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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

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Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Mar Jun 28, 2016 6:00 pm

Cuando Aegon se lo propuso no podía dar crédito. Por alguna extraña razón, algo que durante prácticamente toda su vida se le había presentado como imposible, como un sueño sacado de lo más recóndito de la fantasía, en ese momento tomó la materialización de la realidad más absoluta, y pese a ello seguía sin creérselo. Era como un don que le habían concedido y que jamás podría llegar a agradecer del todo. La más ardiente emoción dio paso a la incredulidad y, repentinamente, al miedo. ¡Se trataba de un dragón! No estaban hablando de domar a un poney, no, hablaban de domar un dragón, una criatura que con mover un dedo podía destrozar a un humano como si fuese un trozo de mantequilla. Aquello no disuadía al Tollett, que todavía seguía preso de la más pura euforia.

Había preparado con Aegon todos los preparativos: les acompañaría Aemond, el hermano pequeño de Aegon. Saldrían por la mañana temprano y Aedan iría a lomos de Vhagar, el dragón de Aemond. Aquella noticia embriagó el corazón del soberano de Soto Gris como pocas cosas lo habían hecho antes. Vhagar, era sabido, era el dragón más anciano de Poniente, y el más grande. La idea de ir junto con Aemond sobre los lomos de aquella criatura le llenó de una satisfacción y un nerviosismo que nunca antes había experimentado. ¿Cómo sería? Aquello que tantas veces le había preguntado a Healena, ahora podría comprobarlo por sí mismo.

Los hermanos Targaryen le explicaron con detenimiento cuál era el procedimiento que tendría que seguir y qué cosas tendría que hacer, así como las que no debía ocurrírsele de ninguna manera. Aedan escuchó atento y serio cada una de las indicaciones y se hizo su propio esquema mental, sin perder un sólo detalle. La idea de que fuese a cumplir una de sus mayores fantasías personales le hicieron ver aquello como la oportunidad única que no debía dejar pasar de ninguna de las maneras, por lo que se mentalizó a sí mismo de que no debía cometer ni un solo error, ya no para domar al dragón sino para, simplemente, poder sobrevivir al encuentro.



Aquella mañana se levantó más temprano de lo habitual y desayunó en sus aposentos, muy callado y serio. Una comida adecuada y un tiempo de reflexión que se alargó durante algunas horas en lo que se preparaba para su encuentro con Aemond y Aegon.

Se desperezó tras desayunar y trató de calmar -inútilmente- su nerviosismo con una breve lectura cuando aún no había salido el sol. Más tarde, y después de pasarse un buen rato vistiéndose como lo creyó más oportuno, salió por la puerta de sus aposentos camino de los acantilados donde esperaría a los Targaryen. Llevaba una cota de malla y, en lugar de una coraza de acero, decidió armarse de cuero para poder moverse con mayor facilidad y no pesar tanto, como así le habían indicado los dos hermanos. El jubón del pecho portaba el escudo de la Casa Tollett y estaba bordado con esmero, era resistente y ligero.

Buenos días ― dijo en un acto de nerviosismo cuando llegaron Aegon y Aemond. Nunca había visto a Vhagar y en el momento en el que pudo observar con detenimiento aquellos dos grandes ojos, casi tan grandes como él, no pudo evitar el acto reflejo de tragar saliva. No es que le tuviese miedo, pero sí que jamás en su vida había mostrado Aedan tanto respeto por algo. Cuando tuvo que subir sobre su lomo junto con Aemond, la sensación que lo inundó fue del todo indescriptible, y ya no hablemos del momento en el que alzó el vuelo. Tuvo que aferrarse con firmeza, y si bien los primeros segundos le resultaron aterradores, terminó soltando una sonora carcajada ante aquello que siempre había creído un sueño. Helaena le había descrito casi a la perfección cada sensación y pensamiento que rondó por su cabeza en el momento en que el viento comenzó a azotarle el rostro. Aquella experiencia nunca se borraría de la memoria del Tollett, como tampoco creía que se le fuese a olvidar lo que estaba por venir.

