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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

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De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Dom Jul 03, 2016 3:29 am


Los jardines de Desembarco eran una oda a lo etéreo, tan bonitos como ese sitio podía permitirse. Eve se jactaba, comentando que nada podía igualar la belleza de las flores de Altojardín, y con cada cuchicheo hacía reír a su séquito de damas, que la rodeaban como si la Tyrell fuese su abeja reina. La pelirroja tenía un sencillo vestido azul turquesa, descubierto en los brazos, de telas ligeras. Una corona de rosas blancas decoraba su cabeza, y la melena rojiza enmarcaba su agraciado rostro, curvándose en las puntas. Le gustaba tener cierto rango en esa corte, como hermana del fallecido lord, Evelynn se había propuesto a hacer amigos en su viaje a la capital del Reino. Aunque no era tan habilidosa como su hermana Anna para ser diplomática, estaba segura que tampoco resultaría ser un desastre.

Había encontrado un sitio bajo un toldo, con vista al mar, rodeado de flores. En la mesa que Eve compartía con sus damas habían jarras de zumo fresco, pastelitos, y copas de plata con el emblema de los Tyrell aguardaban las bebidas de las damas. Evelynn estaba sentada en la silla más llamativa, guardando las apariencias con pomposa elegancia, comía un bocadito del dulce que degustaba cada tanto y con tanta delicadeza que parecía ser de cristal. Echaba en falta a Anna, pero su querida hermana estaba sumida en sus asuntos y comprendía que no pudiese estar compartiendo ese desayuno con ella. Aprovechó su ausencia, sin embargo, dado que hace una noche había recibido un pergamino en las habitaciones que le cedieron en la Fortaleza Roja, avisándole que un Príncipe dorniense quería tener el placer de llamar a una audiencia con ella.

Era bien sabido que Evelynn Tyrell no disfrutaba de la presencia de los dornienses, pero tuvo que hacer de tripas corazón, dándole una respuesta positiva al emisario del príncipe, y poniendo ella misma el sitio de encuentro y la hora.

Esa era la razón por la que se encontraba allí. Habían guardias Tyrell varios metros a la redonda y los criados iban y venían, atendiendo a los llamados de las damas de compañía y la misma Evelynn. En la entrada de la cúpula bajo la que se encontraba la mesa había un bardo al servicio de la pelirroja, entonando un cántico lastimero, no puesto allí al azar. Esperaba prudentemente al dorniense rodeada de su elemento. No era ninguna coincidencia que hubiesen rosas por cualquier lado que se mirase.

Por fin avistó movimiento ante los guardias que cuidaban la entrada a esa reunión. Evelynn estiró el cuello, evitando educadamente la palabrería de sus damas, y respiró profundo con una cara de pocos amigos cuando supo que el dorniense había arribado. Dio un sorbo a su copa, repleta de zumo de limón, para poder esclarecer sus pensamientos. El hombre fue precedido por un heraldo, que anunció el título y el nombre del sujeto:

Príncipe Morgan Nymeros Martell, hermano del Príncipe Regente de Dorne y Comandante de la Guardia Real de Dorne, se presenta ante Lady Evelynn Tyrell, hermana del fallecido lord Tyrell.

Evelynn se puso de pie con cortesía. Ya en su rostro había una sonrisa de lo más dulce, con sus manos entrelazadas sobre su vientre. Hizo una reverencia antes de hablar.

Mi Príncipe, sed bienvenido. Por favor, honrad con vuestra presencia mi mesa, y compartid conmigo este desayuno. —Con una cabezada elegante excusó a sus damas, que se reverenciaron ante el dorniense antes de dejar la mesa, dejándoles a solas. El bardo seguía entonando su cántico, y Evelynn tomó asiento nuevamente— Debo admitir que me habéis sorprendido cuando recibí vuestro mensaje. No sabía que una humilde servidora pudiese ser de vuestro interés. —Lanzó, aunque con cortesías maquilló sus palabras no vaciló al ir grano. Impasible, Evelynn observaba al hombre que no lucía tan austero como la mayoría de los dornienses que había conocido. Sus verdes ojos eran lagunas de calma, un halo de indiferencia colándoseles.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Dom Jul 03, 2016 4:59 am

Vestimenta (Look Red Viper)
El precio a pagar por ser un príncipe Martell era el tener que hacer de embajador en nombre de la casa. No podía salvarme de aquello, aunque con sinceridad tampoco era algo que me molestara demasiado. Se decía que la política era la guerra por otros medios, a mi me gustaba la guerra y cualquier referencia a ella merecía mi interés. Fue asi que, hace muchos años, me convencí para ser un hombre mucho más culto. Alguien que no solo supiera manejar armas y comandar un ejército, sino que también pudiera vencer con su lengua.  ¿Qué si se me daba bien? Siéndoles sinceros había muchos mejores que yo, pero estaba conforme con mis conocimientos y lo que había logrado desenvolviéndome en reuniones con otros nobles. ¿Y por que estaba tan lejos de mi hogar? Justamente como podrán imaginarse mi objetivo principal no era participar de un simple torneo, algo tan… básico. No necesitaba mostrarme en unos juegos para reafirmar mi confianza como guerrero, el que quisiera verme combatir en serio podía hacerlo en un campo de batalla, sin tribunas. Mi tarea en aquel lugar era mantener reuniones con distintas casas con las que los Martell tuviéramos asuntos en común.

Principe Morgan...–Llamo una voz del otro lado de la puerta de mi habitación en la Fortaleza Roja –Adelante –Dije desperezándome en la cama mientras una de las mujeres que había venido en mi compañía se presento ante mi –Vengo a recordarle que debe desayunar con Evelynn Tyrell –Me dijo la muchacha la cual tenía la mirada en el piso y se negaba a verme -¿Evelynn Tyrell? –Pregunte levantando una ceja mientras tomaba una jarra de agua que se encontraba a mi lado y bebía directamente de ella. Me quite las sabanas y me mostré desnudo ante la mujer la cual hizo lo imposible para no mirarme –Creo haber escuchado de ella… Refréscame la memoria –Le pedí de forma amable mientras caminaba sin pudor alguno desnudo por los aposentos –Lady Tyrell es una de las hermanas del difunto lord de la casa – Mientras ella comenzaba a contarme todo aquello yo me dedicaba a vestirme tomándome todo el tiempo del mundo - ¿Cómo es su relación con esta mujer… -Pregunte levantando una ceja algo pensativo – Jancia? SI, Jancia –Fue lo primero que pregunte ya que por lo que tenia entendido actualmente ella era la cabeza de la familia –No tenemos esa información, sin embargo es de saber que luego de la muerte de su hermano seguramente no es lo mismo –Asentí ante aquellas palabras terminando por ajustar mi pantalón –Lady Evelynn es una amante del vino Rejo, por esta razón conseguimos una botella de “Dorado del Rejo” para que lleve como presente –La joven mujer se acerco a mi y con sus delicadas manos comenzó a arreglarme la ropa. No pude evitar sonreír ante aquel gesto y cuando su mirada se cruzo con la mia le guiñe un ojo haciendo que sus mejillas se inundaran de sangre.

