Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

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Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Aegon Targaryen el Sáb Jul 02, 2016 9:00 pm

Cuando tu padre es lo suficientemente viejo como para ya no volar mas, te toca hacerlo a ti. Entre nuestros hermanos nos dividíamos las tareas a cumplir en el reino y fuera de la ciudad. Helaena y Rhaenyra tenían bien marcadas sus funciones, tal vez por decisión propia mas que por un pedido de mi padre. Mientras mi media hermana se encargaba de los asuntos correspondientes en Roca Dragon y cualquier otra cosa que tuviera que ver con en algún momento su posible asenso al trono, mi esposa se preocupaba por el pueblo. Hela solía pasar días en el mercado de pulgas haciendo obras de caridad y dándole una buena imagen a nuestro padre y de alguna forma a mi. Mientras tanto yo me ocupaba de todo aquello que no se podían ocupar ellas, incluyéndola a mi madre. El ser el primogénito de mi padre me daba cierta responsabilidad ya que mi presencia en ciertas mesas tenía mucho más peso que la que podía ser la de Aemond o Daeron. No es como si yo fuera a heredar el trono de hierro, tal vez aquello era lo que menos importaba ya que todos sabían que el deseo de mi padre era que fuese Rhae. Más bien era un poder “simbólico” por así decirlo, algo que me dejaba desenvolverme con otros lores sin la amenaza de una posible desautorización por su parte.

Protocolarmente hablando hubiese sido ideal que fuera escoltado y en una carreta, hacer alarde de mi importancia, preocuparme por mi seguridad. La verdad estaba muy distante de esa ya que al amanecer había tomado a Sunfire y mientras el sol se asomaba nosotros levantábamos vuelo en Desembarco del Rey. Mi dragón era mucho más rápido y más divertido que una delegación, y claramente mucho más seguro que un grupo de soldados armados. El volar te daba otro tipo de libertades, otro tipo de posibilidades. Podías ir a donde querías y cuando querías, no existía barrera alguna que pudiera detenerte.

Me encontraba sobrevolando el norte en el lomo de aquella dorada bestia que tanto apreciaba, mi compañera de guerra y de vida. Mi atuendo distaba de ser el que solía usar en el reino, claro esta porque las temperaturas era muy distantes en un sitio y otro. Se podía decir a leguas que no era un atuendo adecuado para un príncipe, tal vez algo desaliñado, sin elegancia y nada refinado. Hasta podría decirse que me veía “primitivo” de alguna forma, casi como un salvaje del otro lado del muro. Con sinceridad aquello no me importaba, nunca fui amante de las finas telas, de los colores ni las prendas de moda. Prefería estar bien abrigado y cumplir bien con mi papel en aquellas distantes tierras.

A lo lejos pude distinguir Invernalia, una mítica y antigua fortaleza de la cual había leído mucho. Me costaba imaginarme al famoso Brandon Stark rodeado de gigantes y colocando piedra por piedra, sin embargo eso decían las historias. Se veía imponente, majestuosa, un castillo en medio de la blanca nieve, un castillo de guardia constante. Los guardianes del norte, asi los llamaban, eran aquellos hombres que nos protegían de lo que había en el otro lado (fuera lo que fuera). Mi gusto por el norte era de saber, el único problema que me acongojaba era que no tenía el suficiente tiempo que quería para poder recorrerlo a mi gusto. Sin embargo en este tipo de oportunidades me daba el gusto y exploraba un poco más aquellos lugares embriagados de mágicas historias.

Por un momento la sombra de Sunfire cubrió algunas casas al pasar por encima de todo y luego lo hice bajar hasta aterrizar en la puerta de la fortaleza haciendo un fuerte estruendor. Del cuerpo del dragon brotaba vapor producto al inevitable choce de su calor interno con el clima helado. Entonces dio un fuerte gruñido y se quedo mirando a una mujer que estaba frente a el – Eh… -Le dije sin tener que andarme con muchas vueltas, entonces bajo la cabeza bufando para luego mirar hacia otro lado con su típica cara de enfado. Me baje de su lomo y mire a aquella muchacha la cual parecía ser una criada de los Stark -¿Están tus señores? –Le pregunte mirándola a los ojos y acercándome poco a poco. Mientras tanto el sol comenzaba a esconderse con lentitud dandole paso a la luna.


Última edición por Aegon Targaryen el Dom Jul 03, 2016 6:34 am, editado 1 vez
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Sylvi el Dom Jul 03, 2016 6:18 am

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Las cosas nuevamente habían empezado a tornarse extrañas; complejas. Como hace años atrás, había vuelto a perder el sueño. Los sueños, las visiones habían regresado, y a mi parecer estaban fortalecidos; no sabía si esto se debía a que había pasado años dormitando sin algún tipo de señal en mi sueño. Pero hace unas semanas, las cosas habían vuelto a sentirse contra mi piel. El calor en aquellos páramos desconocidos era abrasador y asfixiante, podía sentir el humo oscuro entrar en mis pulmones y el sudor correr mi cuerpo.

La calidez del desastre en llamas era de proporciones gigantes, aún no me aventuraba a adivinar el tamaño de la destrucción causada con por el fuego. En mi sueño, el olor a carne chamuscada y los gritos de un pueblo desconocido llenaban el ambiente nocturno. Se sentía tan... real; mis propios pulmones peleaban por un poco de aire limpio. Mi pulso se aceleraba ante la falta de aire; apenas si podía con el peso de mi cuerpo. ¿Como era posible que nada de eso hubiese sido real? Mi mente en aquel instante no entendía nada, no entendía quien era el atacante, solo.. veía siluetas, personas, corriendo y gritando, pasaban a mi lado mientras yo avanzaba en dirección opuesta, mis pies caminaban hacia el peligro, mientras una sola cosa estaba clara en mi mente: era peligroso permanecr allí, y que lo más sensato era huir con la multitud.

Si tenía un punto débil, ese eran los infantes, los niños. Mis ojos se llenaron de lágrimas por el humo y la pena, al ver a dos pequeños, uno apenas unos años mayor que el otro. De algún modo algo se rompió en mí al ver a uno de esos niños tomar la mano del otro, como si se tratase del más preciado tesoro. Los dos, confundidos, corrieron. El solo recuerdo me revolvía el estomago y amenazaba con hacerme devolver el desayuno; no me quedo más opción que llevar el dorso de mi diestra a los labios mientras repasaba los eventos una vez más, con completo detalle. Los niños... esos pequeños, corrían hasta perder el aliento, no paraban; en ese instante mi mente acunó la idea de que eran perseguidos y cazados por alguien que desbordaba codicia. Los Antiguos eran testigos de la verdad: esos niños me recordaron a mi hijo, Dormund.  

Recuerdo que, mirando fijamente a sus pequeños, de alguna manera su miedo se traspasó a mí. En mi interior supe que si los encontraban, serian asesinados. ¿Pero quién los buscaba en primer lugar? ¡Eran solo niños, un pueblo! Todo ese fuego y el calor... Sueño o no, visión o no, fui testigo de algo terrible: los dos contenían el aliento mientras temblaban, aterrorizados y cansados en el suelo. Sus cuerpos ya no daban más, ante el terror de la desesperación vi que se abrazaron y entonces uno de ellos salió volando por los aires, y mientras mis ojos observaban los ajenos llenos de miedo una sombra enorme, y gigante emergió de las llamas. Un dragón. Una bestia cuyo cuerpo refulgía contra la ardiente amenaza, que probablemente sus propias fauces habían causado, y montado sobre él un hombre joven, cuyas facciones eran difíciles de olvidar.

