Ambientación
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Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

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La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

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La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Edrick Yronwood el Mar Jun 28, 2016 4:59 pm

El sol de Dorne era siempre implacable y orgulloso. Lucía especialmente portentoso sobre Lanza del Sol haciendo que los dornienses sudaran copiosamente bajo el astro en el caluroso verano que parecía no llegar, todavía, a su fin. Una pequeña compañía de apenas veinte hombres Yronwood, comandados por Edrick habían llegado a la capital de Dorne la noche anterior a la hora que llamaban del lobo. Los celosos guardias de los Martell habían dudado en abrir las puertas de noche a un grupo de guerreros. Dudas que se despejaron cuando su capitán, Ser Edrick Yronwood se presentó. No sin recelo los dejaron pasar, y con el mismo cuidado fueron escoltados hasta una taberna cercana al puerto llamada Bahía Soleada. Se había producido una situación curiosa cuando cuatro guardias Martell habían escoltado a veinte hombres. No hubo gran conversación ni entre los Yronwood ni entre los Martell al despedirse. Edrick había dado la noche y el día siguiente libre a todos sus hombres menos a cuatro, que el día siguiente le acompañarían al gran bazar de Lanza del Sol por encargo de Lady Yronwood. Las constantes escaramuzas entre los señores marqueños dornienses y algunos Lores menores de las tormentas habían dejado el arsenal de Palosanto algo falto de armamento. Lady Yronwood siempre precavida había preferido encargar unas trescientas lanzas y escudos a varios herreros de la capital, librando, en parte, a los propios herreros de Palosanto de tanto trabajo. Estos ya estaban ocupados con las espadas, hachas, flechas y demás instrumentos necesarios para el cruento arte de la guerra. Su abnegado hijo se había ofrecido a hacer un viaje relámpago a la capital para ver en qué situación se encontraban dichas demandas.

El mercado estaba abarrotado de gente, centenares de tiendas y mercaderes mostraban orgullosos los útiles que estaban a la venta. Telas de Essos, joyas forjadas en Roca Casterly, cítricos dornienses, especias venidas de medio mundo, toda clase de armas y armaduras; todo eso y más podías encontrar en aquel lugar. Lanza del Sol olía a sudor, incienso y limón pensó Edrick mientras paseaba con ambas manos en la espalda junto a sus hombres. Era el único que no lucía el blasón de su casa, como de costumbre. Sin embargo los dornienses sí que reconocían el blasón de sus guardias y por ende supieron de inmediato quien era aquel que caminaba delante de todos, con la mirada aparentemente perdida. Pero Ser Edrick se fijaba en muchas cosas y no había pasado por alto que las miradas de sus compatriotas eran más hostiles que agradables, se la traía al pairo lo que pensaran de su casa y de él mismo, aunque era consciente de que las constantes rencillas entre su señora madre y los Martell eran la causa de tales miradas. Sin embargo bajo esa primera impresión de desprecio se adivinaba también respeto. Respeto a una casa que como bien decía su lema protegían el camino, y de un hombre que desde hacía un tiempo se había convertido en el auténtico baluarte de la frontera norte de Dorne. No obstante, inconscientemente se fue abriendo un pequeño pasillo por donde aquellos cinco hombres se movían, una cosa era despreciar a una casa de Dorne, otra muy distinta ofender al único hijo de Lady Shyera Yronwood.

Paró delante de una humilde tienda de frutas, en su fuero interno reconocío Edrick, tenía debilidad por la humidad. Compro únicamente una manzana y la pago generosamente. No estaba de más hacer algo de ligera propaganda entre el pueblo de Lanza de Sol. Pocos pasos después se detuvo frente a una parada repleta de centenares de perfumes. El tendero despacho rápidamente a sus compradores cuando reconoció el blasón de los hombres que acompañaban a Ser Edrick. Saltándose el orden de cola atendió directamente al joven Yronwood, ganándose este último alguna mirada de desprecio que no entendió pues no había pedido semejante trato. Aunque el tendero fue insistente Edrick pensaba llevarse de allí solamente lo que había venido a buscar. “Un perfume de rosas azules de Yunkai” le había pedido su hermana Tara. – Tal vez le interese esto…- dijo el tendero sacando de debajo de la parada un cofre. Al abrirlo reveló una decena de pequeños frascos con un contenido amarillento. – Lo llaman Aliento dorado mi señor, hará las delicias de su madre Lady Yronwood. Es muy selecto, los Grandes Amos de la Bahía de exclavos pagan muy bien por él, también los Targaryen… -añadió con un guiño de su ojo diestro. Clif Arena, el bastardo de su tío, soltó una enorme carcajada. – Si vas a regalarle eso a tu madre, recuerda omitir que los jinetes de lagartijas se lo compran también. – añadió entre risas que aumentaron cuando el pobre mercader hizo un respingo al darse cuenta de su error. Edrick sonrió sin darle importancia. – Me llevaré uno.- y dirigiéndose hacia su primo bastardo añadió – pero para mi hermana Elia, seguro que a ella no le importará.- Su hermana era una ferviente admiradora de todo lo que sonaba a Targaryen, sin embargo, como buena dorniense jamás aceptaría que un dragón gobernara las arenas de Dorne, o tal vez si y se guardara esa información para si.