Y allí me encontraba camino a un encuentro con una linda rosa de Altojardin, vestido como una zorra noble y una botella de vino en mi mano. Me negué a que los guardias me escoltaran, no los necesitaba y era una muestra de desconfianza. Por esa razón me encamine solo hacia el lugar de encuentro. Los guardias de la muchacha me interceptaron en el camino y me acompañaron hasta la zona en que ella y un grupo de mujeres estaban desayunando al aire libre. Mientras el heraldo pasaba primero  y hacia toda aquella estúpida presentación, yo trague saliva pesadamente. Luego de aquello pase y me tope con todas aquellas bonitas damas y en el centro de todas ellas posiblemente la mas controversial. Su voz era suave y refinada, elegante, lo que cualquiera podría esperar de una Tyrell –Por lo visto era verdad eso de que en Altojardin florecen las mas lindas flores –Comente a modo de cumplido antes que el resto de las mujeres pudiera abandonarnos. Ahora mi atención se fijo solamente en la pelirroja que tenia unos ojos verdes que lograban hipnotizar en cierto punto, casi como si pudieras sumergirte en ellos –Antes que nada mi lady, permitidme entregarle esta botella de vino Rejo el cual me dijeron es uno de sus favoritos –Le pedí de forma amable acercándome con pasos suaves hasta su asiento y depositarlo en la mesa justo frente a ella –Y la que me honra con este desayuno es vos, no podría imaginarme un mejor compañía en estos momentos –Comente con sinceridad girándome y dándole la espalda para acariciar con mis dedos la madera de la mesa hasta llegar a mi asiento.

Observe detenidamente todo, absolutamente cada detalle, su postura, su mirada. Me humedecí ligeramente los labios y proseguí –El secreto de la sabiduría, el poder y el conocimiento es la humildad –Comente al escuchar lo de “humilde servidora”, aunque la verdad estaba claro que Lady Tyrell era una mujer de hechos y no le gustaba andarse con vueltas –La verdad es que pese a nuestras… disputas –busque una palabra acorde- En las Marcas, y la relación conocida por todos entre nuestras casas. La noticia del fallecimiento de vuestro hermano nos sentó realmente mal en Lanza del Sol–Comente intentando tener el mayor tacto posible con aquel tema –Pese a nuestras disputas siempre lo consideramos un hombre honorable y magno –Exprese de forma sincera, nada de aquello era mentira, por lo menos de mi parte –La comunicación con lady Jancia este ultimo tiempo se ve escaza, y la realidad es que nos interesa mantener un dialogo fluido con Altojardin y con Antigua para asi poder evitar la pérdidas de vidas innecesarias en la frontera entre las tierras del Dominio y Dorne –Le exprese aquellos deseos sin perder la sonrisa de mis labios y sin quitar mi mirada de la suya.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Lun Jul 04, 2016 8:52 am

Evelynn aceptó los halagos con una sonrisa que no mostraba los dientes, impasible y delicada, dio una cabezada gustosa cuando señaló lo de la botella de vino del Rejo. Agradecía el detalle, pero desconfiada como lo era, no iba a abrirla en ese momento sin tener a alguien que catase la bebida por ella. Por eso no puso resistencia cuando los criados se llevaron todo lo que había en la mesa para reemplazarlo por la comida digna de un desayuno, desde pan hasta frutas, quesos frescos y jarras enteras de zumo. Todo aquello había sido traído de Altojardín, un detalle que Evelynn no dejó pasar por alto, le gustaba jactarse de que en su hogar siempre las cosechas eran prósperas, bien lo demostraban los vivos colores del pequeño festín que compartía con el dorniense. Allí no había nada que fuese característico de Dorne, y no se avergonzaba por eso. Si acaso su sonrisa se tornaba más lobuna conforme el pensamiento la embargaba, permitiendo que una de las sirvientas colocase una taza de gachas con miel cerca de ella.

Os agradezco por tan considerado detalle, mi Príncipe. Alguien que se haga llamar dominense nunca podría negarse a una copa de vino del Rejo. —Comentó, guiñándole un ojo con cierta confidencialidad. Evelynn se tomó su tiempo para escuchar el monólogo, procesarlo, y dar con una respuesta adecuada.

Por supuesto que no iba a ser capaz de comunicarse con su cuñada Jancia La mujer prefería esconderse tras los hombres del consejo como si la capacidad de decidir por cuenta propia se le fuese arrebatada. Evelynn hizo un gran esfuerzo por no bufar y decirle nada al respecto al dorniense de ese tema, no tenía por qué enterarse de las debilidades dentro del gobierno del Dominio. La mención a su hermano no mermó en el semblante cortés y dulce que aparentaba, si acaso hizo aparecer un brillo de compasión en su mirada que no era del todo sincero, pero con tal conexión visual que aún no rompía fue incapaz de permitirse algo parecido a una mueca, no era correcto.

Pero lo que llamó su atención fue esa partida por abogar a favor de la paz. El Dominio y Dorne siempre fueron terrenos rivales, con los que guardaban una enemistad de hace siglos, y dudaba que una conversación, en el nombre de la diplomacia y las buenas relaciones, pudiese acabar con eso, pero no mostró signos de su recelo sino que manifestó un educado interés en lo que le decía Morgan Martell. Cruzó sus dedos sobre su regazo y estiró la espalda, asintiendo aprobatoriamente.

Son palabras con peso las que salen de vuestros labios, mi Príncipe. Durante siglos vidas se han perdido por el motivo que atañe la enemistad entre vuestra tierra y la mía, y quiero creer que, sabéis tan bien como yo, que el rencor del pasado no se olvidará con un solo tratado de paz. —Hizo un gesto, para que llenasen su copa de más zumo de limón fresco. Rompió el contacto visual por unos segundos para volver entablarlo, prudentemente educada—Pero esto es un comienzo. Uno prometedor, si me permitís la osadía de dar una opinión.

Todo estaba listo dar comienzo a la ingesta de alimentos. Los criados aguardaban pacientemente desde hace unos minutos, de pie, y mirando al suelo. Evelynn dejó que la sonrisa floreciese, exhibiendo dientes derechos y blancos.

Pero antes de seguir con esta interesante charla, dejad que os invite a probar cuanto queráis. Si hay algo que deseéis sólo tenéis que pedirlo. Veréis que no hay alcohol aquí, pues tengo la costumbre de no ingerir nada tan pesado apenas comenzando el día, pero si es vino, o incluso hidromiel lo que queréis, hacedle la petición a uno de los criados. Alegremente os atenderán.

Cogió la copa, y la alzó en dirección a Morgan para darle un sorbo. Se puso más cómoda, poniendo sus brazos sobre el apoyo de cada lado en su silla, aún observando al dorniense con interés.