Después de eso, recuerdo haber corrido hacia ese par de niños, haberme lanzado sobre ellos como escudo. A la que yacía inerte en el suelo y al que estaba arrodillado junto a ella. No se si el fuego me consumió a mí con ellos, no se si la bestia nos engulló enteros, quizás seguíamos vivos en el sueño...
-¡Maldición!- alcé mi rostro en frustración, regresando a la realidad. Pateando una de las cubetas de agua, mientras tomaba un trapo poco presentable y secaba mi rostro con él. Solo entonces, ensimismada en mi rabia me di cuenta del alboroto que se atrevía a interrumpir mis pensamientos. Molesta, me puse en pié y emergí de los establos, destruyendo montes de paja allí por donde mis botas pisaban. Gritos roncos daban instrucciones por la ciudadela, mientras que los niños corrían a esconderse allí donde pudieran entrar. Con una sensación de angustia en el pecho, me aventuré hacía el puesto de vigía más cercano y sin permiso subí por el, obteniendo una mejor vista. A lo lejos ese tipo de bestia volaba hacia Invernalia. Mi aliento se perdió en un suspiro y guiada no por la razón, si no por las emociones que habían despertado por el sueño, corrí con velocidad hacia el portón principal y me quede allí, esperando a que la bestia se acercara. ¿Con que fin? No lo se, pero solo tenía claro que quería observarlo de cerca. No podía tratarse de una coincidencia.

Cuando la bestia aterrizó frente a mi posición, la tierra tembló bajo mis pies y entonces descubrí que por inercia mis antebrazos protegían mi rostro de la ráfaga de viento que se había creado por el movimiento. Miré fijamente a la bestia, y luego al hombre que cabalaba sobre esta. Di un paso hacia atrás al reconocer sus facciones. Tragué en seco antes de negar con precaución, podía sentir mi rostro endurecido y podía apostar cualquier cosa a que mi miraba reflejaba una desconfianza total
-No, mi Lord.- contesté con voz ronca, sosteniendo la mirada ajena sin detenerme a pensar que solo un gran señor podría tener bajo su mandato una de estas criaturas. -Mis Señores partieron hacia la Isla del Oso hace unos siete días atrás, tengo entendido que deberían estar de regreso mañana luego del atardecer.- ofrecí como respuesta, haciéndome a un lado, ya que la voz del Maestre se hacía presente y prefería no interferir con un hombre como era el anciano, en especial si aquel extraño se quedaría en Invernalia con semejante bestia. Hice un leve gesto con la cabeza hacia el alto señor, y con una última mirada hacia él y el dragón, retrocedí sin dar la espalda al momento exacto que el Maestre daba la bienvenida al Príncipe de Los Siete Reinos.

Por algún motivo, mi corazón se detuvo al saber aquella información, y asustada di media vuelta sobre mis pies, corriendo a refugiarme nuevamente en los establos.
'¿Que debería hacer ahora?'   


Última edición por Sylvi el Dom Jul 03, 2016 9:06 pm, editado 4 veces
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Dragon el Dom Jul 03, 2016 6:18 am

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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Aegon Targaryen el Dom Jul 03, 2016 5:44 pm

Mientras me encontraba en el aire pude escuchar todo lo que se estaba montando allí abajo. Los niños se refugiaban temerosos de la furia de un dragón, aunque algunos otros curiosos se asomaban solo para poder verlo. No era muy común ver esta clase de bestias, aun menos en el norte donde si bien podrían sobrevivir, no era el clima adecuado. Baje y una onda de polvo se levanto, justo frente a nosotros nos topamos con una mujer, una mujer que me dejo pensando. Conocía las caras de terror, las de pánico, claramente aquella mujer estaba algo consternada por lo que estaba viendo. Sin embargo en sus ojos podía ver algo mas, nos miraba a ambos como si… Ya nos conociera de algún lado… La verdad no lo tenia claro, pero ella no me miraba como el resto en aquel sitio. Cruzamos algunas palabras y fue en ese momento que me informo que los Stark no estaban y que llegarían al dia siguiente. Aquello me hizo dar un pequeño suspiro ya que tendría que alargar un poco mas mi estadía en las tierras del norte.

Fue cuando estaba por pronunciar palabra que el maestre de Invernalia tomo el control de la conversación y me dio la bienvenida. Mire por un momento a la mujer que se retiraba de forma desconfiada para luego perderse ¿Qué le pasaría? Le reste importancia a aquello y dedique mis minutos siguientes a charlar con aquel viejo. Me comento del viaje de los guardianes del norte y me pidió que pasara mi tiempo en la fortaleza hasta que regresaran. No me opuse a eso, después de toda no tenía otro lugar a donde ir y el hecho de estar en aquel antiguo lugar lograba llamar mi atención.

Fue asi que la luna se puse sobre el cielo y que las estrellas llegaron para hacerle compañía. Casi como si estuviera expectantes de lo que sucedía, como si todo lo vieran. Sunfire recibió un espacio en un enorme granero abandonado aunque la madera no era garantía de nada con los dragones. Aunque esto era suficiente para que el pudiera estar cómodo y pasar la noche, tampoco es como si lo necesitara pero tampoco se desagradecía. En cambio a mi el maestre me guio a los que serian mis aposentos en aquella ocasión. Una habitación grande y decorada con algunos cuantos muebles y una cama que parecía ser lo bastante cómoda como para tirarse horas durmiendo.

La de la cena se acerco poco a poco, me habían enviado a llamar para que asistiera a la mesa en la cual solo estábamos el viejo maestre y yo. Definitivamente era verdad aquello de que todos se habían ido, mala suerte la mía. No es como si el hablar con aquel viejo me aburriera, de seguro tenía muchas historias que contar sobre aquel lugar y de muchos otros. Pero tampoco era como si me encontrara impaciente por charlar. Ya con un poco menos de ropa baje y me adentre en el gran salón el cual era iluminado por algunas antorchas y una gran chimenea que nos servía de abrigo en aquellas temperaturas tan bajas. La mesa se encontraba preparada, tal vez con demasiada comida, pero muy arreglada y elegante. Junto a ella se encontraban dos mujeres que al parecer nos servirían durante la velada. Lo que mas me llamo la atención de las dos es que una de ellas era la muchacha que me había topado en mi llegada la cual seguía pareciéndome misteriosa.

