Ambientación
Staff
Interés
Créditos

Ambientación
Nos encontramos en el año 129, en el apogeo del poder de la casa Targaryen. Los Targaryen son numerosos al igual que sus dragones lo cual ha provocado que su hegemonía no tenga discusión por parte de las casas inferiores, no obstante, ese mismo poder puede hacer que la casa reinante se devore a si misma, o eso es lo que los rumores dicen. Las demás casas luchan por conseguir el favor de la casa real, algunas con mayor éxito que otras. Sin duda la casa que más ha logrado trepar ha sido la casa Hightower quien ha hundido sus colmillos fuertemente en la corte del rey y no parece dispuesta a aflojar, algo que molesta bastante a los Velaryon, la otra rama de la familia real, los cuales también arañan por tratar de llegar a la cima después de que el trono les fuera arrebatado en el concilio del año 101. Estas luchas se han intensificado recientemente ya que el rey Viserys está enfermo y cada vez más débil, se dice que no vivirá mucho más lo cual ha creado un ambiente tenso en los seis reinos que conforman el trono de hierro. El gran temor es que la unificación realizada por Aegon el conquistador sea destejida por sus descendientes y que Poniente arda. Dorne permanece independiente e inconquistable, hazaña de la que todos los dornienses se sienten orgullosos, especialmente los Uller los cuales derribaron a Meraxes tiempo atrás.

Reinos
Próximamente...
administración
dragon
Dragon
MP

Novedades
♦23/06♦ Inauguración del Foro
♦27/06♦ Primera trama global
Normas Gráficas
♦Se deben usar PBs de carne y hueso, nunca dibujos.
♦Avatar de 280x350px.
♦Firma Máxima de 500x250px.

Tramas
1° trama: Torneo en Desembarco

Link:
Lugar: Desembarco del rey
Fecha: 10 del mes I
Se Busca
Créditos
El diseño de los gráficos del foro Hermit the Frog, la edición y creación de codes pertenece a Balerion y en ambos casos este material es único y exclusivo de The Dance Of Dragons. El tablón está elaborado gracias a un foro de recursos y modificado igualmente para este foro.
Últimos temas
» fgffgff
Jue Oct 20, 2016 11:55 pm por probando

» Familia primero || Helaena +18
Sáb Sep 03, 2016 7:00 am por Aegon Targaryen

» Throne´s War - Rol Juego de Tronos - {Af. Élite}
Jue Ago 25, 2016 8:55 pm por Invitado

» Qoren Nymeros Martell se coge vacaciones
Vie Ago 19, 2016 2:23 pm por Aliandre Martell

» Pescando [Linys Daer]
Jue Ago 18, 2016 9:06 am por Torrhen Manderly

» La rockola del bardo.
Miér Ago 17, 2016 5:53 pm por William Stoneheart

» Make It Up As I Go - foro activo de famosos - Más de 3 años - Af. Élite
Miér Ago 17, 2016 3:17 pm por Invitado

» Dios bendiga a Estados Unidos, una nación renacida. —Elite
Miér Ago 17, 2016 5:54 am por Invitado

» Una verde tragedia en un mar de negros [Libre]
Miér Ago 17, 2016 12:30 am por Aegon III Targaryen

Estación



otoño
Primer Mes
Año 129
Habitantes
Más Allá del Muro
0
El Norte
2
Tierra de los Ríos
1
Occidente
5
El Valle
3
Islas del Hierro
3
Tierras de la Corona
14
El Dominio
4
Tierras de la Tormenta
1
Dorne
5
Ciudades Libres
1
Bahía de los Esclavos
1
Essos
0
Af. Élite
13/40

Af. Hermanas
4/8


Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Dalton Greyjoy el Dom Jun 26, 2016 10:01 pm

La llegada de los hijos del Hierro a Desembarco armó cierto revuelo en la ciudad. La pequeña flota de barcoluengos, encabezados por la galera del Kraken Rojo, Ira de Pyke, había entrado en el puerto con tranquilidad, ante el nerviosismo de los capas doradas encargados del puerto. Los guardias conocían perfectamente la funesta reputación de aquellos hombres, no obstante no hubo ningún incidente: las tripulaciones permanecieron alrededor de los barcos, en el puerto, mientras los capitanes, cada uno con dos hombres como escolta, se encaminaban a la Fortaleza Roja. Constituían una estampa digna de ver, todos con cota de malla de acero bajo los chalecos de cuero hervido, cada uno con su espada o hacha al cinto. A pesar de su juventud, Dalton abría la marcha con paso seguro, seguido por su hermano Veron, llevando a la espalda su inseparable mandoble de acero valyrio, Anochecer.

