Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

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Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Maegor Velaryon el Lun Jul 04, 2016 3:43 am

Desembarco del Rey. La calle del Acero, por la mañana.
vestimenta:

La mañana había iniciado pronto para Maegor, cierta ansia no le dejaba dormir. Más esas mismas ansias no las dejaba ver en su rosto, la calma estaba siempre presente allí.
Desayunó antes que nadie, a solas, como casi siempre le gustaba estar. Solo sus guardias le acompañaban. Vestía de gris aquella vez, un gris platinado que siempre gustaba llevar, fuera de que no son los colores de la casa Velaryon, gustaba vestir así. Para él no era para nada necesario llevar siquiera el blasón de los Velaryon consigo, pues él mismo era quien los representaba, estaba claro quién era y aquel que no lo tuviera muy claro, con gusto le ilustraría.
En sus manos llevaba un libro tomado de la biblioteca personal de la familia Targaryen, obra de su cuñada, intentando escudriñar aún más en aquel arte antiguo proveniente de Valyria para domar aquellas magnificas bestias.

Más no pensaba hacerlo toda la mañana. Cerró aquello y lo dejó en sus aposentos, antes de partir con un par de guardias por la ciudad.
El carruaje nunca fue su medio de transporte predilecto, el estar allí como un noble indefenso protegido por un centenar de guardias, no era lo suyo. Él sabía defenderse de cualquier enemigo que le pudiera plantar cara, por las insistencias de su hermano y su cuñada se llevó una guardia personal con la que contar, apenas dos hombres serían suficientes.
Su objetivo: La calle del Acero. Donde los más finos artesanos de aquel bello material trabajaban día y noche, además de joyeros que trabajaban metales más finos aún.

El color de su cabello no era pasado desapercibido y la altura en la que estaba en su caballo llama la atención de más de uno en aquel lugar. En particular un herrero de finas ropas, algo de desconfianza para Maegor ¿Cómo podía un herrero llevar tan finas ropas para hacer sus materiales?. Lo pasó por alto, pues el anuncio del hombre era el siguiente: - ¡Acercaos mi señor, acercaos! ¡El castellano de Marcaderiva nos honra con su presencia en nuestros humildes locales y Larrian el Fino le ofrece lo mejor que podrá encontrar en este lugar! – No le incitó a ir con lo último, sino que le pareció extraño que le reconocía, el hombre tenía contactos.
Bajó de su corcel y uno de sus guardias sostuvo las riendas, la gente que allí estaba abrió el paso y algunos inclinaron la cabeza en saludo. Maegor solo observaba con frialdad al hombre que le había convocado, que ahora le esperaba con los brazos abiertos y una gran sonrisa.
Una vez estuvo al frente de él, esa expresión no se fue. - ¿El mejor? – Preguntó, sin sorpresa alguna en su voz, levantando una ceja. El hombre casi deshacía su sonrisa, pero la mantuvo firme, antes de intentar pasar una de sus manos por encima del hombro de Maegor. El Velaryon le detuvo de inmediato antes de que siquiera le tocase. El hombre titubeó y volvió su brazo a su lugar, juntando las palmas luego frente a su cuerpo. – Mi señor, mi señor. Sé que le encantará todo lo que hago, el resto de los herreros de aquí no saben apreciar el buen arte de este oficio, solo golpean y machucan el metal como si fuera el coño de una puta en celo. – El hombre rió. La analogía no le venía nada en gusto a Maegor, así que ni una sombra de una sonrisa se dibujó en su rostro.
De nuevo, el hombre ya algo incómodo por el silencio y la frialdad de su cliente se veía algo desesperado. – Yo, yo… Puedo volver a mi señor un ser terrible para sus enemigos. – Dijo, mientras mostraba los distintos yelmos que había hecho. De por sí, a Maegor no le gustaba llevar yelmo. – ¡De León, de Lobo, de un furioso venado, un temible dragón! – Anunció, con toda la gracia y gloria, como si se tratasen de las hazañas más grandes que hubiera hecho. A Maegor, nuevamente, no le impresionó.