Cuando llegaron a Rocadragón, los dragones se posaron con pesadez sobre las negras rocas que conformaban el entramado de acantilados, colinas y montañas de la isla, que carecía de cualquier vegetación exuberante a lo largo de toda la costa.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aemond Targaryen el Miér Jun 29, 2016 6:16 pm

Al principio, a Aemond aquello le había parecido una locura por parte de su hermano. ¿Alguien ajeno a la familia, domando a la Furia de Bronce, el dragón de su bisabuelo Jaehaerys? Vermithor era el dragón más anciano de todos después de Vhagar, y rivalizaba con Meleys, la Reina Roja, en tamaño. Sin embargo, la confianza de Aegon en el Tollet acabó por vencer sus escasas reticencias. Además, ¿ir a Rocadragón y "birlarle", por así decirlo, uno de los más poderosos dragones de Poniente a Rhaenyra? No se lo habría perdido por nada del mundo, ni aunque hubiese estado tullido y completamente ciego.

Los dos hermanos habían empleado días enteros en aconsejar al vallense sobre el mejor modo de entrar en contacto y domar a un dragón. A pesar de coincidir en los puntos clave, Aemond hacía hincapié en un detalle concreto: ningún dragón era igual a otro. No era lo mismo tratar de domar a Vhagar que a Caraxes, a Vermithor que a Sunfire, a Vermax que al Caníbal. Quería que Aedan tuviese claro que, aún teniendo unas directrices, no podría contar con ningún plan establecido: tendría que improvisar, tirar de coraje e ingenio a partes iguales, así como de una buena dosis de suerte. Por fortuna para él, tendría a dos jinetes expertos con dos de los dragones más experimentados de Poniente cerca, por si las cosas se ponían feas.

La emoción del viaje prácticamente no lo había dejado dormir en toda la noche, pero aquello no afectaba al buen humor del Tuerto aquella mañana. Se vistió con ropas de lino y cuero flexibles, en negro y plata, como era habitual en él. Negro por los Targaryen, plata por los Hightower. Aquellos ropajes habían sido un regalo de su madre y sus hermanos, y eran perfectos tanto para salir de cacería a caballo como para montar en dragón. Se ciñó la espada al cinto y fue el primero en llegar a Pozo Dragón. Ordenó a los guardias que acercasen algo de carne para Vhagar y Sunfire, puesto que ambos dragones necesitarían fuerzas para el viaje que se avecinaba, mientras él ensillaba a su vieja montura. Cuando Aegon llegó, se lo encontró sentado en la entrada de la caverna, lanzándole pedazos de oveja a la enorme bestia como juego.

- Espero que con esto cabreemos a alguien -rió, a modo de saludo.

Un rato después, con la llegada de Aedan, ya estaban listos. Aemond podía notar el nerviosismo del vallense al ver por primera vez al último de los dragones del Conquistador. El príncipe Targaryen ya había visto esa mirada antes, la mirada de quien había oído hablar del tamaño y el poderío de Vhagar, pero jamás lo había visto en persona. Le sonrió y le estrechó la mano a modo de saludo, no en vano iba a viajar junto a él montado sobre el gargantuesco reptil.

- Es un poco más grande de lo que los bardos cuentan, ¿no? -bromeó, dirigiendo una mirada de cariño al dragón.

Al despegar, la salvaje risa del Tuerto vino a responder a la propia de Aedan. A pesar de llevar años volando sobre Vhagar, siempre se sentía igual cuando bajo sus piernas notaba los músculos de acero del dragón tensarse para batir las alas y despegar. Lo embargaba una sensación de absoluto poder, de libertad sin mácula. El cielo era suyo para cruzarlo como un vendaval, entre el batir de las gigantescas alas. El viaje fue relativamente corto, tanto Vhagar como Sunfire eran dragones fuertes capaces de cubrir grandes distancias sin descansar. Al posarse en las colinas, Aemond dejó escapar un suspiro, recordando la primera vez que había sobrevolado Rocadragón junto a Vhagar, antes de que aquella brillante piedra azul, por la mano y el cuchillo de un bastardo, hubiese sustituido a su ojo. El zafiro parecía brillar con una rabia helada a la luz del sol, pero el rostro del Targaryen sólo mostró una momentánea expresión de nostalgia al tomar tierra. Aemond no pensaba dejar que aquel recuerdo le agriase un día que podía llegar a ser realmente glorioso.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aegon Targaryen el Miér Jun 29, 2016 7:51 pm

