Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Una y la otra. — Helaena.

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Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Cerenna Lannister el Vie Jul 01, 2016 9:53 am

Día 10 del mes 1.


Quizá debería plantearse adquirir una habitación en la Fortaleza Roja, pues estaba pasando más tiempo allí del que había hecho en mucho tiempo. Por supuesto, influía el torneo y las actividades consecuentes, así como que hubiese sido invitada por segunda vez a desayunar en el nido de los dragones. Esta vez, sin embargo, era Helaena Targaryen quién había extendido dicha invitación. Todo ello era cuanto menos, sospechoso. Además, ¿Qué tenían los Targaryen con los desayunos? Sabía que era la comida más importante del día, pero de ahí a que todas sus interacciones fuesen a primera hora...Con lo mal que le sentaba a Cerenna Lannister madrugar. Más todavía cuando cada día le era más difícil recuperarse de los excesos de la noche anterior. En cualquier caso, no podía rehusar la invitación sin más, por mucho que le desagradase la idea de sentarse en la mesa con la mujer de él. Pero ella no tenía porqué saberlo, ¿No? El jardín estaba apartado y la intimidad, resguardada. Aun así, lejos de presentarse con la ostentación de la que solía hacer gala, la leona optó por algo que inspirase más cercanía, simpatía. Azul celeste con algunas aves bordadas a la altura de los hombros y un medallón más o menos discreto con un león. El cabello, únicamente recogido por dos finos mechones, suavizaba sus rasgos y restaba agresividad a su apariencia. Todo estaba calculado al milímetro para no parecer una amenaza para la princesa.

Un mayordomo la guió hasta el punto designado por su anfitriona, una de las torres de la fortaleza que servía como vivienda para la misma Helaena. La condujeron al patio. Patios y desayunos, marca de la casa. ¿Querría también la princesa que sus manos la hiciesen estremecerse? Quizás fuese una de esas tradiciones Targaryen que se habían traído desde Valyria junto con el incesto.

Princesa.—la saludó con una reverencia. No era más que una niña. Al igual que su marido.—Me ha sorprendido, aunque gratamente, vuestra invitación.—esperó a que ella le diese su permiso para sentarse y solo entonces lo hizo. Parecía tan inofensiva, tan humana que no se reconocía. Pero era parte del espectáculo en que llevaba participando toda su vida.—¿Qué tal están vuestros hijos? Tuve ocasión de verlos y la verdad, parecen unos muchachos maravillosos.—tiñó su voz con un deje melancólico y apenado, ella la pobre que nunca había podido tener sus propios bebés.—Tenéis mucha suerte, princesa.—admitió con una sonrisa apenada, apelando a la carta que todas las mujeres de Poniente -excepto ella- parecían tener en común.


Última edición por Cerenna Lannister el Jue Jul 21, 2016 3:08 pm, editado 2 veces
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Helaena Targaryen el Sáb Jul 02, 2016 3:31 pm


La princesa tenía una personalidad que muchos tacharían de pasiva y pusilánime. Era de genio calmo, sonrisa fácil y demostrado afecto para su pueblo y quienes la rodeaban. Era posiblemente el miembro de la familia real más querido por los habitantes del reino y la más apoyada por muchos nobles que la consideraban lo bastante débil como para hacer con ella quizás lo que quisieran.

Por desgracia intuir que una persona así nace de entre una familia que lleva fuego en la sangre por casualidad es tan estúpido como común. Si ella tenía semejante carácter era porque había aprendido a moldearse desde niña, a contener el carácter que caracterizaba a los Targaryen. Pero eso no significaba que la sangre del dragón no estuviese presente en sus venas, simplemente estaba latente, esperando un solo motivo para manifestarse. Aquellos días sin dudas, lo había tenido.

Ya hemos dicho lo apreciada por el pueblo llano la princesa, pues no creáis que entre los criados y trabajadores del castillo es distinto. Pocos tienen alguna queja de ella y pocos no le darían lealtad a ella por delante de otros miembros de la familia real. Y por eso, allí estaba, vestida de forma formal -muchos sabían del gusto por Helaena por la moda más propia de Essos, caracterizada por tejidos suaves y frescos, cortes desenfadados y sugerentes- y regia, muy propia de Poniente. Aguardaba sentada a su invitada, con una sonrisa, en el jardín de la Torre que Aegon, sus hijos y ella usaban como residecia dentro de la fortaleza roja. No era casualidad ni el lugar, ni el momento para invitar a la Lannister. Todo evocaba a un momento en la vida de dicha mujer, no muy lejano.