Más desesperado aún, se acercó con gracia. – Le conexionaré un yelmo y una armadura completa con el blasón de su casa, será temible mi señor. – Entonces Maegor se enfadó. ¿Acaso creía que una armadura de caballo de mar sería temible para sus enemigos? Estaba claro que ese hombre estaba hablando disparates. Le tomó con firmeza de sus finas ropas, y lo lanzó hacia atrás, hasta hacerlo caer. – Tus trabajos son mediocres y tu sentido del comercio es inexistente. Aún no creo que este local inmundo esté abierto. – Le castigó el Velaryon. No se avergonzaba para nada del blasón de su casa, pero se vería ridículo con una armadura de ese tipo… Así fuera un león, un dragón, un lobo, lo que sea.
No dijo más, no tenía nada más que discutir con aquel mentiroso. Dio media vuelta a sus pies y pasó por la gente que se había espantado por la situación y aquellos que curioseaban el lugar. Al verle pasar, todos desviaron la mirada. Maegor solo tenía la mirada fija en el camino que abrieron hasta su corcel.
Más, antes de llegar, una situación llamó su atención, uno de sus guardias no estaba y el otro que sostenía su corcel observaba con mucha fijación un punto exacto. – ¡Gannon! – Llamó la atención de aquel guardia, mientras llegaba hasta estar frente a él. - ¿Qué está ocurriendo? – Preguntó mientras observaba hacia donde le indicaba su guardia. Gravven, el otro guardia, estaba deteniendo a un muchacho para que no se acercara más, aparentemente. Gravven era enorme, incluso más alto que Maegor, no le sorprendía que el muchacho no pudiera resistir a su fuerza.
Más algo le llamó la atención del joven, su cabello. Por un momento fue casi como ver el suyo en el espejo. Frunció el ceño ante aquello. – Gravven, suficiente. Nos vamos. – Dijo mientras montaba su caballo y Gravven se disponía a volver al suyo.
Trató de no volver a mirar hacia donde el muchacho estaba, así que dio vuelta velozmente su corcel, sin siquiera esperar a su escolta. Algo le decía que aquello era una verdad que no quería saber.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Jhroel Snow el Lun Jul 04, 2016 11:28 am

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Aquella bebida tan extraña había causado estragos en mí, los cuales no quería volver a experimentar jamás en la vida, tras haber llegado a la posada simplemente olvidé todo en ese lapso de tiempo ese fue mi último recuerdo y el haberme despertado esta mañana fue lo siguiente. Lo primero fue que hice; cuestionarme durante varios minutos, quería quedarme ahí y seguir durmiendo, olvidarme del mundo. Pero el tiempo es oro, y la venta de las pieles y demás cosas también lo era, así que apresuré por empezar mi día de la manera más enérgica que pude.

Pasaron varias horas desde que empecé, vender en la capital era más difícil de lo que pensé siempre terminaba humillado, golpeado por chiquillos juguetones con molas de barro y peor aún que me robaran las cosas, por esos motivos en que me solían tratar la mayoría de personas era que mis ánimos bajaban a tal grado de haber pensado en el suicidio en un pasado, pero aún tengo fe de las cosas un día cambiarán ¿Cuándo? No sé. Simplemente rezo a los antiguos y nuevos dioses por un mejor futuro nada más eso pido, mis ojos se cristalizaron mientras estaba perdido profundamente en aquellos pensamientos.