¿Qué si? ¿Qué no? ¿Era el adecuado? Tal vez, no lo sabía. Aquellos días mi cabeza había estado dando vueltas con respecto a aquello. El domar un dragón no era tarea para cualquiera, mucho menos lo era domar a uno viejo. Como bien nos habíamos pasado horas hablando con Aedan y Aemond, cada dragón tenia su personalidad, y a mi entender esta no era muy distinta a la de su jinete. Dreamfire era la viva imagen de mi hermana, una bestia tranquila y siempre predispuesta a llevarla a donde fuera que ella quisiese. En cambio Sunfire era mas enérgico y salvaje, intrépido y cascarrabias. ¿Qué si se parecía a mi? Ustedes me lo pueden decir, de cualquier manera el punto es que antes de ir a por una bestia como estas debes meditarlo muy bien. Antes que nada convencerte a ti mismo que lo lograras, aquello era indispensable para conseguirlo ya que si encaras una tarea pensando que te ira mal terminara siendo de este modo. Lo segundo era estar dispuesto a dejar todo para conseguir tu objetivo, casi como lo que le había sucedido a mi hermano el día que monto a Vhagar por primera vez. En ningún momento se apeno por lo sucedido con su ojo, pese a que el dragón no tuviera nada que ver, el comprendió que era un equilibrio de la vida. Había ganado posiblemente a la bestia mas antigua y poderosa de poniente y el único costo había sido un orbe ocular.

¿Cuál era el dragón que había sugerido para mi amigo? Vermithor, y no, no estoy loco. Como dije en un principio, el dragón debe parecerse al jinete, no era una regla sin embargo así lo veía yo. La Furia de Bronce era uno de nuestros dragones mas antiguos y legendarios, una fiera detenida en el tiempo que nos acompañaba hace muchos años y que había sido la bestia de Jaehaerys I, el viejo rey. Mi elección no era al azar, tenia su explicación, no me arriesgaría a mandar a Aedan a la muerte sin mas. Aquel dragón pese a ser uno de los mas viejos, era el mas tranquilo y toleraba la presencia de los humanos al su alrededor. Además su personalidad no distanciaba mucho de la del Tollet el cual era calmado pero que a la hora de pelear se posicionaba como uno de los mas fuertes. No se me ocurría otro dragón para mi amigo, además veía necesario que Vermithor volviera a tener un jinete. De otra forma el dragón seguiría envejeciendo y su lazo con los humanos se desvanecería poco a poco.

Aquella mañana me levante particularmente temprano para alistarme, ropas comodas y nada elegantes, sencillas. Un desayuno en solitario para aclarar mis ideas mientras que mis niños y Helaena dormían. Luego de eso sin mas salí de la fortaleza roja portando a Fuegoscuro en mi cintura como era habitual. Al llegar a Pozo Dragón no pude evitar reír por las palabras de mi hermano que siempre lograba robarme una sonrisa –Yo espero lo mismo hermano, yo espero lo mismo… -Repetí divertido por aquello, el que Vermithor fuera domado era un golpe para mas de uno.  Luego de aquella esporádica charla me adentre en el lugar para buscar a Sunfire el cual descansaba en la tranquilidad de su espacio –Oye amigo, tenemos trabajo que hacer –Le dije mientras acariciaba su hocico y este abría los ojos para luego bufar claramente molesto por ser despertado. Lo mire de mala manera de inmediato y este comprendió que conmigo no debía tener actos de rebeldía así que miro hacia otro lado enojado y se dejo ensillar. Una vez lo prepare para aquel viaje me dispuse a llevarlo afuera y ni bien vio la luz del dia se paro en dos patas y estiro sus alas viendo como el sol lo hacia parecer de oro –Hola Vhagar… - Le dije mirando de lejos al dragón el cual era conocido por no ser muy amistoso.