Sonrió cuando la mujer de ya una avanzada edad llegó y se reverenció ante ella, haciéndole un gesto con la mano para quitar importancia a las formalidades.

-Me gusta ser la menos predecible de la familia de vez en cuando, póngase cómoda. Espero haya descansado bien- dijo con voz dulce, aunque mirando las evidentes ojeras y bolsas que la edad y falta de sueño lograban sacar en su invitada. Hizo un gesto a uno de los criados para que les empezaran a servir el desayuno. Se tomó un momento a responder al comentario de sus hijos, aprovechando en mirar como llenaban su taza de té hirviendo, el cual bebió como si fuese agua fresca tras un paseo por el desierto.- Gracias por preguntar. El pequeño debe dormir aún, la mayor debe estar con su abuela aprendiendo a lidiar con las grandes señoras de Poniente- si, era una forma muy cortés y diplomática de excluir de dicho grupo a la Lannister, sin perder la sonrisa, como si no se hubiese si quiera dado cuenta de lo que acababa de decir, igual que con el comentario sobre el descanso. Que todos te consideren una niña buena, inocente y estúpida suele ayudar en esas circunstancias.- Y mi hijo mayor debe estar con su padre, aprendiendo a usar la espada- hablar de sus hijos solía hacerle salir las más sinceras sonrisas, por suerte, estas tapaban el fuego que ardía al rojo vivo en sus entrañas.- Lamento que no hayáis conocido las dichas de la maternidad- dijo sin saber si el tema afectaba realmente a la mayor.- Pero sin dudas, siempre he creído que la Madre solo niega la bendición de ser madre a una mujer por buenos motivos.

Dependiendo quién la oyese, aquello podría sonar a un consuelo del tipo "algo diferente os aguarda en vuestro destino", lo que sería normal oír de boca de Helaena. Pero en este caso destilaba un "hay frutos que están podridos y nunca de ellos podrá crecer un nuevo árbol". Eso era lo que pensaba en aquellos momentos, mirando a la mujer a los ojos.

-Y dígame ¿Está disfrutando el torneo? Me han dicho que es usted una amante de las justas y torneos.
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Cerenna Lannister el Miér Jul 13, 2016 3:08 pm

Sonrió alisándose el vestido.—Muy bien, gracias. No hay nada como tener la conciencia tranquila para dormir como un bebé.—estiró los labios en una mueca en apariencia, inocente.—Aunque si os soy sincera, la copa de vino que tomé antes de marcharme también ha contribuido.—porque había que dar una de cal y otra de arena dejó que surgiese una pequeña carcajada.—No es mi intención ofenderos, pero vos parecéis cansada.—cuánta preocupación era capaz de expresar con tan pocas palabras.—Espero que no sea nada.—dijo, cuando le era indiferente si había alguna preocupación que le quitase el sueño o alguna enfermedad. A Cerenna le era indiferente todo menos ella misma y le estaba yendo de maravilla.

Cuando los criados irrumpieron y se dedicaron a servir el desayuno, la Lannister apartó la mirada que hasta entonces había estado clavada en la princesa para seguir los movimientos del servicio. Mirada que volvió a Helaena ante aquella inocente mención a las señoras de Poniente. Muy hábil, lagartija. Aunque el tiro le había salido por la culata. Más le hubiese indignado que la comparasen con semejante manada de cotorras, mujeres que no le llegaban ni a la suela de los caros zapatos. —Seguro que su abuela es una gran maestra. Además, si vuestra hija se parece a vuestra madre o vos misma, dudo que tenga problema alguno en rodearse de grandes señoras, al fin y al cabo ya es una de ellas.—mediocre, vulgar. Un conjunto de gallinas sin mayor aspiración que abrirse de piernas para parir.—Oh, no os lamentéis.—hizo un ademán quitándole importancia para después encogerse de hombros. —He tenido la suerte de disfrutar de mis sobrinos como si fuesen hijos propios.—se mojó los labios con un poco de zumo mientras seguía escuchando a la Targaryen.