Lo más sensato sería volver y llevar las cosas puesto que si seguía a este ritmo perdería todo y ya mucho había perdido, si no hubiese sido por aquel buen caballero que me ofreció una moneda de oro estuviera arruinado, o al menos más de lo que lo estoy ahora. No lo pensé dos veces y volví a la posada guardando mis cosas, fui por el caballo y empecé a deambular por las calles del Desembarco del Rey, nunca me había dado un paseo turístico quizás deba ser hora de dedicar más tiempo para mí y no para los demás los cuales solo se dedicaban al maltrato hacia mi persona. Poseía dinero sobrante de aquella moneda quizás pueda encontrar algo de mi agrado, después de todo es la capital.

Mi nuevo caballo salió a trote por las calles del lugar, algunas personas me miraron nuevamente como lo habían hecho antes incluso recuerdo hace varios días una anciana me llamó “príncipe” lo cual vi absurdo y reí admitiendo la verdad de mi procedencia a lo que la anciana se vio disgustada por la confesión. ¿Tanto me parecía a la familia real como para hacer esas comparaciones? Mi mente no dio a más y se vio distraída por unas cuantas joyas a la venta de gran hermosura. Bajé del caballo lo más rápido que pude y las observé— ¿Cuál es el precio? —pregunté de la manera más amable que pude y con gran sonrisa esbozada la cual fue disipada por el precio que me fue dicho. Negué la cabeza junto a una sonrisa falsa intentando alejarme de allí, pero al mirar a un costado noté un hombre con una cabellera exactamente a la mía no pude contener mis ganas de saber quién era, así que empecé a caminar en dicha dirección.

A unos cuantos metros de distancia observé como trató aquel hombre, lo que me hizo sentir enojado, apreté mis puños al mismo tiempo que mis dientes, aquella acción me recordaba a mi como tantas veces me hicieron lo mismo de manera tan aborrecible. Así que empecé la caminata justo hacia ese rubio misterioso, lo cual se podía notar en mi cara las intenciones de decirle unas cuantas verdades. Sentí como si la luz del sol se apagase de pronto un gran hombre fornido y alto estaba frente a mí, le miré impresionado. Era obvio que había notado mis intenciones así que empecé a forcejear con él para que me dejara cruzar, la cosa la cual este empezó a evitar— ¡Déjame pasar! —dije entre pujos mientras hacía toda la fuerza posible por evadirle, pero fue totalmente imposible.

Ambos fuimos interrumpidos por aquella voz, le miré fijamente y fruncí el ceño totalmente impresionado sentía como si pudiese ver notoriamente rasgos de mí en éste desconocido, ¿Quién era? Quería averiguarlo sin duda alguna más cuando lo intenté se retiró inmediatamente sin oportunidad a esbozar la primera palabra.

Me quedé pensativo durante unos segundos, no podía dejarle escapar sin ninguna explicación, era una de las primeras personas que veía que tanto parecido tenía conmigo, quería saber de dónde provenía quién era, quizás sepa quién es mi familia paterna, aunque con la poca información que tenía acerca de mi padre era casi imposible. No perdí más tiempo, necesitaba respuestas, corrí hacia mi caballo y subí lo más rápido que pude en este— ¡Espera! —vociferé cabalgando en dirección a éste y sus caballeros— ¡Espera! —repetí, tenía mi mirada concentrada fijamente en éste que no tomó la decencia de hacer un simple giro y mirar atrás.

Repentinamente escuché mi caballo relinchar de dolor, uno de los guardias le había pegado con un mazo en una pata, lo siguiente que vi fue mi rostro acercarse al suelo un montón de ornamentos sonando entre el reperpero, todo después de ese momento se vio oscuro, estaba inconsciente.

Empecé a entre abrir mis ojos sintiendo un gran dolor de cabeza a la misma vez que veía borroso lo cual iba desapareciendo con los segundos, sentía en mi cabeza un latido constante como si fuera a estallar sin más. Miré a mi alrededor, estaba en una cama con una tela hermosa y fina, empecé a tocar tan suave sábana hasta que caí en sí; no era algo como lo que yo tendría. A mi alrededor se encontraba la habitación llena de lujos que jamás había presenciado, solo escuchado por historias vanas de ancianos y nada más. — ¿Saludos?