Tras reunirse con los herreros y comprobar que el encargo sería puntual, intentó tomar un atajo por la zona más vacía del bazar, aquella correspondiente a venenos, magia y esoterismo. El bullicio del mercado descendía notablemente en aquella zona y los vendedores cuchicheaban con los clientes las propiedades de sus mercancías. Algo llamó la atención a Ser Edrick casi al final de la calle, en una pequeña y escondida tienda distinguió un soldado con tres escorpiones negros estampados sobre la armadura. A su lado una joven parecía muy interesada en aquella tienda. “Qorgyle” pensó el Yronwood al reconocer el blasón. No conocía a la dama, pero supuso de inmediato que se trataría de la única hija superviviente de Lord Alacrán, como solía llamar su madre a Lord Qorgyle. Sin acelerar el paso, y aparentemente inadvertido avanzó hacia ellos, no estaba de más ser cortés. El puesto estaba repleto de frascos de una infinidad de tamaños, Lady Qorgyle sostenía en su mano un pequeño frasco cuyo líquido se asemejaba al color del mar. Pudo adivinar una ligera sonrisa en la faz de la dorniense. El guardia que la acompañaba se dio cuenta de su presencia, aunque en una primera instancia se llevó la mano al pomo de la espada, cuando advirtió el blasón de sus hombres tocó ligeramente el hombro de su señora y le susurró al oído. Para cuando ella se giró, Edrick ya estaba a apenas un par de pasos de los Qorgyle. Inició su saludo con una ligera inclinación de cabeza. – Lady Qorgyle, me soprende veros tan lejos de Asperón, aunque supongo que vos podréis decirme lo mismo. – añadió con una ligera sonrisa ladeada. Cuando sus ojos se encontraron, Edrick supo al instante que esa mujer era una verdadera heredera dorniense: inteligente y orgullosa y no una asustada dama norteña (véase norteña toda dama nacida al norte de Dorne). Criarse con nueve hermanas como las suyas había enseñado a Edrick a reconocer más fácilmente el carácter de las dornienses. O eso, al menos, pensaba él. – Creo que no nos han presentado nunca, soy Ser Edrick Yronwood, Guardián del paso Pedregoso e hijo de Lady Shyera Yronwood. – “Es hermosa” pensó. – De parte de mi señora madre y del mío espero que vuestro padre mejore cuanto antes, la noticia de su enfermedad entristeció Palosanto.- Era mentira, pues a Lady Yronwood solo le importaba su casa y nada más, pero la mayoría de las veces una gran conversación venía precedida de una gran mentira.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Najma Qorgyle el Mar Jun 28, 2016 9:05 pm

Lanza del Sol. La abarrotada y asfixiante Lanza del Sol. Incluso la maloliente Lanza del Sol. Najma no era amiga de abandonar Asperón y mucho menos de atravesar medio Dorne a través del desierto para ir a parar a una capital tan llena de gente que ni siquiera el fuerte olor de las especias ni el delicado perfume de sus exóticas flores lograba reducir la peste del gentío que se mezclaba en el mercado. Sin embargo, Hakar, el estúpido consejero de su padre, había insistido en que hacía demasiado tiempo que un Quorgyle no se dejaba ver por la corte de los Martell. “Mi señora, no deberíais permitir que comience a rumorearse que tenéis miedo de encontrarnos con otros dornienses”.

Najma sabía que era una burda estratagema confeccionada para apelar al orgullo pero tras una noche en vela y en vino, decidió que aquel viejo calvo y seguramente impotente tenía razón: no podía dejar que nadie pensara que tenía miedo ser juzgada por los sucesos acaecidos en Asperón en los últimos años. Malhumorada, ordenó preparar el viaje y una fastuosa caravana surgió del desierto como las coloridas flores de cactus que salpicaban la arena. Se negó a pedir alojamiento en alguno de los castillos que encontraron a su paso, prefiriendo que se montara su tienda para pernoctar y dormir a solas, tranquila, sin tener que cenar con algún lord mientras aguantaba una charla insustancial.

Tras quién sabía cuántos días, el cortejo Quorgyle llegó a Lanza del Sol, colorido y misterioso. Najma, desde el interior de su litera y a través de las celosías, sonreía divertida al ver la expresión en las caras de aquellos ignorantes cuando veían los blasones luciendo aquellos tres letales escorpiones. Sabía que no temían a aquellos bichos; en Dorne eran bien conocidos e incluso se consumían en muchas mesas. Lo que temían era la leyenda que se había creado en torno a Najma y la muerte que parecía rodearla en Asperón. Tras acomodarse en un alojamiento que había pagado por completo, haciendo que su dueño expulsara de allí a cualquiera que hubiera alquilado una habitación, decidió mezclarse con la plebe e ir al mercado.