Tal vez solo eran delirios míos que veía cosas donde no las había. Le seguí restando importancia a aquella mujer y me senté en una de las esquinas, el maestre llego y me hizo compañía mientras comenzaban a servirnos los platos y el vino momento en el cual me detuve un segundo –Esta comida es demasiado para los dos maestre –Comente mirándolo a los ojos con los mios de color lila –Me gustaría que ellas compartan la mesa con nosotros –Pedi de forma educada aunque con voz firme, de esa que ponia y que nunca nadie se negaba o se arriesgaba a desafiar. El viejo se sorprendió por aquella propuesta, no era algo que se esperara y se encontró en un gran dilema moral. Pero como es de esperar termino aceptando y les hizo una seña en la cabeza para que se sentaran –No me gusta que los alimentos se desperdicien… Así también como me gusta tener buenas charlas a la hora de la cena –Les comente a los presentes cortando un trozo de carne para meterlo en mi boca y masticarlo con suavidad –Empecemos por presentarnos, yo soy Aegon –Dije simplemente con media sonrisa empezando a frustrarme un poco por el incomodo silencio. No es como si no me conocieran pero me parecía divertido -¿Ustedes son…? Y también me gustaría a que se dedican.


Off:
Off: Se que Syl se dedica a los establos y la cocina, pero me pareció interesante que este ahi colaborando en la cena. Pero si te molesta edito y ya ^^
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Sylvi el Lun Jul 04, 2016 2:00 am

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Tenía que controlarme. Si no era capaz de tranquilizarme a mí misma eso significaba que ya no era capaz de nada más, que me había vuelto una completa y total inútil. Respire profundo mientras presionaba con más fuerza y peso mi espalda en contra del portón de los establos. Traté de recordad como era que debía actuar ante estas... situaciones. La última vez que había gozado la tortura de la verdevidencia había comprendido tarde que la historia era la hoja de una espada a punto de caer sobre mi cuello; aquel tardío actuar me había costado la actual inexistencia de tres hijos. Una niña que apenas había durado unas horas fuera del vientre, un niño que murió demasiado joven, y finalmente una criatura que había perdido sin saber que la tenía en mi posesión.

Baje la mirada hacia mi vientre y fruncí los labios. Esta situación no debería importarme, los sureños debían atender sus problemas solos, pero aún así el calor de la visión había dejado una fuerte impresión en mi piel. Me molestaba saber que las cosas podrían ponerse mal. Y después de todo, mi gente no se encontraba a salvo de verse perjudicada si esas bestias hacían estallar una guerra... Cada escenario en mi mente era una posibilidad que podía hacerse real en partes iguales. Suspiré, relajando el cuerpo y avanzando hacia los fardos de paja, mientras frotaba las manos sudorosas contra mis ropas. Una parte de mí no quería involucrarse más en ello, pero la otra me decía que no podía simplemente evitar que mi vida se hilara con la de los protagonistas de lo que había visto. Incliné mi cuerpo hasta quedar en cuclillas frente a uno de los fardos y sacando una daga desde el interior de mi bota derecha corté las cuerdas que mantenían el pasto seco junto y uniforme.

No se exactamente cuanto tiempo me tomé en repartir el alimento y en cepillar a las dóciles bestias con un puñado de paja seca, empezaba a relajarme y caer en la cuenta de que quizás lo mejor era mantenerme lejos de todo y quedarme con la apariencia en el mínimo por ahora. Desgraciadamente, uno propone pero otros disponen. Una de las chicas de la cocina entró al establo, un tanto pálida y nerviosa. Le mire con hastío y entrecerré los ojos ante sus palabras, cerré los ojos y puse a prueba el limite humano de mi paciencia al oír sus instrucciones. Sin rechistar, y mordiéndome la lengua, abrí de un manotazo la puerta del portón y camine hasta el pozo para lavar mis manos y enjuagar mi rostro; haciéndome a la idea de que debía servir en el castillo aquella noche. Caminé hacia la entrada de la cocina, y antes de cruzar el umbral cogí una brazada de leña y caminé desde la ajetreada cocina hasta el gran salón. Tragué en seco, mientras daba un paso tras otro hacia la chimenea y me arrodillaba con brusquedad, dejando caer la leña. Medité la sola idea de encender el fuego, y de manera inconsciente me encontré mirando hacia uno de los ventanales sabiendo que clase de bestia se encontraba allí afuera.

Negué mientras ladeaba mi cabeza y restando importancia al asunto continué con mi labor; en poco tiempo tuve el lugar listo. No solo la chimenea llameaba un buen fuego, si no que las antorchas de las paredes refulgían y varias velas habían sido dispuestas por mí sobre la mesa. Sacudí la suciedad de mis manos y me dirigí a las cocinas, donde luego de varios viajes seguidos junto a otra chica, dispusimos distintos platos en la mesa. Cuando ya casi fue la hora, me dirigí a un rincón cercano a la mesa y espere junto a mi compañera, quién parecía más joven que yo en belleza y apariencia. En contra de lo que hubiera deseado hacer, baje el rostro, prefería mirar el suelo de piedra que al ilustre invitado que moraba en el castillo de la ciudadela. Apenas el Maestre entró, supe por obviedad que volvería a encontrar al Príncipe Targaryen frente a mí. Arquee una ceja ante el eco de sus pasos, y contra todo pronostico alcé el rostro, observando con descaro pero más disimuladamente que en la mañana. Le observe tomar asiento y delineé las  facciones ajenas, unos segundos después, me acerque a una pequeña mesa y cogí la jarra de vino, mientra la otra chica, Yara, iba por la comida caliente.

Me tome mi tiempo, esperando a que sirvieran los alimentos primero, y luego me acerqué a la mesa, sirviendo primero al Príncipe y luego al Maestre. Yara y yo disponíamos a regresar a nuestros puestos luego de dejarla jarra sobre la mesa, pero la voz ajena fue mucho más rápida y grave que nuestras acciones. Mi rostro debió deformarse por la sorpresa, pues pude sentir cada musculo cambiando mi expresión, primero mirando al maestre, luego a Yara quién se veía tan sorprendida y confundida como yo, y finalmente miré al invitado de honor, ¿que planeaba? Antes de si quiera poder objetar, el maestre me lanzo una mirada de advertencia y amenaza. Desvíe el rostro, disimulando la frustración de ser un perro que seguía ordenes; y sin más tome asiento junto a mi compañera, junto al Príncipe. Quedando cara a cara con el maestre.
-Sylvi, Mi Lord, para serviros.- respondí antes que mi compañera, negándome a comer o beber en la mesa.

Mis "modales" no eran para ese tipo de lugar; yo prefería sentarme frente a una buena fogata y usar mis manos para sujetar la carne y arrancarla del hueso con mis dientes. Yara me miró y se presento más cauta, cuestionando la falta de sumisión en mi voz. Un sirviente jamás usaría tal tono en la mesa de su Señor. Pero yo no era de las que creía en títulos y nombres. Aquel hombre en persona no representaba nada para mí.
-Trabajo principalmente en los establos, y a veces, mantengo las caliente los cuartos del castillo.- respondí haciendo un gesto de cabeza hacia la llama de la chimenea, la cuál al refulgir en reflejos en los ojos lila de este hombre me intimido, consiguiendo que mi cuerpo se tensase -Me disculpo por la rudeza que mostré esta mañana.- proseguí, mientras le sostenía la mirada -Pero vuestra bestia había logrado causar una impresión demasiado fuerte en mí, pensé que lo más sensato sería correr.- añadí, sin una pizca de temor o miedo en voz, jugando con un fuego demasiado desconocido para mí. Pero dadas las circunstancias me era imposible no ser franca; probablemente estaba buscando una sentencia, pero en el fondo, algo de mí quería probar el temple de este hombre, que en mi visión, aparecía tan abismal, despiadado y monstruoso como su Dragón.
Off :
No te preocupes, me pareció una buena idea. Me ha encantado el post Very Happy
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Aegon Targaryen el Lun Jul 04, 2016 3:35 am

