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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

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Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Mar Jun 28, 2016 5:29 pm

En cuanto entraron en los aposentos Aedan pudo respirar tranquilo. Después de largas horas de contenimiento, había llegado el momento en el que, por fin, podía disfrutar de la compañía de la princesa en solitario, y una vez más y casi sin poder evitarlo se fijó en el interior de aquellas estancias. Eran lujosas -qué menos, tratándose de los hijos del rey- y mucho más espaciosas que las suyas, aunque si debía elegir, las vistas de las que gozaba desde sus actuales aposentos le parecían mejores, aunque en realidad estaba tan acostumbrado a ella que le parecía simplemente perfecta, con un tramo del Aguasnegras a un lado y el resto de la ciudad en el otro. Podían verse los límites de los muros y los prados en el exterior, donde se dispersaban algunas granjas y pequeñas casas que se habían ido construyendo tras la finalización de las murallas.

En aquel lugar el olor era más agradable. El aroma a jazmín volvía a sus fosas nasales dándole una sensación de paz y de tranquilidad que casi echaba de menos desde el momento en el que abandonaba cualquiera de las habitaciones del castillo en las que había balcones por donde podía entrar aquel delicioso aroma. Para ir hasta uno de los despachos de las estancias tuvieron que cruzar el patio central de la planta, donde había un suntuoso jardín con una pequeña fuente que Aedan admiró desde el primer momento en el que lo había visto, cuando Aegon le había invitado a una pequeña cena. Aquel era el rincón perfecto, desde el punto de vista del Tollett, para sentarse en silencio bajo la luz de las estrellas y leer un libro a la tenue luz de las velas, con el murmullo del agua al caer y los aromas de las distintas plantas y flores. Aquel lugar era hermoso, sin duda, y en cierto aquellos aposentos dejaban a sus estancias en Soto Gris casi como el palacio del rey a la casa de un vulgar campesino. No había color.

La pareja cruzó el patio y se adentró en la parte interior, donde tan sólo una puerta se cerraba frente a ellos. No es que el patio estuviese unido a las habitaciones contiguas -al fin y al cabo, menudo desperdicio si se ponía a llover- sino que los aposentos en sí los constituían la planta al completo. El patio estaba enclaustrado entre pasillos, con puertas, y esos pasillos levaban respectivamente a las diferentes salas y habitaciones, que era donde Aegon, Helaena y sus hijos hacían vida.

El lord esperó en silencio a que Helaena abriese la puerta y pasó tras ella, todavía algo alienado por la constante necesidad de secretismo. Cuando ya estuvieron dentro y la puerta se cerró tras él, casi de forma instintiva se acercó en silencio para tomar la mano de la Targaryen, de la que acarició el dorso con suavidad. Todavía llevaba los guantes y su mirada seguía perdida en el interior del despacho.

Casi parecía una eternidad ― confesó, y aunque realmente le hubiese citado la princesa para asuntos de índole política, la intimidad que les otorgaba aquel lugar le permitía mostrar, aunque fuese, cierto cariño; un cariño que por otra parte llevaba reprimiendo desde el momento en el que tomó su mano por primera vez para ayudarla a subir al palanquín, cuando se dirigían aún al Lecho de Pulgas. Se acercó a la mesa y dejó el pesado casco sobre una de las sillas.

Aunque de verdad necesitases de mis consejos, agradezco gozar de estos instantes de privacidad ― dijo, girándose y apoyándose con cuidado sobre la mesa, con la mirada fija en Helaena. Aun rodeados de una multitud, aquella piel lechosa y aquellos labios le llamaban como un fuego fátuo llamaba a un viajero a la perdición. Sus ojos, por otra parte, violáceos como los del resto de su familia e incluso los suyos, para él tenían matices únicos e inefables que, sin razón, le hacían perderse en sus propios pensamientos, como precisamente estaba ocurriendo en esos mismos instantes.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Helaena Targaryen el Miér Jun 29, 2016 1:43 am

Helaena y Aegon habían vivido al principio de su matrimonio en habitaciones separadas, las habitaciones de su infancia, compartiendo una habitación aquellas noches que lo requerían por obvios motivos. Era lo habitual entre la nobleza en muchos casos, pero cuando la princesa quedó embarazada por primera vez decidió buscar un poco más de privacidad para su familia, para que sus hijos estuviesen más tiempo con sus padres que con sus niñeras.