Y allí se encontraba, contemplando un pequeño frasco que contenía un líquido color mar y cuyo vendedor aseguraba que era sangre de algún extraño animal marino que sólo se veía en las costas de algún país que quizá se estaba inventando. Najma sonreía: no pensaba comprarlo pero le divertía ver los esfuerzos de aquel tipo por convencerla. Entonces, uno de sus hombres se acercó a ella y susurró: - Mi señora, Ser Yronwood a vuestra izquierda -. Najma se giró con suavidad, sin perder la sonrisa y sin dejar de sostener aquel frasco. Ser Edrick Yronwood, único hijo varón de los señores de Palosanto, aparecía ante ella como un soldado cualquiera, sin los acicates y adornos que ostentaban muchos hombres dornienses.

- Parece que no era la única que deseaba visitar este suculento mercado - afirmó sin perder la sonrisa, dejando el frasco sobre el tenderete e ignorando al vendedor que insistía en la calidad y exotismo de su producto. Mientras escuchaba sus condolencias, no pudo evitar sentir aquel rencor anacrónico que la invadía cada vez que alguien mencionaba a la casa Yronwood, de quien los Qorgyle fueron vasallos en tiempos de Nymeria - Mi padre no parece mejorar, si os soy sincera - comentó con tono casual, como si comentara cualquier eventualidad sin importancia - Pero tampoco empeora y eso consuela mi corazón - agregó con una sonrisa que quería parecer melancólica y resignada pero que en realidad era sarcástica y hasta divertida.

- ¿Andáis en busca de alguna esencia en especial? - preguntó con curiosidad; el vendedor seguía insistiendo y finalmente se giró hacia él y con gesto hastiado, asintió en dirección a su guardia, quien se encargó de pagar aquel líquido de color mar. Ya probaría sus efectos en Asperón - Quizá pueda aconsejaros - propuso ladeando el rostro con cierto halo coqueto, ¿cuánto hacía que no hablaba con un hombre que no la mirase con temor y suspicacia? - No hay mucho que hacer en Asperón y paso mi tiempo leyendo acerca de esencias, pócimas y elixires de efectos sorprendentes. ¿Sabéis que incluso pienso cultivar hierbas de todo Poniente en uno de los jardines de Asperón? -.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Edrick Yronwood el Mar Jun 28, 2016 11:32 pm

Hubo un destello en la mirada de aquella mujer que dejó momentáneamente desconcertado al Yronwood, fue solo un segundo, tal vez solo una milésima, que no supo interpretar. ¿Era rencor? Pero la cálida mirada de Lady Najma apartó de su mente esa nimia preocupación. – El deber me trajo hasta este mercado, pero al parecer el destino fue generoso conmigo.- dijo Ser Edrick dejando la interpretación al libre albedrío de la Qorgyle. Agachó la cabeza ligeramente tras oír la información sobre el padre de Najma, fue un simple gesto cortés que no escondía la curiosidad latente que había crecido en él tras escuchar el distendido tono con el que Najma hablaba sobre la enfermedad de su padre. – Lamentablemente, Valar Morghulis, mi señora. – zanjó con la famosa frase bravoosi no sin imprimir la frase con el adecuado tono de falsa tristeza, también rozó ligeramente el brazo de Najma. Su señora madre siempre repetía que el un ligero contacto físico, ayudaba a hacer veraz la más pérfida de las mentiras, y de mentir, Lady Shyera sabía, tal vez, demasiado.

La insistencia del mercader con su clienta era, cuanto menos, extraordinaria. Najma casi como una concesión compró aquel curioso elixir. – Supongo que no conoceréis una pócima que me ayude a quitarme el rancio olor de la capital de encima. – dijo con un susurro y la mejor de sus sonrisas. El mercader, contento con su transacción decidió probar suerte con aquel joven caballero, pero su frase murió en sus labios cuando la furibunda mirada de Ser Edrick se posó en sus ojos. La mirada decía claramente “no te atrevas a interrumpirme”. Los efectos sorprendentes de las pócimas en Dorne solían estar acompañados de una muerte lenta y dolorosa o extremadamente rápida y casi indolora. La gran mayoría de las mujeres dornienses era diestra en el uso de venenos, algo que las madres transmitían a sus hijas de generación en generación, dejando a los varones el desagradable placer de la mutilación y los golpes. Algunos decían que el veneno era un arma de cobardes y mujeres. Ser Edrick creía que era un arma, sin más. Había personas que nacían con el don de la espada, otras, con el de la astucia y la premeditación. Las segundas eran infinitamente más peligrosas que las primeras. Y eso merecía un inmenso respeto. – Desde luego será una proeza, y seréis la envidia de Altojardín, aunque creo que no me equivoco al pensar que vos no pasearéis por vuestros jardines para oler el galán de noche, o las rosas blancas de El Dominio. – y añadió a esa afirmación una sonrisa cómplice. - ¿Puedo invitaros a una copa? He oído de un lugar donde tienen los mejores caldos de Dorne, además ambos estamos lejos de casa y tengo la sensación de que aborrecemos por igual la compañía de estos conciudadanos. ¿Paseamos? – Dicho esto le tendió su brazo izquierdo mientras con el derecho ordenaba a sus guardias que se largasen, con los hombres Qorgyle tendría suficiente. Lady Najma dudó, pero accedió. Tal vez la visita a la capital no fuera solo un puro trámite.