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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Maegor Velaryon el Lun Jul 04, 2016 10:31 pm

El muchacho fue insistente y, en su insistencia, sus guardias lo tomaron como una amenaza. Su caballo cayó mal herido en el suelo, posiblemente su pata estaría rota y el joven de cabellos rubios estaba tirado en el suelo, inconsciente por la caída. La gente alrededor miró con temor eso que pasó, pero enseguida empezaron a desviar las miradas puesto que no era de su incumbencia. Era un señor de una casa noble que estaba castigando a un don nadie que intentaba acercársele. Los guardias allí le dejaron y esperaron a seguir el paso, más se sorprendieron al ver que su señor no estaba moviendo su caballo.
Maegor se le quedó mirando desde la altura de su corcel con los ojos abiertos de par en par. El parecido era inquietante, además, era claro que el muchacho podría llevar la sangre de valyria en sus venas, no siempre se veían personas así. Suspiró, giró su rostro hacia adelante, al camino. – Levántenlo. Que maten al caballo, al muchacho nos lo llevamos. – Dijo con frialdad a sus guardias, los cuales podrían suponer que sería para interrogarlo o algo aún peor. Pero la curiosidad de Maegor no pasaba a tanto.

El más grande de sus hombres, Gravven, lo llevaba al menudo muchacho cargado en su hombro como si fuera un costal de papas. Caminaron por todo el lugar hasta encontrar la Posada más decente que podrían encontrarse allí, la cual no era mucho, pero era suficiente. No había tanta gente, por suerte.
Una vez entraron, pagó una habitación lujosa y allí llevó a sus guardias y al muchacho. No pensaba acercarlo siquiera a la Fortaleza Roja, no tenía ningún derecho de estar allí, por más sangre valyria que pudiera llegar a tener.

El lugar era bastante común, pero al menos no olía a ratas muertas como otras posadas. Las sabanas estaban limpias, las ventanas tenían cortinas y la puerta tenía cerradura. Gravven dejó al muchacho en la cama, mientras Maegor se sentaba en un cómodo sofá de una plaza que estaba cercano a la cama, a la espera de que despertara. No tenía prisa, no pensaba ir a ver el torneo de batallas cuerpo a cuerpo. Gravven se quedó al lado de la puerta, por dentro y Gannon custodiaba la puerta por fuera. De aquel lugar ese muchacho no saldría sin responder varias preguntas, así se las tuviera que sacar a la fuerza.
Hasta que al fin el muchacho dio señales de vida, o de lucidez. Se levantó observando el lugar, mirando, pero no viendo. Pues pasó totalmente por alto a Maegor que estaba sentado en aquel sofá. El Velaryon simplemente levantó una ceja al escuchar su “saludo”, parecía aun un poco mareado por el golpe. - ¿Cuál es tu nombre? – Preguntó Maegor en respuesta a lo que el joven peliplatinado decía. No obtuvo una respuesta inmediata, así que alzó un poco más la voz, sin llegar a ser intimidante, solo para que le oyera mejor. - ¿Cuál-es-tu-nombre? – Casi deletreó, con su claro tono de amargura y frialdad, sin mostrar ningún aprecio por él o por lo que le había pasado.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Jhroel Snow el Mar Jul 05, 2016 7:37 am

Vestimenta:

De pronto la soledad que abrumaba la habitación cesó ante la presencia de aquél desconocido, mi mirada se derrochó en su rostro — ¿Quién eres? —fruncí el ceño a la misma vez que indagaba con curiosidad la procedencia de aquel hombre. Su pregunta dicha anteriormente fue ignorada por mi cosa la cual no percibió de buena manera— Pe-pero…—no terminé de decir lo que tenía para decirle cuando me sentí intimidado en la manera que volvió a realizar su cuestión, en aquel instante dejé de verlo a la cara descendiendo mi vista hasta las sábanas. ¿Por qué tenía esa extraña sensación dentro de mí? ¿Por qué me sentía de tal manera?