Todo vino solo, simplemente un día, encontró aquella pequeña torre con aquel jardín, una de tantas que conformaban la fortaleza y se dio cuenta de que la segunda planta de la misma estaba por completo vacía. Era un lugar de menos tránsito en el castillo y pronto Aegon y ella decidieron trasladarse a toda la planta, dejando habitaciones suficientes para sus hijos, despachos y otros usos y empezando a compartir dormitorio, uno amplio que les diese algo de privacidad también entre ellos.

Habían pasado casi siete años de aquello y ese era el hogar de su pequeña familia. Allí recibían a las visitas, pasaban tiempo juntos o con sus hijos y su hermano, igual trabajaban en los deberes que tenían con el reino y de cuando en cuando, hacían alguna fiesta o reunión.

Guió a Aedan por camino conocido entre las columnas hasta el patio y subió por las escaleras de este al pasillo abierto al mismo que comunicaba todas las salas. Las únicas habitaciones comunicadas desde otra zona del castillo a aquel lugar eran el dormitorio-salón principal y una sala que usaban bien para reuniones o bien para alguna cena con varios invitados, todas las demás quedaban con aquella escalera de único acceso. Una cosa que se notaba era el silencio, solo roto por el agua que caía en la fuente central del jardín.

Fue a uno de los despachos que era principalmente suyo y a veces le servía de sala de música, guardando allí sus instrumentos lejos de las manos inquietas de sus pequeños hijos, que a veces no dejaban crecer la hierba por dónde crecían. Una vez en su interior, quedaron aislados de miradas indiscretas y pudo respirar tranquila.

-Es difícil estar siempre tan rodeados de gente, tan expuestos a todos- admitió cuando él tomó su mano. Con delicadeza, le quito los guantes para sentir su piel. La aspereza de sus manos conferida por el uso de su espada desde la niñez, unos cayos muy característicos. Luego lo dejó apartarse.- Si que me vendría bien que revisaras el plan que diseñé para acoger la masiva afluencia de navíos que esperamos en la ciudad, pero igualmente yo necesitaba un momento a solas contigo...- se giró para echar el cerrojo en la puerta, aunque sabía perfectamente que Aegon estaba esa mañana entrenando con Aemond y no terminaría hasta bien entrada la tarde, con motivo del cercano torneo que a todos los traía de cabeza. Se acercó lentamente a Aedan y lo abrazó, apoyando la cabeza en su pecho, cerró los ojos.- Este secreto me pesa sobre los hombros...
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Jue Jun 30, 2016 1:06 am

Aedan miró a la Targaryen frente él cuando ésta echó el cerrojo del despacho y permaneció en silencio durante algún tiempo cuando lo abrazó. La rodeó con sus brazos y posó el mentón con delicadeza sobre su cabeza, dedicándole una suave caricia con la mano desnuda en la espalda. Aquel contacto hizo que el lord se etsremeciese y se le erizase el vello como si se hubiese tratado de la primera vez que la pareja se había abrazado. Suspiró lentamente.

A mí también ― admitió ante sus palabras ―. Ya no por cómo me siento con lo que hacemos... En ocasiones me cuesta estar alerta y reprimir el deseo de cogerte la mano, o de poder hablar contigo con libertad ― explicó.

Daba igual cuántas veces se repitiese a sí mismo que su amor por aquella mujer fuese más importante que todo el oro y el desprecio de un reino, o que estuviese por encima del perjurio y de la traición. Por cierto que fuese sabía a qué estaban condenados si querían permanecer juntos; mantener aquella relación. Deseaba que las cosas fuesen diferentes y que ninguno de los dos se encontrase atado a la misma familia, a la misma persona. Aquella frustración lo había carcomido mucho antes de que su relación con la princesa tomara un componente físico; ya desde la primera caricia y el primer abrazo sintió la punzada de su traición y de su hipocresía. ¿Pero qué podía hacer con todo aquello? Daba igual lo fuertes que fuesen sus convicciones, él la amaba y no podía evitar hacerlo, ¿acaso podía ser dueño de las decisiones que tomaba su corazón?

Pero tampoco es la primera vez que nos encontramos con esto ― mencionó, separándose los justos centímetros para poder inclinar la cabeza y apoyar su frente contra la de ella. Sus brazos aún la rodeaban por la cintura y permaneció en silencio durante algún tiempo, pensativo ―.¿Quieres que hablemos? ― le preguntó al final, casi en un susurro. Podía captar el aroma de su fino y plateado cabello, junto con su respiración, que azotaba con delicadeza su rostro. Podría pasarse horas y horas así, sin que nadie se lo pidiese, y de tener la oportunidad. La simple proximidad de Helaena le llenaba de la paz que a diario necesitaba buscar desesperadamente en libros y en entrenamiento. Con ella todo era más fácil.