De ella empezaba a pensar que tal vez lo de mosquita muerta solo fuese una pose. Desconfiada con el resto por naturaleza, empezaba a leer a Helaena en más de un sentido. Además, a ello contribuía el creerse el centro del mundo y que todo girase a su alrededor. Trataba de hilar los acontecimientos, de buscar una razón para todo ello. ¿A qué venía sino la invitación que no había rechazado? ¿Y esos comentarios que bailaban entre más de una connotación?—No puedo estar más de acuerdo con vos.—y automáticamente se elevó a la categoría de diosa en un chiste que solo ella entendía. Ella, quién se había provocado cada aborto para no tener que dar a luz a las crías de ese hombre que se jactaba de ser su marido, quién por su propia mano le había arrebatado a la Madre el poder que fieles beatos como Helaena Targaryen le conferían.  

La verdad es que sí.—respondió sin omitir una pequeña sonrisa.—¿Eso os han dicho? Veo que sabéis más de mi que yo de vos.y aun así no sabéis ni la décima parte.Rió entonces, abriendo las manos como si le hubiesen pillado.—No se puede decir que sean mi pasión, pero sí resultan amenas, sobre todo las melés. Por otro lado, permiten conocer a personas que en cualquier otra ocasión no serían más que extraños distantes. Sin ir más lejos, de no ser por el torneo no estaría aquí con vos, princesa.—más que nada porque habría preferido evitar esa pocilga llena de mierda de dragón. Mierda que apestaba frente a ella.—¿Y qué hay de vos? ¿Os gustan los torneos?—cháchara, como si le importase lo más mínimo. 
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Helaena Targaryen el Miér Jul 13, 2016 10:37 pm

El cinismo de la Lannister no la pillaba de sorpresa. Sabía que el cinismo y las mentiras sustentaban el mundo dónde vivía y más aún que como hija del rey las oía a diario, solo que en este caso estaba muy claro para ella lo que la Lannister ocultaba y tanto parecía divertirla. Pero ella también tenía motivos para divertirse, al menos esa parte oscura y ardiente que todos los Targaryen tenían en su interior y los volvía capaces de las cosas más increíbles y también de las más crueles. Aegon el Conquistador hizo un campo de fuego y un trono de las espadas fundidas de aquellos que murieron contra él... Desde él, había habido otros ejemplos, hasta su padre, muy parecido en carácter a ella en cuanto a ser amable, simpático y bonachón, lo había demostrado haciendo cortar lenguas de aquellos que dijesen en voz alta la verdad sobre los hijos de Rhaenyra.

-Me alegro de que tengáis métodos para dormir bien, yo suelo ver a mis hijos dormir... No sé si es que me agotan o simplemente me relaja verlos dormir, pero duermo muy bien- comentó. Que era una madre orgullosa que adoraba a sus hijos era algo que nadie podría dudar. Desde niña siempre se dijo que sería buena madre, pero ella nunca lo tuvo claro hasta que sujetó en sus brazos por primera vez a los mellizos.- No me ofendéis, imagino lo estoy. Si mis hijos me ayudan a dormir toda la noche, mi esposo no tanto, le encanta mantenerme en vela- sonrió con toque pícaro y su voz sonó confidente, como si fuese un comentario entre mujeres que conversan sus cosas personales y no dos mujeres jugando una guerra de tapadillo.- A pesar de lo que muchos dicen, o sus infidelidades son todas meras habladurías para hinchar su ego o necesita doscientas amantes más para que yo pueda descansar dos noches seguidas- rió de forma comedida, como era habitual en ella en público. Aunque no era difícil oírla reír, solía ser risueña, quizás por eso le quedó tan natural aquel gesto.

Supo por la mirada que le sostuvo a la Lannister que había pillado el comentario velado, no pretendía que no lo hiciera. Helaena era una mujer que sabía callar aquello que no quería que nadie supiera, si dejaba salir todo aquello era porque quería que la mujer lo oyese, pero no creía que una ramera como ella mereciera la gracia de ser atacada de frente. Le daba con sus armas, para que viese que si ella podía jugar, eran dos entonces. No le gustaba rebajarse así, pero también era muy consciente de que es muy importante que un gobernante sepa ponerse a la altura de su interlocutor y mostrar algo que no fuese veneno y malicia con la Lannister habría dejado a la leona en un noqueo técnico, pues no entendería nada. Y quería que lo entendiera, oh, por supuesto que lo quería.