La recepción transcurrió también sin incidentes. Los isleños se presentaron ante el rey Viserys de forma respetuosa, tal vez no tan sobrecargada como la forma de presentarse de los señores de las tierras verdes, e incluso el propio Dalton agradeció al rey con voz monocorde que los hubiese invitado al torneo. Una vez cumplimentado el protocolo, los isleños se disgregaron: algunos permanecieron en la sala del trono, otros volvieron a la ciudad o al puerto. El Lord Segador, en cambio, abandonó la sala del trono el primero, pero no se marchó de la Fortaleza Roja. Desde uno de los balcones cercanos a la sala, contempló la ciudad que se extendía a los pies del castillo, hasta llegar al mar. Aquella caótica extensión de edificios, callejuelas y suciedad lo desagradaba especialmente, acostumbrado como estaba a cielos limpios y horizontes abiertos. Habría preferido no acudir al torneo y mandar al infierno al rey, a Verdes, a Negros y a todo lo que tuviese que ver con el continente, pero sabía que algo así sería suicida no sólo para su Casa, sino para las propias Islas del Hierro. Si tenía que aceptar acudir y tomar parte en aquella estupidez, doblar la rodilla ante un anciano enfermo y comportarse como un señor servil más por un tiempo, lo haría. Al fin y al cabo, era la mejor forma de evitar que la Corona se entrometiese en sus asuntos.

Lo que le había parecido extraño había sido que en aquel momento ni la reina Alicent ni la princesa Rhaenyra estuviesen al lado del viejo rey. Con todo lo que había oído acerca de las luchas interinas entre las dos mujeres, acerca de la tensión entre ambas, le extrañaba que dejasen al anciano únicamente con sus capas blancas en el trono. El Greyjoy había estado en suficientes batallas como para casi oler las que se estaban preparando: si estallaba la guerra, sería perfecto para los isleños. La historia demostraba que durante las guerras era cuando los hijos del Hierro sacaban más provecho a su flota, cuando marchaban como un solo hombre a través de los mares y arrasaban las costas a fuego y acero.

Unos ligeros pasos en el pasillo a sus espaldas le hicieron volverse, conteniendo el impulso de echar mano a la empuñadura de Anochecer. "Hablando del diablo", pensó, al ver allí a la mismísima princesa Rhaenyra, junto a tres chicos que, supuso, serían los príncipes Velaryon. Uno de ellos parecía de su edad, o incluso algo más joven. Manteniendo a raya su indiferencia, el Kraken Rojo se acercó a los miembros de la familia real, dedicándoles una ligera pero respetuosa inclinación.

- Princesa Rhaenyra, príncipes. Lord Dalton Greyjoy, de Pyke, a vuestro servicio -aquellas últimas palabras casi le quemaron en la lengua, pero Dalton se forzó a sí mismo a pronunciarlas. "Mejor el sabor de la bilis en la boca que problemas en esta maldita mole de piedra roja", pensó-. Justo acabo de presentar mis respetos a vuestro señor padre.
avatar
Dalton Greyjoy
Gran Lord

Gran Lord

Mensajes : 58
Fecha de inscripción : 24/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Rhaenyra Targaryen el Mar Jun 28, 2016 1:30 am

Los capitanes isleños habían presentado sus respetos ante el Rey, acto que Rhaenyra hubiese deseado presenciar por encima de cualquier otro. Sabía de la particular naturaleza de los Hijos del Hierro y precisamente por ello había que echarles de comer a parte. A pesar de regentar casas, no eran nobles, o al menos no eran como los nobles del resto de casas de Poniente. Ni lo eran, ni les gustaba serlo. Era una agria realidad que a muchos no les gustaba tragar, sin embargo, para Rhaenyra aquello no era algo necesariamente malo, sólo diferente. Ver el modo en el que se dirigían a su padre le hubiese servido para analizar cuales eran sus intenciones, pues los isleños no solían andar con artificios; La mayoría de las veces actuaban de la misma forma que lo sentían, y el resto se les notaba con creces que interpretaban un burdo papel que solía disgustarles tanto a ellos como a sus interlocutores. A juzgar por los que sí estuvieron presentes, el Kraken Rojo había doblado la rodilla ante el Rey y había dicho —sin importar demasiado la manera en la que lo hubiese hecho— lo que se esperaba de él. Aquello era más que suficiente, incluso más de lo que Rhaenyra le hubiese exigido.