Quizás este sea el momento de saber la verdad, si es que la hay y no sea una de mis cuantiosas ilusiones quiméricas que se me hacía en la cabeza, con esta vislumbraba algo diferente. Algo único que quizás éste hombre pueda aclarar— Yroel—tragué saliva al replicar— Yroel Snow—en ese momento miré a su cara buscando algún tipo de conmoción, gesto o más bien respuesta. — Provengo de Bosquespeso allá en el norte—sentí cómo se engranujaba mi piel al terminar de responder su pregunta.

Respiré profundo y me torné de pie. — ¿Por qué su parecido es tanto conmigo? —sentía como si un frío abrazador recorriera todo mi ser. Seguido caminé hasta la ventana observando las calles y gente deambulando por la misma, dejé perder mi mirada en la ventana nuevamente dando paso a aquellos pensamientos abrumadores y llenos de dudas. Creo que sabía lo que ya era obvio, pero parte de mí se reusaba en cierta forma a negarlo.

Mis manos temblaban junto con mis labios sin cesar— Lo siento, creo que debo irme—tomé mis cosas y me despabilé a las puertas. Mis ojos estaban cristalizados así que los estrujé. Más un empujón recibí al momento de intentar salir, uno de los guardias al ver mi acción me detuvo dando un gran empujón hacia atrás volviendo a cerrar las puertas. Me había magullado aquella caída por lo que me quejé— ¿Por qué no me dejaron salir? ¿Acaso soy tu cautivo ahora? —le mire con desdén.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Maegor Velaryon el Miér Jul 06, 2016 1:37 am

Su nombre no le dijo mucho, su procedencia no agregó más información relevante que la de su nombre, estaba en nada, pero aun así las preguntas volaban.
No tardó él en preguntar, la respuesta podría ser simple, el muchacho tenía sangre valyria o podía ser más compleja de lo que pensaba. Maegor se puso de pie y se acercó a la ventana, con serenidad y sus brazos en la espalda, observó hacia afuera por detrás de las cortinas, solo para poder pensar mejor en aquello. ¿Cómo un bastardo del Norte podría tener ese tipo de sangre? Era imposible, ni los Targaryen, ni los Velaryon ni nadie antes se había casado siquiera con alguien del Norte todos eran procedentes de los Primeros Hombres, ni siquiera de los Ándalos, además si así fuera, se había demostrado que la sangre de los Primeros Hombres pasaba por encima de cualquier otra, los rasgos valyrios serían completamente opacados por el negro cabello y ojos marrones de los norteños. Aquel que fuera su padre o su madre tenía que venir de una arraigada estirpe procedente de la antigua valyria. ¿Un mercader de las Ciudades Libres? Tal vez.

No respondió a su pregunta, el único que hacía preguntas allí era él. Aunque respondió a su intento de escapar. – Temporalmente, lo estás. – Dijo, con total desinterés a su situación sin apartar la vista de la ventana, aun intentando entender aquella situación en la que se encontraba parado.
Ignoró cualquier otra cosa que tuviera que decir el muchacho al respecto, sin moverse de su lugar. Más cuando tuvo la pregunta adecuada se giró a caminar en la habitación, de nuevo hasta verle directamente, aunque lo mantenía lejos a él, siempre le gustó tener un espacio personal.
-¿Quién fue tu padre? – De nuevo preguntó por encima de todas las preguntas que aquel bastardo pudiera darle, ignorando totalmente lo que tenía para decirle. De nuevo, el que hacía las preguntas allí, era él.

