un fuerte aleteo asustaron al dorniense cuando un dragón partió desde uno de los patios de la Fortaleza hacia el este. Edrick se percató de que los ciudadanos de la capital ni se inmutaban, parecían acostumbrados. Recordó las palabras de su padre: "Los únicos que no temen a un dragón son estúpidos, Targaryen o ambas cosas".

Les acompañaron por largos pasillos y escaleras hasta una pequeña pero elegante sale. La riqueza visible que ostentaban las pareces de aquel castillo no tenía rival en las pocas cortes donde Ser Edrick había estado. Que los Targaryen eran poderosos y estaban orgullosos de ello lo sabía todo el mundo. Y los centenares de estandartes con el dragón tricéfalo que ondeaban por la capital daban fe de ello. Edrick se atusó lo mejor que pudo aquellos atuendos prestados por el guardia de los Qorgyle. No tenía pinta de noble, solo parecía un guapo soldado dorniense. Así que, cuando un criado les preguntó sus nombres el afirmó llamarse Ser Rodrick Arena, capitán de la Guardia de Asperón. - Y tenéis delante a Lady Najma Qorgyle, Señora de Asperón. - el criado hizo una reverencia hacia la dama y apuntando esos datos en una tablilla les dejó otra vez solos en aquel salón. Al poco tiempo se abrieron las puertas y una Targayen (el color de sus cabellos no dejaba duda de ello) se presentó espléndida ante ellos. "La dificultad es saber cual de las Targaryen es". Se sorprendió con la palidez de aquella dragona, si los chismorreos eran ciertos la mayoría de ellos se parecerían mucho. "Dos mundos diferentes" pensó el Yronwood, al fijarse en el contraste entre ambas damas. Dio un paso atrás recordando que ahora solo era un bastardo. Al fin y al cabo, Najma no le había desmentido y ningún Yronwood se paseaba por la ciudad de los Dragones. Al menos, oficialmente.
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Re: La ciudad de los Dragones [Helaena Targaryen y Najma Qorgyle] Libre

Mensaje por Helaena Targaryen el Miér Jul 06, 2016 9:25 pm

Se acercaba el día finalmente para el inicio del torneo y Helaena junto a la reina se la pasaban de acá para allá haciendo funcionas que si bien parecían de nula importancia la tenían. Recibir, acomodar y mostrar hospitalidad a todos los nobles que acudían a la Capital parecía algo sencillo pero era agotador y la hacía gastar grandes dosis de energía y paciencia, además de un poco de hipocresía imprescindible para tolerar a gente que no soportas como si te alegraras profundamente de su presencia.

El motivo de que ellas cargaran con esta parte tediosa y larga del trabajo era que ambas poseían las dotes sociales que el resto de los Targaryen no tanto. Sus hermanos mayores y Aemond poseían todos un encanto evidente, pero un carácter indomable que los hacía mostrarse altivos y posear una ira fácil de provocar y difícil de controlar. Helaena por el contrario era dulce y en casi todo momento apacible, posiblemente muchos la consideraran la más débil y falta de carácter de la camada de dragones, pero en parte su carácter era necesario para unir a sus hermanos y mantener la familia unida en la medida de lo posible, además de ser muy útil para lidiar con tareas diplomáticas. Fue por ello que se ocupó en gran medida de alojar ella misma a los invitados dornienses que habían acudido.

A eso iba, a recibir a una de esas nobles cuando el anterior, un señor de poco renombre del norte estuvo a punto de terminarle la paciencia, pues por lo visto, había hecho un buen parón en una casa de placer antes de ir a la fortaleza roja y venía borracho, una hora y media tarde y prostituta del brazo. Pero con su característico buen hacer Helaena dejó el asunto solventado y dos guardias pendientes de que el noble no diese escándalos, además de acompañar a la señorita a la calle cuando terminase su labor, siendo bien pagada y tratada. No quería escándalos, quería que todo fuese perfecto, pues la salud de su padre no estaba para disgustos y ella quería complacerlo con un torneo digno de recuerdo y alabanza, que fuese una prueba en la memoria de cómo había sido todo su reinado: próspero, tranquilo y bueno para sus súbditos.