Luego de eso se nos unió Aedan y luego de unas cuantas palabras decidimos emprender nuestro camino. No pude evitar sonreir al ver a mi amigo volar por primera vez, se lo notaba nervioso, asustado pero luego su rostro cambio por completo y parecía disfrutarlo. Ambos dragones volaron escoltando a las nubes y mientras Aemond y el mantenían su rumbo fijo yo no podía evitar pasarles por arriba, rodearlos y caer en picada para luego volver a tomar altura. Sun al ser mucho más pequeño que su compañero contaba con mucha mas movilidad por lo que me gustaba explotar aquella capacidad suya. Después de todo tenía que transformar su desventaja en ventaja.

Al llegar a Rocadragon descendimos deteniéndonos en una de las tantas colinas, desde alli se podía ver la ciudad en su esplendor. Posiblemente aquellas personas estaban mas que acostumbradas a ver dragones volando de un lado al otro, después de todo era la esencia del lugar. El bastión de la familia Targaryen, hogar de reyes y reinas, de príncipes y princesas, símbolo de poder e historia –Bien Aedan, te toca… -Le dije mientras desmontaba mi dragón y caminaba unos pasos hacia un árbol solitario que tenia una enorme y verde copa. A mas o menos unos cien metros se podía ver a lo  lejos a la famosa Furia de Bronce descansar en el verde prado –Es todo tuyo… Solo recuerda lo que te dijimos. Y si por alguna razón sientes que te va a comer, no corras, solo metete en su boca y sufrirás menos –Bromee con el Tollet dándola una palmada en la espalda –Anda, nosotros miraremos desde aquí ya que si Vhagar y Sunfire bajan de seguro lo alteraran. - Posiblemente al hablar con Aedan habia omitido el tamaño de Vermithor
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Dragon el Miér Jun 29, 2016 10:38 pm

Vermithor se removió dentro de la cueva que usaba como guarida. Algo se estaba acercando hacia él, a su territorio. La gran bestia se desperezó y se puso en pie haciendo bastante ruido en cuanto sus escamas rozaron con la piedra, desprendiendo algunos guijarros. Entonces empezó a caminar hacia la entrada, siguiendo el olor del desconocido.

Y allí estaba el hombre, un humano. Vermithor estaba acostumbrado a la presencia humana ya que incluso había tenido un jinete en el pasado, pero pocos osaban acercársele tanto a día de hoy por lo que el dragón resopló, exalando dos volutas de humo por su nariz. Parecía ligeramente molesto por la intromisión, pero aun no abiertamente agresivo.

Describe el trayecto hacia la guarida de Vermithor y todo lo que quieras, yo por economía de tiempo pasé a narrar cuando llegabas. Describe tambien como actúas ante él y etc, puedes tirar el dado ya.  
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Jue Jun 30, 2016 4:24 pm

El trayecto, que para Aedan había resultado ser de las cosas más emocionantes que había vivido en su vida, se terminó más rápido de lo que hubiese admitido esperar. Cuando bajo del lomo de Vhagar ayudándose de sus fuertes alas y tocó con sus pies el duro suelo de roca sintió las piernas como una parte ajena a su cuerpo. Tardó unos segundos en recuperar la consciencia de lo que acababa de ocurrir y caminó hacia donde se encontraba Aegon, bajo la sombra de un árbol.

Lo tendré en cuenta ― respondió a las palabras del Targaryen con una sonrisa nerviosa ― es un consuelo saberlo― añadió, encogiéndose de hombros. ¿Qué iba a hacer ahora? La suerte estaba echada, como se solía decir, así que pocas opciones le quedaban salvo armarse de valor y dirigirse hacia donde le habían señalado que se encontraba la guarida de Vermithor.