La conversación durante el breve camino hasta su llegada al Caldero de Arena, local donde según su primo bastardo servían el mejor vino dorniense, fue coloquial, hablaron de todo y de nada. Ambos parecían tantearse sin tener aún muy claro cuál era la pata más corta del taburete de otro. El murmullo que salía del establecimiento hizo dudar a Edrick de si era el lugar adecuado para llevar a una dama de tal alcurnia. Dudó por un momento en seguir caminando hacia un lugar más tranquilo, aunque finalmente se aventuró, le costaría una pequeña fortuna desalojar el Caldero de Arena, pero ¿por qué no? ¿Cuánto tiempo hacía que no había apostado todo o nada? Cuando entró dentro de aquel local, se disculpó y se apresuró hacia la barra para hablar con el tabernero. – Queremos intimidad, se os pagará bien. – el tabernero tardó tres segundos en responder. El primero lo gastó mirando con incredulidad al soldado, pues no había ni oro ni blasón que lo distinguiera de un vulgar mercenario. El segundo contemplo a la hermosa Qorgyle esperando paciente en la puerta junto a varios fornidos guardias. El tercero comprendió que no podía dejar pasar esa oportunidad, ni arriesgarse a afrentar a la heredera de Asperón. Finalmente accedió, y con varios gritos y amenazas largó de allí a todos los parroquianos que se largaban mirando cabreados a los nuevos clientes. En su fuero se regocijó, ese desprecio iría a parar a la casa Qorgyle y no a la suya. – Si el vino es bueno, me llevaré cincuenta barriles a Palosanto, mi padre es un gran bebedor. Si le gusta encontraréis un cliente generoso en los Yronwood.- Su padre era un borracho empedernido, para no serlo tras aguantar durante tanto tiempo a Lady Shyera a su corte de ruidosas y salvajes hijas. El tabernero abrió los ojos desmesuradamente cuando comprendió que no solo había un miembro de una familia poderosa de Dorne, sino que había dos.

-Mi señora El Caldero de Arena es vuestro – dijo con una tono de burla imitando a un gran conquistador. No tardó mucho el tabernero en servirles dos generosas copas de vino y como detalle dejó una jarra llena encima de la mesa. Los hombres de la Qorgyle se sentaron en el fondo del local, atentos como rapaces a cualquier movimiento sospechoso del Yronwood. Ser Edrick se apartó en un gesto estudiado un mechón que le caía sobre la cara, la caza había comenzado, solo faltaba esperar a ver quien era la presa y quien el cazador. A medida que la conversación avanzaba el interés que le despertaba Lady Qorgyle aumentaba exponencialmente. Luego de la primera copa vino una segunda. – Decidme, ¿mi señora, os gusta viajar? – Un plan se estaba forjando en su mente, una idea totalmente descabellada, absurda, irresponsable. Pero había algo en aquella mujer que le estaba obligando a actuar así, visceralmente. Solo los siete sabían que iba a deparar un inocente viaje a la capital del reino de Dorne. Sirvió una tercera copa, los ojos azules de Edrick destelleaban incisivos con el reflejo de las velas, y empezaba a notar un agradable cosquilleo en las sienes.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Najma Qorgyle el Miér Jun 29, 2016 9:17 pm

- Valar Dohaeris - respondió Najma casi en un susurro, ocultando una sonrisa divertida ante la mirada de Edrick Yronwood, quien tan astutamente había sabido responder ante la falsa lástima de la señora de Asperón. Inclinó la cabeza unos instantes, elevando la mirada hacia Ser Yronwood tras un lento y estudiado pestañeo. Cuando sintió que el caballero rozaba su brazo, no se apartó pero tampoco siguió aquel toque con un movimiento por su parte; fingió ser indolente, como si estuviera tan absorta en aquellos instantes de silencio ante la cercana muerte de su padre que ni siquiera se hubiera dado cuenta de tamaña osadía.

Pronto ambos abandonaron el terreno del falso pesar para proseguir con una conversación mucho más amena. Najma no pudo menos que reír cuando Ser Yronwood aludió a la pestilencia de Lanza del Sol y, en especial, de aquel mercado. - Por supuesto que conozco una pócima para eliminar esta peste - respondió divertida y algo engreída, encantadora y odiosa a la vez - Y en cuanto llegue a mis aposentos, pienso embadurnarme el cuerpo entero con ella… - agregó sugerente, riendo después una vez más pero esta vez imprimiendo a su risa un toque inocente. Su padre solía decirle que hubiera sido una fantástica actriz. O una fantástica puta.

Tras unos momentos de duda, Najma enlazó su brazo en el de Ser Yronwood, dejándolo caer suavemente y con ligereza mientras ambos caminaban entre el gentío al tiempo que sus respectivos guardias despejaban el camino y vigilaban la retaguardia. La dorniense no estaba convencida acerca de lo que estaba haciendo, ¿qué beneficios podría obtener de alguien como Ser Yronwood, un hombre que no parecía ser de los que se dejan dominar fácilmente? ¿Quizá estuviera ahí el auténtico desafío y el oculto deseo de pasar un rato más en su compañía? Najma sacudió la cabeza brevemente y decidió dejarse llevar por la conversación. - En Asperón no suelo mezclarme con la plebe de la fortaleza - comentó sin ni siquiera tener la decencia de bajar el tono de voz - Simplemente, no lo necesito - argumentó con sencillez - Y estoy segura de que ellos tampoco se mueren por verme - añadió volviendo la mirada al frente, acomodando el brazo que se apoyaba sobre el de Ser Yronwood.