Eso la hizo retrasarse en acudir al muelle para acompañar a la señora de Asperón, algo que la disgustaba pero a lo que no pudo poner remedio. Caminó presurosa pero tranquila por los pasillos de la fortaleza, habiendo dado instrucciones de que sus invitados fueran recibidos y llevados a un salón, mientras sus pertenencias eran llevadas al lugar apropiado para ello. Finalmente, llegó al lugar, una de esas muchas salas que normalmente nadie usaba y en las que nadie reparaba, pero en esos días no habría sala de la Fortaleza Roja que quedase en desuso. O casi ninguna.

Helaena era Targaryen por su palidez de cabello y piel y el intenso púrpura de sus ojos, pero lo cierto era que poco más tenía de sus hermanos. Era bajita y de cuerpo curvilíneo, mucho más que su madre o su hermana. Además, su sonrisa de por sí amable y sus rasgos le daban un aire aniñado poco acorde a la fiereza y el poder que en teoría los de su estirpe destilaban con su sola presencia.

-Lady Qorgyle- dijo con amabilidad a modo de saludo, dedicando un asentimiento de cabeza por respuesta, pues aunque Dorne era un reino independiente, solo estaba ante un igual si trataba con un Martell y cualquier noble de uno u otro reino debería respeto a un gobernante del otro.- Lamento la espera. Imagino que tras el largo viaje tanto usted como sus acompañantes desearán instalarse y descansar. ¿Desean algo de beber o comer antes de que les guíe a su alojamiento?- reparó en el hombre y lo miró de arriba a abajo con curiosidad, enarcando una ceja. ¿Qué era lo que le resultaba extraño a la princesa? Simple, que el uniforme del jefe de la guardia no fuese de su talla. Por muy bastardo que fuera, era el jefe de la guardia y sin embargo ¿No tenían para darle un uniforme de su talla? Aún así, rápidamente se centró en su deber.- Espero que la ciudad sea de vuestro agrado, ante cualquier cosa, no dudéis en poneros en contacto conmigo- ofreció a la extranjera.
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Re: La ciudad de los Dragones [Helaena Targaryen y Najma Qorgyle] Libre

Mensaje por Najma Qorgyle el Miér Jul 06, 2016 10:49 pm

Tres días de navegación no habían ayudado a Najma a comprender qué era lo que había ocurrido en Lanza del Sol y por qué se dirigía a Desembarco del Rey en un barco que ni en broma estaba a su altura. Sabía qué era lo que había ocurrido, o al menos creía saberlo, pero no lograba seguir con coherencia la cadena de acontecimientos que la habían llevado a esa situación. Sentada sobre un catre poco adecuado para una mujer de su rango, había pasado largas horas mirando por el ojo de buey la inmensidad del mar. Era la primera vez que veía el mar y a ratos, se sobresaltaba cuando una ola saltaba más alta que las demás o cuando enormes mamíferos marinos se aproximaban demasiado. Le hubiera gustado compartir aquellas impresiones con Edrick, pero tenía que mantenerse firme para que no le perdiera el respeto.

¿Se habían acostado realmente? No podía recordarlo pero sí había sentido el sabor de su boca y además, el primer amanecer les había sorprendido juntos en ese mismo camarote. Los siguientes días, Edrick había preferido buscar su propio camarote y pasar tiempo con la tripulación, lo que Najma agradeció para poder despejar sus pensamientos. Aún así, había pasado mucho tiempo esperando que llegara la hora del almuerzo o la cena para poder compartir esos momentos con él. La soledad en Asperón era su mayor privilegio; Najma estaba descubriendo que la soledad en otros parajes no era igual de buena.