Al margen de aquello, una de las cosas que peor llevaba el lord de aquello era que todas aquellas emociones no eran sólo suyas. Sabía que Helaena tenía un conflicto interior del mismo calibre, si no mayor con respecto a aquel asunto, y también sabía que su deber ya no como amante sino como amigo era velar por su felicidad, ¿qué otra cosa si no le había llevado hasta aquel punto?

Los navíos son lo de menos. Siempre has tenido la mano de tu madre para esas cosas. Pero le echaré un vistazo si es lo que quieres.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Helaena Targaryen el Vie Jul 01, 2016 2:01 am

Que ambos se sentía mal traicionando a Aegon era algo que sabían. Aedan y Helaena se parecían mucho en algunas cosas y la principal y la que más les había unido siempre era la lealtad hacía el príncipe y sin embargo, allí estaban, como criminales, apuñalando la confianza de su esposo por las espaldas. Aegon era infiel por naturaleza, pero ella nunca le había preguntado si sentía sinceros remordimientos, si mientras la engañaba pensaba en ella y el daño que le hacía.

Posiblemente no. Pero ella si.

La princesa no dejaba de pensar en él cuando estaba con Aedan, sabía el dolor y la ira que causaría de ser descubierta en su hermano y sobretodo sabía que si la mataba en un arrebato de ira se lo tendría bien merecido, igual que si decidía castigarla por su traición. Además, se sumaba la culpa por saber que hacía algo que suponía cualquier clase de escarmiento por parte de su marido, aceptándolo a pesar de que los verdaderos afectados serían sus hijos. Era una egoísta, lo sentía en cada fibra de su ser como agujas clavándose en la piel. Cada roce con Aedan era tan deseado como doloroso. Y ahora, con la petición de su esposo, una nueva sombra se ceñía sobre su relación con el señor de Soto Gris. Una más oscura que todas las demás.

-Si, deberíamos hablar... Llevo días queriendo que lo hagamos, pero no he encontrado ni las fuerzas, ni el momento- admitió, pero luego le llevó un dedo a los labios.- Pero antes sólo déjame disfrutar de tus labios un instante- pidió antes de simplemente besarlo. Los barcos quedaron en el olvido, eran un tema menor en su mente.

A diferencia de su relación física con Aegon, todo con Aedan era lento, suave, sentido... Como si el amor y el dolor de su situación se plasmase en cada pequeño roce, casi dándole un aspecto triste a cada encuentro, que podía y debería ser el último. Que cruel se sentía arriesgando a su familia, arriesgando el amor de su hermano y rompiendo la vida del señor del valle.

El pelirrojo había dejado de lado su propia vida por ella, porque ella no era la única que sacrificaba muchas cosas por él. Él no se había casado, ni tendría hijos a ese paso por su culpa. Ella jamás le había pedido todo aquello, pues ella no dejaba de lado a su esposo por él, pero sabía que con cada beso lo ataba más a ese destino solitario. Sabía que él no merecía eso. Luego de unos minutos que si bien podrían haber sido horas nunca podrían alargarse tanto, le soltó y se sentó en una de las sillas junto a él.

-Mi hermano quiere más hijos... Y para dárselos no puedo estar contigo- dijo luego de un largo silencio dónde se quedó mirando el suelo, pensando cómo decir aquello. No había forma suave.- Maelon ha cumplido tres días del nombre... Dar hijos a mi esposo no es solo mi deber como mujer, es casi una labor de estado, debo darle nietos al rey- suspiró con pesadez.- Nietos legítimos. No puedo arriesgarme a traer el mundo un bastardo- lo miró entonces.- Lo sabemos los dos. Pero... ¿Eres capaz de entenderlo?
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Sáb Jul 02, 2016 6:07 pm

Correspondió a su beso sin queja alguna. Aedan llevaba deseando desde el momento en el que la había visto bajar los escalones de la Fortaleza hacia el palanquín abrazarla y besarla, y en ese momento en el que por fin gozaban de la intimidad para poder hacerlo, no iba a poner pega alguna al contacto con la Targaryen; tan sólo se estrecho con ella y mantuvo el contacto cuanto ella quiso. La echaba de menos a diario, incluso cuando estaban el uno frente al otro. Tan cerca y tan lejos, Helaena le parecía tan inalcanzable como los mismos dioses, a quienes se veía condenado a postrar su fe bajo la consciencia de que jamás podría verlos ni tocarlos, o sentir su gracia.