Varias manos señalaron la dirección por la que había salido, por lo que la Princesa de Rocadragón decidió acelerar su paso con el fin de precipitar el encuentro con el Kraken. No quería perder la oportunidad de entablar aquél primer contacto con él. A pesar de su avanzado embarazo, la Targaryen no tardó en dar alcance al chico que lideraba a los hombres del hierro. Sus tres hijos mayores la seguían, más por obligación que por apetencia, pues mostrar sus respetos ante el Señor Supremo de las Islas del Hierro era algo que debían hacer, les apeteciese más o menos.

Lord Segador— Se refirió a él después de recibir su reverencia —Lo sé, vengo de allí, me hubiese gustado estar presente a vuestra llegada, sin embargo...— Se justificó con un sutil gesto en torno a su evidente estado de preñez —Estos son mis hijos, Jacaerys— El mayor de los tres se inclinó ante Dalton —Lucerys...— Rhaenyra le propinó un capón en la cabeza de su hijo con su nudillo bien cerrado, tras el cual el chico se inclinó, mostrando sus respetos —Y Joffrey— Con otra perfecta reverencia —Los tres Velaryon, fruto de mi primer matrimonio.

Una vez las formalidades hubieron terminado, Rhaenyra permitió a sus hijos desvanecerse, quedando dragona y kraken totalmente solos.

Antes de continuar— Soltó la mujer, ésta vez con voz más vigorosa y directa, algo distinta a la empleada frente a sus hijos —Creo estar frente al Kraken Rojo— Dijo mirándolo a los ojos —Y si bien vuestra fama os precede, no exijo más de lo que por naturaleza espero recibir de un auténtico Hijo y Señor de las Islas del Hierro— Hizo una pausa escudriñando al chico, le resultaba paradójico que siendo tan joven hubiese alcanzado tanta fama, pero no le pareció imposible. Había oído historias acerca de él, que de ser ciertas, la barbarie y atrocidad de sus actos no hacían otra cosa que incrementar su interés en él —¿Sabes? Te contaré algo que quizá te agrade oír, no es más que una alegoría, pero servirá— Le aseguró, dando pie a la alegoría —Si hubiese nacido ganadera, alimentaría a mi ganado con verde hierba de los pastos. Si hubiese nacido perrera, alimentaría a mis perros con carne— Le dijo, con el fin de que llegase a ver lo que estaba intentando explicarle —Es algo lógico, ¿No crees? No se me ocurriría echarle la carne al ganado, y, ¡Por los dioses! Ni mucho menos le echaría la hierba a los perros, ¿Qué clase de zorra haría eso?— Preguntó, permitiéndose hacer uso de un lenguaje que si bien dominaba, jamás emplearía en la corte —Sin embargo, no, no soy ganadera. Y me temo que tampoco soy perrera— Le reveló, llegando casi al final de la cuestión —Soy la heredera al Trono de Hierro y, tal y como haría la ganadera con su ganado, o la perrera con sus perros, no me gusta ser incongruente con lo que me toca. Prefiero dar a cada cual lo que le pertenece, y tratar a cada cual tal y como se merece— Le dijo al Señor de las Islas, que a medida que la escuchaba bien podía pensar que aquella mujer estaba loca. Rhaenyra giró la cabeza hacia el Kraken, y le dijo —No quiero verte comer hierba, Dalton. Tú no comes hierba. Y desde luego no sabes hacer reverencias. Los «por favor», los «gracias», y los «a vuestro servicio» se los permitiré al ganado del Dominio, pero no al Kraken Rojo.