Mientras caminaba se hizo al hombro con la bolsa que había traído desde Desembarco del Rey. En su interior había tres buenas liebres que había atrapado días antes y que se revolvían en su interior. Eran bastante grandes y gordas, así que esperaba que le bastasen al dragón para convencerle de que era mejor aceptar el regalo que comérselo a él. De haber podido hacerlo hubiese llevado media docena de ovejas, pero aquello hubiese sido abusar del bueno de Vhagar, al que de alguna manera ya estaba echado de menos.... ¿quién temería algo estando cerca de aquella enorme criatura, al fin y al cabo?

A medida que descendía por la loma podía ver a lo lejos la gran fortaleza de Rocadragón y el humo que salía de las chimeneas de algunas de las casas del asentamiento. Nunca había visitado la isla y la vista le pareció curiosamente acogedora. Pensó, pues, que si salía vivo de aquella experiencia, algún día visitaría aquel lugar más a fondo.

Cuando estaba acercándose al fondo del valle, cerca de una escarpada loma pudo escuchar un sonido que le sobrecogió el corazón, un sonido similar al que hacian las espadas de acero cuando las arrastrabas por una superficie empedrada, pero multiplicado por cien. Se paró en seco, agudizando el oído e intentando determinar de la mejor de las maneras de dónde provenía exactamente el sonido. Avanzó a tientas y manteniendo la calma lo mejor que pudo hasta que finalmente alcanzó la entrada a una enorme caverna de la que no tardó en observar cómo salía una enorme cabeza. Abrió los ojos como dos enormes platos y retrocedio lentamente, sin darle la espalda a la grandiosa criatura, que desde aquella distancia no parecía mucho más pequeña que Vhagar, lo que le llevó a pensar en si realmente Aegon había perdido la cordura al haberlo atraído hacia una bestia tan imponente. Tenía el rostro cubierto de pequeñas cornamentas y unos dientes sin duda casi tan grandes como el Tollett, que cuando salió del todo pudo observar el color amarillento de las escamas del dragón.

Furia de Bronce ― alcanzó a decir ―. Definitivamente, Aegon ha perdido la cabeza ― susurró antes de tragar saliva. Había leído mucho sobre Vermithor, Furia de Bronce, quien años atrás había sido montado por Jaehaerys Targaryen, y ahora que se encontraba frente a él adquirió la noción de cuán alejadas estaban las múltiples descripciones que había tenido el placer de leer de la magnificencia de aquella bestia.

Recordó no perder la calma y todos y cada uno de los consejos que Aegon y Aemond le habían estado diciendo a lo largo de aquellos días aparecieron por su cabeza rápida e intermitentemente. Aedan observó la reacción del dragón e hizo acopio de fuerzas para inspirar profundamente.

Ni habiendo leído un centenar de libros hubiese podido imaginar cómo eras ― dijo. No estaba del todo seguro de si el dragón podía comprenderlo o si incluso lo enfurecería que le hablase, pero fue lo mejor que se le ocurrió al lord en aquel momento ―. Cuando era pequeño me dormía leyendo sobre los grandes dragones de antaño. Tu nombre aparecía en muchos de aquellos cuentos que me contaba mi madre y siempre traté de imaginar cómo se sentirían tus enemigos al ver cómo tus alas oscurecían el cielo sobre sus cabezas ― continuó. Lentamente se quitó del hombro el gran saco y desató los cordones. Introdujo la mano y saco una de las liebres, que se retorció en su mano en cuanto estuvo fuera.

No sé si te gustarán las liebres, pero es lo mejor que he podido traerte ― hizo una pausa ― La cocinera de mi casa las hacía con cebollas y una buena salsa, aunque supongo que tú las prefieres así.