Mi encantadora cuñada, Jancia, está teniendo muchas responsabilidades ahora mismo. Sabréis que asumir semejante responsabilidad puede dejar aturdido a cualquiera. Me disculpo en su nombre si alguna vez os sentisteis ignorado, estoy segura de que esa no habrá sido su intención. —Excusó, muy a su pesar, ya que estaba llevándole la contraria a todo lo que pensaba en ese justo momento—Pero yo estoy dispuesta a abogar en el nombre de los Tyrell y el Dominio. No deseo más que prosperidad y paz para con los míos. Jancia estará feliz de saber que habéis accedido de tan buen grado a tener una charla para lograr un objetivo en común. —Añadió, la voz hecha una melodía, en el que resalta el acento pomposo de su región.

Lo que sí quisiera saber es qué tenéis en mente, mi Príncipe. Confío en vuestra experiencia para dar con una idea, pues acabar con las escaramuzas en las Marcas no es un tema fácil. —Frunció un poco el ceño. Le pareció sensato continuar con ese semblante cortés, desde ese momento estaba actuando en nombre de su familia y mejor era no jugarse nada. Pestañeó, su encendido mirar clavándose en el de Morgan, expectante.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Lun Jul 04, 2016 9:15 pm

Los Tyrell siempre se habían caracterizado por sus delicadez y ostentosidad, no había uno que se comportara de una manera distinta. Ellos eran protocolares y perfectos ante los ojos del mundo, casi como si sus figuras estuvieran cubiertas por un velo divino que los impedía cometer actos “mundanos” y caer en el montón de la plebe. No necesitaba cruzar muchas mas palabras con aquella muchachita para darme cuenta que ella estaba muy lejos de ser lo contrario a eso. Tenía movimientos y gestos delicados, todo estaba perfectamente ordenado y hacia una clara muestra de lo que tenía con simples actos. Ya sea por el grupo de guardias que la cuidaban, por las finas damas que la escoltaban en mi llegada o el simple hecho de tener un bardo entonando una linda melodía para que su desayuno fuera mas llevadero. Si alguien llegara que no era de Poniente llegara y le dijeran que aquella mujer era la reina sin dudas se lo creería.

Permitidme contradecirla mi lady, nadie en todo Poniente podría negarse al vino de vuestras tierras –Comente con el mismo tono agradable que manteníamos ambos en aquel momento. Claro que a mí también me gustaba el vino de Rejo, era delicioso y se deslizaba por la garganta como agua. Pero también me gustaba mucho el vino dorniense, tal vez posiblemente porque era el único al que estaba acostumbrado. Sin embargo no podía darle la espalda a una bebida que me había acompañado gran parte de mi vida.

Entonces, posiblemente el motivo que nos reunía, se hecho sobre la mesa. Las guerras por las Marcas eran conocidas por todo el mundo, no había nadie que no supiera la cantidad de enfrentamientos que se habían librado por aquella fracción de tierra montañosa. Mientras escuchaba la dulce voz de aquella rosa de Altojardin, no pude evitar dejarme caer en la tentación de una de sus rojas manzanas. Por esta razón la tome entre mis dedos y con la hoja de un cuchillo lentamente rebane un poco y con el mismo utensilio la metí entre mis dientes.  Mordí la fruta haciéndola crujir en mi boca, sentí como esta se llenaba de su dulce jugo y luego proseguí. En ningún momento mis ojos se perdieron de los suyos, que ciertamente me encantaban –Me crie para servir en un campo de batalla lady Tyrell… Me entrenaron para defender el reino, me entrenaron para matar dominenses –Dije de forma clara y sin tapujos, en aquel sentido no me gustaba andar con rodeos. En aquel momento me gire un instante para mirar a los soldados de las tierras del Dominio que custodiaban a su mujer–Se muy bien sobre el rencor que embriaga nuestras tierras, el odio de unos a otros solo por pararse del otro lado de una  línea –Le asegure por si en algún momento se le cruzo en la cabeza que lo desconocía. Me humedecí de nuevo los labios sin perder la sonrisa –Me alegra sabed que pensad de esta forma lady Evelynn –Hice una pausa – Espero que no os moleste que la llame por su nombre, me gusta como suena.

En cuanto al vino, reconozco que es una oferta tentadora. Pero de igual forma que vos, intento no beber por estas horas –Informe cortésmente mientras asentía con la cabeza a su gesto con aquel vaso. Trague saliva con suavidad escuchándola –Lo comprendo a la perfección Evelynn, no quiero que os vea esto como una especie de reproche –Aclare para luego proseguir –El estar a la cabeza de una casa tan antigua y reconocida como lo es la Tyrell tiene su precio –Dije haciendo una pequeña mueca con los labios para luego tomar una de aquellas tazas de té y darle un corto sorbo –Y por lo general a las personas con semejantes responsabilidades se le terminan escapando cosas. Por esta razón estamos nosotros, para cubrir esos huecos –Volví a sonreírle a aquella rosa que tenia el gusto de tener a mi lado. Lady Tyrell era poseedora de una belleza increíble, que lograba atraparme. Pero luego la idea de que mi sobrina y ella en edades eran muy cercanas lograba castigar mis lujuriosas ideas –Me complace enormemente saber que tomara esta tarea, no podría pensar en nadie mejor que vos para esto.

Su siguiente pregunta me hizo incorporar un poco en la silla para tomar una de las servilletas y reposarla en mis labios con cuidado limpiando cualquier rastro de aquella fruta –Es una buena pregunta la que vos me hacéis, sinceramente estuve pensando mucho en esto –Suspire- Ambos somos consientes de que esta guerra nos sobrepasa. Y como bien dijo usted la idea de que nosotros podamos terminarla suena hasta casi utópica –Sonreí con una pequeña cuchara revolví la influencia frente a mi –Particularmente creo que debemos comenzar manteniendo una buena comunicación entre Lanza del Sol y Altojardin. Cuando hay un buen transito de información las relaciones se fortalecen –Luego de aquello me hice un poco hacia adelante apoyando mis manos en la mesa penetrando con mi mirada la suya, tal vez mucho mas que antes –Debemos proponernos objetivos a mediano y largo plazo, particularmente empezaría con los Tarly y los Yronwood –Nombre a aquellas dos familias que se encontraban en los extremos de nuestras tierras y se disputaban día a día el dominio de las Marcas –Entre ambos existe mucho resentimiento por obvios motivos. No me parecería mala idea unirlos por medio de un matrimonio –Luego de aquello bebí un poco mas de té -Claro esta que costara hacerlos aceptar esto, pero esa es nuestra tarea ¿Qué pensáis vos de esta idea?