Una vez llegaron al Caldero de Arena, Ser Yronwood la dejó unos instantes en compañía de los guardias para acercarse a hablar con el tabernero. Najma aprovechó para echar un vistazo en perspectiva de aquel magnífico ejemplar de dorniense que se inclinaba sobre la barra. Uno de sus guardias se inclinó hacia ella, suspicaz y desconfiado ante lo que sucedía, pero en ese momento el tabernero comenzó a gritar y a amenazar hasta que la taberna quedó vacía. Najma reía divertida, ignorando a propósito las furibundas miradas de aquellos tipos que tendrían que buscar otro lugar en el que gastar sus monedas y sus miserables vidas. - Me encanta - dijo con sencillez mientras entraba en el local, esquivando algunas jarras que habían caído al suelo y dirigiéndose hacia Edrick, sin prestar atención al sorprendido tabernero - ¿Sabéis que hice algo parecido al llegar a la Serpiente Dorada, la posada en la que me alojo? - contó, enarcando las cejas y con una expresión totalmente encantada.

El vino era bueno, la compañía lo era más, y antes de que se diera cuenta, Najma ya estaba llenando su segunda copa. ¿O era ya la tercera? - ¿Os soy sincera? - preguntó ladeando el rostro, como si le estuviera costando confesar un secreto - La verdad es que no soy demasiado amiga de abandonar mi hogar y mis tierras - dijo mientras alzaba su copa para que Ser Yronwood se la llenara una tercera vez. El vino caía espeso y lujurioso, acariciando el interior de la copa hasta depositarse en su fondo para llenarla poco a poco. O al menos, eso le parecía a Najma. - Si bien es cierto que a veces tengo curiosidad. Antes mencionábais los jardines de Altojardín y pensaba en que deben ser hermosos y jamás los veré. Tampoco creo que vea nunca los grises muros de Invernalia, ni los puentes colgantes de Pyke ni el Gran Septo de Desembarco del Rey - dio un largo trago a su copa; aquel vino era excelente, tenía que acordarse de preguntar al tabernero de dónde lo había sacado - Dicen que la capital de los Targaryen es sucia, ruidosa, maloliente… ¿Pero no creéis que debe tener cierto encanto ver los asentamientos reales rodeados de semejante estulticia, como los gusanos que devoran el rostro del cadáver de una hermosa quinceañera? -.

Aunque pretendía parecerlo, en realidad no se sentía demasiado orgullosa de apenas haber pisado la arena del desierto que rodeaba Asperón. Muchos hijos de nobles a su edad ya habían visitado varias cortes de Poniente, conociendo a otros señores y otros asentamientos, otras formas de hacer política. Najma, en cambio, siempre había preferido afianzar su reinado en Asperón, donde se sentía segura y a salvo. - Vos tenéis aspecto de haber viajado mucho - aventuró, apurando finalmente su copa y dejando ir una sonrisa más liviana de lo que quería. Las luces de las velas bailaban ante sus ojos y todo parecía más ligero - Aunque jamás se os ha visto por Asperón - añadió con orgullo, como si creyera que los Yronwood también temían las leyendas acerca de la Qorgyle que había matado a toda su familia.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Edrick Yronwood el Miér Jun 29, 2016 11:17 pm

Una sonrisa cómplice acompañó al comentario de la Qorgyle sobre lo sucedido en la Serpiente Dorada. – No me sorprende, sería una desfachatez que esos desgraciados – señaló con la mirada al último hombre que abandonaba el local – os importunaran. No podía permitirlo, mi señora.- El tabernero, avezado a su oficio, hizo oídos sordos a tan despectivos comentarios, por su propio bien. Aunque era bien sabido en Palosanto que Ser Edrick se comportaba como uno más entre sus hombres y siempre era amable con sus vasallos, jamás se hubiera planteado que una noble dorniense renunciara a su más que reconocible orgullo compartiendo mesa con rufianes, marinos y maleantes. Ni siquiera con mercaderuchos venidos a más. Además la idea de la privacidad le resultaba tremendamente estimulante, y, por mirada con la que Najma deleitaba a Edrik, este sabía que había sido la decisión adecuada.

El Yronwood era consciente de la bien ganada fama de hogareña con la que contaba la hija de Lord Qorgyle, los siniestros rumores sobre las extrañas muertes de los miembros Qorgyle habían llegado a cuentagotas a Palosanto, pero habían llegado. Algunos apuntaban a que la propia mano de Najma había sido participe de varios de ellos. Edrick se sentía confuso y no era solo por el vino. ¿Cómo podía ser que aquella, aparentemente inocente, belleza sureña había maquinado contra la vida de su propia familia? "Calumnias" Aunque la perspectiva de que fuera cierto, irónicamente, despertaba en el joven una curiosidad sin parangón. Y algo más: lujuria. “Se parece a madre” dijo dentro de sí una vocecita ya casi ebria. No pudo evitar sentir congoja por un momento, ¿sería posible que hasta en la lujuria su madre lo hubiera encaminado a su antojo? “Por todos los dioses, soy un desgraciado” pensó. Aunque Edrick sabía que desgraciado no era la palabra adecuada en una situación tan envolvente.