Al parecer mi solicitud había tomado a los presentes por sorpresa, era de esperarse sin embargo no dejaba de causarme gracia. El hecho de tener el título de príncipe y un dragón parecía hacerlo a uno un ser omnipotente. Nadie se atrevía a rechazar mis pedidos, nadie se atrevía a llevarme la contraria. Todo en mi vida siempre había sido un “si” y aquello en algún punto llegaba a frustrarme. No había mujer en los siete reinos que se me negara, no había objeto que no pudiera reclamar como mío, todo por ser el hijo del rey. ¿Pero yo en verdad deseaba ser solo eso? ¿El primogénito de Viserys, el niño del monarca de turno? No, mis ambiciones eran mucho mas grande que aquello. Quería que lo dijeran al revés, “el fue el padre de Aegon” y con esto no quiero que me malinterpreten, el trono de hierro estaba lejos de ser mi deseo. Muchos pensarían que por ser el primer hijo varón deseaba ser rey algún día, la verdad se distanciaba de esto. Mi deseo era ser recordado como alguien grande, como así lo hizo en su época El Conquistador, quería aparecer en los libros. Aunque posiblemente también todo esto se debiera a que solo quería demostrar de lo que era capaz.

Nadie, excepto mi hermana, conocía el peso que cargaba sobre mis hombros. El peso de tener que ser el mejor, de cumplir las expectativas. De que todos esperen verte hacer algo  glorioso simplemente por tu sangre. Mi vida se había basado en complacer, ser buen hijo, buen padre, buen guerrero, diplomático, debía ser todo y ser el mejor en todo. ¿Quería? Seguramente muy en el fondo no, pero conscientemente les digo que no iba a negarme a eso. Me gustaba sobresalir ante los demás, pero no por los meritos de mi padre sino por mis propios meritos. ¿Podría? No lo sabía, aun me quedaban muchos años por vivir y el destino era inesperado, sorprendente. Solamente pedía que si un día me tocaba partir, fuera de la manera mas gloriosa posible, así por lo menos podría dar mi último respiro siendo consciente que no moriría siendo un don nadie.

Las mujeres y el maestre cruzaron miradas, impactados por mis palabras, desencajados por completo. No podían comprender el motivo por el cual un miembro de la familia real quería comer con simples plebeyas. ¿Pero estaba bien catalogar a las personas por sus títulos nobiliarios? Me desagradaba aquello, no podía aceptarlo. Desde luego no me parecía en absoluto a mi mujer que pasaba sus días en el lecho de pulgas haciendo caridad. Mi contacto con el pueblo era el justo y necesario, pero eso no quería decir que los viera como inferiores. A mi entender cada uno era único en lo que hacía y si ellos no existieran nuestra existencia sería inútil. Un rey no era rey sin gente a quien gobernar, un pueblo sin una cabeza tarde o temprano terminaba sucumbiendo ante los mas bajos instintos del hombre. Una cosa no se podía concebir sin la otra, entonces no entendí el afán de algunos de despotricar a todo aquel que no fuera de alta cuna.

Saboree el jugo del trozo de carne que tenia en mi boca, lo disfrute realmente ya que mi apetito era voraz. Desde pequeño había sido de buen comer asi que solía darme buenos manjares. Observe a mis tres acompañantes y seguí comiendo escuchando las presentaciones –Sylvi, es un bonito nombre –Comente casi al pasar –Es un placer –Dije de forma educada mirándola a los ojos para luego escuchar a su compañera la cual hablo con un tono de voz mucho mas moderado y sumiso. Asentí con la cabeza ante ella y le sonreí –También es un placer conocerte a ti –Le dije con clara sinceridad en las palabras. La conversación continuo y comenzaron a informarme de sus funciones en Invernalia –Te felicito por ser buena en lo que haces –Agregue ya que el clima alli dentro era agradable producto de la enorme chimenea bien alimentada –Los caballos son animales que precisan mucha atención, admiro a la gente que trabaja con ellos –Le comente mirándola a los ojos en todo momento mostrándole que no titubeaba, que estaba seguro de mi mismo y de mis palabras.  Entonces lo siguiente que dijo me hizo levantar una ceja sorprendido -¿Rudeza? No la note ruda en absoluto mujer –No pude evitar sonreír dejando ver mi blanca dentadura –No eres la única que se vio intimidada por Sunfire, ciertamente los dragones producen eso en todo aquel que se cruce con ellos –Le aclare para que no se sintiera mal –Pero fuiste muy valiente y te quedaste frente a el, deberías estar orgullosa de ti misma –Solté antes de beber un pequeño trago de vino para luego pasar mi atención a los demás –Que yo sepa, los únicos seres que sufrieron y sufren la ira de mi dragon son las ovejas –Comente bromeando ya que Sun nunca había atacado a ningún humano.

Luego de aquello la charla continuo con la otra muchacha, Yara, y me dedique un tiempo para hablarle también. Me agradaba conversar, mucho mas cuando esa gente no eran nobles ya que sus vidas eren lujosas y predecibles. En cambio aquí las dos mujeres tenían historias diferentes, hacían cosas diferentes y seguramente venían de lugares diferentes. ¿Qué por que? Porque la primera, Sylvi, tenía un acento extraño al hablar –Coman… -Pedí aunque sonó como una orden, me molestaba comer solo. A la vez que dije aquello pase mi mirada por los tres pares de ojos casi con la intensión de doblegar sus voluntades –Me gusta la comida norteña, es mas… rustica y tradicional –Dije intentando no ofender con mis palabras –No pierden sus raíces, mientras tanto en el sur a la gente le encanta experimentar distintos platos y uno ya no sabe que come –Fui sincero con aquello, me gustaba comer, pero en cantidades, no en cuanto a variedades de platos. Podían darme de comer carne de ciervo todos los días y seria el hombre mas feliz del mundo -¿Saben? Tengo tres hijos, y ellos seguramente disfrutarían mucho de venir aquí… Nunca vieron nevar y es algo que los intriga demasiado –Comente casi por comentar, aunque dudaba que a ellos les interesara eso, o tal vez ni siquiera necesitaba contar sobre mi familia ya que todos conocían todo sobre los Targaryen -¿Ustedes tienen familia? De seguro deben ser muy buenas madres
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Sylvi el Miér Jul 06, 2016 4:29 am

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La situación se había tornado un tanto indeseada. Si bien aún no me acostumbraba a lo diferentes que eran las cosas en el lado sur del muro, había sido capaz de sentirme a gusto todas las noches y mañanas en el establo. No importaba no tener con quién compartir, pues así me era fácil y sencillo hacer bien mi trabajo y estar completamente desapercibida para los demás. Mi meta siempre era no causar problemas, para evitar la menor cantidad  de oportunidades en la que tuviese que cruzar charlas inesperadas como estas. Para mí lo que este hombre quisiera, no era asunto mío, si por mí fuera desde el día uno le habría hecho saber a los Sureños lo mucho que podían simplificarse la vida. E pueblo libre no perseguía títulos, ni nombres. No, yo desde pequeña había aprendido a seguir al más fuerte, al que pudiera mantenernos a salvo, al que le preocupáramos nosotros como si se tratase de uno mismo. Nada de traiciones, nada de tierras, y sobre todo, nunca hincar la rodilla.

