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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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A la luz de una hoguera [Flashback 121 AC] Morgan N. Martell

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A la luz de una hoguera [Flashback 121 AC] Morgan N. Martell

Mensaje por Edrick Yronwood el Jue Jun 30, 2016 12:40 am

Spoiler:
Frontera de las Marcas Dornienses, Tierras de la Tormenta, 121 AC

La tensión fronteriza entre las Tierras de la Tormenta en Dorne llevaba meses en aumento. Aunque a su madre, Lady Shyera, le había costado admitirlo, la cantidad de banderizos Baratheon y de hombres de las Tierras de la Tormentas que paulatinamente se iban acumulando en la frontera dorniense era preocupante y muy superior a las tropas Yronwood. No se había producido ningún enfrentamiento aún, y en los dos años anteriores solo varias pequeñas escaramuzas. Aún así los granjeros de las villas de la zona ya habían abandonado sus casas para refugiarse en los castillos de sus señores. Bajo esas premisas, Palosanto había pedido apoyo militar a todos sus vecinos y, tras varias y fuertes discusiones, a los Martell. Estos habían acudido, pues, aunque las relaciones entre Yronwood y Martell no eran las mejores, no acudir en la ayuda de sus vasallos habría sido considerado como un acto de deshonra y, muy problablemente, como catalizador de una situación peligrosa en Dorne. Cuando los señores Dornienses estaban desunidos Dorne sangraba.

El ejercito Yronwood estaba dirigido por su padre, Lord Erick Jordayne, un hombre capaz aunque no especialmente habilidoso. Sin embargo tenía dos grandes virtudes, era paciente y sabía dejarse aconsejar. Los Blackmont, los Dayne y los Wyl habían acudido los primeros. Pero la gran expectación se despertó cuando el Lord Comandante de la Guardia Real y hermano del príncipe Lord Morgan Martell había llegado al campamento dorniense a primera hora de la tarde con centenares de espadas tras él. O al menos eso le habían dicho sus hombres, Edrick Yronwood había pasado todo el día explorando varias leguas al este de donde, se presuponía, podría librarse la batalla si al final se produjera. Estas situaciones eran constantes en la frontera entre Dorne y las Tierras de la Tormenta, sin embargo la envergadura de los ejércitos esta vez era mucho mayor. La mayoría de las veces los dos ejércitos daban media vuelta y volvían a sus hogares tras una entrevista de sus líderes. Sin embargo los días de espera se hacían eternos para los acampados.

Edrick Yronwood descabalgó y entregó las riendas de su corcel a un somnoliento mozo de cuadras. Ya era noche cerrada y el campamento dormía. Sin embargo Edrick estaba nervioso y sabía que no podría dormir. Había participado en escaramuzas y asaltos muchas veces, pero la perspectiva de una gran batalla a campo abierto le erizaba el cabello. Cansinamente se dejó caer cerca de los pocos restos que quedaban de una hoguera. Con la boca descorchó su bota y dio un largo trago de vino. No tardó poco en sumirse en lo más profundo de sus pensamientos hipnotizado por el fuego, hasta que una sombra se acercó a la hoguera para calentarse las manos. - Veo que vos tampoco podéis dormir, mi príncipe - dijo añadiendo una ligera reverencia con la cabeza. No se levantó, pues los protocolos en la guerra quedaban un poco de lado, y porque por lo que decían de Morgan Martell, no era un hombre que exigiera tales alabanzas. Aunque decían mucho más de él, decían que había sobrevivido a un dragón y que seguramente era la mejor espada de Dorne, muchos afirmaban que de Poniente. Un hombre que se había ganado el respeto sin levantar la voz, ni exigir obediencia debido a su linaje. Un hombre al que, a regañadientes, Edrick podría llegar a admirar. - Sentaos, mi príncipe y bebed conmigo como si fuéramos solo dos soldados sin nombre. - dijo el Yronwood acercándole la bota y con una sonrisa cansada y sincera. A Edrick le daban al pairo las rencillas entre Martell e Yronwood, el no era un político, era un soldado.