Y hablando de soledad… ¿por qué tenía que conformarse con estar en ese camarote? ¿Por qué no podía salir y hablar con esos sucios marineros? Decidida, frunció el ceño con dignidad y se encaminó hacia las escaleras que llevaban a cubierta. Una figura le ocultó la luz del sol por unos instantes; era Edrick, algo más pálido que días antes y también más serio. Se preguntó si ella tendría un aspecto similar, tan poco… dorniense. - Se me ha pasado el viaje en un suspiro - mintió con descaro, siguiendo a Edrick hasta la popa, donde poco a poco las brumas daban paso a la silueta de Desembarco del Rey.

Quiso hacerse la indolente cuando las colinas emergieron en el paisaje, con la Fortaleza Roja dominándolo todo y el enorme Septo brotando entre el resto de edificios. Najma pensó en aquel lugar como un cajón desordenado en el que alguien había colocado casas, tiendas, muros y calles al azar, pero aún así, no pudo evitar cierto embeleso. Conforme se acercaba el momento de sumergirse en la ciudad, Najma se sentía más nerviosa. Intercambió alguna palabra banal que otra con Edrick, como si ella hubiera visto lugares así a menudo, y con cierto disimulo olfateó el aire cuando al fin abandonaron el barco. Sus ojos estaban alzados contemplando el brillo de la Fortaleza Roja cuando el cielo se oscureció unos instantes al tiempo que un rugido rompía el aire. ¡Un dragón! ¡Un puñetero dragón! Esta vez, Najma tuvo que dejar su falsa indolencia a un lado, lanzando una exclamación de sorpresa mientras se aferraba por unos segundos al brazo de Edrick sin dejar de seguir el vuelo del dragón con la mirada.

Rápidamente fueron conducidos hasta una sala en la fortaleza. Najma estaba sinceramente maravillada por el aspecto de aquel lugar; seguía prefiriendo el colorido y el exotismo de Dorne pero tenía que reconocerse a sí misma que la Fortaleza Roja imponía de verdad. Salió de aquel breve ensueño cuando escuchó a Edrick presentarse a sí mismo como un bastardo, capitán de la guardia de Asperón. Viró el rostro sorprendida hacia él. - Serás descarado… - comentó a decir, pretendiendo mostrarse furiosa aunque en realidad comenzaba a nacer en ella aquella chispa de diversión que había saltado en Lanza del Sol, en aquella taberna que Edrick había vaciado tan sólo para ellos dos. Sin embargo, antes de poder seguir con sus reproches, una de las damas Targaryen hizo su entrada. Najma permaneció silenciosa mientras la observaba; no solamente no sabía cuál de ellas era sino que no estaba segura de recordar sus nombres.

La señora de Asperón respondió con una sonrisa al saludo de la dama Targaryen. En verdad se sentía halagada al ver que una Targaryen se había molestado en recibirla, siendo que ni siquiera era un miembro de la familia Martell. ¿Habría pocos nobles aún en la fortaleza? ¿O lo que había era demasiados Targaryen? Su padre siempre había opinado esto último. - La espera es una minucia estando en un lugar como éste - respondió con sinceridad, mientras se colocaba sobre los hombros el vestido de gasa verde. ¿Cómo demonios se llamaría aquella Targaryen? - Es un placer ser recibida por vos, teniendo en cuenta que ni siquiera avisé de mi llegada - agregó sonriendo. Edrick permanecía un paso detrás de ella, extrañamente silencioso. No quiso girarse para mirarle, pues temía un súbito estallido de risa que no iba a gustar demasiado a la joven Targaryen.

- La verdad es que agradecería un almuerzo - respondió; la comida en el barco no era demasiado buena y, para el gusto de Najma, muy frugal - Los viajes en barco no me sientan nada bien, tengo el estómago algo revuelto. ¿Es por aquí? - preguntó señalando un pasillo por el que ambas echaron a andar - Estoy segura de que me va a encantar Desembarco del Rey. Eso sí... - dijo poniéndose seria y mirando a la joven Targaryen - Os pediré que me permitáis tener siempre cerca al capitán de mi guardia, no estoy acostumbrada a entornos con tanta aglomeración de gente y me siento más segura si me acompaña. No hay ningún problema, ¿verdad, mi señora? -. Najma sonrió de nuevo. Quizá no estuvieran tan mal unas vacaciones.
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