Y aún así, allí me encontraba jugando un juego de apariencias frente a Yara, el Maestre y un Príncipe Targaryen. Poco sabía de la familia real. Solo comprendía que sus batallas habían sido ganadas bajo el temple cálido del aliento de los Dragones; algo que nosotros solo habíamos vislumbrado en historias y leyendas que habían pasado a nosotros desde generaciones atrás. Ahora que lo pensaba, mientras oía las palabras del Príncipe, me sorprendía de mí misma. Había estado frente a uno de ellos, pero mi preocupación en ese entonces no era la bestia, era el jinete. Fijé mis ojos en el maestre quién claramente me sugería con una dura mirada que participara más de la conversación; al parecer mi nula reacción ante el cumplido relacionado a mi nombre no había sido de su grado.
-Gracias, mi Lord, aunque debo admitir que es la tarea más sencilla que me ha sido encomendada.- comenté mientras observaba de reojo el fuego llameante; después de haber nacido en el verdadero Norte, las posibilidades de un buen fuego eran casi nulas. Aguantar el frío no era un problema para mí, y hacer uno con pocos o muchos materiales tampoco me suponía desafío alguno. -Pero como usted menciona, prefiero más pasar el tiempo en los establos. - agregué, cayendo en la resolución de responder con las verdades necesarias durante la charla en la mesa, pues las mentiras no se me daban bien.

-Es verdad, requieren de una gran cantidad de cuidados, pero no creo que representen tanto trabajo como un Dragón.- Sin meditarlo demasiado, mencione el tema. De alguna manera me había parecido un buen momento para hacerlo. Observe a Yara, y le obsequié la sombra de una sonrisa, la joven no debería alterarse demasiado. -Imagino que debe costar un trabajo inmenso cuidar a vuestra bestia, no puedo dejar de pensar en lo caprichoso que puede llegar a ser uno como él.- esta vez me referí directamente al dragón que estaba afuera de las paredes que estaba segura, poco podrían protegernos en caso de que la bestia enloqueciera. El maestre carraspeó intentando desviar la conversación, pero no tuvo suerte, es más, escuché sus siguientes palabras completamente interesada, y no pude evitar sonreír levemente esa sombra de sonrisa que era lo única mueca que habían producido mis labios en el último tiempo -Lo estoy.- contesté inmediatamente, apenas mencionó que debía sentirme orgullosa -Pues ahora entiendo que la gran impresión no fue solo por la bestia; la impresión fuerte también la dejo el hombre que la montaba.- añadí con rapidez, con una voz seria y medianamente profunda. Pues no tenía segundas intenciones en mi discurso, solo hacerle saber que algo en mí tenía motivos para no confiar en alguien como él, que mis miedos no eran por bestias, que lo peor en esta tierra eran los hombres y mujeres que caminaban por ella.

Yara tomo mi antebrazo por debajo de la mesa, y la observe diciendo con mis ojos que estaba dispuesta a lo que sea viniera después de mis palabras; que en mi opinión no eran osadas ni irrespetuosas; para mí era normal hablar de igual a igual. El olor de la comida en la mesa era exquisito y tentador, pero también abrumaba mi sentido pues mi paladar estaba acostumbrado a los platos sobrios, y si bien el invitado de honor podía estar en lo cierto respecto a la comida norteña; yo estaba en desacuerdo completa y totalmente. Por un momento me permití sonreír más ampliamente ante la idea de ver a las personas que se sentaban conmigo en la mesa, comiendo carne dura y por lo general sobre cocida en medio de la nieve y el viento.
-Usted sabrá disculparme, pero no tengo hambre.- mentí, manteniendo mis brazos al lado de mi cuerpo y las manos juntas sobre mi regazo. Tenía hambre, sí, pero prefería comer con la mano y beber el jugo de la comida directamente del cuenco. Mis labios estaban acostumbrados a besar la boca de la botella para beber el vino. El uso de copas me era innecesario.

La mención a sus hijos, me obligó a alzar la mirada. Si había una debilidad en mi cuerpo y en mi corazón eran los niños. Mis niños, a quienes veía en cualquier pequeño sano que jugara y corriera junto a mí. Algo se encogió en mi garganta, un nudo que delataba mis debilidades casi de inmediato.
-La nieve siempre es algo digno de apreciar; cuando se esta mucho en contacto con ella quema tanto como el fuego de vuestras tierras.- dije mientras evocaba la imagen de Dormund en mi mente, mientras mi compañera mencionaba que a los niños les encantaba jugar con ella, y que probablemente a los hijos de su majestad les encantaría intentarlo. -Aunque el invierno es un asunto delicado para la salud de los niños y los hombres que no están acostumbrados a ello. Incluso he escuchado decir al Maestre que el clima empeora con cada paso que se da hacia al Norte, aunque yo no recuerdo haberme quejado del frío en Villa Topo.- comenté, un tanto distraída mientras miraba por el alto y delgado ventanal, por un momento me pregunte si la bestia allí afuera aguantaría un clima tan frío. Me quede pensativa mientras miraba hacia afuera, sentía mucha curiosidad, y era imposible de ocultar. Su siguiente pregunta congeló la sangre en mis venas y me heló la piel, no pude evitar entrecerrar los ojos al mirarle.

Arqueé una ceja mientras observaba ahora, a Yara, dándole el paso para continuar con la conversación. La chica mencionó a unos gemelos, y describió lo que toda madre en general declara cuando se trata de sus hijos. Amor, orgullo, los miedos que suponían ser una madre. Hasta la fecha no había tocado el tema con nadie, y los ojos del Maestre me escudriñaban con cuidado. Hasta entonces todos creían que provenía de Villa Topo. Desconocía si habían corroborado la información; peor la pregunta de Aegon simplemente era una ventana para saber más de la forastera que había llegado hace dos años atrás; si supiera la verdad: me mandarían a ejecutar en aquel instante.
-Los dioses me han favorecido con la oportunidad más de una vez, pero ninguno de mis tres hijos pasó la época del infancia.- respondí con sequedad mientras turnaba mi mirada entre las tres personas en la mesa, aclarando mi garganta pues de repente la sentía seca -Mi segundo hijo fue con el que más compartí; cinco años tenía cuando perdió la vida; hace dos años ya de eso.- Decirlo con naturalidad y como si fuera un asunto del pasado, me costó demasiado.

Levante la cabeza con orgullo lo mejor que pude
-¿Y a ustedes que les ha parecido el clima hasta ahora? ¿Es muy distinto de como es en el sur?- cuestioné pregunto tanto por el Principe como por el Dragón, sabía muy bien en el fondo que era una pregunta banal y probablemente vacía; pero no se me había ocurrido nada mejor para eliminar la incomodidad de mi confesión previa. Aparentemente, se me estaban agotando las ideas; y aquello me molestaba pues lo único que me interesaba en aquel instante era llegar a conocer a la persona que visitaba el "Norte"; después de haberlo visto en sueños, decir que quería saber más de él, era poco como para describir lo que pasaba por mi mente.  