Última edición por Edrick Yronwood el Mar Jul 05, 2016 2:09 pm, editado 1 vez
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Re: A la luz de una hoguera [Flashback 121 AC] Morgan N. Martell

Mensaje por Morgan N. Martell el Jue Jun 30, 2016 6:40 am

Las Marcas, siempre eran las Marcas, no podía ser otra cosa que aquella eterna guerra que nunca terminaría. Ninguno de los dos deseaba entrar en razón, nosotros no íbamos a retroceder y ellos no iban a querer dejar de avanzar. ¿Acaso tenia sentido tanta guerra por unos cuantos kilómetros de tierra? Estratégicamente hablando si, humanamente no. No nos podíamos permitir ceder aquel terreno que representaba un punto estratégico en la defensa de nuestras tierras. Y dejando de lado aquello, tampoco podíamos darnos el lujo de dejar que nos roben aunque eso significara una mínima porción de suelo. Si alguien te robaba dejaba un precedente, y luego de eso estaban los que pensaban “Si ya les robaron una vez, ¿Por qué no podemos nosotros?” Y eso llevaba a mas guerras, no podíamos darnos el privilegio de que los otros reinos nos vieran flaquear. Era una vergüenza para nuestro pueblo, para nuestra casa y para nuestra sangre. Nosotros herederos del legado de bravos guerreros, asesinos de dragones, domadores de de ciertos. Nosotros herederos de forjadores de imperios, temerarios navegantes. No, nosotros no podíamos darnos el gusto de sentarnos a descansar y disfrutar de lujos mientras en la frontera los lobos nos asechaban expectantes de que nos descuidáramos.

Por esa razón, luego de una reunión con mi hermano y sus consejeros, creímos que era lo mas correcto acudir al llamado de los Yronwood. Teníamos que hacer demostración de nuestra fuerza militar y no solo bastaba con eso, el enemigo debía ver que nos tomábamos las cosas en serio y se creyó que mi presencia como miembro de la familia real valdría de algo. Estaba lejos de considerarme un príncipe, pero si me consideraba un guerrero, y como guerrero no podía negarme a ir a un campo de batalla. Fue por ese motivo que reuní a parte de las tropas de Lanza del Sol y salimos en dirección a las Montañas Rojas. Aquel viaje no fue un problema para nosotros, estábamos acostumbrados al incandescente sol y aun mas a recorrer esas distancias que se volvían cada vez mas recurrentes con el paso de los años. No solo porque era el único paso para dejar Dorne, sino también porque aquellas escaramuzas nos convocaban cada cierto periodo de tiempo.

Ya nos encontrábamos allí, la noche había caído sobre nosotros y el fuego de las hogueras iluminaba aquel sector en el que nos encontrábamos. Los hombres hablaban entre ellos de forma animada, contando historias, bebiendo, haciendo bromas. Aquello era lo mejor que podían hacer, después de todo una persona que se reia era una persona que no pasaba hambre, ni sed, ni estaba disgustada en su posición. ¿Qué mejor que tener un ejercito con sus necesidades cubiertas? Después de todo, una armada bien alimentada, era una armada que no te traicionaba. El problema estaba cuando los lores descuidaban sus ejércitos y estos terminaban vendiéndose a aquel que pudiera darles algo mejor.