-Bueno, mis hijos tienen mucho de Aegon, claro está... Mi hija tiene un poco más de mi carácter, pero la labia y el don social de su padre y su abuela, uno que yo por desgracia poseo en menor medida- dijo con sinceridad.- Así que no dudo que mi madre estará a la altura como maestra, yo sin embargo, espero no tener que enseñarle a mi hija algunas habilidades que tengo yo más frescas, pues por desgracia son todas fruto de circunstancias nada agradables- algunas personas, muchas, habrían pensando que se refería a sus actitudes conocidamente pasivas y conciliadoras fruto de las peleas de su familia, pero en ese caso no iban por ahí los tiros.- Sin dudas los sobrinos igual son una alegría, de los míos he disfrutado todo lo que las circunstancias han permitido, mientras que mis hermanos disfrutan de mis hijos casi como si fueran suyos. Así son los niños, capaces de llenar cualquier corazón...- si es que se tiene corazón, pensó ella.- Mis hermanos matarían por esos niños, igual que por mi o Aegon. Es bonito que estemos tan unidos, seguro que usted, Lady Lannister, entiende a lo que me refiero.

Mintió como una bellaca, pues dudaba que ningún ser con dos dedos de frente sintiera algo sincero y puro por la Lannister, que envenenaba todo a lo que se acercaba. En el fondo, le provocaba lástima, al menos a su lado más racional, pues se dio cuenta de que el egoísmo dejaba a la gente sola y que esa mujer no tenía nada en su vida que aquello que lograba por malas artes. Y ese tipo de cosas que se ganan de forma sucia no suelen durar, ni suelen traer nada bueno. Pero en esos momentos estaba demasiado consumida por el fuego de la rabia como para que su pena la ganase... Estaba hastiada de ser el hazmerreír por culpa de los deslices de su esposo.

-Bueno, la vida es así y procura que ocurran cosas que una a las personas indicadas en las circunstancias correctas... Y no, no son de mi especial agrado, por que por ellos tengo que aguantar a zorras como vos, que tenéis el título de Lady por haber salido del coño indicado, no porque en vosotros haya nada digno de una posición así, comportándoos como una vulgar ramera ante la hospitalidad del rey. Quizás es que estáis acostumbrada a pagar la hospitalidad como las prostitutas de las calles- dijo al tiempo que se levantaba y hacía un gesto. Su guardia personal rodeo la mesa. Los hombres que parecían casi parte del mobiliario alejados en su mundo, estaban ahora en plena escena.- Agarradla- dijo entre dientes. Tres de sus hombres tomaron la tarea de apresar a la Lannister.- Verás, siempre he creído que los lemas son propios de ser honrados y el mío es... A sangre y fuego. A sangre y fuego tomo lo que deseo y a sangre y fuego protejo lo que es mío... Y créeme, estoy deseando oír tu rugido.

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He usado a mi guardaespalda (1pnj nivel C) y dos escoltas (2pnj nivel D).


Última edición por Helaena Targaryen el Miér Jul 13, 2016 11:47 pm, editado 3 veces
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Dragon el Miér Jul 13, 2016 10:37 pm

El miembro 'Helaena Targaryen' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


#1 'Rango C' :


--------------------------------

#2 'Rango D' :


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#3 'Rango D' :
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Cerenna Lannister el Jue Jul 14, 2016 11:57 am

¿Debía indignarse o rompérsele el corazón con aquella mención a la actividad sexual del matrimonio Targaryen? Cerenna sentía menos que nada por él y la niña que tenía delante podía seguir creyendo que iba a sentirse atacada por ese comentario. Claro que podría haberle dicho muchas cosas, como por ejemplo que tanto no debía saciarle si a la primera de cambio se montaba a la primera mujer que le ponía ojitos. También podría haberle dicho que seguir correteando detrás de un hombre que el faltaba al respeto y la humillaba así era patético. Es más, de ser Cerenna la víctima ya hubiese lidiado con su marido hacía mucho, mucho tiempo. Aun así, de todas las respuestas que podía haberle dado, optó por el silencio. De lo contrario, podía haberse tomado cualquier afirmación como verdad absoluta, delatándose así. ¿Aunque sobre qué iba a delatarse? ¿Sobre tener un encanto fuera de lo normal? Pero eso ya se sabía.