A medida que hablaba y observaba la mirada del dragón, Aedan fue perdiendo parte del nerviosismo y el miedo iniciales, que poco a poco iban transformándose en un profundo respeto hacia la criatura, a la que en aquellos momentos la observó casi como si la venerase. Por supuesto, seguía teniendo miedo, pero era diferente. Extendió el brazo con la liebre para que el dragón sopesase su oferta y tras unos segundos la arrojó al aire tan alto como pudo, esperando que Vermithor la atrapase con sus dientes a ella en lugar de a él. De hacerlo, tenía esperando otras dos que, creía, haría que el dragón confiase en él lo suficiente como para dejar de verle como si se tratase de un gran cerdo ahumado.


Datos:

Bueno, me molesté en recopilar datos y hacer las cuentas, que si mal no he leído, serían lo siguiente:
+3 por poseer sangre valyria.
+2 por tratarse de un dragón semisalvaje.
-1 por cada punto de ferocidad por encima de 7. (-1)
+1 por tener Aedan menos de treinta años.
+1x3 por las tres ofrendas (+3)

En total sumaría un +8 de bonus a la tirada.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Dragon el Jue Jun 30, 2016 4:24 pm

El miembro 'Aedan Tollett' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Dragon el Lun Jul 04, 2016 7:52 pm

El dragón posó su mirada en el hombre que estaba alli de pie, hablándole. No era la primera vez que un humano pasaba un rato hablándole, era un sonido que a Vermithor le resultaba familiar por lo que se mantuvo quieto y curioso.

Dilató las fosas nasales cuando Aedan sacó las liebres de la bolsa para aspirar el aroma que desprendían los cadáveres y dio un paso al frente. Poca atención prestaba ahora a las palabras del hombre ya que su atención estaba pendiente de la carne, no obstante, no se abalanzó sobre la comida pues sabía seguir cierto protocolo aprendido por su anterior jinete.

Atrapó las liebres en el aire cuando Aedan las lanzó hacia él, engulléndolas de un bocado. Aunque parecía que era poca cosa para una bestia de ese tamaño, debido a su naturaleza mágica los dragones no necesitaban ingerir grandes cantidades de comida (sería imposible que sobrevivieran en un ecosistema si asi fuera), por lo que se sintió agradecido por ellas.

La bestia bajó la cabeza hacia el hombre y lo tocó con la punta del morro.


Vale, yo ya no posteo más aqui. Enorabuena por la doma, ahora seguid interpretando el resto del tema como más gusteis.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Miér Jul 06, 2016 11:34 pm

Cuando el dragón posó la mirada sobre las liebres, dilatando sus fosas nasales y abriendo sus dos enormes ojos, Aedan tragó saliva. El hecho de que la criatura se estuviese fijando en los animales y no en él ya era un logro. El sonido de los pequeños huesos de las liebres al crujirse cuando el dragón cerró las mandíbulas en torno a ellas hizo parpadear al Tollett, que permaneció en silencio observando la reacción de Vermithor.

Cuando la Furia de Bronce hizo descender su cabeza, a punto estuvo el soberano de Soto Gris de dar un pequeño salto hacia atrás, casi de forma instintiva, pero cuando la criatura posó su morro con tranquilidad frente a él y permitió el contacto con el humano, Aedan experimentó una excitación profunda e inefable. Alargó su mano con cuidado y la posó sobre el inmenso hocico, dedicándole unas amistosas caricias. El cálido y terroso tacto de las duras escamas de la parte delantera de la cabeza le hizo pensar en lo difícil que debía ser siquiera hacerles un rasguño y casi de forma involuntaria dejó escapar una pequeña carcajada, incrédulo ―. Eres majestuoso ― le murmuró a la criatura, de la que si bien todavía no se fiaba lo suficiente -pues temía que cambiase de opinión y abriese aquellas inmensas fauces-, sí que la trataba con mayor cercanía y seguridad. Los ojos del lord se clavaron en la mirada penetrante de la bestia, cuyos grandes orbes permanecían fijos en él, escudriñándole.