Rhaenyra podía parecer directa, clara y concisa, pues realmente lo era. No era una mujer a la que le gustase andarse con rodeos y, según creía, Dalton Greyjoy tampoco era de esos. Esperaba que sus palabras fuesen tomadas por lo que pretendían ser, un acercamiento en el que poder brindarle un trato mutuo de confianza. De siempre, Rhaenyra había observado cómo los reyes intentaban doblegar a los Hijos del Hierro de la misma forma que al resto. Habían intentado amansarlos, que les jurasen lealtad, que usasen su ridícula jerga de la corte y que realizasen sus estúpidas reverencias. ¡Ya basta de intentar convertir a los isleños en señoritos: Pues no lo eran, y jamás lo serían! Cuando antes lo entendiesen, antes podrían conseguir cierto entendimiento con ellos. Y Rhaenyra se había dado cuenta de ello.

La Princesa de Rocadragón reparó en la espada de hoja valyria que colgaba de la espalda del Lord Segador y calculó cuántos cuellos habría rebanado con ella. Seguramente la cifra se aproximaría al número de mujeres con las que había yacido, y sólo tenía la edad de su hijo. Aquello le evocaba cierta admiración, salvando las diferencias culturales entre ambos, claro.

En mi presencia no es necesario que juegues a ser un «Señor de las Tierras Verdes»— Le confirió —No me gusta dar hierba a aquellos que comen carne.
avatar
Rhaenyra Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 64
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Dalton Greyjoy el Miér Jun 29, 2016 4:54 am

El isleño escudriñó a los príncipes de arriba abajo, sin demasiado disimulo, mientras su madre los presentaba. ¿Y aquellos chavales serían algún día herederos de los Seis Reinos? El Kraken Rojo no negaría que serían una mejoría para el Trono de Hierro en comparación a un rey gordo, enfermo y anciano que no se había ganado el acero sobre el que se sentaba, pero aún así no estaba impresionado. Habría preferido vivir en la época del Conquistador y caer derrotado ante él que someterse a una dinastía que, a sus ojos, se había instalado en la paz, la falsa soberbia y la complacencia.

Tras la marcha de los jóvenes Velaryon, el Greyjoy captó el cambio en el tono de voz de la princesa, y la escuchó atentamente sin interrumpirla. Dentro de lo brutal, brusco y directo que solía ser, aquella era una costumbre profundamente arraigada en él, aprendida de las largas horas de ver a su tío y su madre departir con los capitanes de las Islas. Era mejor escuchar a la gente, dejarles hablar hasta el final, antes de responder o tomar una decisión. ¿Cómo saber si debías dar la mano a un hombre o cortarle el cuello, cuando ni siquiera le dabas la oportunidad de hablar libremente? Según Rhaenyra iba desgranando su alegoría, Dalton alzó una ceja, suponiendo a dónde llegaría todo aquello. Al confirmarse sus sospechas, el Kraken Rojo rió entre dientes, con una mueca macabra torciendo sus labios en una cruel sonrisa. Rhaenyra no era la primera en intentar un acercamiento a los isleños saltándose el protocolo, pero le había agradado aquel término despectivo hacia el Dominio.

"Ganado", así los llamaba también él a veces, sabiendo que su pueblo sólo esperaba una oportunidad para caer sobre ellos como lobos en sobre inofensivas ovejas. La dragona había despertado, si no su simpatía, al menos su interés al hablarle de aquella forma tan franca. Además, era una de las pocas mujeres que había conocido en cuyos ojos no brillaba el miedo. Salvo las escasas capitanas de las Islas y su propia madre, Dalton jamás había conocido a ninguna mujer capaz de soportar la ferocidad de sus ojos sin bajar la mirada, al menos hasta entonces.

- Es un alivio, ya pensaba que tendría que cortarle la cabeza a alguien para desahogarme de tanto protocolo y tanta estupidez -respondió, ya con el tono desabrido y brusco que era habitual en él-. ¿Cómo lo soportáis los que vivís aquí? -preguntó, encogiéndose de hombros.

Anochecer emitió un tintineo cristalino como única respuesta hacia el gesto del isleño. El mandoble de acero valyrio llevaba mucho tiempo sin catar el sabor de la sangre, y aquello no era algo que contribuyese precisamente a apaciguar al Kraken Rojo. Sin apartar la mirada de los ojos claros de la princesa, el capitán del Ira de Pyke se apoyó de forma desenfadada en el muro de piedra roja, tan despreocupado como si estuviese en su propio navío.