¿Qué ocurre? ― preguntó una vez se separaron. Cuando tomó asiento Aedan hizo lo propio y retiró el casco de la silla, poniéndolo en el suelo y tomando asiento frente a ella. Escuchó entonces sus palabras y sintió cómo un millar de finas agujas atravesaban su débil corazón. ¿Significaba aquello el fin de la relación que tanta dicha le había proporcionado? ¿Significaba aquello el fin de las eternas conversaciones a la luz de unas velas? Le costaba creerlo, pues incluso ante la inminencia de la realidad, aquello se le antojaba como un sueño lejano. Aquellas palabras no hicieron más que acrecentar su propia intriga, al fin y al cabo ¿por qué ahora? Llevaban manteniendo relaciones carnales desde hacía tiempo y el riesgo de que Helaena quedase encinta había sido tan real como hasta ese momento, ¿por qué entonces tenía miedo ahora de darle un bastardo? No era que Aedan lo desease, pues ni quería llegar a tal punto en la traición a Aegon ni deseaba saber que nunca podría abrazar a su hijo ni tratarlo como tal; lo que ocurría era que le escamaba una justificación como aquella, que a él le pareció en un principio el fondo al que se hilvanaba una razón mucho más profunda.

Suspiró lenta y apaciblemente y tomó la mano de Helaena ―. Lo entiendo ― afirmó, más por amor a la Targaryen que por el cariño que se tenía a si mismo ―. Sabes que lo entiendo desde el primer día ― añadió, esbozando una sonrisa triste pero sincera. Miraba a la princesa a los ojos, siendo la única persona de aquel mundo a la que podía mirar así sin apartar la mirada ―. Ha sido un riesgo que hemos corrido durante todo este tiempo. Entiendo que no puedas seguir arriesgándote, no sería... en fin, lo correcto.

Plasmó entonces su mirada en el dorso de la mano de Helaena, suave y terso; maravillado y aterrado al mismo tiempo ―. ¿Significa esto el final? ― le preguntó, con un nudo en la garganta que oprimía su respiración y que aceleraba su pulso ―. Si es lo que necesitas, si es lo que quieres de verdad, no me opondré a esto. Sé lo mucho que significa para ti la vida que llevas y no podría decir que pretendo tu felicidad tratando de retenerte ― concluyó. Tal vez se estuviese precipitando y no fuese aquello lo que la Targaryen quería, o tal vez sí. En cualquiera de los casos, Aedan se encontraba en un punto en el que su yo interior se acercaba al colapso. Quería gritar; quería abrazarla y suplicarle que abandonase todo y huyese con él a los confines del mundo, al borde del Mar de Hierba de los Dothrakis y a la línea del horizonte donde se terminaban los mapas; que abandonasen todo y a todos y que iniciasen una vida juntos... Pero aquello no era justo y Aedan, en esos instantes, sabía que debía de ser de todo menos injusto.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Helaena Targaryen el Dom Jul 03, 2016 10:39 pm

Sació su deseo de besarlo al fin y no escatimó la duración del beso hasta que los pulmones le ardieron por la falta de oxígeno. Todos tenemos en la mente ese algo que vemos siempre frente a nosotros y no podemos alcanzar, que no podemos poseer. Lo de ellos era eso, ni más ni menos, un sueño que ansiaban y ante la imposibilidad de lograrlo se conformaban con vulgares espejimos, breves instantes dónde su mente y sus sentidos quedaban engañados por la fragilidad de su fuerza de voluntad cuando se tenían cerca el uno al otro sin nadie a su alrededor que les recordase lo imposible de su unión.

Ante su pregunta finalmente ella dejó escapar las palabras como el agua que rompe su presa. No hay forma de capear el temporal muchas veces, solo puedes aceptar la tempestad y dejarte llevar por ella con fe, encomendado a los Siete por encontrar un lugar seguro. La situación en la que estaban iba a llegar tarde o temprano y no había forma alguna de evitarla, no para ella, que descartaba cualquier traición aún mayor a su familia. Tomó sus manos, acariciándolas con ternura mientras el prometía entenderla. Suspiró y negó.