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Jue Jul 07, 2016 4:59 am

Había algo que a Eve le estaba comiendo la cabeza hace bastante rato. ¿Tendría ella la potestad de cumplir las expectativas casi utópicas del dorniense? ¿Creía posible lograr esa meta tras años y años sumidos en un conflicto que nunca parecía dar con un fin? Por un momento puso en justificada duda todo lo que se estaba hablando en esa mesa. Se dio gratuitamente el gusto de ser desconfiada, y razones tenía, a pesar de que ese hombre había acudido desarmado y sin guardias a su encuentro no significaba que sus palabras no pudiesen tener un matiz engañoso.  Evelynn permitió que la servidumbre pusiese en su plato gachas con miel, acompañadas de unos panes recién horneados traídos exclusivamente de la cocina para ella. A sabiendas de que estaban sazonados como mejor gustaba, le dio un bocadito pequeño y delicado, rompiendo el contacto visual por unos segundos.

No hay problema con que me llaméis por mi nombre de pila. Al fin y al cabo las cortesías se hacen un tanto cansinas luego de repetirlas tanto. —Repuso, cediéndole algo de informalidad al encuentro. Sin embargo, en ella no mermó esa impresión noble y superior, manteniendo las apariencias de educación y cortesía. Se mostraba como la dama que llenaría de orgullo a su hermana Anna. La pelirroja hizo una reverencia con la cabeza, educadamente—Agradezco, entonces, que hayáis podido entender nuestra situación.

No dejaría pasar eso ante las narices de Jancia. Era bastante grave que otros reinos buscasen el favor del Dominio mediante el diálogo con ella y que su cuñada se mantuviese encerrada en su burbuja, escondida detrás de los señores del consejo. Iba a tener que hablar con bastante seriedad sobre eso con sus hermanos, a ver hasta dónde llegarían con sus conclusiones. Evelynn meditó por unos segundos mientras observaba a Morgan Martell hablar, era un hombre mucho mayor que ella y con una tez bastante más clara que la de un dorniense común, sin contar que sus ojos y cabellos eran de tonos más luminosos. Si se hubiese ideado al Martell sin haberlo conocido, sin duda se sorprendería, porque aguardaría por un hombre de tez oscura y con la misma impresión de haber sido alimentado por veneno de serpiente que tenían los dornienses. Aquella que tanto asqueaba a Evelynn. Se preguntó si era por eso que estaba tolerando ese encuentro sin llegar a ser mordaz en ninguna ocasión.

La palabra matrimonio no le pilló desprevenida pues esperaba que fuese mencionada tan pronto oyó el término alianza. Pero esa aprensión en la boca del estómago no podía ignorarla. En muchas ocasiones una tregua venía de la mano de un casamiento y una ruta comercial, y también, claro, con tratados de paz en caso de unificar terrenos en conflicto como era ese el caso. Pero Evelynn a duras penas logró evitar hacer una mueca al escuchar que se refería a los Tarly.

Sin duda es una iniciativa osada y que no será aceptada apenas se llegue a plantear. Los Tarly, así como los Oakheart, llevan mucho tiempo peleando contra los dornienses, y dudo que puedan olvidar esas rencillas de un día para otro, mi señor. —Tomando en cuenta que estaba al tanto de que algunos de sus vasallos sentían desdén por sus señores feudales, Evelynn pensó que sería bastante difícil. —No es un tema que deba tratarse a la ligera. Por eso os recomiendo que no lo habléis con cualquiera, mi Príncipe. Me gustaría que se mantuviese bajo perfil hasta que la iniciativa sea un hecho, porque si los vasallos más cercanos a la frontera con Dorne oyen de esto primero, no hará más que echarlo a perder.

Evelynn se vio un poco más osada al inclinarse hacia delante. Entonces su mirada se llenó de intensidad, los ojos convirtiéndose en dos rendijas que atinaban a espiar el alma del hombre que ante ella se encontraba. El aura oscura de la dama que emitía tanta luz cayó sobre su impoluto rostro y por un momento hizo justicia al sobrenombre de rosa negra.

Pero lo que me gustaría saber, mi Príncipe, es hasta donde podríais llegar vos para cumplir lo que tan bien me ofrecéis aquí. Bien sabemos que ninguno de los dos tenemos el explícito permiso de hacer decretos para llevar a cabo esa idea, pero podemos ser buenos mediadores. Y sin embargo, estas palabras pueden morir con el soplo de un viento y con una idea muy errónea plasmada en mi cabeza sobre vos. Porque quiero creer que honráis vuestra palabra y no estáis diciendo nada más que falacias. ¿Qué me asegura que estáis siendo sincero y no tratáis de engañarme? Porque de ser así, mi Príncipe, romperíais el corazón de una doncella a la que ilusionasteis con sueños de paz.

Se llevó una mano, con toda la delicadeza del mundo, al pecho. La mirada se le tornó inocente pero no hubo nada en ese rostro que dijese que estaba tan expuesta como aparentaba, si acaso, se demostraba más peligrosa. El bardo, que tan indiferente se encontraba a la situación, seguía entonando sus versos tristes con voz lastimera, y los criados ya no se veían cerca de esa mesa. Evelynn esperó, expectante, por la respuesta del dorniense después del despliegue pasivo-agresivo de la Tyrell.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Dom Jul 10, 2016 4:54 pm

Me costaba comprender a aquellos hombres que vivían su día a día rodeados de lujos y embutidos en ropas finas. Particularmente en ese momento solo llevaba un rato con aquella vestimenta “elegante” y ya me molestaba. Los protocolos, las formalidades, no eran cosas que me agradaran. Sin embargo entendía que bajo esas reglas se regían muchas personas y por lo tanto me veía en la obligación de adaptarme. Nadie revelaba su verdadera esencia, nadie se mostraba como era, tal vez por vergüenza o intentan mostrarse fuertes y superiores. ¿Lady Evelynn era aquello que dejaba ver?¿Una fina y elegante señorita de mecánicos movimientos? O tal vez posiblemente la muchacha era de otra forma y nos engañaba a todos? Esperaba tener el placer de descubrir aquello algún día, después de todo estaba convencido que aquel no iba a ser nuestro último encuentro.

Posiblemente porque tales cosas no forman parte de nosotros –Comente observándola degustar un poco de aquel pan. Si algo nos agotaba significaba que no nos salía de forma natural, me agradaba saber que no era el único allí presente que aparentaba algo que no estaba en su naturaleza. Los dominenses eran seres, en su mayoría, estrictamente protocolares y frívolos. En mayor parte los Tyrell que vivían sus vidas rodeados de lujos y ostentaciones, tanto era así que donde se movieran tenían que llevar todo con ellos, el caso de la aquí presente.