Última edición por Sylvi el Miér Jul 06, 2016 9:16 pm, editado 1 vez
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Aegon Targaryen el Miér Jul 06, 2016 8:37 pm

Todo en el norte era tan sencillo que lograba encontrar sentimientos en mi interior . Por un lado valoraba lo simple, me encantaba que todo fuera mas distendido y que la gente perdiera menos tiempo en detalles. Pero por el otro la falta de perfeccionismo en algunas cosas era mala, y claramente muchas comodidades se veían negadas por aquellas tierras. Posiblemente aquel lugar fuera ideal para pasar un tiempo, sin embargo me gustaba mucho Desembarco del Rey como para dejarlo. Además no es como si Sunfire no pudiera sobrevivir, pero no seguramente aquel sitio no era de su mas profundo agrado. Pero la gente en Invernalia parecía tan antigua, casi detenida en el tiempo, como si no les importara lo que pasaba en el resto de poniente. Mientras en el sur las mujeres competían por ver quien se vestía mejor, en aquel lugar solo les interesaba abrigarse lo suficiente como para soportar el frio, y eso les daba su encanto. Las norteñas sin dudas eran mucho mas aguerridas que las sureñas, aprendían a sobrevivir al clima y se veía en sus ojos cierta fortaleza que las otras no poseían. Casi como si el frio hubiese endurecido sus cuerpos, como si su carácter se mimetizara con el ambiente y fueran mas implacables.

Aquella mujer, Sylvi, parecía estar interesada en mi persona. Si, era el príncipe, era un Targaryen y tenia un dragón, pero no era eso. En mi corta vida me había cruzado con muchas mujeres superficiales, interesadas. Mujeres que deseaban acostarse conmigo solo por tener un titulo, y yo claro esta que las usaba de igual manera. Pero ella me miraba con otros ojos, casi como si supiera algo de mi que yo omitía. Como si su interés no fuera sexual, como si deseara decirme algo y no pudiera hacerlo -¿Se te encomendaron muchas tareas? Algún día me gustaría saber sobre eso… -Comente con sorpresa en mis labios -Las mujeres del norte siempre me sorprenden, sin dudas muchos mas hábiles en muchos aspectos que las sureñas -Reconocí de forma inevitable mientras seguía probando la carne. Entonces sus siguientes palabras me hicieron sonreír y negar con la cabeza, me gustaba que se soltara mas -Tienen un cierto parecido, pero si que son complicados… Principalmente porque si no les agradas simplemente de comen -Comente como si aquello fuera solo un detalle – Y se parecen demasiado a nosotros los humanos, son bestias orgullosas y cada una tiene su propio carácter -Suspire bebiendo un poco de vino mirando a todos -Rebeldes, feroces, amistosos, tímidos hasta perezosos -Enumero con una media sonrisa – y la mayor diferencia es que una vez tienen un jinete, lo aceptan para toda la vida y nunca se dejaran montar por alguien que no sea el… a menos que este muera, claro esta. Por esta razón se los considera como la bestia mas fiel que puede existir, dan la vida por su amo. Se sabe de jinetes que abandonaron a sus dragones, pero no de dragones que abandonaron a sus jinetes.

Hablar de dragones era algo que realmente me gustaba, eran bestias increíbles que lograban ganarse el corazón de uno. Mucho mas cuando en nuestra familia se nos ponía un huevo en la cuna y estos reptiles crecían junto a nosotros, y si este no era el caso, desde jóvenes nos hacíamos con uno. Perro lo siguiente que dijo me sorprendió, tanto que aquello se dejo ver en mi rostro. Me quede en silencio un momento para limpiar mis labios con una servilleta y luego la mire fijamente a los ojos -¿Sabes que Sylvi? -Hice otra pequeña pausa -Posiblemente fue lo mas inteligente que escuche en todo el día -Dije largando una carcajada luego de aquello viendo como los demás parecían congelados en sus lugares, nerviosos y temerarios de lo que pudiera hacer -Aunque invitadlas a comer fue en parte para eso, para demostradles que no tienen nada que temer. Después de todo mi obligación es velar por la seguridad de las personas en los siete reinos

Pero lo que sucedió después de aquello fue lo que mas me sorprendió, la mujer se había negado a mi. Le había pedido que comiera y se negó en mi cara, pero aquello mas que enfadarme me gusto. No estaba acostumbrado a que me dijeran que no en nada, mucho menos en la cara y cuando lo pedía de esa manera. Me quede pensativo unos segundos por aquel acto tan osado pero lo deje pasar como si nada. Simplemente me dedique a escuchar lo que tenían para contarme. Sus palabras sobre el frio y el clima norteño eran acertadas, se podía sentir al volar como poco a poco la temperatura bajaba a medida que uno se adentraba mas en aquellas tierras. Seguramente aquello complicaba la salud de las personas, y los niños eran los mas desprotegidos -¿Así que viene de Villa Topo? La ciudad subterránea -Comente casi al pasar recordando aquello que había leído sobre la edificación de aquel sitio. Era interesante imaginarse parte de un pueblo viviendo bajo la tierra, no tenia el placer de conocer aquel lugar pero sin dudas un día lo haría.

La mujer continuo hablando de su vida, en ese momento menciono que había perdido tres hijos y todo se volvió silencio. No podía imaginarme el dolor que se sentía perder a uno, mucho menos lo que ella había vivido al perder tres. Por un momento sentí pena por ella, pena por su trágica vida, pena porque lo dijera con tanta facilidad casi como si se hubiese acostumbrado a vivir con ello -Lamento oír eso -Fue lo único que pude decir ante aquella confesión que acababa hacer delante de todos. Posiblemente los demás conocían su historia, o no, pero al escuchar aquello era difícil no sentir compasión por alguien. Rápidamente la criada de los Stark cambio el eje de la conversación, cosa que agradecí ya que continuar con aquello solo significaría traerle aun mas dolorosos recuerdos. Termine de dar mi ultimo bocado antes de responder -Claramente es muy distinto, en el sur nos acosa el calor y transpirar es costumbres por aquellas tierras. Aunque llega un punto en el que te acostumbras y ya no lo sufres tanto -Le explique ya que al parecer la muchacha nunca había pisado mis tierras -En cuanto a mi, este clima me agrada. Rompe con lo que estoy acostumbrado y eso se agradece -Comente sonriendo para luego terminar de beber mi copa de vino y suspirar.