Asintió con lentitud cuando la otra hizo mención a la relación entre la familia. Entendía a lo que se refería perfectamente, incluso ella valoraba la familia y el legado de la misma entre el resto de cosas. Estaba pensando en Roca Casterly y las cosas que debía llevar a cabo allí cuando Helaena pareció explotar. Se puso en pie a la par que lo hacía la Targaryen y no pudo evitar soltar una carcajada ante semejantes improperios. ¿Se supone que eso debía ofenderle? Por los Siete. Cuando sintió los hombres a su espalda supo que a la Targaryen se le había ido la cabeza, pero no estaba dispuesta a darle el placer de verla asustada. Más que nada porque Cerenna siempre se ha considerado intocable, inmortal. Mantuvo pues la barbilla alzada.—¿Y qué vais a hacer? ¿Quemarme viva? ¿Regar con mi sangre las calles de Desembarco del Rey?—estaba tan serena que parecía ajena a la situación en la que se veía envuelta.—Como bien habéis dicho, estoy bajo la hospitalidad del rey y del príncipe, por extensión de la vuestra.—como quien alecciona a un niño, Cerenna Lannister hablaba a la otra.—¿Cómo creéis que se tomaría mi familia o cualquier otra que bajo las leyes de la hospitalidad se me dañase?—ella, quien durante años había representado con fidelidad el papel de dama ideal, ganándose más amigos que enemigos. Ella, la generosa Lannister que había tratado de hacer feliz a su difunto marido, que había enviudado y velado el sepulcro del mismo. Aquella que por vicisitudes del destino había perdido a sus hijos no-natos. Una segunda madre para sus sobrinos, una hermana leal. Una mujer perfecta. Una mujer cuya verdadera identidad solo conocían unos pocos. Pocos que jamás la delatarían. —¿Qué haréis cuando Occidente se entere de como habéis ultrajado a una de su propia sangre? ¿Volaréis con vuestro dragón y bañaréis todo un territorio con fuego? Os voy a desvelar como acabaría todo ello. Las demás casas y familias verían impotentes como una vez más los Targaryen y sus dragones hacen lo que les place, acabando con la vida de una mujer inocente que lo único que hizo fue aceptar reunirse con los príncipes en un desayuno pues no quería despertar la cólera de los dragones. ¿Cómo iba a poder negarse a nada que le pidiesen los Targaryen? Una mujer inocente que compartió mesa con ellos y aun así, éstos actuaron por encima de las leyes más antiguas de Poniente.—respiró con tranquilidad. En el peor de los casos acabaría convirtiéndose en una mártir, y estaba segura de que hasta Helaena y su cerebro emponzoñado por la consanguinidad podían entenderlo.—El incidente con el niño calcinado ya ha despertado dudas, imaginaos cuando vean sus propios pellejos en peligro al verse una de los suyos envuelta en semejante barbarie. ¿Qué haréis cuando protesten? ¿Volaréis con vuestro dragón y los bañaréis con fuego?—Caníbal y su actuación no podrían haber sido más oportunos. Desde hacía años -incluso desde la Conquista-, muchos eran los que recelaban de los dragones y querían verlos extintos.—Reinaréis sobre cenizas.y aun así vuestro marido seguirá con sus infidelidades. Seguro que un cadáver es más estimulante que vos.  Tan alta como era, se veía obligada a mirar hacia abajo para clavar sus ojos en lo de Helaena. —Saben que estoy aquí con vos y que, si no vuelvo  a determinada hora, ciertos pajaritos echarán a volar.—¿Podría su labia salvarle en esta ocasión?  
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Helaena Targaryen el Jue Jul 14, 2016 5:41 pm

La princesa tenía muy claro qué haría y como lo haría. Nada de lo que hacía solía ser al azar y por suerte para ella esa habilidad para preparar algo era tanto para sus habituales buenas acciones como para lo que iba a hacer en ese momento. Que la Lannister se asustase o no, le daba igual. La dejó hablar, divagar, mientras sus guardias la empujaban con fuerza sobre la silla para que se sentase, quisiera o no. Estos no tuvieron delicadeza alguna, maltratando el cuerpo de Cerenna en el proceso.