Aedan dio un paso al frente y deslizó la mano por el morro del dragón, ascendiendo sobre su frente y descendiendo en lateral hacia su imponente cuello. El dragón permanecía quieto y aquello, según lo que recordaba de la información que le habían dado Aegon y Aemond, era una buena señal. Se acercó lo suficiente para pegar su rostro a la dura piel de Vermithor y, al pegar su oído a las escamas, pudo escuchar cómo el corazón de Furia de Bronce latía con el vigor de un titan. Inspiró profundamente y dejó escapar un suspiro, aliviado ante la perspectiva de que saldría vivo de aquella mágica experiencia.

Miró entonces hacia la lejana colina donde se había separado de Aegon y sonrió.

No te imaginas cuántas veces soñé de niño con estar algún día frente a un dragón. Si te soy sincero, de haber sabido cuál era la sensación, no lo hubiese deseado con tanto ahínco ― comentó, riendo entre dientes. El nerviosismo se cebaba con su corazón, que latía a un ritmo febril y desorbitado mientras seguía acariciando el cuello de la gigantesca criatura.

¿Qué debía hacer ahora? Se preguntaba si debía intentar montarlo o si debía permanecer algunos minutos más junto a él por mero respeto, pues veía precipitado lanzarse sin más sobre su lomo. Decidió esperar mientras, con pasos cautelosos, se iba acercando a sus inmensas alas, sin dejar de acariciarlo. La única manera que tendría que subir hasta el lomo de Vermithor sería ascendiendo por las aletas de sus alas, pues era tan alto que le resultaba imposible la idea de intentar trepar por su cuello, lo cual, estaba seguro, tampoco le hubiese gustado al dragón.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aemond Targaryen el Mar Jul 26, 2016 4:26 pm

Al contrario que sus hermanos, Aemond tenía un temperamento extremadamente volátil, que nada tenía que envidiar a la ira de Maegor el Cruel o Aegon el Conquistador. Así que la espera se le hacía demasiado larga. Iba de aquí para allá, alrededor de su dragona, como un animal enjaulado, mientras Aegon y él esperaban el éxito o el fracaso de Aedan. El Tuerto había visto antes a la Furia de Bronce, en su anterior viaje a Rocadragón, a lo lejos, y sabía que no era una bestia que pudiese tomarse a la ligera. Los segundos pasaban como si fuesen horas a sus ojos, hasta que no pudo soportar más la espera.

- Voy a echar un vistazo -dijo a su hermano, al tiempo que trepaba ágilmente por una de las alas de Vhagar-. No me acercaré y no tardaré en volver, pero si sigo esperando me voy a volver loco -comentó, mientras se ataba las correas de la silla a las piernas, con la rapidez y habilidad que le habían dado ocho años de volar junto a su dragona.

A una palabra de Aemond, la enorme bestia de color esmeralda oscuro abrió las alas, levantando el vuelo con magnificente parsimonia. El príncipe rió, como de costumbre, al notar los músculos de la dragona tensarse y el viento revolverle la corta melena. Vhagar describió un perezoso círculo, utilizando las corrientes ascendentes para ganar altura. Una vez hubieron ascendido suficiente, la guió para que describiese un círculo sobre la zona donde se encontraba Vermithor, lo suficientemente cerca como para apreciar si Aedan estaba vivo o no, pero no lo suficiente como para incomodar al anciano dragón y provocar una reacción agresiva por su parte.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aegon Targaryen el Vie Jul 29, 2016 1:53 pm

Aun no estaba del todo convencido de que aquello iba a ser lo correcto, no por no confiar en Aedan sino por valorarlo tanto que temía perderlo. El que me conocía sabia perfectamente que yo no era de repartir afecto, mas bien se lo tenia a pocas personas. Sin embargo teníamos la necesidades de hacerlo, primero porque era un pedido del rey domar a todos los dragones, segundo porque era un sueño del norteño. El siempre había visto a los dragones con fascinación, como si fueran dioses en la tierra, bellezas naturales. ¿Cómo podía negarle a mi mejor amigo la posibilidad de convertirse en jinete de uno? El reino necesitaba personas leales a las cuales confiarle sus armas mas poderosas, personas que pusieran su espada al fiel servicio del trono de hierro. Se buscaban personas, no importaba su cuna o su genero. La única condición era la lealtad y el estar capacitados para hacerse cargo de semejante cosas.