Posiblemente otro compatriota no hubiese aguantado comer y beber de aquella mesa. No hubiese soportado las formas, algunos paradigmas con los que se manejaban estos señores y señoras. Yo posiblemente lo lograba porque formaba parte de la familia real, estaba acostumbrado a esos modos y detalles. Lo que no quiere decir que dentro de mi familia fuera la “oveja negra” y me regañaran desde niño. Me costaba adaptarme a aquello, en verdad, sin embargo me esforzaba en cumplir bien con mi papel –Usted es la única persona con la que lo he tratado lady Evelynn –Corte otro trozo de manzana y la mordí para sentir como el dulce jugo hacia bailar de alegría a mis papilas gustativas –Soy un hombre muy reservado en cuanto a estos hechos concierne, jamás podría hablar de estos temas con otras personas a las cuales no les compete en lo mas mínimo, mucho menos con las personas a las que compete –Comente bromeando, ya que tampoco me parecía correcto hablar con estas familias aun.

Entonces la postura de la jovencita, delicada e inmaculada, cambio un poco y la conversación se volvió algo más interesante. Los ojos de la muchacha se volvieron aun más misteriosos que antes, tal vez hasta casi irradiaban cierto peligro. Como si por unos segundos se estuviera dejando ver como en verdad era, cosa que agradecía. Me revelo sus miedos, sus inquietudes, cosas aceptables teniendo en cuenta el rumbo de aquella conversación. La mire con una media sonrisa picara y me pare para acercar mi silla a la de ella acortando nuestras distancias casi con un dije de complicidad –Nada me deshonraría mas que romperle el corazón a una mujer, mucho menos a una tan hermosa como usted –Comente sumiéndome en su juego de flor delicada, me humedecí los labios y volví a beber un poco de té –Soy un hombre de palabra, todo el mundo sabe eso, es lo que me caracteriza –Agregue para luego dar un pequeño suspiro mirándola a los ojos –Si quiere puedo ir a reunirme con usted al mismísimo Altojardin, no temo por mi vida en absoluto, y tal vez le sirva como prueba suficiente para saber que voy en serio –Entonces me detuve un momento y la volvi a mirar a los ojos. Tome su mano con suavidad y de forma irrespetuosa, tal contacto con una mujer como ella era inapropiado seguramente ante los ojos de muchos. Con mi otra mano le acaricie los nudillos de forma delicada y los lleve a mi boca para besarlos con suavidad –Pero puede que esto no sea suficiente para usted, lady Evelynn –Suspire con pesar devolviéndole sus dedos para sonreírle con confianza –Tal vez pueda ayudarme diciéndome como desea que se lo demuestre…

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Vie Jul 15, 2016 6:30 am

La simpleza que parecía irradiar del dorniense le desconcertaba tanto como le provocaba desconfianza. Quizás para él sería simple ir, proponerle eso, e irse con su hermano para comunicarle el maravilloso desenlace de esa reunión, de resultar positivo, pero Eve no lo veía de una forma tan sencilla. De hecho sabía que sus hermanos encontrarían extraño ese arrebato tan súbito. Si por tanto tiempo ambos reinos habían permanecido enemistados, no veía qué provocaba ese deseo de diplomacia y paz. Al fin y al cabo eran dornienses, ser tramposos estaba en la naturaleza de ellos. Aunque como Tyrell y dominense ella no era más honesta, eso no evitaba verlos con ojos recelosos.

Sin embargo, al Martell que estaba ante ella no lo observaba desconfiada. De hecho Evelynn se mostró osada más de una vez estudiándolo con atención. Era un hombre atractivo y que se llevaba unos cuantos años de diferencia con ella. La experiencia como soldado se le notaba hasta en la manera de caminar, no tan elegante como la de un guardián dominense, pero sí rígida y disciplinada. Ese sujeto fácilmente pudo haber sido su padre en otra vida y aún así las miradas que se intercambiaban no serían adecuadas para una dama como ella. Sabía que tenía que actuar con más decoro y eso no le estaba importando, no era Anna, pretender ser tan inmaculadamente perfecta eventualmente le aburriría y se antojaría de jugar un poco con la víctima que se cruzase en su camino.

Evelynn hizo un gesto conciliador con la cabeza, agradeciendo la discreción de Morgan ante el tema de no mencionar palabra sobre ese plan. Se encontraría en aprietos si a los oídos de Lord Tarly llegaba aquello. Era obvio que no todos los dominenses verían con buenos ojos una alianza con Dorne, si hasta a ella le costaba asimilarlo. Sólo quedaba confiar en que él no diría nada. Por su parte, sabía que de allí no saldría nada, muy segura de cómo había arreglado las cosas para ese simple desayuno, que de simple no tenía mucho.

Evelynn advirtió que el Martell se antojó de acortar la distancia y ella asumió esa invitación con interés brillando en sus verdes ojos. No puso ninguna resistencia cuando él le tomó de la mano, de hecho, la mirada encendida que le dedicaba al hombre no era para nada decorosa.  Se sorprendió a sí misma mordiéndose el labio, pero ningún rubor tiñó sus mejillas.

Vais a ir a Altojardín cuando se dé la ocasión, si tan buen emisario sois. Y no os preocupéis, mi Príncipe —Evelynn le sonrió, no con dulzura, sino cierto retintín irónico—, en el Dominio no acostumbramos hacer daño a nuestros invitados.

De pronto se puso de pie. Caminó alrededor de Morgan, estando aún sentado, y recorrió con sus manos los hombros de él. Eve hundió sus dedos, suavemente, en su piel cubierta por la tela, cálida al tacto. Acercó sus labios al oído ajeno, susurrándole cual víbora, con voz baja y ronca:

Lo que deseo ahora es que me acompañéis a caminar por los jardines. Hace un día precioso, y no quiero malgastarlo aquí. —Evelynn buscó sus ojos hasta que los encontró. La cercanía entre ambos rostros era escandalosamente indecente, pero ella se mostraba indiferente ante ese derroche de reglas violadas.

Se separó sólo para caminar hasta el límite del techo, antes de que la sombra acabase y los rayos del sol acariciasen su dermis. Ella se irguió cuan alta era, con elegancia, y miró por encima de su hombro para indicarle a Morgan que estaba lista para marchar.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Vie Jul 15, 2016 6:07 pm

Yo mejor que nadie conocía la guerra, sabia todo lo que venia con ella y nada de eso era bueno. ¿Pero como puede ser que Morgan Martell piense eso? Pues si, estaba preparado para ella pero no quería decir que me gustara. Amaba pelear, las armas, perfeccionarme en el arte del combate. Pero en las guerras morían centenares, miles de personas, el hambre y el caos invadía las ciudades. Los niños se quedaban sin padres, las mujeres sin sus esposos y las madres sin hijos. ¿Qué clase de ser despreciable podría desear eso? Seguramente mas de los que podemos imaginarnos. El querer conquistar, el ir por mas día a día era algo que estaba en nuestra sangre. A veces el romper con esto que se encontraba tan dentro de nuestro cuerpo era difícil, pero no imposible. Los malos ganaban porque los buenos no hacían nada para detenerlos, aunque seria muy poco apropiado de mi parte considerarme de los últimos. Mi deseo de paz en las Marcas era sincero, tan sincero como el interés que comenzaba a nacerme entorno a aquella mujer.