Altojardín es… - se detuvo un momento para pensar la palabra adecuada. – bello. Sin embargo posee una belleza edulcorante, narcótica. Así han salido los Tyrell, unos maricas lameflores. De todos los lugares en donde he estado me quedo sin duda con Dorne. Ver enrojecer los granos de arena por el calor o sentir la roca desnuda bajo el sol inclemente es abrumador. – el efecto del vino impregnaba de verdadera pasión sus palabras, él era un verdadero dorniense, llevaba marcado el sol de dorne en sus brazos y tez morenas, la roca en sus manos encallecidas y fuertes; la arena corría por sus venas. – Además, la más hermosa de las flores siempre es la que nace en las condiciones más adversas, y no hay flores más hermosas que las dornienses. Nacidas entre la virulencia del desierto. – Ni mujeres, aunque eso no hacía falta decirlo, aquella dama era de las que entendía las indirectas a la primera. El comentario sobre el gentío de Desembarco del Rey, el orgullo y el despreció que impregnaron la frase, tuvieron un efecto inesperado hasta por el propio Edrick. Notó como el cuero del pantalón iba a convertirse, a no mucho tardar, en un impedimento para su miembro. Así que se ladeó sobre la silla, con tal de liberar esa esperada y cálida sensación. – Desde luego presenciar lo mundano y lo opulento a apenas unos metros, tiene que ser una sensación única.

La jarra se vació y con un chasqueo de los dedos Edrick demandó la siguiente sin apartar ni un solo segundo la mirada de Lady Najma. Este, con la copa en la otra mano, acariciaba en lentos círculos la superficie del cáliz, simulando en su mente un futuro prometedor. – No he estado más al norte de Altojardín, aunque dudo que en sus registros figure un Yronwood como visitante… -añadió misterioso junto con una sonrisa juguetona. Su visita a Altojardín podía resumirse con tres palabras: música, aguamiel y coños. Había visitado la gran capital del Dominio vestido como un vulgar trovador, y tres días después un bardo con una sonrisa de oreja a oreja había partido rumbo al sur. – Sin embargo sí que navegué a Essos una vez, y las pocas veces que he cruzado las Marcas de Dorne ha sido para masacrar a los enemigos de mi casa. – El orgullo de general imbatido y el alcohol hablaban a través del joven y como él mismo: sin tapujos. La cuarta y quinta copa se vaciaron tan rápido como se llenaron. Ser Edrick Yronwood, Sangre Regia, Guardián del Camino Pedregoso estaba borracho como una cuba y cachondo como un león en celo.

No pudo evitar soltar una gran carcajada con la última afirmación de la dama, que tan valientemente igualaba en copas al Yronwood. – Creo que ambos sabemos el porqué: política. – Las relaciones entre los Yronwood y todos sus antiguos vasallos habían virado hacia un distanciamiento y recelo mutuo. Los Yronwood perdieron la guerra contra Nymeria y Mors Martell mucho tiempo atrás y sus vasallos pasaron a ser de los señores de Lanza del Sol. Los Yronwood no habían soportado tratar por igual a los que antaño eran sus siervos, y eso había condicionado generacionalmente las relaciones entre los señores del oeste Dorniense y los Sangre Regia. – Aunque he de confesar que de todas las cosas que he hecho en la vida, no haberos visitado anteriormente es de lo único que me arrepiento, Lady Qorgyle. – En un arrebato, producto del vino, la testosterona y la conversación, cogió la mano de la dorniense y con la mirada brillante y nítida preguntó. - ¿Os gustaría ver Desembarco del Rey, mi señora? ¿Realmente os gustaría? Los reyes Targaryen celebran un gran torneo en apenas unos días. Todo Poniente irá allí, incluso los señores dornienses están invitados… - con suavidad besó el dorso de su mano. – Venid conmigo, cojamos un barco esta noche… - se levantó de su asiento y sintió como el local  parecía inclinarse hacia su izquierda a causa de la embriaguez. Sin esperar respuesta y tendió la mano a la dama. -¿Cuánto tiempo hace que no cometéis una verdadera estupidez? – la retó, a ver más allá de Asperón, a seguir jugando a ese maravilloso juego, a salir de la coraza y rubricó su reto con la más seductora de sus sonrisas.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Najma Qorgyle el Jue Jun 30, 2016 8:48 pm

Najma escuchaba con cierto embeleso los breves relatos que Ser Yronwood contaba acerca de sus incursiones más allá del desierto de Dorne. Bebía pequeños pero constantes sorbos de aquel delicioso vino que se empeñaba en inundarla con sus vapores, siempre sin apartar la mirada del orgulloso dorniense que finalizó sus relatos con una apasionada exposición acerca de Dorne. Najma, imbuida por el vino pero también por un súbito fervor patriótico, sonrió con orgullo al oirle hablar del desierto, del sol, de la roca y en fin, de todo aquello que curtía el carácter dorniense tan incomprendido en el resto de reinos de Poniente.