- Ya que al parecer puedo ser directo, haré la pregunta -comentó, sin perder aquella siniestra sonrisa-. ¿Qué es lo que te ha traído a buscarme, princesa? ¿Tal vez querías comprobar que lo que se dice de mí es cierto? ¿Tal vez no creías que fuese tan joven como cuentan? ¿Tal vez tengas un mensaje secreto del Rey para mí? La verdad es que me ha picado la curiosidad -rió. No era una risa alegre. La voz de Dalton era fría, cortante. Algo en ella evocaba el fluir de la sangre en el campo de batalla, los alaridos de los moribundos, la helada y ardiente sensación del acero atravesando la carne. Su hermano Veron, acertadamente, la había comparado una vez con el sonido de una espada cortando hueso-. ¿Qué buscaría la princesa de Rocadragón del Lord Segador de Pyke... o del Kraken Rojo?

Aparte de la sensación de peligro y amenaza que rodeaba al Greyjoy como una nube de tormenta, no parecía haber artificio alguno en sus palabras. Liberado del peso del absurdo protocolo, Dalton era claro como un hacha bien afilada y directo como una flecha en la sien.
avatar
Dalton Greyjoy
Gran Lord

Gran Lord

Mensajes : 58
Fecha de inscripción : 24/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Rhaenyra Targaryen el Vie Jul 01, 2016 9:26 pm


Rhaenyra sonrió ante las palabras del Señor de las Islas. Al parecer, el brindarle aquella confianza para ser y actuar bajo su propio sino había liberado al kraken de la pesada y tediosa carga del «protocolo y la estupidez», como él mismo se había referido. Aquello la reconfortó, pues era precisamente lo que buscaba. Dalton, al igual que ella, era un muchacho directo al que poco o nada le gustaban los rodeos, por lo que visto el panorama que acababa de tenderse entre ellos no tardó en formular sus preguntas. Preguntas certeras y concretas.

No negaré que lo que dicen de ti despierta en mi cierto interés— Reveló con cierto fulgor en sus ojos. La sola idea de imaginar a aquél imberbe muchacho comandando una flota, sesgando vidas y yaciendo con mujeres le resultaba ciertamente atrayente. Ella misma había nacido bajo los límites de la norma impuesta por la corte, aunque de haber sido otras sus circunstancias, ¿Quién aseguraba que su vida no se hubiese regido por aquel derroche de valor, violencia y pasión isleña? A pesar de sus evidentes diferencias culturales, había algo en Rhaenyra que la identificaba con aquél joven, algo cuyo deseo de liberar era contenido fervientemente por la realidad en la que le había tocado vivir —Ya habrá tiempo de oírlas de tus propios labios en otra ocasión— Sin embargo, en aquel momento no había acudido a él con tal fin.

Y no, mucho me temo que el Rey no está para mensajes secretos, dudo que se entere de cuanto acontece a su alrededor— Admitió en tono neutro. Si bien le apenaba el lamentable estado de su padre, lo que peor llevaba era ese estado de incertidumbre que lo envolvía todo. La realidad del reino era la de tener un rey «de cuerpo presente, pero de mente ausente», lo que daba como resultado un periodo ineficaz, en el que la actividad y el rendimiento del reino eran exiguos. A efectos legales, hasta la muerte de Viserys I, había Rey, pero en la práctica llevaban sin soberano ya varios años. Aquella triste realidad era la que se había encontrado Rhaenyra tras su llegada a la capital. De ahí que hubiese emprendido una carrera contrarreloj para ponerlo todo en orden, tanto en el Consejo Privado, como en las relaciones con sus Señores; He ahí el motivo de buscar al Kraken.

Lo que busca la Princesa de Rocadragón del Kraken Rojo no es otra cosa que una alianza entre ambas casas— Soltó sin rodeos —Y no, no te estoy proponiendo matrimonio— Lo tranquilizó con una sonrisa que desafiaba su mirada implacable —Pero casi. Lo que te estoy proponiendo es un intercambio de pupilos— Declaró, esta vez con un tono serio —El heredero de Pyke por el heredero de Marcaderiva.