Luego de una larga reunión con las cabezas de las casas que se encontraban alli no pude evitar acercarme a una de las tantas hogueras a calentar mis manos. Mis ropas eran comodas pero nada elegantes como debían ser las de un príncipe. Mientras tanto el resto de cosas junto con la armadura aguardaban en una de las carpas cercanas. Fue en ese momento que una voz llego a mis oídos y no pude evitar girar mi mirada para encontrar al propietario –No suelo dormir demasiado antes de un combate, aunque este se libre en una mesa, Edrick –Mencione su nombre por varios motivos, primero para que supiera que lo conocía, no éramos íntimos pero lo tenia presente. Otro motivo era para que supiera que no me olvidaba de los nombres de las personas que luchaban por el reino, tal vez no me sabia el nombre de cada uno de los soldados pero intentaba recordar a los mas cercanos. Y posiblemente otro de los motivos era para cortar con tanto protocolo y seriedad –¿Acaso somos mas que eso? –Pregunte interesado en sus palabras, un apellido no te hacia ni mejor ni peor hombre. Un apellido solo era un apellido, tal vez un privilegio del destino, tal vez solo eso. Tome aquella botella sentándome al lado del hombre para luego beber algo de vino. Senti como el alcohol humedecía mi garganta y bajaba hasta perderse en lo mas profundo de mi ser –Son muchas las historias que nos pueden contar estas montañas… Nos pueden hablar de Aegon el conquistador, de Orys Baratheon, de Wyl el “Amante de la Viuda”, pueden hablar de ti, pueden hablar de mi… -Pensé en ese momento pasándole la bebida –No deberíamos seguir dándole historias que contar –Exclame de forma sincera refiriéndome a que necesitábamos cortar con aquella guerra eterna de una vez por todas. Pero luego lo recapacite mejor –Sin embargo es una decisión que se escapa de nosotros, después de todo no somos mas que dos soldados sin nombre… -Comente repitiendo sus palabras de hace solo unos momentos.
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Re: A la luz de una hoguera [Flashback 121 AC] Morgan N. Martell

Mensaje por Edrick Yronwood el Mar Jul 05, 2016 3:50 pm

Al acercarse el Martell, pudo comprobar algunos de los rumores sobre él eran ciertos. Aquel hombre era consecuente con la situación pues sus ropajes eran sencillos y cómodos. Algo que seguramente le hacía popular entre los soldados. Un líder que come, viste y bebe como los demás se ganaba rápidamente el respeto entre la tropa. Lo que si le sorprendió fue que conociera su nombre. Sus vidas se habían cruzado un par de veces, la gran mayoría de ellas se asemejaban de un modo u otro a la situación actual, sin embargo habían cruzado pocas frases. Sonrió e inclinó la cabeza como agradecimiento. Era del todo inusual que alguien con su apellido y su reputación le tuteara. - Nuestras familias esperan que seamos más que eso. - acertó a responder con cierta guasa. - y a los dioses les dará igual. - Sin embargo la carencia de ese orgullo familiar que demostraba aquel Martell le agradaba. En cierto modo se parecían, nacidos para ser segundones y sin embargo todo el mundo esperaba de ellos lo máximo. "Eres un Yronwood" le habían dicho desde pequeño "y en esta tierra desértica aún se respeta ese apellido". Mientras el Martell tomaba asiento y bebía, Edrick se colocó en una posición más cómoda. Aquel hombre había despertado su interés.

El tema de conversación que aportó Mors fue cálidamente recibido por el Yronwood. La tierra sobre la que ellos estaban sentados era testigo perenne de lo que allí había ocurrido más de cien años antes. Y de lo que estaba por venir. - Cuando era niño siempre le pedía a mi maestre que me contara la guerra de Dorne contra Aegon. - dijo con ojos soñadores, recordando la ingente cantidad de veces que la había escuchado. Aún y conocerla de memoria, siempre se había detenido a escucharla a manos de trobadores o maestres. Se sentía tremendamente orgulloso de la respuesta que su pueblo le había dado a los dragones. - He de reconocer que vuestros antepasados fueron inteligentes y cautos. - Pues la estrategia de Meria Martell contra los Targaryen había sido la acertada. - Siempre he querido saber que demonios le escribió Nymor Martell a Aegon... ¿Que debió de ser para que el Conquistador decidiera no luchar? - Su tono resultaba un poco despectivo, pero no en lo referente a los Martell. Aegon el Conquistador siempre le había parecido un hombre con mucha suerte. Como todos los Targaryen. Sin esas bestias aladas no eran más que una casa incestuosa y vengativa. - Les derrotaron, derrotaron a sus dragones... Aunque solo uno cayó a la fuerza - "Meraxes" añadió como un susurro. - Se lo merecían, por utilizar las armas de los dioses contra los hombres. - El animal que coronaba todos las fortalezas desde el Norte de las Marcas hasta el Muro era demasiado poderoso. ¿Cuanta suerte y hombres hacían falta para derribar a uno? ¿Cuantos miles podía uno solo chamuscar en una mañana? - El Amante de la Viuda si que tuvo mérito, derrotó a un ejercito muy superior aprovechándose del terreno y la astucia. Los Baratheon nunca han tenido buena suerte por aquí... - bromeó.