La dorniense frunció el ceño extrañada y curiosa ante la posibilidad de que Ser Yronwood hubiera visitado Altojardín sin haber notar su presencia. Cuando estaba a punto de interrogarle, él mencionó Essos, el exótico Essos, aquel continente por el que Najma sentía tanta fascinación. Un chasquido de dedos resonó en la taberna y una nueva jarra de vino apareció ante ellos. Najma rió. ¿Cuántas llevaban ya? ¿Acaso importaba? Con despreocupación llenó su copa, sin percatarse de que unas gotas de vino habían ido a parar a la manga verdosa de su vestido de gasa. - Hacéis bien en arrepentiros - dijo decidida y con cierto descaro - Hay más divertimentos en Asperón de lo que cree la gente, estoy segura de que os gustaría mi pequeño oasis - añadió con falsa humildad.

Tras un nuevo sorbo de vino, las barreras se rompieron y el vino ayudó a difundirlas. Najma sintió sus dedos entre los de Ser Yronwood, los dedos recios de un guerrero pero no los toscos de un campesino. La mujer se escandalizó, luego le pareció divertido, finalmente miró expectante a Ser Yronwood, apurando su copa. - Me llegaron noticias de ese torneo - dijo con desinterés, pues su naturaleza a veces impaciente no toleraba el aburrimiento de aquellos actos. Dirigió una mirada a sus dedos sobre los de Ser Yronwood. Parecían cómodos, relajados.

Entonces el dorniense fue más allá y besó su mano, algo que pocos hombres osaban hacer ya que la leyenda decía que toda la piel de Najma exudaba el veneno del escorpión. Najma recibió aquel beso como si se lo hubiera dado directamente entre las piernas: suave, húmedo, atrevido. Un súbito ardor subió a sus mejillas, erizó su cabello, irguió sus pechos bajo la gasa verde de su vestido. Su respiración se aceleraba, la excitación crecía y cuando Ser Yronwood se puso en pie teniendo su mano, la emoción era casi incontenible. - ¿Cómo os atrevéis a decir que no soy capaz de hacer algo así? - exclamó poniéndose en pie a su vez, tambaleándose por el vino y disimulando su inestabilidad dando un golpe en la mesa con las palmas de las manos - ¡Por supuesto que nos vamos a Desembarco ahora mismo! - dictaminó exigente.

Najma bordeó la mesa para dirigirse hacia Ser Yronwood, mirándole de arriba a abajo con el ceño fruncido. Con un chasquido de dedos, llamó a uno de sus guardias, que acudió raudo y con gesto extrañado. Habían oído el exabrupto de su señora y también veían los efectos del vino; no sabían qué mierda hacer. - No pretenderéis aparecer así ante los Targaryen - dijo con el tono de regañina de una madre, de una maestra, de una esposa, en fin, de alguien que sabe que no va a obtener réplica. - Desnudaos y poneos las ropas de mi guardia -.

La dorniense permaneció en pie mientras los hombres intercambiaban sus ropas. No apartó la mirada de Ser Yronwood, impaciente por ver cada pedazo de piel que él dejaba a la vista, ansiosa por ver su miembro y satisfecha al hallarlo erecto y orgulloso entre sus piernas. En momentos así, agradecía haber nacido mujer. Nadie podía ver la jugosa humedad que cosquilleaba entre sus piernas mientras se deleitaba con la desnudez de Ser Yronwood, desde luego un gran ejemplar de los machos de Dorne.

El camino desde el Caldero de Arena hasta el puerto permanecía algo confuso en la mente de Najma. Recordaba las risas, los tambaleos, los susurros cuando pasaban cerca de los guardias. Recordaba abandonarse entre los brazos de Ser Yronwood y caminar con él como dos colegas, como dos amigos de toda la vida. Recordaba haber soltado sus cabellos, lanzando al mar las agujas de plata que los habían mantenido sujetos hasta ese instante. También recordaba que, en algún momento, Ser Yronwood había robado una jarra de vino de alguna parte que se terminaron justo antes de presentarse ante uno de los maestres del puerto.

- ¿Vais a negar un pasaje de barco a dos señores dornienses? - recordaba haber dicho Najma, enfrentándose al maestre que no sabía si de veras tenía delante a dos nobles o a un rufián y una puta, tal aspecto mostraban tras el vino y las risas - Puedo hacer que vuestras mercancías no lleguen jamás a su destino - amenazó. Sus palabras parecieron surtir efecto, pues en pocos minutos ambos estaban acomodados en un camarote amplio con vistas al mar. Rieron una vez más, pues Najma se sorprendía de que sus palabras hubieran funcionado. - ¿Cómo demonios iba yo a conseguir eso aun habiéndolo querido? - decía muerta de risa, dejándose caer en el jergón mientras el mar los mecía.