Rhaenyra sabía que una proposición como aquella podía pillar por sorpresa al isleño, pues no era su costumbre intercambiar a hijos del hierro por hijos pisaverdes. Sin embargo, la princesa tenía motivos que creía convencerían al Kraken Rojo de aquella disparatada idea. Motivos razonables y contundentes, para el ahora y para el mañana. Por suerte, Dalton Greyjoy no era un líder entrado en años, de ideas férreas y arcaicas, con el que podía resultar difícil, si no imposible, entablar diálogo alguno. Él era joven, despierto y, en cierto modo, libre del salitre que los años iban acumulando en los cerebros isleños.
avatar
Rhaenyra Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 64
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Dalton Greyjoy el Mar Jul 05, 2016 12:15 am

- Tal vez el relato no sea de tu agrado, princesa -respondió el Greyjoy, riendo entre dientes. La curiosidad de Rhaenyra lo divertía, en cierto modo parecía que la princesa aún no había terminado de creerse que aquel muchacho de dieciséis años que estaba ante ella era de verdad el Lord Segador de Pyke, uno de los corsarios más temidos en las costas de Essos, implacable asesino de decenas de personas. Estaba acostumbrado a las miradas de sorpresa, incluso a que lo subestimasen debido a su edad, y no le importaba. Cuando las cabezas rodaban y los cuerpos se apilaban como troncos recién talados, la gente comprendía que todo lo que se contaba acerca del Kraken Rojo se quedaba corto en comparación a la realidad.

Sin embargo, no se esperaba una oferta semejante por parte de la princesa, y lo estrambótica que le pareció en un primer momento lo hizo reír, divertido. ¿Intercambiar pupilos? ¿Qué había llevado a Rhaenyra a pensar en semejante idea? Dalton sabía que en las tierras verdes aquello era común para sellar pactos y alianzas, pero no recordaba que jamás la casa real ofreciese algo así a los hijos del Hierro. Además, los tres mocosos Velaryon eran jinetes de dragones, ¿quién se arriesgaría a dejar caer semejante arma en las manos del Kraken Rojo? ¿Querría Rhaenyra emplear a su hijo para controlarle de algún modo, para evitar que las tierras verdes sufriesen la ira de la Flota del Hierro, bajo la mirada del dragón y la posible amenaza al heredero de Pyke? Por su parte, la opción de librarse de los errores de Veron durante un tiempo, y de mantenerlo en la costa este de Poniente era atractiva. Los isleños dominaban la costa oeste con la velocidad y el gran número de sus barcoluengos, pero la costa este era el territorio de la flota Velaryon. Tener allí a su hermano sin duda sería útil.

- Dejando a un lado la sorpresa que me produce ver a una princesa de las tierras verdes ofrecer semejante trato a un hijo del Hierro -respondió, en tono neutro-, o el hecho de que mi hermano, mi heredero, es uno de mis capitanes y no me gusta prescindir de ellos, ¿por qué debería aceptar, Rhaenyra? ¿Qué gano yo con esto? Y más importante, ¿qué ganan las Islas del Hierro alejando al heredero de Pyke de sus costas? Los únicos tratos que hemos tenido con las tierras verdes, hasta la época del Conquistador, han sido mediante el precio del hierro, como dictan nuestras Antiguas Costumbres. ¿Por qué, por el Ahogado, podría querer cambiar eso?

Los ojos del isleño no se apartaron de los de la princesa en ningún momento mientras hablaba. Dalton era agresivo, pero también franco en sus intenciones y odiaba andarse con rodeos. Su carácter sanguinario y sus ansias de batalla no eran simplemente un rasgo, sino producto de sus profundas convicciones y su fe a toda prueba en el Dios Ahogado. Y no deseaba ningún obstáculo en sus planes, menos aún uno montado en dragón.
avatar
Dalton Greyjoy
Gran Lord

Gran Lord

Mensajes : 58
Fecha de inscripción : 24/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Rhaenyra Targaryen el Sáb Jul 09, 2016 7:10 pm


El chico rió divertido. Rhaenyra no modificó su rostro, y pronto el Kraken comprendió que hablaba en serio. Sin embargo, la seriedad de la propuesta no significaba nada de no ir acompañada de las razones y motivos por los que aquella era una gran propuesta. Si bien no era una proposición fácil, tampoco había sido pensada a la ligera. Rhaenyra no solía tomar decisiones al azar, rápidas ni mal. Todo tenía un por qué, un motivo y un objetivo, de lo contrario, ¿Qué destino le esperaba a los Siete Reinos?