-Oh bueno, podría quemaros en una hoguera y disfrutar del olor de vuestra carne quemada, o hacer que os arrastre un caballo por las calles de la ciudad y ver como se tiñe del rojo de vuestra sangre- profundizó en las ideas de la leona mientras llamaba un par de criados, que pronto se marcharon de la escena.- También podría haceros estar sobre un lecho de brasas hasta dejaros en carne viva, tiraros a un calabozo y repetir eso lo que vuestro viejo cuerpo resista... O llevaros a Pozo Dragón y ver de cómo nuestras bestias se pelean por su carne y te despedazan con sus fauces mientras tomo una copa de vino- se apoyó contra la mesa, mirando perdida hacía otro lado que no fuera la Lannister, pues en su mente había habido muchas ideas en los últimos días.- Otra opción usar un poco de fuego para derretir vuestra presuntuosa cara hasta que sea como una vela y luego dejar que toda la guardia de la ciudad os de polla, como os gusta- soltó una carcajada.- Pero eso sería rebajarme y yo, Cerenna, valgo más que todo eso y que tu vida, como para mancharme con tu muerte- la miró entonces, mientras seguía hablando, sin perder la sonrisa. Se preguntó si disfrutaría tanto asesinando a esa vieja bruja como Maegor el Cruel habría seguramente disfrutado cuando arrancó el corazón de su esposa y lo tiró a los perros. Aunque posiblemente no lo habría hecho y la culpa habría sido demasiado para ella.- Bueno, verás, si quisiera asesinarte habría mandado a alguien pegarte una puñalada y rajarte en alguna de las calles que debes atravesar del lugar del torneo a tu alojamiento. No habría necesitado ver tus tripas caer al suelo, solo saber de tu muerte habría estado bien... Así que no te preocupes, volverás a tus aposentos. Tengo buen trato con la señora de Roca Casterly y por lo que sé, posiblemente por mucho que te quiera, no vea bien que dejes en mal lugar a los Lannister ante la familia real... Verás, suelen verme como una copia de mi padre en mi carácter.  Mi padre es un hombre justo, amable y bastante risueño... pero la última vez que alguien se metió con su familia hizo arrancar casi una docena de lenguas a varios Velaryon. ¿Crees que tu apellido evitará que el rey tome medidas si se lo pido?- sonrió.- Mi padre tolera el comportamiento de Aegon por lo mismo que yo, porque no afecta al bienestar del reino... Una noble trepa y sin dónde caerse muerta de no ser por la caridad de sus familiares que quiere malmeter en la familia real no ayuda a eso. Vos me ultrajáis a mi y ultrajáis a mis hijos. Y a mi padre.

Y como si invocado fuese, el pequeño Maegon entró corriendo a escena mientras una criada intentaba agarrarlo. Helaena solo atinó a abrir los brazos y tomarlo entre ellos cuando este llegó hasta ella. Besó su frente.

-Oh, claro, los nobles no se alzaron por las lenguas Velaryon. Ni por Maegor el Cruel y todo lo que le dio fama, pero entrarán en una guerra con el rey por vos, una mujer sin honra alguna y sin valor alguno. No habéis servido ni para mantener vuestro linaje. Decidme ¿Para qué servís viva que haga que alguien entregue su vida por vuestra muerte?- dijo mirando a su hijo que con sus tres años no entendía bien, pero miraba la escena con curiosidad.- Tranquila, no os haré mártir de causas perdidas. Es más, os perdonaré la vida porque un Lannister siempre paga sus deudas y acabáis de adquirir una conmigo... Y me la cobraré- la miró entonces.- Tened por seguro que un día antes de vuestra muerte iré a cobrarla y si no cumplís con ello, mi clemencia será inexistente- dejó al niño sobre su silla cuando los criados volvieron con una pesada plataforma cóncava de bronce que agarraban con paños. Dentro un montón de brasas.- Me suele gustar sellar las cosas sobre las que doy mi palabra...- se quitó el medallón que siempre usaba, era un regalo de Aegon, era el emblema de su familia hecho de oro reluciente, imitando el escudo de su esposo, que había elegido ese color por su dragón Sunfire. Era posiblemente el objeto por el que más aprecio sentía y lo tiró a las brasas hasta que estuvo de color rojo.- Maelon, dile a Lady Lannister cómo se protege a la familia.