Poseer a un dragón no era tarea fácil, llevaban sus cuidados, claramente no era como tener una mascota. Brindarle abundante comida, mantenerlo activo para que no perdiera su agilidad, complacerlo en la mayoría de sus gustos. No, no eran como los humanos, distaban de estarlo. Sin embargo a veces había que tratarlo como tales, después de todo cada uno tenia sus propias mañas.

Relájate -Fue lo único que le respondí al impaciente de mi hermano, sabia que no tenia sentido hablar mas ya que siempre haría lo que se le venia en gana. Tal vez algo cargábamos con el pasar de la impaciencia, pero el mucho mas. Mientras tanto yo me dedique a descansar al pie de un viejo árbol que descansaba donde habíamos aterrizado. Una manzana daba vuelta entre mis dedos y pasaba de una mano a la otra surcando el aire en el camino -Apresúrate… -Susurre casi para mi mismo para luego morder el fruto y llenar mi boca de aquel dulce jugo. Por un momento mi mirada se dirigió a Sunfire para verlo descansar tranquilo sobre el verde césped. Por otro lado, no muy lejos, se podía ver a Vhagar planear el cielo sobre el que se encontraba la furia de bronce.
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Re: Bajo la sombra de unas alas. [Aegon y Aemond Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Jue Ago 04, 2016 12:49 pm

Las fosas nasales de Vermithor se dilataban con el continuo vaivén de su respiración y Aedan podía sentir cómo se iba moviendo cada músculo de su inmenso cuerpo; cómo latía su fuerte corazón. Las opciones se le acababan e iba siendo hora de que tomase la decisión de actuar, antes de que la criatura cambiase de idea y decidiese comérselo como aperitivo tras las lastimeras liebres. Se fue acercando muy lentamente hasta sus alas, acariciando la superficie de su cuerpo.

Creo que el hecho de que no hayas decidido acabar conmigo es, de momento, una buena señal... ― le dijo, sin dejar de acariciarlo. Pronto llegó a sus alas plegadas y deslizó la mano por el hueso que las unía al cuerpo, pasándola por encima del cartílago y de las sorprendentemente suave superficie de la lámina que le servía para volar. Se echó hacia un lado del dragón y rememoró cada dato que Aemond le había dado acerca de lo importante que era ese instante ―. Con tu permiso ― se excusó, ascendiendo lo más ágilmente posible por su ala izquierda. Trató de hacerlo lo más rápida y delicadamente que pudo para evitar poner demasiado peso sobre una zona e incomodar a la bestia. Cuando estuvo en lo alto de su lomo no pudo creerse que Vermithor no se hubiese movido ni quejado. Se agacho y fue avanzando hacia la base de su cuello, y con extremo cuidado se sentó.

Lanzó un enorme y profundo suspiro de alivio y al mismo tiempo de excitación cuando Vermithor se revolvió suavemente y notó cómo los músculos bajo sus piernas se contraían. Escuchaba el parsimonioso gruñido del dragón y colocó las manos sobre sus escamas, asiéndose con fuerza al lugar que le pareció más adecuado. Estaba eufórico.

De pronto, y sin previo aviso, Vermithor se revolvió e inició una impetuosa carrera que, dado su tamaño, sorprendió incluso a Aedan dada la velocidad a la que la estaba realizando. Le resultaba difícil agarrarse al dragón pero no por ello se soltó, y en el momento en el que éste alzó el vuelo no pudo evitar soltar un grito para descargar la adrenalina acumulada en el cuerpo. ¿Ya estaba? Era increíble. Ni tan siquiera él era capaz de atisbar en su imaginación que, realmente, Furia de Bronce lo hubiese aceptado como a su nuevo jinete. Cerró los ojos y sintió el viento golpearle en la cara mientras los músculos que unían las alas a los dorsales del dragón se movían de forma constante bajo las piernas del Tollett. Vermithor esgrimió un grandioso rugido.
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