Su presencia era un misterio, una hermosa rosa cubierta por un velo de misterio. No sabia si temerle a sus ojos o perderme en ellos hasta que la mujer tuviera que decirme que hacia el ridículo. Poseía una mirada fría pero sensual, una mirada segura que no perdía elegancia. Tyrell desde la punta de la cabeza a los dedos de los pies, seguramente su familia se encontraba muy orgullosa de ella. En algún punto me parecía inapropiado que una flor del Dominio se tuviera que entrevistar con alguien como yo. Un guerrero, un soldado, alguien que dejaba los lujos de lado y disfrutaba de las cosas simples. El sonido de la marea golpear las costas de Lanza del Sol, el olor a papel viejo, el apreciar un lindo panorama. Ella parecía tan distinta, su cuerpo se veía delicado y parecía disfrutar de todas las comodidades . Pero lo que mas lograba cautivar era su presencia tan notoria, abrumadora en cierto punto.

En el momento que la distancia entre nuestros cuerpos se mermo un poco los orbes verdes de la muchacha desprendieron algo que no habían desprendido hasta el momento, lujuria. Era humana como yo, tenia sentimientos, emociones, y por un momento podía jurar que ideas inapropiadas recorrieron su mente. O posiblemente solo era cosa mía, y solo proyectaba deseos de que así fuera -No os dais una idea lo mucho que deseo que esa ocasión llegue -bromee con ella en aquel momento tan intimo- Me alegra sabed eso, podre  estar tranquilo que ninguno de sus enamorados intentara asesinarme por tomadla prestada algunas horas para mi…

Cuando menos lo esperaba la jovencita de Altojardin se levanto, me rodeo lentamente y coloco sus dedos en mis hombros. No pude evitar ablandarme como pan recién salido del horno. Mucho menos cuando su voz sonó tan cerca de mi oído, los pelos de la piel se me erizaron y casi por instinto gire el rostro para acariciar con la punta de mi nariz una de sus blancas y suaves mejillas -Seria un idiota si me negara a tal oferta… -Reconocía de forma sincera para luego verla alejarse unos pasos. Había sido un instante, solo un momento, sin embargo había logrado embriagarme con su perfume. Suspire levantándome con suavidad y me pare a su lado ofreciéndole mi brazo de forma educada.

Estamos a punto de partir cuando el bardo se giro dispuesto a seguirnos para acompañarnos con su música. Fue entonces que clave mirada sobre el de una forma tan asesina que el hombre se asusto y desistió rápidamente de su idea. Luego de eso volví como si nada hubiese pasado con mi acompañante. Comenzamos a caminar por los jardines de la Fortaleza Roja y no pude evitar pensar en lo raro que se veía eso -¿Qué pensaría la gente de esta escena lady Evelynn? Un desagradable y rustico príncipe Martell caminando junto a una hermosa y delicada flor Tyrell… Eso si que no se ve todos los días -Bromee un poco con ella mientras observaba lo esplendido de aquel lugar -Por lo que tengo entendido los jardines de sus tierras son mucho mas bonitos, aunque en lo que a mi respecta cualquier expresión de la naturaleza es digna de alabar -Comente buscando sus ojos por un segundo mientras recorríamos aquel verde lugar. ¿Quién diría que terminaría de esta forma? La vida no paraba de sorprenderme -Si no os molestad, me gustaría dejar la diplomacia de lado por unos minutos. Quisiera aprovechar este momento para mi mismo -Le confesé mirándola alguna que otra vez para apreciar su rostro – Me gustaría profundizar en su vida personal sin parecer inapropiado lady Tyrell -agregue con cierto tono pícaro en la voz – ¿Por casualidad ya ha sido desposada por alguien? No me gustaría que alguien se entere de nuestro pequeño paseo y deseen matadme, y si asi es, me gustaria sabedlo para estar preparado -Bromee con ella intentando distender la situación.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Dom Jul 17, 2016 6:36 am


Mi Príncipe, no os atreváis a implantar ideas erróneas en la dulce cabeza de una doncella. —Evelynn sonrió lánguidamente, agitando las pestañas en un gesto que deseaba simular el perfecto comportamiento de una dama inocente—Por un momento creí que iríais a Altojardín a cortejarme y no a hablar de lo que tan bien me habéis planteado con mi encantadora cuñada, Jancia. De ser así, mis… pretendientes —soltó la palabra con delicadeza, evitando por sobre todas las cosas no decirla entredientes—no tendrían razón para veros mal, ¿verdad? —añadió, la mar de dulce, lanzándole otra de sus miradillas punzantes que se camuflaban con cortesías.

Cuando ella aguardó por él advirtió la mirada de sus guardias. Eso no estaba planeado y una vez fuera de aquella cúpula estaría lejos de su juego, pero no sería mayor peligro salir a dar una caminata con un príncipe dorniense. No pensaba que fuese capaz de hacerle algo en los jardines, no con los guardias de Evelynn en una distancia prudente.

Ella aceptó su gesto, un alarde de galantería, que desprendía elegancia. A su lado Evelynn se mostraba regia y caminaba con la frente en alto, escuchando con un semblante educado lo que le decía Morgan. Sin duda no era un escenario que se apreciaría todos los días. Por naturaleza era común ver en los eventos a los Tyrell y los Martell con mesas asignadas en extremos de las salas, no dando un paseo, tan tranquilamente, en las adyacencias de la Fortaleza Roja. Era un jardín bonito, y el día le hacía justicia con tan alegre clima. Evelynn suspiró, el gesto muriendo en su intento de ser una risita leve.

Bueno, si queréis que las relaciones entre el Dominio y Dorne mejoren este es un buen comienzo. Dejad que hablen, mi Príncipe, es una buena señal de que ha causado algún impacto. —Aclaró la pelirroja, no dejando ese acento tan pomposo que la hacía parecer una creída. Miró de reojo a Morgan, esbozando una sonrisa ladina, bastante lobuna—No es mi intención pecar de falsa modestia, así que os diré las cosas con toda la sinceridad que una doncella como yo puede permitirse. En el Dominio los jardines son más verdes y floreados, y de vuelta en mi hogar, las rosas están por cualquier lugar. —Dejó soltar un melancólico suspiro. Recordar Altojardín le provocaba cierto desasosiego, pues extrañaba el lugar. Evelynn trazó con su dedo el bordado de la ropa que cubría el antebrazo del Martell, algo informal, sin dudas, pero sumida en sus pensamientos.

No, mi Príncipe. Mi familia no ha considerado oportuno prometerme a nadie aún. —Evelynn lo miró, taciturna, como si su cabeza estuviese en otro lugar, pero prestando aún atención al presente—Y hasta donde sé esto sólo es un paseo. ¿O planeáis hacer algo más conmigo para ganaros semejante odio?

Volvió a la tierra en el momento que sus verdes ojos brillaron con picardía.