Edrick comprendía a la perfección al otro dorniense. Aunque era joven, había luchado lo suficiente para saber que era bueno en su trabajo y también que muchas veces detestaba hacerlo. Ambos estaban metidos en una guerra que iba más allá de su control y donde solo eran necesarias sus espadas y su fuerza. - Esos malditos idiotas - dijo señalando al campamento Baratheon, cuyas luces se vislumbraban en la lejanía - se quedarán ahí el mismo tiempo que estos idiotas aquí. - señaló a su vez a las tiendas cercanas. - Hasta que sus señores decidan si han de volver a casa o luchar. Y nosotros obedeceremos también. - sentenció con una sonrisa triste. - Como cuando vuestros antepasados Nymeria y Mors Martell decidieron someter a los míos y estos se negaron. - "El orgullo mata más gente que las espadas". No lo decía sin embargo como un reproche, sino como un hecho. Ambos solo antepondrían a sus familias por encima de Dorne, de eso no cabía duda. "Por un pedazo de tierra..." Cambiando por completo el semblante levantó la botella con solemnidad. - Brindemos, sin embargo por este pedazo de tierra llamado Dorne. - bebió un largo trago y se la pasó. Ambos derramarían su sangre por su tierra si así se requería. "Nunca doblegado, nunca roto" y "Nosotros protegemos el camino". Los dos lemas de sus linajes, que los definían a la perfección.
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Re: A la luz de una hoguera [Flashback 121 AC] Morgan N. Martell

Mensaje por Morgan N. Martell el Miér Jul 06, 2016 8:32 am

¿Qué sentido tenía dejarse caer en los lujos y ostentosidades? No comprendía como algunos nobles podían vivir embutidos en finas cedas, bebiendo y comiendo hasta no aguantar más, quedándose encerrados en sus lujosos palacios. Yo no soportaba demasiado tiempo encerrado en el Palacio Antiguo, necesitaba salir a recorrer un poco las calles, leer frente al mar o cualquier cosa que me mantuviera activo. Un comandante debía estar con su tropa, un guerrero se debía rodear de guerreros. ¿Qué era eso de lucir una linda armadura solo en torneos? Esos no hacían más que vender una imagen, más que engañar a la gente y a ellos mismos. ¿Podía un líder inspirar confianza en sus soldados si no iba al campo de batalla con ellos? Aquello era como querer pescar sin mojarse siquiera un poco, imposible. Puede que pudieras atrapar algún que otro pez desde la orilla, pero los verdaderamente grandes te obligaban a meterte a buscarlos.

Las familias siempre esperan algo de uno, desde la de un campesino hasta la de un príncipe. El problema esta cuando uno se deja llevar por esas expectativas que le tienen y no hace lo que realmente le apetece –Comente pensando en que pudieron haber deseado mis padres de mi, posiblemente era todo lo que ellos querían. Alguien fuerte para proteger a Qoren, que velara por la seguridad del reino y de la familia. O puede que desearan que fuese maestre, un diplomático, quien sabe. Nunca me preocupado en pensar aquello, por algún extraño motivo siempre había hecho lo que me venía en gana. Era lo que era porque así lo quería, porque me sentía bien haciendo aquello y porque sabía que no había nadie mejor que yo para ese puesto –Nunca vi a un dios en una guerra. He visto muchas cosas, pero nunca un dios… -Aquellas ultimas palabras fueron casi un murmullo, los dioses no peleaban guerras. Ni siquiera sabia si existían tales seres, pero si me había cruzado con bravos guerreros, hasta dragones.