-No nos hemos arriesgado a eso, te lo aseguro- admitió, ya que nunca habían hablado del tema, ya fuese por decoro o porque no sabían como afrotarlo.- Cuando nacieron los gemelos fue muy duro para mi, Jaehaera venía girada y casi nos morimos las dos. Así que el maestre quiso evitarme cualquier embarazo durante un tiempo hasta que mi cuerpo se recuperase. Siempre he sido de salud frágil me temo. Me daba unas hierbas... Cuando tú te volviste más para mi, volví a tomarlas. Aegon lo sabe, le dije que simplemente quería dedicarme a cuidar de los tres niños un tiempo, son niños sanos y fuertes, así que teniendo dos varones no le pareció mal que dejáramos de lado el tener hijos durante un tiempo- le confesó. Así era Aegon, capaz de dejar de lado cualquier cosa por tal de darle a ella cualquier cosa que pidiera, con tal de cuidarla.- Pero ahora me lo ha pedido. No puedo negarme- aunque obvio que tampoco quisiera hacerlo.- Si dejo de tomarlas no me puedo arriesgar.

Alzó una de las mano hacía su rostro y lo acarició con las yemas de los dedos, un gusto que se daba siempre que podía, como si quisiera memorizar cada poro de su piel, cada pequeña imperfección, cada hundimiento y elevación en su cara. Cada rasgo. No sabía si aquello era un final, claro que su egoísmo le decía que no debía serlo. Pero ella no se caracterizaba por dejarse llevar por algo como eso.

-No lo sé. Quisiera prometerte que no, darte esperanzas y atarte a mi vida aunque eso sea nuestra desdicha...- admitió con pesar.- O prometerte que si. Romper tu corazón junto al mío en mil pedazos y dejar que el tiempo te ayude a reconstruir el tuyo lejos de mi. A construir una vida que quizás no cumpla con tus sueños pero que te regale una felicidad real y tangible que conmigo jamás tendrás. Pero no puedo, no puedo elegir un camino- suspiró y de forma algo intempestiva lo soltó y se puso en pie, caminando rápidamente hacía la ventana para abrirla y asomarse, como si le faltase el aire.- No sé qué desean los dioses de mi, pero sé que tú no eres mi destino y siempre lo he sabido. Quizás en otra vida pueda amarte y pueda escogerte por encima de todo... Pero no en esta- sintió las lágrimas contenidas escocer y el corazón encogerse en su pecho.- Y yo cuando salgas de esta sala volveré con mi esposo y mis hijos. ¿Pero y tú? ¿Dónde volverás, mi querido Aedan? Mi presencia en tu vida es casi fantasmal, pero evita que haya algo más... Me siento sal sobre la tierra, evitando que ningún brote crezca, que nada arraigue en tu vida.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Lun Jul 04, 2016 6:17 pm

Conocer aquello encendió en Aedan una sutil tristeza. De haber sabido que Helaena tomaba aquellas hierbas, Aedan no hubiese permanecido tanto tiempo temiendo dejarla embarazada, y si bien le alegraba saber que habían tenido la libertad de estrechar su relación sin aquella nefasta posibilidad, le hubiese gustado saberlo. Sin embargo, algo en su interior se lamentaba por lo ocurrido. En ese momento el riesgo pasaba a ser real y ahora la princesa decidía cortar por lo sano aquello que habían construído en secreto y él no podía estar mças de acuerdo con sus motivos, a pesar de que sus propias trazas de egoísmo le instasen a creer lo contrario.

Las palabras de Helaena rompieron una vertiente de emociones del mismo modo en que se fracturaba un depósito de agua. A raudales fluían por su cabeza imágenes fugaces de los momentos que había pasado junto a la Targaryen; momentos de auténtica felicidad. La perspectiva de una vida sin aquella mujer entre sus brazos lo corroía por dentro como una espina envenenada. Incapaz de darle sentido a aquella irracionalidad no pudo evitar que un suspiro ahogado se escapase de su interior, desvaneciéndose. Sabía que había verdad y razón en las palabras de la princesa cuando le decía que aquella vida lo estaba atando... pero ¿realmente le importaba? Aedan era consciente de que amando a Helaena sería incapaz, moral y emocionalmente de desposarse y de formar una familia, de continuar con su legado, un legado que no podría de ninguna manera continuar con ella, pero ¿le importaba? Porque a simple vista, lo único que en esos instantes de dolor el Tollett era capaz de sopesar era que prefería la desdicha y la carencia de un futuro con tal de tenerla a su lado.

Se levantó poco después de ella, pero con la parsimonia propia de quien se encuentra hundido en un pozo del que no sabe si podrá volver a salir. Deseaba acercarse y darle un último abrazo, de acariciar por última vez sus labios, pero ni podía ni debía hacerlo. Ya no.