Mientras decía eso, agarró el medallón que las criadas le pasaron con las pinzas, pero lo hizo con su mano descubierta, a la par que otro de los guardias descubría el brazo derecho de la leona. Aguantó una mueca de dolor, porque aunque los primeros segundos el calor no fue tanto, pronto empezó a sentir como se quemaba, pero la sonrisa no desapareció cuando lo dejó caer sobre la muñeca de la Lannister. Hundió con sus dedos enrojecidos el dragón tricéfalo en la carne de la Lannister, mientras su hijo repetía divertido el lema familiar.

La soltó y se miró la mano. Una de las criadas corrió a intentar curarla, pero la apartó con un gesto, cogiendo las pinzas agarró una brasa y la puso sobre la joya, apartándola solo cuando estuvo segura de que aquella marca jamás desaparecería de la piel de Cerenna, que era sostenida por los guardias con fuerza.

-Ahora, Lady Lannister, no habrá un solo día dónde no recordéis cual es vuestro lugar. Ni que me debéis vuestra vida, ni mucho menos en el que olvidéis que si vos creéis poder golpear con fuerza, ningún Targaryen se quedará atrás... No espero que entendáis lo que mi esposo es para mi, ni lo que yo soy para mi esposo. Creo que es algo tan puro que un corazón como el vuestro jamás lo entenderá... Mi esposo no es solo mi esposo, no solo es el padre de mis hijos. Es mi hermano. Mi amor por él viene desde el primer recuerdo del que soy consciente y jamás, pase lo que pase, nadie nos va a quitar eso. Es un vínculo irrompible, que no se elige, pero se siente y solo un jinete de dragón puede entenderlo. Vos y el resto sois mera carne y por eso, puede hacer con vosotras lo que le plazca, pero no voy a tolerar que os paseéis por mi hogar comportándoos como una ramera, estamos por encima de eso, ambas.

Dejó que uno de los guardias, con su mano enguatada de grueso cuero, quitase al fin el medallón, que arrojó con rapidez en la mesa. Los miró entonces.

-Si vuelves a acercarte a mi esposo, en el torneo o en lo que queda de tu vida, va a ser lo último que hagas. Y tu familia sabrá de tus actos, pero evitaré que el rey los conozca, por el bien de ellos, que no tienen culpa de tu desvergüenza- miró su mano, que comenzaba a sangrar con la marca del dragón.- Sacadla de mi vista.



Última edición por Helaena Targaryen el Jue Jul 21, 2016 10:31 pm, editado 2 veces
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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Dragon el Jue Jul 14, 2016 5:41 pm

El miembro 'Helaena Targaryen' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: Una y la otra. — Helaena.

Mensaje por Cerenna Lannister el Jue Jul 21, 2016 12:37 pm

¿Pretendía asustarla con toda esa verborrea o solo matarla de aburrimiento? Las ideas de Helaena eran tan predecibles que se le quedó mirando con una expresión que denotaba su falta de impresión. Ajena al fatídico desenlace que todo ello tendría para su perfecta y nívea piel, Cerenna aprovechaba cada promesa vacía de venganza de la Targaryen para conocerla un poco más. Hasta hacía unas horas había creído que el eslabón débil de la cadena era Aegon, pero ahora veía la realidad con otros ojos. Helaena y su inestabilidad emocional, sumado por supuesto a lo que claramente eran ápices de locura, la convertían en el objetivo perfecto. De darse el caso, por supuesto. Oh y sí, creía que su apellido evitaría que el rey tomase medidas, por mucho que fuese Helaena quien se lo pidiese. ¿Sacrificaría la lealtad de todo Occidente porque su hijo fuese incapaz de mantener la polla en los pantalones? Creía que Viserys tenía dos dedos de frente, algo en lo que la niña que tenía delante no se le parecía ni lo más mínimo por mucho que se vanagloriase de ello. Por otro lado, ¿Que no tenía donde caerse muerta? Roca Casterly era tan suyo como de sus sobrinos y Helaena estaba muy equivocada, mucho.