En su mente corría cierto temor, aunque nunca estaba reflejado en su rostro, en su cara podrían verle serio con su ceño fruncido y sus manos firmes en su espalda. Pero por dentro mil y un cosas estaban pasando, ¿Cómo es que un bastardo del Norte podría llegar a verse así? Los derechos que caen en él son bastante claros para Maegor, como cualquier otro bastardo de la casa Targaryen, semillas del dragón, no tienen ningún derecho de acercarse siquiera a la línea de sucesión, más algunos de ellos habían sido llamados para intentar domar dragones. Sin muchos buenos resultados.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Jhroel Snow el Miér Jul 06, 2016 8:05 am

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Me sentía muy extraño al encontrarme allí, mis intentos por salir de aquél lugar fueron malogrados y ni modos tenía que resignarme. Había escuchado historias acerca de personas que las secuestran; concluían torturando o incluso matando. No podía tener mi cuerpo completo aplacado pues algunas partes del mismo tenían unos incesantes y leves temblores. Proseguí a tornarme de pie, aquel se delimitaba a responder la mayoría de mis preguntas lo cual me empezaba a exasperar.

Mis ojos quedaron como dos platos al escuchar acerca de su interpelación sobre mi padre ¿Debía responderle? — No lo conocí —admití, pues era cierto aquello— Solo me contaron una historia vana mis abuelos en donde un día mi madre llegó totalmente feliz, perdida… se-se veía como enamorada—tragué saliva— Era una de las pocas veces que hacían fiesta allá en Bosquespeso, pero con el pasar de los días aquel radiante ánimo fue decayendo y al mismo tiempo que iba en picada su abdomen crecía —miré a un costado observando un gran bandeja de frutas frescas las cuales casi podía degustar en mi paladar, tenía la boca hecha agua y mi estómago empezaba a sonar, lo froté levemente y posicioné mi atención nuevamente al mi captor.

— No sé más, mis abuelos no quisieron darme muchos detalles —suspiré.

Solo tenía clara mi procedencia por parte de la familia de mi madre, algunos familiares de mis abuelos aún se encontraban en Dorne, pero nunca me explicó realmente como fueron a parar al norte. Cuestión de servicios necesitados, aquellos empezaron a procrear allí y no es que tenga algún otro detalle útil.

Miré nuevamente la bandeja con las frutas, fruncí mis labios pensado en como pedir, aunque sea un poco no había tenido la dicha de llevar algo a mi boca desde el día anterior, con eso de que las carnes se echaron a perder durante el trayecto a la capital, me costaba mucho esfuerzo tener que pagar por algo que suelo cazar y hacer por mi cuenta, sumándole la poca venta que había tenido y los hurtos que había tenido. Mi vista se precisó en sus ojos muy calmadamente, guardé silencio durante varios segundos— Entonces… ¿Por qué tanto interés en mí? ¿Cuál es el motivo por el que me ha ayudado de tal manera? —me sentí curioso— Por cierto ¿Qué ha pasado con mi caballo? ¿Se encuentra bien? Lo compré hace unos tres días gracias a la generosidad de un buen caballero, sería una pena y de muy mala suerte para mí que le pasase algo —entristecí un poco ante mis últimas palabras. Aquella situación me empezaba a poner incómodo por lo que tomé asiento frente a las frutas — Eh, ¿Puedo? — pregunté mientras señalaba las frutas. Sentí como si percibiera algo extraño en el rubio, no sabía qué o el por qué. Estaba más preocupado en tener bocado que seguir la conversación.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Maegor Velaryon el Miér Jul 06, 2016 10:10 pm

Su respuesta concisa fue lo que esperaba, una respuesta completa, más eso no le dejó satisfecho. Todo encajaba, todo se alineaba siendo él yendo al Norte y encontrándose con esa hermosa dama que le había cautivado, algo que no era NADA común en Maegor, ni una pizca de él era lo que había pasado en el Norte. Su mirada se tornó pensativa, observando a un punto fijo en la habitación en lo que le seguía escuchando, no quería darlo todo por sentado, era importante seguir indagando y no dar nada por sentado.
Siguió sin responder nada de lo que le preguntara, aunque la pregunta de su caballo si la respondería, con el tiempo. Por el momento se limitó a mover su mano en dirección hacia la fruta, dándole el permiso de tomar cuanta le viniera en gana.