Dar una inocente caminata con un Príncipe dorniense no quiebra ninguna regla. De hecho, deja una buena imagen para aliviar las tensiones. Aunque claro, no todos lo ven de buena manera. —Evelynn sonrió—Pero bien, ahora es mi turno de ser curiosa, mi Príncipe. ¿Cómo es que un hombre como vos no se ha casado aún? Hasta donde sé no habéis desposado a nadie, y eso me inquieta. Sois de buen ver, y tenéis una buena posición.

No mencionó, por amor al poco respeto que aún le tenía a las normas de cortesía, que probablemente se debía a que era un sujeto liberal. No tenía dudas que en su vida había hecho un juramento que le obligase a ser célibe, por la manera en que llegó a mirarla. Y en ese mundo tan desbalanceado, hombres como él tenían la ventaja para permanecer solteros cuanto quisieran. Casi sintió envidia, pero luego se recordó que su meta no era permanecer sin esposo el resto de su vida, sino conseguir uno que le ayudase a hacerse con una posición favorable. Ambiciosa como lo era, no se conformaría con cualquier cosa.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Lun Jul 18, 2016 4:24 am

Posiblemente esas ideas no estaban nada lejos de ser erróneas, si me tomaba el tiempo para ir al mismísimo Altojardin claramente no iba a ser solo por diplomacia. Lady Evelynn había logrado avivar una llama de interés en mi y aquello tenia su merito. Seguramente pensaran que el hecho de que una mujer me atrajera no era complicado, por el contrario, mi fama de mujeriego tenia cierto renombre. Pero por general esas mujeres no pasaban de ser una velada interesante, un momento efímero de placer, no significaban absolutamente nada. La rosa había logrado llamar mi atención con su carácter, su personalidad, por muy extraño que suene el físico era secundario. Claro esta que no puedo dejar de admitir que la Tyrell era hermosa por donde se la mire, dudaba encontrarle alguna imperfección, una flor que todos querían desflorar. Pero como toda rosa, tenia espinas, y sinceramente eso era lo que mas me cautivaba de su persona -Mi lady, no quiero que mis palabras os suenen inapropiadas pero…-hice una pequeña pausa-  Si voy a Altojardin no va a ser precisamente para ver a su cuñada -Comente con tono pícaro y cómplice sin quitar mi mirada de la suya – Aunque claro esta, un príncipe de Dorne necesita una excusa de peso para tal viaje -Dije con una suave risa

En pocos segundos nos vimos envueltos por el verde, nuestros pasos se acentuaban en el césped con cada pisada y el sol nos bañaba cual roció matutino. Posiblemente aquello era demasiado intenso para la pálida y delicada piel de mi acompañante, sin embargo a ella poco parecía importarle. No podía emitir queja alguna sobre el día que nos había tocado, dudaba encontrar algo mejor que aquello para un paseo de aquellas características.

Un excelente comienzo, diría yo -dije al escuchar su apreciación de todo aquello que se estaba dando -Eso suena reconfortante, espero tener la oportunidad de verlo en persona -Agregue en referencia a características de su ciudad. Como mucho tiempo había escuchado y leído historias sobre Desembarco, también lo había hecho de Altojardin y por mas que ahora tuviera una excusa para ir, lo hubiese hecho de todas formas. La dominense tenia razón, aquello solo era un paseo y no significaba absolutamente nada. Sus palabras me obligaron bajar a la tierra abruptamente, casi como una niña arrojándole una piedra a un ave y dándole en una ala. ¿Qué se me estaba pasando por la cabeza? La mujer solo se comportaba de manera apropiada conmigo, tal vez con algunos gestos sugerentes pero eso no decía nada. Hasta existía la posibilidad que ella se encontrara jugando conmigo y viendo cuantos halagos conseguía robar de mis labios. Deje salir un suave suspiro rompiendo nuestro contacto visual para mira al frente -Tiene razón mi lady, no es mas que un paseo -Solté sin perder mi sonrisa aunque mi cabeza voló por un instante a pensar que era un tonto.

Sus nuevas palabras me hicieron mirarla con cierta gracia, no por ella sino porque nunca nadie  había querido a su lado a no ser que fuera en unas sabanas. No recordaba ninguna novia, ningún amor en mi vida, ninguna dama que lograra haberse ganado mi aprecio por ella. Delante de nosotros nos topamos con un árbol que poseía una copa enorme, bajo este descansaba un banco de piedra el cual me resulto tentador. La guie hasta aquel lugar y prontamente nos vimos acobijados por la sombra que este emanaba -Acompañadme Evelynn -Le pedí invitándola a sentarse junto a mi en aquel lugar que obligaba a nuestros cuerpos estar en contacto por culpa del tamaño.

Una vez me senté en aquel sitio aprecie todo y me sorprendí al descubrir la magnifica vista, se podía ver todo desde allí. Y aunque fuera inapropiado nuestros cuerpos eran ocultos por el inmenso tronco ocultándonos así de los ojos curiosos. La pregunta de la jovencita me hizo recapitular mucho en mi vida aunque era una buena pregunta -Como bien sabed, los hombres os encontramos en mejor posición que las mujeres en  cuanto a las relaciones maritales -Le comente sintiendo adecuado aquel comienzo -Para nosotros es mas fácil decidir con quien casarnos muchas veces. Mientras que las mujeres, en su mayoría de cuna noble como usted, se ven en gran medida condicionadas por su familia -Los matrimonios arreglados por conveniencia era moneda corriente entre las grandes familias, muchas mujeres se veían afectado por esto y terminaban teniendo la obligación de casarse con hombres que no amaban en absoluto – Admito que mi familia últimamente decidió guardarse estas atribuciones. Y también es una verdad que nunca ninguna mujer logro atraparme lo suficiente como para decidir desposadla -Admití, no sabia si era correcto hablar de esos temas con la muchacha. Pero aquella conversación había tomado un aire un poco mas intimo y ciertamente lo agradecía, el agotador protocolo me destrozaba. Por un momento mis ojos la abandonaron y me perdí en el verde césped -Tal vez soy un hombre demasiado complejo como para ser entendido… -Solté hipnotizado por una pequeña flor que había en el suelo -O muy simple como para conquistad el corazón de una dama -Declare medio sonriendo estirando mi mamo para tomar la flor y arrancarla con suavidad. La lleve a mi nariz y me embriague con su aroma un instante -¿Me puedo tomad el atrevimiento de aconsejadle algo? Disfrute de la vida y haga lo que la haga feliz, sin importadle absolutamente nada. Claro esta que debe cuidar de no dañar a nadie que no desee dañar. Aun es una muchacha joven con mucho por recorred -Le aconseje regalándole una sonrisa sincera para perderme en sus ojos nuevamente – Por ejemplo ¿Qué desearía hacer en este momento? -Pregunte interesado sin pensar en nada en particular, solo en interesado en saber que pasaba por su cabeza.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Evelynn Tyrell el Dom Ago 14, 2016 5:06 am

Se pensó si era necesario ser tan honesta con él, pero no se echaba para atrás al haberle dejado las cosas claras. Quizás pudo haber coqueteado un poco con el dorniense, pero lo acababa de conocer y ella no era una fácil. Quizás más adelante, cuando pudiese averiguar más sobre su naturaleza, se permitiría ser más osada en un paseo. Probablemente ni siquiera estaría en un sitio tan abierto al público.