Inspiró profundamente y lleno sus pulmones hasta el límite, ahogándose en las lágrimas que por orgullo era incapaz de dejar salir ―. Habrá que fingir mejor que nunca ― alcanzó a decir, con el pecho oprimido y con una sonrisa fruto del nerviosismo. ¿Qué haría cuando, pasado el día, volviese a verla? ¿Qué diría o qué haría en el banquete cuando se acercase a Aegon y a ella? ¿Reaccionaría bien, o sentiría cómo un puñal atravesaba su corazón? ¿Sería capaz de guardar las apariencias y mantener la compostura?

Nadie más que uno mismo es dueño de su futuro ― dijo, recordando las palabras de su madre ―. Esto es lo mejor que podemos hacer ― se autoconvenció ―. Tú tienes una familia y debes cuidar de tus hijos y de Aegon y no puedo pretender otra cosa. La dicha que obtienes de esa parte de tu vida es mucho mayor de lo que yo jamás podría ofrecerte.

Cada palabra era un obstáculo a superar, como si cada vez le costase más articular los sonidos. Sabía que aquel momento llegaría y se había prometido a si mismo sobrellevarlo ante todo, por su bien y por el de Helaena. Si se permitía el lujo de derrumbarse no haría más que causar un mayor dolor a ambas partes. Se acercó finalmente, dando pequeños pasos hasta que estuvo a su altura. Tomó su mano.

El dolor es pasajero ― le dijo, aunque en aquel momento le pareció la mentira más descarada que se le había podido ocurrir ― Pero si lo necesitas sabes que siempre estaré aquí.

El lord de Soto Gris trató de mantener estoicamente aquella firmeza. Sabía que en cuanto cruzase la puerta de salida emprendería una procesión fantasmal hasta sus aposentos, donde golpearía una pared hasta que a fuerza de desgaste sus nudillos no pudiesen soportar el dolor.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Helaena Targaryen el Miér Jul 06, 2016 8:03 pm

Había muchas cosas en la cabeza de Helaena normalmente. Era una mujer que pasaba su día pensando y en sus momentos de descanso era cuando más rienda suelta daba a su mente. Había imaginado una y mil veces como sería su último momento con Aedan y sin embargo se dio cuenta de lo caprichoso que era el dolor, pues nunca puedes saber cuánto dolerá algo hasta que lo experimentas y tu carne de estremece por la sensación.

-¿Pero podrás hacerlo?- preguntó sin poderse contener.- ¿Podrás ocultar lo que sientes cuando veas mi vientre crecer día tras día sabiendo que ese hijo nunca será tuyo?- quizás sus palabras eran duras, pero la situación que les tocaría no lo era menos. Aedan había estado muchos años junto a los príncipes y había visto venir al mundo al menor de sus hijos, pero en aquellos momentos no sentían algo semejante el uno por el otro. Ahora, Aedan iba a tener que ver día a día cómo Helaena se entregaba de la forma más absoluta que una mujer puede a un hombre, dándole hijos a su hermano. Iba a ver posiblemente como esa vida crecía en ella y como venía al mundo. Iba a tener que soportar las charlas de felicidad sobre la llegada de ese nuevo hijo de su mejor amigo. E iba a tener posiblemente que mirar a aquel pequeño pensando que su vida era el motivo de su desdicha.

Sabía que Aedan era un hombre de noble corazón e intenciones, pero aún así hasta ella que era tenida por un corazón puro sabía lo que eran los celos, la envidia y el odio. Sabía el daño que podían hacer, cómo quemaban en las venas como fuego. No quería que algo así consumiera a ese hombre tranquilo y apacible, como un mar en calma.

-Siento hacernos tanto daño- murmuró mirando sus ojos. Siempre había pensado que eran idénticos al tono de los de Aegon, pero ambos trasmitían cosas muy distintas. Su hermano era pasional, intrépido, caprichoso y ambicioso. Aedan sin embargo era tranquilo, protector, seguro y de un corazón de oro. Ambos tenían mil y un defectos, pero ambos eran dos pilares fundamentales para ella, quizás porque las virtudes del uno cubrían el vacío que dejaba el otro, pero sabía que aquello era injusto para Aedan, que no merecía ser su segundo plato solo porque ella lo fuese de su marido.- Yo solo deseo tu felicidad y si hay algo que yo pueda hacer porque la alcances lo haré. Solo espero que decidas poner remedio a tu soledad y que algún día sientas la felicidad que yo siento al ver a mis hijos crecer. Ese amor está por encima de todo y aunque sé que lo comprendes, no lo vas a entender hasta que lo sientas. Debe ser algo similar al calor del sol en la piel en un día de duro invierno... Y evita que hasta el corazón más solitario se congele.