-Tu caballo está muerto. –
Dijo, fríamente, mientras le observaba degustar aquella fruta. – Gravven le partió la pata ya no podía caminar, era inútil. – Le dio igual si se exaltara por eso o le importara mucho ese corcel, no debían haber lazos sentimentales con tales animales. No eran dragones. – Se te repondrá el dinero del animal, así que no hay razón para hacer berrinche alguno. – Le advirtió, esperando algo de madurez por parte del muchacho.
Pero cuando ese tema fue zanjado y los ánimos por los mismos fueron calmados, Maegor pudo proseguir con su búsqueda de la verdad. – Tienes sangre valyria, eso está claro. – Dijo, como si nada, le importaba o no si el muchacho lo sabía ya. No era por el cabello, aquel lo podría tener cualquiera, era una… Corazonada, pero a pesar de ser solo eso, era bastante… Palpable. Era difícil de explicar. - ¿Khalista se llamaba tu madre? – Preguntó, para terminar de encajar todas las piezas. La sorpresa del muchacho le daba la razón, incluso antes de que pudiera decir algo al respecto.

Al final lo que temía era cierto, ese muchacho que estaba parado en la sala comiendo frutas como si fuera un muerto de hambre, era hijo de Maegor. Algo que no se podía permitir, tal vez. ¿Matarlo? ¿Esconderlo? Maegor era un hombre sincero y directo, que vivía con las consecuencias de sus actos, las aceptaba y no las evitaba. Matarlo no era una opción, su sangre corría en la de él. Esconderlo… Tal vez. No era el mejor momento para que un bastardo se diera a conocer de la casa Velaryon, además de que su hermano no le dejaría vivir con ello, entre tantos rumores de bastardos que rodeaban a Corlys, ninguno sin confirmar, y que uno que rodeaba a Maegor y era completamente cierto. La suerte del peliplatinado no podía ser peor.
-¿A qué has venido a Desembarco del Rey? – Preguntó, como si nada, sin confirmarle nada al muchacho. Estaba claro que ambos sabían la verdad, no tenía la necesidad de aclarar nada. ¿Y luego qué? ¿Abrazarse y llamarlo “hijo”? Nunca, ni aunque tuviera su propio apellido y haya salido de la esposa de Maegor. Menos sería con un bastardo.
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Re: Verdades que no se pueden esconder [Jhroel Snow]

Mensaje por Jhroel Snow el Jue Jul 07, 2016 3:23 pm

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No sentía remordimiento alguno por el caballo puesto lo había adquirido hace dos días gracias a la moneda que me había ofrecido un joven caballero, más sentía el dinero que el animal. Mi preocupación fue retirada de mí al escuchar las palabras de que sería recompensado.

Continué engullendo las frutas cuando mencionó lo de la sangre Valyria, tenía cosas mayores de las que preocuparme en ese comento y era tener bocado. — Sí, así se llamaba mi madre—respondí mientras seguía mordiendo una y otra vez, me lo tomé de manera despreocupada. Segundos después de su última pregunta dejé caer lo que traía en mano y le miré con pena al fin pudiendo darme cuenta de quién era este hombre.

Mis ojos se humedecieron, no podía creer lo que estaba pasando. Quizás mi vida esté en riesgo. Quizás es tiempo de volver al norte. Miré al frente donde aún estaba la ventana allí, le miré y seguido empecé a correr hacia allá, salté por la misma doblándome un tobillo al caer. Corrí por las calles del lugar hasta llegar a donde me alojaba, era tiempo de abandonar Desembarco si quería sobrevivir. Y así lo hice.

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