De todas formas mi estadía será corta en estas tierras, ni bien tenga la oportunidad de hablar con Lord Stark volveré a Desembarco a seguir cumpliendo con mis deberes -Luego de aclarar aquel pequeño punto me levante -Fue un verdadero placer el comed con vosotros, es hora de retirarme a la habitación. Tuve un largo viaje y deseo descansar -El maestre se levanto de inmediato para despedirse de mi presentándome sus respetos -Agradecería que me lleven algo caliente -Hice un ultimo pedido mientras pasaba mi mirada sobre ambas mujeres antes de retirarme de aquel gran salón. Había quedado zaceado con aquella comida, y no me interesaba seguir conversando con aquellas personas. Fue un momento grato e interesante, pero me aburría rápido de las cosas así que me resultaba imposible continuar con aquello. Sin embargo aquella norteña había logrado ganarse mi atención, su fortaleza y su valor tanto con Sunfire y conmigo eran dignos de alabar. Pero en mi interior seguía pensando que algo le sucedía conmigo, algo que no podía expresar en palabras y aquello era interesante. Al llegar a la habitación cerré la puerta a mis espaldas y deje salir un largo suspiro. El clima en aquel lugar era muy cálido, simplemente porque era una habitación mucho mas chica que aquel salón y con una chimenea igual de grande. No pude evitar mirar el fuego incesante danzando sobre las brasas, era realmente hipnotizante. Pero luego de unos segundos volví a la realidad y me desvestí quedándome solo con el pantalón puesto. Me acerca al fuego y me agache para sentir su calor golpear mi pecho desnudo y suspire con media sonrisa, bebería lo que me trajeran y luego dormiría.
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Sylvi el Jue Jul 21, 2016 6:05 pm

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La rubia no podía serenarse. Sus ojos estaban clavados en el invitado; así como también lo estaban su interés, su atención y su curiosidad. Temía, pero no de su presencia, si no más bien por el papel que el tuviera en su visión; la cual aún no resolvía en su mente. No podía tomarse todo tan literal, aunque a veces la literalidad era la realidad más cercana, eso era un hecho. Pero tenerlo a el, allí en frente podía significar que el asunto era quizás más urgente de lo que ella imaginaba. La sensación dura de angustia en el centro de su pecho le asustaba enormemente. No imaginaba lo que podría acontecer, pero estaba empeñada a ver lo que traía mañana, sin dejar de aprender de su ayer. Pues su última visión había constando en el destino de sus hijos. Quizás pudo haberlos protegido. Quizás, no había nada que pudiese haber hecho. ¿Como saberlo cuando todo aquello ya formaba parte de un pasado irremediable y roto? La salvaje asintió secamente ante la pregunta, su trabajo en el Castillo y en la ciudadela de Invernalia era variado. Pero siempre acababa en los establos o en las chimeneas.

Eran trabajos toscos, humildes y fáciles de llevar. Así evitaba cualquier contacto con el estilo de vida que llevaran aquellas tierras que para ella no dejaban de parecerle sureñas, y extrañas. Por más al "norte" que estuviesen. Mientras el príncipe hablaba de las mujeres en el norte, su mente vagó en el pasado. En su vida al otro lado del muro, ese que los hombres de los siete reinos desconocían. Y hablando de Siete Reinos... Llevaba dos años al sur de la muralla y poco era lo que sabía de las familias, los Reinos, las Casas y las costumbres. Con suerte podía reconocer todas las virtudes y fallos de la Familia Real. Incluso, el que tuvieran Dragones en su posición era como si el monstruo más terrible de las historias y los cuentos hubiese cobrado vida desde la imaginación de un niño. Tragó secamente, genuinamente interesada cuando la conversación se centró en aquellas bestias tan magnificas.
-Suena como si fueran criaturas de pasiones propias.-se expresó, frunciendo los labios, memorizando cada palabra que abandonaba los labios del Príncipe. Algo le decía que todo aquello era importante, de repente sintió los labios y la garganta secos, y su cuerpo por un momento pareció fallarle, o no obedecerlo: pues deseaba preguntarle más sobre las bestias, pero la presencia del Maestre y de Yara le parecían dañinos para lo que pudiese surgir de su "repentino" ataque de curiosidad. -Yo no estaría tan segura; el que no teme es una persona perdida; confiarse o sentirse cómodo es un error, si me permite decir.- respondió mientras miraba fijamente sus ojos -Es mejor no bajar la guardia, es mejor cuidarse.- aconsejó consiguiendo sonar tranquila, evitando la mala idea de una amenaza. Lo último que ella quería en ese momento era problemas.

Seguía sin sentirse tranquila frente a el, y lo peor es que no era por que lo conociera, era por lo que había visto en uno de sus sueños. ¿Pero era correcto juzgarlo?, ¿temerle así? No estaba segura.
-La sola idea de que nos parezcamos tanto a un dragón, si las cosas son como usted describe, es aterradora. Un dragón con temperamento de bestia, o ¿nosotros las bestias con el temperamento de un dragón?- sí, la mujer se había referido al ser humano como una bestia. Era cierto que era una salvaje, y que venía del otro lado del muro. Los dos años que había vivido allí había escuchado historias sobre su gente, algunas eran exageradas, y otras, para su vergüenza no lo eran. Por algo eran conocidos de forma despectiva como seres salvajes e incivilizados por los sureños. Ella misma había actuado con salvajismo para "salvar" a su hijo de un destino peor. Pero eso no la enorgullecía como madre.

La rubia sonrío levemente y con amargura. "Velar por la seguridad de los siete Reinos", decía. Ella no pertenecía a los Siete Reinos, no pertenecía al otro lado del muro tampoco. Ella había nacido en el gélido aire que se encontraba al otro lado, ella traía grabado en su piel las quemaduras del verdadero invierno. Y ahora estaba atrapada en medio de algo que era territorio hostil y desconocido para ella, incluso después de los dos años que llevaba allí. Cuando el príncipe cortesmente pregunto por la ciudad subterranea Sylvi solo asintió. Prefirió no indagar más en esa ciudad que había visto solo una vez en toda su existencia. Respecto a sus hijos, asintió nuevamente ante las palabras ajenas, manteniendo por primera vez en toda la velada, la vista abajo.
-No hay nada que sentir.- comentó como si nada, sonriendo algo incomoda al Maestre y a Yara, mientras cambiaba la conversación una vez más. Tener los ojos de todos puestos encima no era bueno para ella.

La mujer mentiría si dijera que no se interesó en algún momento por ir más hacia el Sur. Le sonaba fascinante, lo que era extraño, porque recordaba muy pocas oportunidades en las que había podido tener la oportunidad de disfrutar el uso de esa palabra. Yara mencionó que nunca había visitado el Sur, y que arduamente podía imaginar un clima soleado a diario. La salvaje no pudo hacer más que darle la razón en silencio. El Maestre por otro lado intentó hacer el favor de describirlo con más detalle y amabailidad.

Cuando el príncipe anunció su retirada, ambas mujeres se pusieron de pié poco antes que el maestre y asintieron bajo aquella petición. Esperaron juntas a que el Maestre abandonaron la habitación, y casi al mismo tiempo, nuevamente relajaron sus cuerpos y postura; se miraron en silencio y en ese mudismo ambas se dispusieron a recoger la mesa. Mientras estaban en la cocina, una burbujeante conversación de murmullos y suposiciones se cocinaba en aquel lugar. La presencia del Príncipe Aegon en Invernalia, había causado una fuerte impresión, en especial porque dos criadas habían compartido mesa y cruzado palabras con él. Mientras Sylvi disfrutaba un trozo de pan tostado, vigilaba el vino especiado que descansaba sobre una lastimera lengua de fuego que se había ofrecido a llevar al cuarto del invitado real; aún no estaba segura de que hacer, pero realmente estaba interesada en subir. Algo le decía, la empujaba a acercarse más sabiendo de antemano que podría quemarse. Mientras mezclaba el vino con ingredientes como la miel, una hoja de laurel, nueces, azúcar, un poco de pimienta, jengibre y un poco de naranja traída del dichoso sur; Sylvi no dejaba de pensar, de preguntarse, de enredar sus pensamientos. Finalmente sirvió el vino caliente en una jarra, pasandola por una cesta del porte de un bowl para colar las especias del licor, luego cubrió la jarra con un grueso trozo de piel para mantener el calor y la dispuso sobre una bandeja con una copa a su lado.