Tu sorpresa y escepticismo son aceptados de buen grado— Respondió la princesa —Tu madre también hubiese soltado una carcajada al oír mis palabras, y yo, de haber sido engendrada entre la sal— Razonó la mujer ante tales evidencias —No es una proposición común. Nunca se ha hecho. Pero, que los «Pisaverdes» y los Hombres del Hierro hayan sido demasiado orgullosos a lo largo de la historia como para salvar sus diferencias no es razón para que tú y yo pisoteemos esa estupidez en pos de algo que creo próspero para ambos.

Rhaenyra nunca se había caracterizado por seguir fielmente las costumbres y las normas establecidas, su pretensión al Trono como mujer era la evidencia más clara de ello. Por tanto, negarse a negociar con los isleños simplemente porque no se había hecho antes era una rotunda estupidez, por lo que para alguien con un atisbo de inteligencia como ella —y, según tenía entendido, como él también— tomar la iniciativa en algo así era casi más una cuestión de obligación que una cuestión de meros beneficios. En definitiva, romper con lo establecido.

Sé que tu hermano es tan importante para ti como puede serlo mi hijo para mi, pero soy consciente de que tenerlo cautivo bajo mis faltas durante toda su vida no va a hacer de él un hombre. Salir les ayuda a madurar, les obliga a espabilar y, no se tu hermano, pero mi hijo necesita que la vida le aseste un par de bofetadas que lo pongan en su lugar.

Rhaenyra amaba a su hijos con locura, pero Lucerys en particular había conseguido desviarse del camino de rectitud que ella había delineado para él. Desde pequeño se había aferrado al rol de niño travieso y, cuanto más se lo decían, más se lo creía. La travesura evolucionó en otros defectos, que él consiguió convertir para sí mismo en virtudes, tales como la rebeldía, la osadía, el vandalismo o incluso la violencia, definiéndose así mismo como el chico problemático que actualmente era. Además, su pasión por las armas, el combate y cualquier asunto relacionado con la guerra le hacían poseer un perfil claro, que ni su madre ni nadie podría cambiar. Luke era un guerrero, y Rhaenyra lo sabía. Intentar evitarlo era una estupidez, lo único que la Princesa de Rocadragón podía hacer era aceptar a su hijo como lo que era y ayudarle a convertirse a lo que estaba predestinado; Y qué mejor forma de hacerlo que en las Islas del Hierro.

Aunque la finalidad de este intercambio, a ojos de cualquiera, es la formación y desarrollo de nuestros pupilos, ambos sabemos que los beneficios que hay detrás son mucho mayores— Contestó Rhaenyra con una sonrisa —Marcaderiva es la capital del Mar. Que tu hermano aprenda los secretos de navegación de la Serpiente Marina es un regalo que sólo un necio despreciaría. Fusionando los conocimientos marítimos de los Greyjoy y los Velaryon dará como resultado una nueva concepción de la navegación, además de que tendrás a un Capitán con su barco y a su tripulación en el otro lado del mapa, con las ventajas estratégicas que eso conlleva. Cuando tu heredero regrese, podrá transmitirte tales conocimientos.

Rhaenyra se ahorró agasajarlo con los beneficios intelectuales que Veron recibiría, ya que el desarrollo de tales aptitudes carecía de importancia para el kraken. Veron podría aprender conocimientos, cultura, arte... Oportunidades que en las islas estaría condenado a desechar, pues eran reflejo de debilidad y una ofensa para la cultura isleña. No obstante, si el niño quería, no serían los Velaryon los que le impedirían aprender.

Yo, por mi parte, logro posicionar a un jinete de dragón en aquella zona del mapa, dando mayor control al Norte y a Occidente. No necesito explicarte las ventajas que obtengo con ello— Le confirió —Además, necesito que Luke se desarrolle con plenitud, y tu entorno es el propicio para ello.
avatar
Rhaenyra Targaryen
Princesa

Princesa

Mensajes : 64
Fecha de inscripción : 23/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Dalton Greyjoy el Miér Jul 13, 2016 1:51 am