Evelynn dejó que él la guiase a un banco, sobre la verde grama, un lugar en donde podía ver con mucho detalle todo el jardín de la Fortaleza Roja y respirar algo de ese aire que no era tan tóxico, comparándolo con el del centro de la ciudad. Ella de repente se dio cuenta de lo mucho que le aburría esa clase de temas de conversación: matrimonios, alianzas… Todo sonaba tan terriblemente tedioso que el hastío de Evelynn tuvo que verse disimulado por respeto al hombre que se sentaba a su lado, muy cerca de su menuda segura, gracias al escaso espacio que le confería ese banco.

La pelirroja suspiró, escuchándole hablar. De vez en cuando miraba su semblante, mientras el observaba a la nada, con unos ojos que se perdían en sus recuerdos. Estaba soltero porque quería, de haber deseado una esposa la hubiese tenido, un príncipe de Dorne siempre encontraría una buena mujer tan pronto se escuchase el rumor de que buscaba alguien con quien desposarse. Le lloverían propuestas de matrimonio, padres ofreciendo a mujeres como Evelynn, en su misma posición de doncellas que querían un esposo de buena familia que les diesen estabilidad. Por un momento se alegró de que su padre jamás hubiese sido tan déspota y tiránico, nunca vio a Anna ni a ella como sus monedas de cambio, y Evelynn siempre atinó a agradecérselo en silencio cuando rezaba en el Septo.

Ella estuvo atenta, mirando la manera que tomaba la flor, sus verdes ojos brillando serenos. Observó a Morgan con una mirada inocente, aceptando su consejo. No es como si dejase pasar su vida, malgastándola como lo hacía la mayoría de las mujeres. Evelynn no quería vivir para casarse con un hombre que la engañase, y morir en trabajo de parto. Sería su mayor decepción.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que he podido hundirme en las aguas de un lago, o del mar. Mucho tiempo desde que hice algo que no debía. Mucho tiempo desde que no he podido ser yo. —Suspiró, anhelante, luego agachando la cabeza con evidente decepción—La pregunta correcta es qué no desearía hacer ahora mismo. Pero al recordar que seguimos estando en esta red de nobles y cortesías sé que nada de lo que quiero puede llevarse a cabo. La realidad es pasada y aplastante, siempre me obliga a mantener los pies sobre ella, lo que me hace pensar que esa clase de preguntas siempre me llenan de esperanzas para luego apagarlas yo misma.

Evelynn le sonrió con cierta tristeza en el gesto, y se le acercó para susurrarle, con instinto confidencial, a su oído.

¿Y vos? ¿Qué es lo que queréis hacer ahora mismo?


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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

Mensaje por Morgan N. Martell el Lun Ago 15, 2016 3:54 am

No solía hablar de aquellas cosas con todo el mundo, menos con dominenses. Sin embargo la situación se había dado de esa manera y la protocolar reunión con fines diplomáticas se tiño de informalidad. No me molestaba en absoluto, es más, lo agradecía profundamente. Las formalidades y aparentar no era lo mío, se me daba muy mal. Siempre había sido un alma rebelde que disentía de los gustos de los nobles por las ostentaciones.

Sentí el cuerpo de la muchacha muy cerca del mío en aquel banco de piedra, el calor que irradiaba era gratificante, acogedor. Su cercanía no era desagradable, mas bien todo lo contrario, me sentía cómodo junto a ella. Aunque aquello no quería decir que estuviera bien lo que estábamos haciendo, posiblemente era demasiado incorrecto. ¿Pero que importaba? Después de todo ambos parecíamos sentirnos cómodos de aquella forma. Evelynn Tyrell a simple vista y a simple trato cumplía con la imagen de su familia al ciento porciento, pero lo interesante era cuando uno conocía mejor a la mujer. Ella había logrado soltarse de una manera que dudaba que muchos conocieran, aquella faceta de la flor de Altojardin seguramente era desconocida.

El castigo de ser de alta cuna es no tener la suficiente libertad como para hacer lo que uno en verdad anhela –Dije al escuchar sus pesares, la entendía a la perfección, aunque por mi parte nunca había dejado que mi título me condicionara. Pero si era verdad que muchos terminaban sucumbiendo a los deseos familiares o las simples expectativas que la sociedad depositaba en ellos –Si lo deseas puedes tenerlo, a veces simplemente basta con saber escuchar tu corazón… -Le explique medio sonriendo –No dejes de disfrutar de tus gustos simplemente porque pueda ser incorrecto. ¿Sabes? Nosotros tenemos algo a favor y es que no cargamos con el tener que heredar grandes cargar como gobernar…  Disfruta de aquello que otros no pueden disfrutar, cuando los años se acumulen en tu cuerpo y te encuentres incapaz de nada, solo te quedara el recuerdo de actos vacios y aburridos.

Fui sincero con la jovencita, lo mas que pude, me gustaba ser claro. No me andaba con vueltas, odiaba los rodeos, si ella me trataba de forma sincera yo la iba a tratar de la misma manera.  Entonces el calor de su aliento empapo mi oreja y no pude evitar girar mi rostro para que las puntas de nuestras narices entraran en contacto. De repente nuestros labios se encontraron a escasos centímetros y pude embriagarme de su perfume –Me temo mi lady que si respondo a esa pregunta quedare como un indecoroso ante sus ojos… -Susurre clavando mi mirada fijamente en la suya mientras de forma involuntaria me humedeci los labios –De verdad en estos momentos por mi cabeza solo pasan ideas poco apropiadas para ser escuchadas por una señorita como usted… -Una de mis manos subió hasta su mejilla y la acaricio sintiendo la suavidad de su piel, contuve el aliento un momento abriendo un poco mis labios acortando cada vez mas la distancias entre nuestras bocas – En estos momentos deseo contarle cada una de ellas sin preocuparme por sonar descarado. Pero luego pienso que las flores al verse tanto con el sol terminan marchitándose… -Le explique para luego parpadear con suavidad y medio sonreír acariciando su nariz con la mia. Tome la flor que habia en mi otra mano y la coloque detrás de una de sus orejas, acomodando junto a ella un mechon de su cabello –No seas malvada Evelynn, no me lleves a quemarte…  -Le suplique antes de alejar nuestros rostros.

Por un momento mi temperatura corporal se elevo, el corazón se me acelero y la mente de me nublo. Mi instinto me hacia cometer aquellos actos irresponsables e inapropiados, no era correcto que me comportara de aquella manera frente a una muchacha que podía ser mi sobrina.

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Re: De Rosas se rodeó el Sol | Privado.

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