Entonces los ojos del Yronwood brillaron por un momento, claro esta que aquel brillo era producto del reflejo de las llamas. Sin embargo era la típica mirada de aquel que recuerda algo con gusto, con cierta nostalgia tal vez. Las batallas de Dorne contra Aegon y sus servidores eran contadas por todo poniente. Claro esta que en aquellas tierras no había hombre, mujer o niño que no las conociera –La verdad aquello ya paso hace tanto tiempo y hay tantas versionas que ya no ser que pensar –Dije con sinceridad bebiendo un poco mas de vino mientras me sentaba en la tierra y reposaba mi espalda en un tronco tumbado que usaban de asiento –La estrategia fue buena, pero ganamos simplemente porque Aegon se cegó de poder. Y cuando te cegás de poder simplemente avanzas y avanzas, sin importarte nada, sin preocuparte por lo que el otro puede hacer –Trate de ponerme en los zapatos del conquistador en aquel momento –Sabes que nadie te puede hacer frente, que tienes dragones que exterminan ciudades de un aliento, un ejercito enorme. Y no paras, solo sigues comiendo la tierra que este a tu paso… Pero luego aparece alguien que sabe que estas enfermo de poder y usa eso para aniquilarte –Suspire con media sonrisa pasándole la botella –Por eso nunca debemos perder la cabeza, literal y metafóricamente hablando –Bromee con el riendo pasándole la bebida.

Nunca nadie tuvo buena suerte por aquí –Aclare observando aquellas montañas que habían vivido tanto. Sus siguientes palabras me hicieron sonreir, no era un pensamiento errado, era lo que todo soldado pensaba en aquel sitio –Puedes que tengas razón, estas son simples tonterías para demostrar fuerzas –Comente para luego suspirar –Las escaramuzas me apenan, no creo que merezca la pena que mueran hombres para que luego todo quede en la nada –Fui sincero con el –Por esa razón siempre apuesto por la paz y que las tropas se retiren de la frontera. Pero no creas que lo hago por no querer luchar… al contrario, deseo mas que nadie matarlos a todos –Tuve un pequeño acto de sinceridad con el hombre –Pero si va a morir gente quiero que sea por un buen motivo, como por ejemplo avanzar sobre sus tierras. Sin embargo esto se escapa de mis manos y no puedo decidirlo yo… Simplemente soy un comunicador, un mensajero –Le conté para que no me malinterpretara, yo mas que nadie deseaba la guerra. Pero comprendía que las circunstancias aun no estaban dadas, aun no, sin embargo llegaría ese dia y estaría presente. Tome la botella que me paso y bebi un poco mas para luego dejar caer mi cabeza hacia atrás y quedarme mirando el cielo estrellado -¿Cómo imaginas tu muerte Edrick? Dudo que exista guerrero en el mundo que no se preguntara esto. Todos aseguramos que sea en un campo de batalla, morir en combate de una forma honorable… Pero cuando uno pasa por tanto… sobrevive a tanto… ya no sabe que pensar –Me humedecí los labios –Las guerras son tan azarosas, se puede morir de tantas formas.  Uno tiende a pensar que lo asesinara el mas fiero guerrero, pero la verdad es que puede ser una flecha perdida, aplastado en una escaramuza o comerte un dragón –En ese momento pensé en mi enfrentamiento contra Caraxes –La verdad no tengo idea como voy a morir… El día que llegue mi muerte me quitare un gran peso de encima.
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Morgan N. Martell
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