Tomó su mano y entrelazó sus dedos. De reojo miró por la ventana y caminó unos pasos hasta quitarse de la misma para que nadie pudiera ver cómo acto seguido lo abrazaba sintiendo el amargor en los labios de la más cruel despedida. Aquella que no lo es del todo. Deberían seguir viéndose a diario prácticamente, hablando, reuniéndose, compartiendo charlas, copas y risas... Siempre viendo al otro como aquello que podrían haber sido y nunca serían. Un destino cruel que hace a dos personas ir en un mismo camino pero separadas. Tan cerca que el anhelo sea inevitable, a tan solo un paso que la imaginación muchas veces traspasaba, pero atados a sus destinos para no darlo.

-Perdóname por todo el daño que te hago en este momento, pero sobretodo por todo el año que aún te haré... y prométeme que intentarás ser feliz. Prométeme que no dejarás que esto trunque tu vida aún más.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Vie Jul 08, 2016 2:20 am

Si podría soportarlo era algo que sólo sabría en el momento en el que sus miradas volviesen a encontrarse en público; en el momento en el que tuviese que experimentar la dicha ajena por el hijo que la mujer que amaba habría de tener. En ese mismo instante su cabeza le decía que sí, al fin y al cabo siempre había sido consciente del destino que le esperaba para con Helaena. Por otra parte su corazón se mantenía en un frío y mortecino estado de aflicción que tan sólo le hacía ver que la misma idea de vivir sin ella le resultaría suficientemente insoportable. Aquella diatriba terminaría resolviéndose a favor de una de las dos partes, y el Tollett, tal y como estaba en ese instante, era incapaz de saber de qué modo.

Sonrió más tarde al escuchar las palabras de Helaena. Se trataba más de una sonrisa nostálgica -nostálgica de algo que nunca había vivido- que de cualquier otro tipo. Sí, claro que sabía que el amor que sentiría si algún día encontraba con quien tener descendencia sería del todo incomparable, pero lo cierto es que la sola idea de verse teniendo un hijo le resultaba tan lejana que en esos instantes le resultaba poco plausible. Para ser sinceros, Aedan se veía condenado al mismo destino que su padrastro: teniendo un hijo -quién sabe si propio- a una edad avanzada en la que sólo pudiese disfrutarlo los pocos años que le restaría de vida. Eso si no caía antes.

Observó la reacción final de la princesa y correspondió su gesto con la emoción del primero y suspiró con tranquilidad

Sabes que lo único que deseo es tu felicidad. Saber que tus futuros hijos te llenarán de dicha basta para que mi corazón continúe latiendo sin miedo a que se rompa ― murmuró ―. Si los Dioses han escrito en las hebras de mi destino algún final feliz, tan sólo ellos lo saben. Mi vida es la de un barco sin rumbo que tal vez llegue algún día a puerto ―. El pecho le palpitaba y las manos, en un estado de paralización, amenazaban con no ser capaces de estrechar las de la Targaryen con la suficiente fuerza. Se sentía impotente ante una realidad que le disgustaba y que no podía cambiar.

Cumpliré esa promesa si tú prometes hacer lo propio ― añadió a sus palabras. Para él era casi natural la necesidad de tentar la felicidad que ella le hacía prometer que buscaría; sin ella apenas nada en su desdichada existencia tenía sentido propio más que los endebles lazos que su amistad con Aegon y su deber para con su familia y el reino le ataban a ella. La supervivencia del Aedan que se encontraba en aquel despacho junto a Helaena dependía de que, algún día, encontrase aquel puerto en el que colmar de estabilidad su vida.

Desvió la mirada un instante, el justo para ver cómo el sol desaparecía del marco de la ventana y sus rayos entraban de forma oblicua por la celosía, indicando que se acercaba el mediodía. Miró entonces a la Targaryen, a aquellos ojos que durante tanto tiempo habían logrado alejarle de la realidad para ver poco más que la imagen distorsionada de su rostro.