Recordaba también unos labios duros sobre los suyos, una cabeza que se apoyaba suavemente en su vientre, unos dedos que se entrelazaban con los suyos, el sabor del vino persistiendo en su boca… Y sobretodo, recordaba la alegría, la libertad y la locura.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

Mensaje por Edrick Yronwood el Vie Jul 01, 2016 12:02 am

La súbita reacción de Lady Qorgyle gustó al dorniense. Hizo una tosca reverencia digna de las cortes norteñas. Consiguió murmurar un “a su servicio” mientras el local daba vueltas en espiral en su cabeza. Se apoyó finalmente en un pilar de madera mientras recuperaba el aliento y el sentido del equilibrio. Y fue entonces cuando fue consciente de que Najma lo observaba negando concienzudamente. Su tono fue inapelable y cuando la palabra “desnudaos” se deslizó entre los dulces labios de su compañera de viaje se sintió el hombre más afortunado de Dorne. Cuando su cerebro interpreto correctamente la frase entera, la austera chaqueta de cuero del Yronwood ya se encontraba en el suelo. Unos perfectos músculos fruto del intenso adiestramiento se delineaban en su torso. Pequeñas cicatrices aquí y allá narraban silenciosamente la vida de aquel hombre. Edrick chasqueó la lengua cuando el guardia se puso a su lado y de un tirón se bajó los pantalones. Cuando se volvió a incorporar el equilibrio volvió a fallarle, parpadeó y sonrió intentado enfocar mejor a la dama con una sonrisa estúpida en la cara. Al darse de donde estaba el centro de atención en ese momento en la sala su mente decidió mirar hacia debajo. Solo llevaba puestas las botas, por error también se había quitado los calzones. Carraspeó sin taparse, intentado mantenerse lo más digno posible. Y miró al guardia Qorgyle. La cara del guardia era un auténtico poema. – Si me permitís. –Avanzó hacia el guardia y extendió la mano. Este le tendió unas calzas negras y una sobrevesta corta con los colores de los Qorgyle. Sin embargo las hombreras y el broche de la capa eran de oro, seguramente sería el capital de la guardia de Asperón. Un hombre de absoluta confianza de la dama. – Los calzones. – dijo Edrick. – Mi señor…- empezó el guardia, pero el Yronwood  negó con el dedo y le indico con los dedos que le diera los calzones. El hombre se giró sobre sus talones para quitárselos y se los entregó. – Ayudadme con la coraza.

A partir de ahí la noche se volvió confusa para Edrick. Pasó en un segundo, en un día o en una eternidad. Las acciones se mezclaban unas con otras en su cabeza. Recordaba bailar abrazado alrededor de Lady Najma cuando robó una jarra de vino de una taberna cercana al puerto. Le había gritado al oído al capitán del navío donde acabaron una canción: la vida dorniense es la vida mejor! El hombre había aguantado estoicamente las carcajadas y los gritos del joven borracho mientas Lady Qorgyle se apoyaba en este y parpadeaba infinidad de veces aparentado una negociación adulta. Cuando por fin consiguieron el pasaje la dama se ayudó de sus guardias para cruzar por la pasarela. Parecía una tarea titánica. Solo quedaban en tierra el capitán del barco y el capitán de la guardia de Qorgyle vestido de mercenario en paro. “Esta será una velada extraordinaria” pensó Edrick mirando el trasero de la dama. – No os propaséis con ella mi señor ó... - los dedos del Yronwood taparon la boca del guardia antes de que pudiera decir nada más. – Esta noche yo dormiré con tu señora y vos no. Así están las cosas.- Sintió una arcada y se puso la mano izquierda delante de la boca. Con la derecha se apoyó en el hombro del guardia. De súbito, vomitó todo el vino y la cena “¿habían cenado? ¿Dónde?” a los pies de aquel hombre. Se limpió la boca con el agua del mar lo más rápido que pudo.

-¿Qué hay que vos no consigáis si no os lo proponéis? Podríais dominar el mundo cuando le perdáis el miedo a salir de casa…- había dicho mientras se dejaba caer sobre la cama. Cuando un dorniense sube a un barco hay dos opciones. O se siente como en casa, o le juega malas pasadas. Concretamente dos. Una de cal y otra de arena. Reían. Al poco de zarpar una ola especialmente fuerte, “Bendita ella”, empujó a ambos contra un lateral del catre. Se están besando. Edrick se levanta, intenta desabrocharse las cintas de las grebas. Una segunda ola lo empuja esta vez contra una de las vigas costales. El mundo se convierte en oscuridad. Nada.

Siente un fuerte dolor en la cabeza, hay poca luz, dos de las velas se han apagado. Najma lo ha intentado mover pues está al borde de la cama. Sus ojos enfocan mejor. El precioso vestido está apoyado en una burda silla. “Igual tengo suerte” Toca la parte trasera de su cabeza, toca metal. Se levanta con más facilidad de lo que creía y casi cae otra vez. No lleva nada encima salvo los calzones, la camisa ¿y el casco? Se lo quita como puede. No hay sangre, solo es un coscorrón. Se deja caer sobre la cama y apoya la cabeza sobre su vientre. “El guardia se ha salido con la suya

Cuando despertó tardó como diez segundos en poder enfocar bien, sus sienes martilleaban como mil herreros furiosos. Estaba solo en la habitación. Los rayos de sol entraban por el ojo de buey. Se oía el trajín del barco. El plan había salido más o menos bien.
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Re: La hija de Lord Alacrán [Najma Qorgyle]

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