Dejó su pan a medio comer sobre la mesa y se dirigió a la habitación del invitado. Mientras subía las escaleras no podía evitar mirar por las ocasionales y pequeñas ventanas que helaban y ventilaban el pasillo de pierda, sus ojos siempre se posaban en el granero que servía de lecho para el dragón. En poco tiempo se encontró frente a la puerta de madera, la cuál se veía sumamente rustica entre las piedras. Golpeó la misma un par de veces
-¿Mi Lord?- cuestionó con voz firme pero moderada -Soy Sylvi, mi lord. Me han enviado con su pedido y a asegurarme que todo sea de su agrado en la habitación.- mencionó, pensando con algo de hastío en la enorme chimenea que había que mantener y la posibilidad de recorrer el castillo buscando pieles extras para alguien que no conocía el verdadero invierno; pero que probablemente clamaba por la supuesta norteña Invernalia.
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

Mensaje por Aegon Targaryen el Miér Jul 27, 2016 1:31 pm

El fuego era realmente algo sorprendente, tan poderoso y antiguo. Era algo que lograba llamar mi atención al punto de hacerme perder, de tal forma que no notaba el paso del tiempo. No podía evitar que aquello pasara, después de todo el era el que me ayudaba a pensar y rememorar momentos. Casi como si en las llamas se postraran imágenes pasadas, casi como si me mostraran el pasado. Claro esta que esto no era ninguna clase de mítico poder, yo no tenía esa clase de cosas. Simplemente era mi complicada cabeza que buscaba una distracción en la cual ocupar del tiempo.

Fue en el que aquella fría noche tan lejos de casa encontré consuelo, un cálido pero efímero consuelo. Y de inmediato no pude evitar pensar en mi esposa, mis hijos, en mi familia en general. Aquella conversación que había tenido previamente en la cena me había obligado a plantearme algunas cosas que evitaba hacer. Como por ejemplo lo doloroso que se sentiría perder a uno de mis hijos, a mi mujer o a Sunfire. Pero como venían pensamientos horribles y tristes venían cosas buenas como las imágenes de ellos junto a mi disfrutando de momentos simples como una cena o un día de “campo” en los cuales solíamos salir a pasar el dia por fuera de la fortaleza roja. ¿Cómo se sentiría aquella norteña Sylvi al perder tres niños? No podía imaginarme los sucesos, mucho menos podía pensar en que pasaba por su corazón en aquellos momentos. Suponía que era como perder una parte de uno mismo, volverse incompleto, vacío. ¿Yo podría seguir adelante después de perder a mis pequeños? No lo sabia, como puede que pereciera y me dejara caer en una vorágine de tristeza y dolor, como también podía pasar que la locura y el odio se apoderaran de mi. Por el bien de todo Poniente deseaba que nunca tuviera que pasar por eso.

Fue perdido en las brasas que el golpeteo de la puerta me devolvió a la habitación, era la norteña que seguramente me traía lo pedido. Al parecer la muchacha cumplía muchos labores dentro de Invernalia y aquello era digno de alabar. Alguien que sabe hacer de todo es alguien de importancia y una persona que nunca se quedara sin empleador. Tome una túnica ligera y me encamine hacia la puerta para abrirla -Es muy amable de su parte, Sylvi -Le dije observando aquello que tenia entre manos. Al pedir algo caliente me refería a una infusión, pero al parecer los norteños acostumbraban a otra clase de bebidas ya que el olor que emanaba de aquello distaba mucho de eso. Era increíble las tantas diferencias que podía haber entre un extremo de Poniente al otro, es mas, los cambios era muy notables con solo alejarse unos cuantos kilómetros del norte o del sur. Formas de vestirse, acentos, costumbres, dioses, comidas, infinidades de cosas.

Pasa, casualmente estaba pensando en nuestra conversación en la cena -Aquello no era del todo cierto pero era bueno demostrarle a los otros que sus palabras no pasaban desapercibidas -Seria realmente malo si los dragones se parecieran a nosotros. Últimamente los humanos no hacemos mas que provocar angustia y dolor -Eso me daba mucho que pensar, esos que decían que los dragones tenían conciencia humana estaban por demás de equivocados. Ellos no razonaban como nosotros, eran bestias sumamente inteligentes pero distaban de nuestra forma de pensar. No dejaban de ser animales, solo se volvían armas letales cuando estaban bajo el mando de un jinete -¿No piensas que el problema somos nosotros en verdad y no los dragones?-pregunte interesado mientras la miraba a los ojos -Anda, pasa y hazme compañía un poco hasta que decida dormirme -Le pedí de forma amable cerrando la puerta detrás de nosotros -No te preocupes, si te regañan por estar conmigo diles que te pedí que compartiéramos la cama. Después de todo al verme con una mujer es lo único en lo que pueden pensar -Solté con un dije de enfado y resignación en las palabras. Yo me había ganado mi fama de mujeriego, sin embargo no podían verme de otra forma que no sea con el titulo de “libertino” en la frente.

Yo deseaba que aquella forma en la que todos me veían cambiara, era mucho mas que el temible príncipe Targaryen que se tiraba toda mujer a su paso. Era un guerrero, estaba capacitado para muchas otras cosas y sin embargo la gente no parecía darme el valor necesario -Veamos que tienes por aquí -Dije cambiando de tema para quitar el cuero de la jarra y agacharme para olfatearla -Esto huele bien… Aunque se ve raro -tome la jarra entre mis dedos y le di un pequeño trago. Entonces mis papilas gustativas se alborotaron ante aquello tan espeso y dulce, tenia un sabor muy particular -Esto no esta nada mal -murmure casi para mi mismo para darle un trago mas largo -Siéntate conmigo -Volví a pedirle sentándome en uno de los asientos junto a la chimenea para recibir su calor -Ustedes los norteños siempre logran sorprenderme con sus bebidas y comidas -Reconocí bebiendo un poco mas de eso volviendo a perder mi mirada en las llamas. Parecían estar mas inquietas que nunca – ¿sabes? Cuando era niño solían contarme muchas historias, una de mis preferidas era la de Brandon Stark. Solía imaginármelo junto a gigantes construyendo aquella enorme muralla que nos cuida de lo que hay mas allá -Aquello era un  dato algo pasajero – Ahora solo deseo ir del otro lado del muro y explorar los misterios de los que tantos hablan… -Confesé con una media sonrisa para luego mirarla pasándole la jarra para que bebiera -¿Tu que crees que hay del otro lado?
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Re: Flashback //¿Nos conocemos? // Sylvi

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