- Mi madre no habría hecho algo tan cortés como simplemente reírse. La plebe cuenta historias sobre mi temperamento, pero es porque no conocen el suyo -bromeó el Greyjoy con cierta ferocidad-. ¿Diferencias, Rhaenyra? Déjame exponer por un momento hasta qué punto somos diferentes de vosotros -sonrió. La princesa conocía la forma de hablar de los isleños, y a Dalton le resultaba grato escuchar la palabra "pisaverde" en labios de una de ellos-. A vuestros niños los arropáis, les contáis cuentos y les dejáis que jueguen con espadas de madera. A los nuestros se les da acero, se les narran las sagas de nuestros ancestros, y se les bautiza con sal y roca, y en algunos casos con la sangre de la batalla, porque así como vuestras mujeres se visten de sedas y lino, las nuestras se visten de cuero y acero y acuden a la guerra de igual modo que los hombres. Vosotros vivís cómodamente, en general, en tierras verdes de pastos y salpicadas de ganado. Nosotros luchamos contra las tormentas, las olas y el resto del mundo para sacar adelante a nuestra gente -un deje de orgullo teñía la voz del Kraken al hablar del valor de los hijos del Hierro-. Los septones dicen que la vida no es fácil, y que el consuelo está en los Siete. Si por vuestros dioses fuera, habríamos abandonado las Islas del Hierro hace siglos. Es una suerte que no creamos en ellos. El Ahogado nos ha hecho fuertes, y nos ha hecho incansables. Descansamos en sus salas acuosas tras una vida de batallas a través de las cuales llegamos a dominar el Mar del Ocaso y las Tierras de los Ríos. Y la única razón de que eso cambiase fue que un hombre decidió forjar un trono con las espadas de sus enemigos y el fuego de su dragón.

No había animadversión ni rabia en la voz del isleño. Ni siquiera al referirse al Conquistador, puesto que a sus ojos la dinastía Hoare había obligado a Aegon a utilizar la más poderosa de sus armas para acabar con ellos, al no poder derrotarlos por la fuerza de las lanzas o las espadas. La fuerza de las Islas del Hierro había sido imparable durante largos siglos por algo. A pesar de que parecía comprenderles mejor que el resto de Poniente, el Greyjoy quería dejar claro a Rhaenyra que la acerada rabia de los isleños no estaba acabada, sólo dormida, esperando el momento de despertar y asolar las costas de los Siete Reinos otra vez.

- Dicho esto -puntualizó-, que seamos diferentes no significa que no podamos entendernos en algunas cosas. Es cierto que Marcaderiva es el centro del Mar... del Angosto al menos -rió entre dientes-. Los dos tendríamos cierto control sobre una zona del océano que normalmente escapa a nuestros dedos, y eso es algo que sin duda nos interesa a ambos. Y que el Dios Tormenta me maldiga si a Veron no le hace falta curtirse un poco. No soy un viejo perro de mar de diente retorcido que le escupa a cualquier trato con las tierras verdes, y reconozco las oportunidades cuando las veo. Aunque hay algo que deberías tener en cuenta.

El Kraken Rojo clavó sus ojos oscuros en los de la princesa. Su mirada parecía hablar por sí sola de muerte, de gloria, de acero, piedra y sal. Había un sinfín de muertes escritas en aquellas pupilas de color verde oscuro, un sinfín de pillajes y tropelías, suficientes atrocidades para enviarlo al tajo del verdugo mil veces.

- Quitando que la vida en Pyke no es precisamente un cuento -comenzó-, navegar con los hijos del Hierro no es para pusilánimes. ¿Lucerys está capacitado para soportarlo? Una vez en el Ira de Pyke, bajo mis órdenes, me dará igual si es hijo de la heredera de los Seis Reinos o de la cocinera de una taberna del puerto. Exijo a todos y cada uno de mis hombres una obediencia, lealtad y disciplina absolutas, y saben a lo que se atienen si no cumplen. En las Islas del Hierro, cada capitán es rey de su propio barco. ¿Puede tu hijo tragarse el orgullo de haber nacido príncipe y navegar, por ejemplo, bajo la bandera de un bastardo desharrapado que capitanee un barcoluengo? -preguntó, sin rodeos-. El mar no perdona a nadie, y durante una tormenta el más mínimo error o insubordinación puede costarle la vida ya no a él, sino a toda una tripulación. Si va a ser mi pupilo, si va a navegar bajo mi enseña y a curtirse junto a nosotros, tendrá que saber cumplir con lo que yo espere de él, y aceptar la disciplina correspondiente en caso de ser al contrario. ¿Puede hacerlo?
avatar
Dalton Greyjoy
Gran Lord

Gran Lord

Mensajes : 58
Fecha de inscripción : 24/06/2016

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Hierro y fuego || Rhaenyra Targaryen

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.