En cierto modo esto supondrá un alivio ― dijo finalmente, esbozando una suave y nerviosa sonrisa. Ciertamente su conciencia dejaría de atormentarlo, pasado un tiempo.
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Aedan Tollett
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Helaena Targaryen el Sáb Jul 09, 2016 1:13 am

La Targaryen dio gracias a los Dioses por haber puesto un hombre como Aedan en la vida de Aegon, pues a pesar de lo ocurrido entre ellos dos, nadie era más fiel y buen compañero para el príncipe. Aedan nunca había dejado que los celos o la envidian le guiasen y tampoco el resentimiento. En ese momento volvía demostrarlo, dejando ir una vez más en apariencias de forma definitiva a la mujer que amaba junto a su mejor amigo. El señor de Soto Gris tenía un corazón bondadoso y sacrificado, que prefería sufrir y romperse solo a dañar lo que tenía a su alrededor, aunque esto lo dañase a él.

-Yo sé que la felicidad debe aguardarte... Eres uno de los hombres más nobles y de corazón más puro que conozco y la vida te terminará premiando tus sacrificios... Y si no, para eso tienes un par de príncipes que te darán aquello que te mereces cuando llegue el momento- dijo con seguridad. Sabía que no era un hombre ambicioso que buscase títulos y poder, pero llegado el momento Aegon y ella le recompensarían tantos años de fiel y leal servicio. Suspiró, dejando escapar el aliento contenido con lentitud.- Aegon no es el mejor esposo, tiene la capacidad de hacerme sentir un guijarro entre un millón. Imperfecto y sin valor. Puede lograr que me sienta sola en la sala más abarrotada. Puede engañarme y mentirme... pero aún así me hace feliz. La primeras risas de las que tengo memoria las provocó él y supongo que debo aceptar sus defectos como él seguramente soporte los míos. Eso no significa que estar casada con el que en el fondo es uno de mis mejores amigos, no me haga feliz. Así que no te preocupes por mi felicidad, estaré bien. Siempre lo estoy. Yo me mantengo en pie siempre aunque todo a mi alrededor arda hasta ser cenizas o se desmorone.

No exageraba. Ella era considerada débil, pero su carácter la hacía más resistente que los que la rodeaban. Estaba acostumbrada a aguantar las embestidas que la vida y sus allegados le propinaban, sin perder las formas nunca, sin dejarse llevar.

-Si, creo que es momento de dar descanso a nuestra atormentada consciencia. Quizás sea mejor que termine el trabajo yo sola... Creo que ambos necesitamos un momento a solas y un poco de espacio.
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Re: Trámites portuarios. [Helaena Targaryen]

Mensaje por Aedan Tollett el Lun Jul 11, 2016 12:04 am

Sonrió con cierta ironía ante sus palabras, admirando cada pliegue en su tersa piel ―. Temo que el mundo no funcione así ― admitió, pero alzó rapidamente la mano ante el siguiente comentario de la Targaryen ―. No pretendo que me ayudéis, ni quiero que lo hagáis. No puedo aceptarla ― añadió. Su amistad a ellos no venía guiada por la codicia y en verdad una de las cosas que más temía el Tollett era que se le tachase de interesado. No quería que nadie dudase de su lealtad o de su amistad con los Targaryen por el mero hecho de recibir su ayuda en aquellas intrigas de alta cuna ―. Aunque sé que no podré convencerte de ello. Supongo que en las manos de los Siete está mi futuro. Lo que llegue, tendrá que llegar... ― concluyó mientras alargaba la mano hasta la mesa para recoger los guantes de los que Helaena lo había despojado. Se los puso con calma..

No es sólo esa clase de felicidad la que te deseo ― respondió. Sabía que ella era feliz con Aegon y con sus hijos, ¿por qué no iba a serlo? Aquellos niños iluminaban su vida como una estrella y Aegon, pese a ser más su hermano que su esposo y pese a sus propios defectos, cuidaba de ella. Para Aedan aquello tenía más importancia que todo lo que él pudiese aprotar a su vida, pero también era consciente de que aquellas emociones no eran sino una pequeña parte de la plenitud de la que podría disfrutar.

Se acercó a la silla y recogió su yelmo. Lo puso bajo su brazo antes de acercarse a la princesa y colocar la mano sobre su hombro mientras lanzaba un suspiro lleno de dolor, mientras su rostro se compungía por la sonrisa que trataba de disimular el ceño fruncido por el dolor.

Pronto tendrás noticias mías. Creo que te gustará ― dijo al final, esta vez con un rostro mucho más sereno. En cuestión de días tendría que prepararse para su encuentro con Aegon y Aemond en Rocadragón y debía centrar sus ideas. Con esto, el soberano de Soto Gris se acercó a la Targaryen y le dedicó un suave beso en la mejilla antes de inclinar la cabeza en un gesto de despedida y abandonar la sala, cerrando tras de sí. Sabía lo que le esperaba a ambos en cuanto la soledad los abrazase.
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