"Un día antes de vuestra muerte..." ¿Y qué iba a conseguir con eso? De verdad, Cerenna se hubiese llevado la palma de la mano a la frente de no ser por la presión de los guardias. Que sí, que a ella le gustaba fuerte pero sin ropa y sin público. Alzó la mirada cuando el pequeño lagarto irrumpió en el jardín. Cuánto asco le daban los niños, más aun aquel con cara de retrasado. Debía ser cosa de que sus padres fuesen hermanos.

Lo siguiente pasó rápido, pero no tanto como lo recordaría.

Podía ver como las brasas calentaban el medallón, oír como el retrasado nacido del vientre de Helaena entonaba el lema de su casa, notar como el metal abrasaba su delicada piel. Su primer instinto fue apartar el brazo, pero los perros de la dragona se lo impidieron. Pagarían por ello. El segundo, y casi de la mano del primero, gritar. Gritar a pleno pulmón y dejar que el dolor se escapase. Pero no. Cerenna Lannister apretó los dientes e hizo acopio de toda su fuerza para no darle el placer de oírle gritar. Dolía. Dolía más que la última vez que la comadrona le arrancó el niño casi formado de las entrañas. Oía como el dragón devoraba poco a poco su piel y cerró los ojos solo para abrirlos una vez más, mirando fijamente a Helaena. Pagaría por ello, y se aferraba a esa promesa para no perder la entereza. El orgullo, su orgullo como Lannister, su orgullo como mujer le ayudaban. Claro que tampoco había que desestimar a su imaginación, que ya divagaba en las diferentes formas en cómo se cobraría ese ataque. La mano que tenía libre se había cerrado y sus uñas le dejaron cortes, cortes de los que no sería consciente hasta mucho, mucho más tarde. Y tras una agonía eterna, uno de los guardias se deshizo del medallón.

Cerenna Lannister no olvidaba el lugar que ocupaba y por ellos siempre miraría a Helaena desde las alturas. Ardía su antebrazo, pero más lo hacía su corazón. ¿O acaso creían los Targaryen que solo ellos tenían fuego por sangre? Incongruente, la otra siguió hablando. ¿Si tan igual le daba, por qué lucía ahora ella un recuerdo? ¿Vínculo irrompible? ¿Y cómo era que había bastado con un simple roce para hacer que su mundo se tambalease? Había ganado.


Cerenna había ganado.

Fuese verdad o no, aquel pensamiento le daba alas a su dignidad y le ayudó a ponerse en pie y a no pasar por alto la herida en la mano de Helaena. Así que no son tan inmunes al fuego, pensó con una sonrisa.—Princesa.—e inclinó la cabeza con sorna, dándole la espalda.—Conozco el camino.—con la misma seguridad y confianza con la que había entrado, Cerenna Lannister dejó atrás al retrasado y a su madre, cubriéndose la herida con la manga. Una vez fuera de su alcance, sus espadas juramentadas la acompañaron hasta su residencia temporal, pero no fue hasta que estuvo a solas que perdió el control. Los enseres de la cómoda fueron los primeros en sufrir su ira, siendo arrojados con un barrido de ambos brazos. Ya no sentía nada, solo ese fuego quemándole por dentro. Después, la silla más cercana fue a parar a la otra punta de la habitación. El corazón le latía con intensidad y la respiración agitada, hacía que su pecho subiese y bajase a ritmo frenético. Por fin se detuvo, sentándose al borde de la cama. Por primera vez, alzó la manga y vio el dragón tricéfalo en su carne. Ni se había dado cuenta de la sangre que había manchado su vestido.

No obstante, esa marca no siempre estaría ahí, no así.

Pero ese era un paso más adelante en el camino que decidió recorrería. Pero antes, antes debía hacer llamar a su maestre para que se ocupase de la quemadura. Lo hizo sabiendo que él era un hombre discreto. Mientras esperaba, no podía dejar de pensar en lo acertada que había estado Helaena Targaryen en hacer mención a ese otro dicho de los Lannister, solo que lo había interpretado mal. Y sí, era cierto. Un Lannister siempre paga sus deudas.  
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Cerenna Lannister
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